Editores-Publicadores fantasmas. Algunas reflexiones

Ayer a la tarde estuve con un buen amigo que se dedica a escribir y a publicar.

Tiene más de 60 títulos publicados en diversas y variopintas empresas que se dedican en un caso a editar libros y en otros a publicarlos a costa de los autores o, quizás, de su ego mal entendido.

El fenómeno de las empresas publicadoras o que facilitan la autopublicación es algo que cada vez me llama más la atención.

Mirando algunos datos a través de Todostuslibros constato que en muchas ocasiones lo que publican son ya de entrada ‘cadáveres librescos’.

Me explicaré. Consulto los datos de una de ellas, obviaré el nombre por un mínimo de confidencialidad con mi amigo, que tiene en su catálogo más de 800 títulos.

De los mismos ¿cuántos están presentes en librerías? Una cincuentena.

El mejor posicionado ¿en cuántos puntos de venta está? En dos.

Me voy a otra de características parecidas, con más de 400 títulos en catálogo y constato una situación semejante.

Y así podríamos seguir y seguir.

La charla mantenida ayer y la posterior consulta de algunos datos me llevan a constatar algunas pequeñas evidencias que circulan con aparente normalidad en el ese ancho y amplio mundo del libro demostrando una vez más que esa palabra totémica esconde muy distintas realidades.

– Hay todavía mucho escritor ingenuo dominado por su ego que es un caldo de cultivo maravilloso para los publicadores de contenidos.

– Si algún día aperecen las cifras reales del peso que tienen estas empresas en los títulos vivos nos llevaremos una sorpresa que quizás obligaría a cambiar el discurso. Entre diez de estas empresas acumulan un catálogo superior a los 5.000 títulos vivos que no son una tontería.

– ¿No debería analizar CEDRO estos sutiles movimientos que además en muchos casos van acompañados de la obligación del pago por parte de los autores para su publicación?

– En algunos casos se ofrecen promesas de tiradas muy superiores a las tiradas medias del sector y cuando mira luego uno quién ha impreso el libro se encuentra con alguna empresa especializada en impresión bajo demanda.

– No negaré que también hay editores de los que se dicen serios que les gusta jugar con las ‘cartas marcadas’ y van avanzando entre ‘una de cal y otra de arena’.

– Si tenemos en cuenta que este fenómeno va en aumento y que al mismo tiempo los títulos nuevos bajan año a año se podría concluir que cada vez el peso del editor tradicional es menor en cuanto a libros publicados, aunque en apariencia todo parezca que siga igual.

Siempre ha habido, dicho con todo el cariño, ‘engañabobos’ o empresas que se aprovechan de la aplicación comercial del refrán de ‘no hay mayor ciego que el no quiere ver’.

Como tantas veces el afán de presencia por un lado, el autoral, y la codicia por otro generan una mezcla explosiva.

Frente a ello quizás haya que asumir la propuesta que Marta Sanz hace en No tan incendiario:

Propongo escribir textos que duelan. Frente a las visiones edulcoradas de la realidad, toda la literatura tendría que doler y alejarse de esas bonitas perspectivas irónicas que no son más que un tupido velo para tomar distancia y para separar «inteligentemente» los labios sin causar muchas molestias practicando el ejercicio de la corrección política.

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