La trampa de la cultura del “me gusta”

La reflexión e inquietud surge de la lectura de un artículo de Montse Badía que pone su lupa que comparto sobre cómo este ‘buenismo facebookiano’ del ‘me gusta’ nos está llevando en fila de a uno hacia un modelo donde prima la cantidad sin matices e, incluso, nuestro ‘me gusta’ acrítico antes de leer a fondo lo que se esconde destrás de ese guiño informativo.

Lo cual le lleva a concluir al final que

Segurament el lloc de debat torna a ser el presencial, els bars, les tertúlies o les trobades cara a cara.

No es de extrañar en esta línea que actividades que requieran poner el cacumen en acción tengan, tristemente poca respuesta.

 

Quienes andamos entre blogs, redes sociales y manejando esos maravillosos hiperenlaces que en la mayoría de los casos dan sentido y contextualizan lo que se está escribiendo constatamos que en muchas ocasiones son raramente consultados.

En facebook habitualmente se produce el fenómeno sabido de ‘una imagen vale más que mil palabras’ y suele  generar más meneo lo visual que lo textual.

Pensando en las recientes elecciones donde el PP y el PSOE se han dedicado a jugar entre ellos al me gusta no me gusta y viendo los resultados queda, quizás, algún atisbo de esperanza al constatar que cuanto más unidimensional es el mensaje más votos se escapan por la costuras laterales bien a otros partidos o bial al ‘verlas pasar’.

El ‘no me gusta’ tiene la complejidad de los matices y las explicaciones que parece cada vez tener menos espacio en lo digital. Todo sea por no molestar o, quizás, por no sentirnos molestados.

 

 

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Autor: cambiando de tercio

Actualmente trabajo en consultoría en el sector del libro, la cultura y en el tercer sector. Centrado fundamentalmente en pymes, insticuiones y administraciones públicas.

3 comentarios en “La trampa de la cultura del “me gusta””

  1. Quizá por eso es necesario que el debate (sosegado, por antonomasia) se produzca fuera de las redes, o al menos en las redes que ofrecen posibilidad de intercambio de pareceres, y no un simple botón de «aceptación».

  2. Seguramente debamos estar muy atentos a los equilibrios entre los usos que damos a cada herramienta y los usos que pretenden que demos. No descartemos de entrada la visibilidad o el altavoz puntual que puedan dar las redes. Pese al agujero negro memorístico que suponen, son una buena alternativa al desplazamiento físico (no podemos estar en todos los debates en todas partes). Todo lo sólido se desvanece en la red, se podría decir. Pero no nos engañemos: la ya real facebookización de los blogs (ya en crisis abierta) y foros así como la twitterización de la realidad y el pensamiento no son más que un síntoma de cuestiones mucho más de fondo.

  3. Contento con la paradoja de ser el primero en marcar el “me gusta” en esta entrada. La lectura en pantalla no propicia el debate sosegado del que habla Emiliano Molina. Volvamos a lo bares o a los cafés, pues.

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