Balcells, Wylie y los nervios de algunos a flor de piel

Reconoceré de partida que el campo de los agentes editoriales es uno de los que menos controlo.

Siempre me ha parecido, con los debidos respetos, que guarda un cierto parecido con representantes de los deportistas y, especialmente, de los futboleros.

Y quizás, la diferencia no sea tan grande. Al igual que ellos tienen en su cartera jugadores o escritores de distintos niveles que van ofreciendo según se mueve el mercado a los distintos clubs o editoriales.

Aquí como allá hay escritores, jugadores, clubs y editores de distintos niveles y divisiones. Y también aquí como allá hay agentes de distintos niveles.

Son, al fin y al cabo, un artista más en este circo que tenemos montado entre todos y que tanto en un caso, el fútbol, como en otro, los libros, juegan un papel clave que no parece que se haya roto hasta la fecha por mucho que la desintermediación digital y las empresas que la controlan que son los nuevos mediadores lo intenten.

Y así, desde esta óptica, la noticia de que dos de los agentes que tienen en su cartera un elenco de alto nivel se fusionen parece poner a muchos en un baile nuevo porque, de alguna manera, cambian con ello las pistas del circo.

En otras pistas o en otros circos de provincia probablemente todo siga igual e, incluso, todo vaya sucediendo con más sosiego.

He revisado la noticia en algunos medios con versión digital y estas son algunos de los acentos que más me llaman la atención:

ABC

Habla de ‘equipo de estrellas literarias’ como si del Real Madrid, por ejemplo, se tratara. Es decir, el Eibar o una pequeña editorial quedarían fuera, aparentemente de esa liga.

Habla también de poder e influencia. Palabras, sobre todo la primera, que no suele ser de mi agrado cuando nos movemos en el ámbito de la cultura.

Confidencial

Añade un matiz interesante que quizás no sea tan frecuente en el mundo del fútbol. El valor de los muertos, que en paz descansen, y las regalías que irán dejando a sus sucesores.

El Universal mexicano, que reproduce la nota de EFE

Deja bien a las claras que el objetivo es “dar mayor fuerza, alcance y duración a la representación de los clientes”.

El País

Recoge algunas opiniones de editores y autores. Y es fracamente curioso que parece que los primeros se sientan más cómodos con este movimiento que los segundos. Alberto Manguel señala que puede traer consigo la desaparición del papel tradicional del agente y que “todo es más impersonal salvo si eres un premio Nobel, por ejemplo”.

No es de extrañar en cualquier caso esta sensación y aquí vuelve a  haber otra diferencia con el ámbito futbolero donde los agentes son de deportistas, pero en el del libro se denominan ‘agentes editoriales’. Las palabras acaban nombrando la realidad.

Y dejo para el final a las estupendas Patrulleras que son quizás las que ponen el dedo en la llaga.

En el ámbito inglés parece que ayer el tema había pasado prácticamente desapercibido y aquí, los españolitos del vocerío, lo convertimos en el evento que parece hacer tambalearse el mundo del libro.

Solo me queda un interrogante final.

Ambos se han mostrado críticos y proactivos en algún caso con el mundo digital. ¿Cambiarán también estas reglas de juego?

Mientras tanto el pueblo llano seguiremos como si nada, mientras la casta editorial anda perdiéndose en declaraciones.

Al fin y al cabo nada pasa. ¡Fútbol es fútbol!

 

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