Silencio… ¿feliz?

Hay un tipo de silencio que es casi tan fuerte como un grito. (Raymond Chandler; El largo adiós; El País, pag. 413)

Terminamos de comer. Como tantos sábados, se dirige después a la sala. Coge la manta. Se tapa. Enciende la televisión y, mientras terminamos de recoger, se esconde en un aparente sueño tranquilo y en el silencio. El mismo silencio que ha acompañado la comida roto sólo por alguna frase o pregunta de cortesía.

La mirada baja, centrada en el plato y después, ya en la sala, mirando, justo, el borde de la manta, que le tapa hasta la barbilla.

Mejor así. Mejor, quizás, ese aparente silencio tranquilo que esconde detrás de él la caja de los truenos.

Que no se abra porque entonces será grito y llanto. Dolor, pena, impotencia.

También yo..

A ratos, reúno el atrezo suficiente para fingir que soy feliz. (Sergio del Molino, La hora violeta; pag. 157)

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