¿Aquellos locos libreros…?

Los amigos de Tipos infames y de Pequod ¿están locos?.

¡No! Han tenido por ahora la suerte de poder ser libreros y así poder huir de ‘los falsos albores’. Así nos lo cuentan en el Huffington Post gracias a Pilar Portero.

Cito a Bauman en El retorno del péndulo que nos sigue poniendo alerta ante los discursos vendepeines de ‘el futuro ya está aquí’.

La historia de la humanidad está salpicada de falsos albores y (en consecuencia) la historia del pensamiento rebosa de falsas esperanzas. Tal vez incurablemente, nos imbuye el deseo (explícito o reprimido, aunque irreprimible) de vislumbrar en cada nueva oportunidad el anuncio de que los problemas o malestares actuales quedarán atrás. Esta inclinación se ha instiucionalizado en la era moderna … mediante la idea del progreso, aparejada al culto de la ciencia y la tecnología. Todos o casi todos los avances tecnológicos son anunciados y públicamente aplaudidos como un remedio para el dilema que nos aqueja en el momento de su aparición. Sin embargo, aunque esa promesa no suele cumplirse, es preciso acelerar el ritmo de circulación, envejecimiento y reemplazo de las supuestas/putativas novedades para que se mantenga viva la fe en la resolución de problemas mediante el progreso impulsado por la tecnología, ese motor sine qua non de la sociedad de consumo. (71-72)

Así que ante esa creencia ciega de algunos en los falsos albores, qué es la locura sino, mejor mantener el princio de realidad de ser librero.

Así que, por un lado, en Tipos infames, aun reconociendo la cara B

han logrado que su librería sea un lugar libre de estrés, tan cómodo como el salón de tu casa y en el que enriquecerte intelectualmente mientras haces amigos

y en Pequod rompiendo la lógica de la inmediatez apuestan por el largo aliento que suele ser lo que lleva en ocasiones aparejada la felicidad…

“Veo abrir y cerrar librerías en seis meses. Esto es un proyecto de largo recorrido que me da para vivir feliz, básicamente, aunque yo creo que en breve voy a empezar a ganar un sueldo decente. Para que el negocio funcione hay que darse un plazo de cinco años”, explica convencido de que la apuesta vale la pena.

 

Leer artículo completo.

¿Nos ayudáis a mejorar?

Espacio_Texturas
Las personas que trabajamos en el proyecto de Trama Editorial deseamos conocer tu opinión sobre algunos aspectos de la revista Trama&Texturas, la colección de libros Tipos Móviles, los talleres de formación y el boletín informativo Texturas Express que enviamos periódicamente.
 
Es por ello que te agradeceríamos nos dedicases unos minutos para contestar un cuestionario.
 
Entre las personas que contesten el mismo sortearemos 10 lotes de 3 títulos de la colección Tipos móviles.
 
Gracias por tu tiempo, tus opiniones y sugerencias.
 
Fecha tope 10 de marzo.

El gran hermano digital. ¿Mejor apagados que encendidos?

Ayer, después de tiempo, él dice que lleva una vida que es un sinvivir, pude tomar una cerveza con cierto sosiego con Imanol Zubero.

En la conversación, suele ser habitual en ocasiones, se cruzó un libro por medio; en esta ocasión, el de Roberto Casati, Elogio del papel. Contra el colonialismo digital.

Por un lado guardaba la opinión del director de La Vanguardia Marius Carol publicada el sábado pasado con el título El colonialismo digital.

En la misma dice:

Casati nos advierte que el colonialismo digital se impone como verdad absoluta -o te digitalizas o desapareces- e invita a cuestionar a las grandes corporaciones empeñadas en introducir su tecnología para crear posibilidades de negocio, no sólo para vender a sus lectores tabletas o teléfonos, sino principalmente para introducirse de la manera más directa posible en la mente del lector y crearle nuevas necesidades.

El autor reivindica el libro de papel como objeto que pone una frontera a las intrusiones constantes, a las posibilidades de distracción, y defiende la lectura atenta para la comprensión de los textos. A Casati le preocupa el mundo de la escuela, donde afirma que los nativos digitales no existen, sino que estamos ante niños acostumbrados a interaccionar con pantallas e interfaces electrónicas porque es lo que encuentran a su alrededor. La tecnología apenas aporta mejora académica: no existen atajos digitales para una educación de calidad.

La digitalización nos facilita la vida, pero deberíamos proteger el papel como tecnología que nos ofrece la pausa y la reflexión como alternativa.

En el mismo periódico y el mismo día había un artículo de Manuel Castells. El título lo dice todo: Vigilados y vendidos.

Dos párrafos del mismo:

En ese mundo digitalizado y conectado, el Estado nos vigila y el Capital nos vende, o sea vende nuestra vida transformada en datos. Nos vigilan por nuestro bien, para protegernos de los malos. Y nos venden con nuestro acuerdo de aceptar cookies y de confiar en los bancos que nos permiten vivir a crédito (y, por tanto, tienen derecho a saber a quién le dan tarjeta). Los dos procesos, la vigilancia electrónica masiva y la venta de datos personales como modelo de negocio, se han ampliado exponencialmente en la última década por efecto de la paranoia de la seguridad, la búsqueda de formas para hacer internet rentable y el desarrollo tecnológico de la comunicación digital y el tratamiento de datos.

¿Cómo evitar ser vigilado o vendido? Los criptoanarquistas confían en la tecnología. Vano empeño para la gente normal. Los abogados, en la justicia. Ardua y lenta batalla. Los políticos, encantados de saberlo todo, excepto lo suyo. ¿Y el individuo? Tal vez cambiar por su cuenta: no utilice tarjetas de crédito, comunique en cibercafés, llame desde teléfonos públicos, vaya al cine y a conciertos en lugar de descargarse pelis o música. Y si esto es muy pesado, venda sus datos, como proponen pequeñas empresas que ahora proliferan en Silicon Valley.

Por medio, entre el sábado y el encuentro de ayer, una noticia de El País invitando a la ‘conexión permanente en el ámbito educativo’ que provoca que Imanol se remueva inquieto, ya me lo adelantaba ayer, y escriba en su blog. Léanlo entero.

Yo recojo el final que me lleva al principio y al libro de Roberto Casati. Termina Imanol escribiendo:

Sólo recogeré aquí tres de sus ideas (refiriéndose a Elogio del papel de Roberto Casati):

1. El colonialismo digital es una ideología que se resume en un principio tan simple como peligroso: “Si puedes, debes”. Si es posible hacer que una cosa o una actividad migren al ámbito digital, entonces debe migrar. Pero esto es más que cuestionable. Como cualquier otra tecnología, la digitalización puede resultar emancipadora en algunos casos, pero no en otros.

2. La lectura está amenazada, nos la roban. El ordenador ha contribuido a erosionar el tiempo de lectura de libros. De la lectura en profundidad, que no surge de manera natural: hay que aprender a practicarla y, una vez aprendida, hay que protegerla. Si leer significa aislarse para profundizar los nuevos dispositivos electronicos, sobrecargados de aplicaciones que nos invitan a bifurcar nuestra atención, no nos ayudan en nada, Esta es la tesis bien fundamentada de Nicholas Carr en Superficiales). El libro de papel presenta ventajas cognitivas: la linealidad facilita la comprensión, su calidad de objeto aislado, de objeto en sí, no conectado, facilita la atención.

3. La escuela presenta la característica de ser un ámbito protegido, en el seno del cual habría que aprender a procesar la información y no contentarse con buscarla o recibirla. Habría que defender este espacio protegido y resistirse a la introducción incondicional de instrumentos que favorecen (casi exigen) el multitasking y elzapping. Ya usan estas tecnologías digitales fuera de la escuela; por eso, debería resultar interesante que los estudiantes fueran al colegio para hacer cosas muydiferentes de las que se hacen habitualmente en la sociedad.

Como conclusión: “La escuela debe, en cierta medida, resistirse a las tecnología distrayentes, precisamente porque ya cuenta por sí misma con la inmensa ventaja de ser un espacio protegido en el cual el zapping está excluido por definición; ventaja que le permitiría no tener que correr tras el cambio tecnológico y, al mismo tiempo, generar, gracias paradójicamente a sus inmensas inercias, el verdadero cambio, que es el desarrollo moral e intelectual de los individuos”.

Este fin de semana buscaré largos momentos de desconexión para leer a Casati y, también, a Luis Landero.

Librerías. ¿Compromiso en el fondo y en la forma?

A principios de febrero Eva Orue escibió en Infolibre un amplio artículo sobre las librerías cooperativas que recomiendo y que lleva por título Más que vender libros.

Los dos subtítulos

  • Las librerías cooperativas luchan por asegurar su viabilidad económica sin traicionar su compromiso social
  • Incluso con matices, hay un compromiso en el fondo (editorial) y en la forma (societaria)

me parecen pertinentes y acertados ya que avivan un debate que creo que es importante sobre modelos de empresa, papel cultural y su compromiso, qué y cómo vender y desde qué estructuras societarias hacerlo.

Aparecen en el artículo algunos conceptos que creo sugerentes y recojo aquí:

– Economía social

– Empresa política

– Compromiso ético

Katakrak, La Caníbal, Buc de llibres aportan sus reflexiones y la pregunta sigue latiendo…

¿Es la librería es un arma de transformación (social, económica, cultural) cargada de futuro?

Un imaginario, en cualquier caso, sugerente que también busca ir más allá de los libros.

De Malasaña a Vallecas o de Arrebato a Muga

Conocí a Pepe Olona de Arrebato este noviembre en Santa Cruz de Tenerife.

arrebato

A la gente de Muga no la conozco, pero estoy seguro que si han pasado por el encuentro con Raquel Blanco son una librería con su encanto.

muga_chiquitacuento

Foto de chiquitinacuento

Estos días pasados ambas librerías han sido entrevistadas. Arrebato en Culturamas y Muga en Jot Down.

Os invito a leeros las dos entrevistas completas, pero os dejo aquí algunas frases-citas que creo forman parte de su encanto y de su sugerente imaginario librero particular.

Arrebato tiene ya 10 años de vida y Muga se acerca a los 14 así que no son unos recién llegados y han nacido, al mismo tiempo, con la vorágine digital ya en marcha.

– Nuestra idea… continuar mostrando aquellas editoriales que no iban por caminos convencionales, combinadas con libros de segunda mano en los que nos permitía no someternos a las leyes de mercado. (Arrebato)

– Trabajamos la poesía que va por canales independientes. (Arrebato)

– Se editan muchas cosas, hay una exageración a nivel de edición y se edita demasiada basura. Hay que saber distinguir mucho porque hay mucha edición, demasiada edición, y hay que saber poner un poco el freno. Y por otro lado, está este canal independiente que a nosotros nos gusta más. (Arrebato)

– ¿Qué es esto de Muga? Igor: Yo diría que es una librería, pero a veces no lo tengo claro…

– … vas con tus prejuicios, como alguien que ve el mundo del libro desde fuera, con esa fascinación. Me imagino a toda la gente joven que está ahora abriendo librerías así, con esa misma ilusión. En nuestro caso es cierto que tuvimos suerte cuando empezamos, y también nos dimos cuenta muy rápido de que había que deshacerse de la idea romántica de librería que teníamos. (Muga)

– Poco a poco, entonces, vas entrando en contacto con lo que tienes a tu alrededor. Y vas definiendo el proyecto. Es más importante escuchar lo que necesita la gente, saber hacer esto, que generar el tipo de librería ideal que te gustaría. Así, nos fuimos convirtiendo rápidamente en una librería de barrio, en el buen y en el mal sentido de la palabra. Porque tú no nos has conocido en esa época, pero llegamos a tener prensa, papelería, a hacer fotocopias… (Muga)

– a partir de un determinado momento de lo que nos dimos cuenta es de que la gente lo que quería de nosotros era, aparte de atender esa demanda, que fuéramos profesionales, que supiéramos de libros. (Muga)

– Nosotros teníamos que provocar que Muga, aparte de tener los libros, fuera un lugar de encuentro. Y creo que esto lo fuimos consiguiendo, adaptándonos.

– Si el precio del libro está pensado para proteger a editoriales, librerías y creadores de tamaño medio y pequeño y no funciona y siguen cerrando librerías y editoriales… Algo hay ahí que da qué pensar. (Muga)

– Creo que el libro corre el riesgo de convertirse en un signo de distinción. Consumo libros porque me lo puedo permitir, formo parte de una élite. Y no lo digo en sentido peyorativo. El lector de libros como parte de una élite cultural. Son élites que existen naturalmente. (Muga)

Y ahí dejamos un tema de debate abierto….. planteado por los libreros de Muga

Hay como dos mundos en choque, y no creo que solo sea en el sector del libro. Hay una idea más tradicional sobre lo que representa el pertenecer a este mundo, y otra idea que tiene presente todo lo que está pasando, las nuevas tecnologías. Hay también un debate abierto entre nosotros, si las librerías somos cultura o no, si nos tendrían que proteger o no, si somos intermediarios de valor o no lo somos. Lo que está pasando es como un cambio de paradigma.

En Euskadi, algunas librerías son, por suerte, algo más que libros

Danele Sarriugarte ha publicado hace unos días un artículo en euskera en Argia con el título Liburuak baino askoz gehiago del que, por su interés, por lo menos para mí os ofrezco una traducción.

Centros de cultura: se está creando una nueva hornada de espacios culturales; las librerías, pero entendidas como centros culturales.

Para los ciudadanos vascos que pilló en su juventud la década de los ochenta y noventa leyendo y escuchando, los «gaztetxes» y el movimiento que los rodea, en lo que a cultura y música se refiere, han sido una pieza clave para que algunos brotes florezcan, cierta gente se conozca y conspiren juntos, en pocas palabras, para que dieran algunos conciertos, se compusieran algunos canciones y nacieran algunos grupos que han sido míticos para los que hemos llegado después.

Lees el libro Kafe Aleak [Granos de Café] con la nostalgia de siempre, tecleas en youtube unas palabras por enésima vez para escuchar una canción de BAP, y ves en esa foto de toda la vida, en blanco y negro, a Eneko Abrego cantando y bailando sin camiseta. Te cuentan, también por enésima vez, cómo formó el grupo Anari, y como si eso no fuera suficientemente doloroso, los de Elgoibar de una generación mayor te traen a la memoria el viejo «gaztetxe» que derribaron cuando apenas tenías catorce años: eso sí que era un edificio. Sin remedio y lleno de envidia estás a punto de admitir que cualquier tiempo pasado fue mejor, aunque hayas visto la película parisina de Woody Allen, y lo que es más importante, aunque trates de desvirtuar el pasado y conozcas a los mayores que viven aquí.

¿Por qué se te adjudicaría esta era digital tan cómoda y casera? ¿Por qué sino para ser miembro de una generación que solo mencionan para echarle en cara su pasividad y para condenarla por todo lo que no hace? ¿Por qué tener en casa, además, los discos/casetes/fanzines de hermanos y hermanas, primos y amigos mayores? ¿Por qué estar condenados a convertirnos en aficionados anacrónicos de todo eso?

No te preocupes. Tú también tendrás qué dejar a tus sucesores. Ya que en los párrafos anteriores he dejado completamente a un lado a los que hoy en día siguen dando la cara en la calle. Me he aproximado asimismo a los «gaztetxes» que siguen mutando y funcionando, demostrando que el grupo-objetivo que llevan en el nombre va mucho más allá de la variable de edad; incluso reivindicando que el posible miembro de un «gaztetxe» es indeterminado. Y sobre todo, porque me he olvidado de un tipo de espacio que  una nueva hornada ha creado el año pasado y en los últimos tiempos: las librerías, entendidas como centro cultural. Y digo una hornada nueva, porque su tradición no es tan corta, y para no caer en el poco estratégico y monumental error de no tener en cuenta a los predecesores.  Porque la librería Anti de Bilbao y el espacio Zuloa de Vitoria, entre otros, llevan años trabajando. En esta época mercantilista en la que la cultura, la literatura y el pensamiento no son más que píldoras con precio, hay muchos que siguen creyendo que los espacios que las venden deberían ofrecer algo más, para que las píldoras sigan golpeando, para que no pierdan su utilidad pedagógica, inductora y revolucionaria.

Así, la librería de San Sebastián KaXilda (guiño a  la anarquista Casilda Méndez), la cual expresa sus principios con el propio nombre, abrió las puertas de su nuevo espacio (esperemos que para largo), el año pasado, a finales de octubre. Teniendo que dejar de repente el sitio estrenado en el número seis de la calle Arroka y tras aposentarse durante varios meses en un local mucho más pequeño, finalmente han afincado la amplia y magnífica sede en el número dos de la misma calle. En sus baldas podemos encontrar en el acto esos libros que son difíciles de conseguir sin pedirlos por adelantado y esperar, también conocer propuestas desconocidas gracias a los que se sientan al otro lado del mostrador. Se puede comer algo o tomar un café, también reunirte con los amigos sin necesidad de tomar o comprar nada; para hablar, coser o reflexionar.

La Hórmiga Atómica de Pamplona viene con aires renovados, convertida en Katakrak,  surgida de la confluencia del  cambio que se quiere provocar en la ciudad y de la apropiación de la onomatopeya equivalente a la ruptura con la intención de que significante y significado sean uno.  Hace algo más de un año pusieron en marcha una campaña de crowdfunding para financiar el enorme local de la Calle Mayor al que habían echado el ojo y para poder renovarlo y acondicionarlo con trabajos comunitarios. Habiendo sobrepasado la cantidad de dinero mínima, el 30 de diciembre de 2013 pusieron en marcha la enorme sala que se puede utilizar como cantina, librería y espacio para charlas de todo tipo.  La idea del comunitarismo era algo que tenían en mente e introducido en su estilo desde el principio, el pulmón pamplonés quiere ser un lugar para desarrollar ese funcionamiento diferente. No se nos olvidará fácilmente el día que trajeron a Silvia Federici, la pensadora feminista que ha trabajado con energía los caminos del comunalismo.

Por último, volviendo a San Sebastián y yendo por la plaza Easo hasta la calle Zabaleta de Gros, Garoa creó una nueva espora en julio, en el número 34. La que durante mucho tiempo ha sido y aún es una librería de referencia en Zarauz, la que fue testigo de encuentros con Jorge Oteiza y Federico Krutwig cuando la regentaba Flor Illaramendi, la cogieron hace casi cuatro años los hermanos Agirre, hijos de Illarramendi.  Con el concepto Paperezko [de papel en euskera] comenzaron con el proceso de convertir de manera oficial la antigua librería en laboratorio cultural, acercando charlas, músicos, cine, amigos y teatro a los libros. También han querido expandir la iniciativa a la capital dando así un paso adelante. En la planta de abajo, exposiciones, sofás y la oportunidad de charlar tranquilamente sobre un suelo blanco y espacioso. En la de arriba, en cambio, ambiente cálido y una mesa con doce joyas de la literatura, que cambian cada mes y  tienen La buena novela de la escritora francesa Laurence Cossé, escogida entre otras por miembros de un comité secreto.

Que duren muchos años. Y tú, contemporáneo, disfrútalas con saludo, gózalas y compártelas.

Un ejemplo todas ellas de un imaginario librero que con sus variantes, pero con claridad en todos los casos, contextualiza el libro en espacios culturales, alternativos, críticos con su entorno y en los que la palpabilidad juega un papel claro.

Nota final:

Gracias a Alex Barandiaran por su traducción

El imaginario librero -10

Venimos de aquí (acceder)

Y, a ese espacio, dentro del imaginario, se le solicita algo más que la mera actividad, que el mero cúmulo de ‘acciones y/o actos’ que se hacen.

 “Yo me dedico a mi oficio, ¿comprendéis? Soy librero, voy de aquí para allá, veo a un montón de gente, vendo los libros, descubro talentos ocultos bajo montañas de papel……Yo propago ideas. El mío es el oficio más arriesgado del mundo, ¿entendido?, soy responsable de la difusión del pensamiento, incluso del más incómodo. –Señala en dirección a la casa de Oporinus-. Ellos escriben e imprimen, yo difundo. Ellos se creen que un libro vale por sí mismo, creen en la belleza de las ideas en cuanto tales….Una idea es válida en tanto que se difunde en el lugar y en el momento adecuados, amigo mío[1].

 Se le pide, en consecuencia, que sea:

  • Dinamizador
  • Generador de Debate intelectual
  • Refugio
  • Fomentador
    • De la lectura

En este sentido dice Antonio Basanta:

 Mi experiencia personal y profesional me ha demostrado todo lo contrario. Y con rotundidad que, sin una red tupida, profesional y dinámica de librerías, la construcción de la sociedad lectora se torna en un objetivo inalcanzable. Que sin la presencia de lo que vosotros representáis, en términos de independencia, pluralidad, libertad y pasión, condiciones todas ellas fundamentales para que la lectura exista leer en plenitud se convierte en una utopía o en un fraude.

  • De la cultura.

Vamos a abordar con un poco más de detenimiento esta dimensión en el siguiente punto, teniendo en cuenta, por supuesto, todo lo señalado en este punto que ahora terminamos y siendo conscientes también de que hay elementos que se solapan e interrelacionan.

Referencia cultural

Quizás podamos llegar a pensar que las librerías son demasiado autoexigentes con ellas mismas o, quizás han ‘mamado’ de experiencias y modelos, como el alemán y el francés a la hora de poner en valor esta dimensión cultural y de compromiso, al mismo tiempo con el entorno.

Seguiremos

[1] (Luther Blisset, Q, Debolsillo, pag. 496-497)