El imaginario librero -7

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En la presentación y defensa del mismo, el parlamentario Yuste Cabello afirmaba:

Las librerías son más que comercios, son agentes culturales que dinamizan las ciudades y que están fuertemente implicadas en el fomento de los hábitos de lectura, son lugares implicados en la vida cultural de la ciudad que contribuyen a fortalecer los barrios, que ayudan a generar empleo y que colaboran con la economía local.  

Y a la hora de entrar en las propuestas concretas se decía:

Queremos que ese plan al menos incluya las siguientes medidas. Primero, recuperar el papel de la librería como espacio de gestión cultural y el papel del librero como prescriptor y mediador cultural. Segundo, crear un sello de calidad para las librerías que actúen como motor cultural de su entorno.  

Las referencias anteriores no nos deben llevar a la simplificación de pensar que toda librería, entendida como espacio abierto al público en el que se comercializan preferentemente libros tenga una dimensión cultural plena. La misma, sin conciencia y sin ser definida no tiene sentido. Quizás al mismo tiempo, se pueda afirmar lo que ya en el año 1994 escribía Valeriano García Barredo:

“Si el componente cultural no existiera y si la parte mínima, pero muy valiosa, de su reconocimiento social no existiera, la inmensa mayoría de los libreros no ejerceríamos como tales”. 

En cualquier caso es interesante señalar cómo con el tiempo se ha ido produciendo una reflexión y un avance sobre esta dimensión cultural, su significado y su concreción que ha transcurrido probablemente muy paralela en el tiempo a la propia evolución conceptual sobre la librería y la acción cultural.

En los inicios de esta línea de reflexión hay un reconocimiento, o por lo menos en nuestra opinión debe haberlo, a lo que podríamos denominar el desarrollo de una dimensión cultural pasiva. Sólo por el hecho de dedicar amplios espacios, situados en muchas ocasiones en zonas comerciales importantes, independientemente del tamaño de la población, a la exposición del libro, se reconoce esta dimensión cultural.

¿Cuál es el número de escaparates que de forma gratuita, en lo más céntrico de las ciudades, en barrios menos cultos -por lo que tiene más mérito- o en los pueblos, muchos de ellos sin bibliotecas, estamos ofreciendo las librerías? ¿Quien nos lo ha agradecido?”.(Valeriano García Barredo) 

Vendría, pues, esta dimensión marcada básicamente por el espacio (ubicación, escaparate, estanterías, muebles…) y el soporte, el libro.

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