Librerías con ‘algo más’ o, a veces, algo más con ‘librería’.

Nos ha encantado el artículo Librerías con trastienda de Eva Armas en la Revista AD y los guiños que se hacen entre otras a

Tipos Infames

Chico Ostra

La Fábrica

Walden

+Bernat

Ubik Café

Monpassa

Ocho y Medio

A Punto

El artículo nos ha hecho recordar un texto de Jordi Llavina, Mi primera librería, publicado en La Vanguardia el 27 de abril de 2005. En el mismo decía:

La librería del señor Rosselló (el mote era cal Ceferino) disponía, pues, de su correspondiente trastienda por debajo del nivel de la calle y, en el solaz abstraído de tantos días de mi adolescencia, hasta diría que por debajo del nivel del mar (ahí empecé a familiarizarme con Julio Verne, por ejemplo). Uno bajaba ocho peldaños y se encontraba en un espacio de unos veinte metros cuadrados, abovedado como una bodega para caldos añejos pero con mucha más luz y sin humedad ninguna. La literatura acolchaba las paredes rugosas de estuco.Una gran tabla dispuesta sobre caballetes ocupaba la parte central, y ahí se acumulaban novedades editoriales. A finales de los setenta, lo de las novedades no era una locura como ahora. Eran los tiempos de Laia, Bruguera, amén de las ya clásicas Edicions 62, Proa o Lumen. Recuerdo que el día de San Silvestre de 1981 descubrí, en ese sótano de las delicias, a Joan Vinyoli. Antes había hecho lo propio con Salvat-Papasseit y Espriu, y al poco vendrían Cernuda, Eliot, Ferrater, Ginsberg. Como es lógico, he conocido librerías mucho mejor surtidas, modernas, globales, laberínticas, aquí y allá, así en París como en la tierra. Y, no obstante, ninguna como esa primera librería, con su mote que sabía a tenderete de golosinas, Cal Ceferino.

 

Quizás algunas de las librerías que aparecen en el artículo hayan sido para vosotros vuestras primeras librerías o formen parte de la trastienda vital personal. Cada una de ellas, como nosotros son librerías y espacios con presente y futuro, que sufrirán sus vaivenes como todas las pymes, pero que demuestran también que hay muchos caminos y formas de hacer y de ser.

El artículo empieza así:

Hace tiempo que las librerías son las grandes olvidadas de nuestras ciudades. Los avances tecnológicos y la escasez de tiempo con la que vamos hoy en día han logrado que estos comercios tan especiales que huelen a cultura se hayan quedado por el camino. Por eso, sus dueños han dado una genial vuelta de tuerca y han conseguido reinventarse en magníficos rincones en los que deleitarse con un café, un curso, un vino o un trozo de tarta.

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Autor: cambiando de tercio

Actualmente trabajo en consultoría en el sector del libro, la cultura y en el tercer sector. Centrado fundamentalmente en pymes, insticuiones y administraciones públicas.

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