En Euskadi, algunas librerías son, por suerte, algo más que libros

Danele Sarriugarte ha publicado hace unos días un artículo en euskera en Argia con el título Liburuak baino askoz gehiago del que, por su interés, por lo menos para mí os ofrezco una traducción.

Centros de cultura: se está creando una nueva hornada de espacios culturales; las librerías, pero entendidas como centros culturales.

Para los ciudadanos vascos que pilló en su juventud la década de los ochenta y noventa leyendo y escuchando, los «gaztetxes» y el movimiento que los rodea, en lo que a cultura y música se refiere, han sido una pieza clave para que algunos brotes florezcan, cierta gente se conozca y conspiren juntos, en pocas palabras, para que dieran algunos conciertos, se compusieran algunos canciones y nacieran algunos grupos que han sido míticos para los que hemos llegado después.

Lees el libro Kafe Aleak [Granos de Café] con la nostalgia de siempre, tecleas en youtube unas palabras por enésima vez para escuchar una canción de BAP, y ves en esa foto de toda la vida, en blanco y negro, a Eneko Abrego cantando y bailando sin camiseta. Te cuentan, también por enésima vez, cómo formó el grupo Anari, y como si eso no fuera suficientemente doloroso, los de Elgoibar de una generación mayor te traen a la memoria el viejo «gaztetxe» que derribaron cuando apenas tenías catorce años: eso sí que era un edificio. Sin remedio y lleno de envidia estás a punto de admitir que cualquier tiempo pasado fue mejor, aunque hayas visto la película parisina de Woody Allen, y lo que es más importante, aunque trates de desvirtuar el pasado y conozcas a los mayores que viven aquí.

¿Por qué se te adjudicaría esta era digital tan cómoda y casera? ¿Por qué sino para ser miembro de una generación que solo mencionan para echarle en cara su pasividad y para condenarla por todo lo que no hace? ¿Por qué tener en casa, además, los discos/casetes/fanzines de hermanos y hermanas, primos y amigos mayores? ¿Por qué estar condenados a convertirnos en aficionados anacrónicos de todo eso?

No te preocupes. Tú también tendrás qué dejar a tus sucesores. Ya que en los párrafos anteriores he dejado completamente a un lado a los que hoy en día siguen dando la cara en la calle. Me he aproximado asimismo a los «gaztetxes» que siguen mutando y funcionando, demostrando que el grupo-objetivo que llevan en el nombre va mucho más allá de la variable de edad; incluso reivindicando que el posible miembro de un «gaztetxe» es indeterminado. Y sobre todo, porque me he olvidado de un tipo de espacio que  una nueva hornada ha creado el año pasado y en los últimos tiempos: las librerías, entendidas como centro cultural. Y digo una hornada nueva, porque su tradición no es tan corta, y para no caer en el poco estratégico y monumental error de no tener en cuenta a los predecesores.  Porque la librería Anti de Bilbao y el espacio Zuloa de Vitoria, entre otros, llevan años trabajando. En esta época mercantilista en la que la cultura, la literatura y el pensamiento no son más que píldoras con precio, hay muchos que siguen creyendo que los espacios que las venden deberían ofrecer algo más, para que las píldoras sigan golpeando, para que no pierdan su utilidad pedagógica, inductora y revolucionaria.

Así, la librería de San Sebastián KaXilda (guiño a  la anarquista Casilda Méndez), la cual expresa sus principios con el propio nombre, abrió las puertas de su nuevo espacio (esperemos que para largo), el año pasado, a finales de octubre. Teniendo que dejar de repente el sitio estrenado en el número seis de la calle Arroka y tras aposentarse durante varios meses en un local mucho más pequeño, finalmente han afincado la amplia y magnífica sede en el número dos de la misma calle. En sus baldas podemos encontrar en el acto esos libros que son difíciles de conseguir sin pedirlos por adelantado y esperar, también conocer propuestas desconocidas gracias a los que se sientan al otro lado del mostrador. Se puede comer algo o tomar un café, también reunirte con los amigos sin necesidad de tomar o comprar nada; para hablar, coser o reflexionar.

La Hórmiga Atómica de Pamplona viene con aires renovados, convertida en Katakrak,  surgida de la confluencia del  cambio que se quiere provocar en la ciudad y de la apropiación de la onomatopeya equivalente a la ruptura con la intención de que significante y significado sean uno.  Hace algo más de un año pusieron en marcha una campaña de crowdfunding para financiar el enorme local de la Calle Mayor al que habían echado el ojo y para poder renovarlo y acondicionarlo con trabajos comunitarios. Habiendo sobrepasado la cantidad de dinero mínima, el 30 de diciembre de 2013 pusieron en marcha la enorme sala que se puede utilizar como cantina, librería y espacio para charlas de todo tipo.  La idea del comunitarismo era algo que tenían en mente e introducido en su estilo desde el principio, el pulmón pamplonés quiere ser un lugar para desarrollar ese funcionamiento diferente. No se nos olvidará fácilmente el día que trajeron a Silvia Federici, la pensadora feminista que ha trabajado con energía los caminos del comunalismo.

Por último, volviendo a San Sebastián y yendo por la plaza Easo hasta la calle Zabaleta de Gros, Garoa creó una nueva espora en julio, en el número 34. La que durante mucho tiempo ha sido y aún es una librería de referencia en Zarauz, la que fue testigo de encuentros con Jorge Oteiza y Federico Krutwig cuando la regentaba Flor Illaramendi, la cogieron hace casi cuatro años los hermanos Agirre, hijos de Illarramendi.  Con el concepto Paperezko [de papel en euskera] comenzaron con el proceso de convertir de manera oficial la antigua librería en laboratorio cultural, acercando charlas, músicos, cine, amigos y teatro a los libros. También han querido expandir la iniciativa a la capital dando así un paso adelante. En la planta de abajo, exposiciones, sofás y la oportunidad de charlar tranquilamente sobre un suelo blanco y espacioso. En la de arriba, en cambio, ambiente cálido y una mesa con doce joyas de la literatura, que cambian cada mes y  tienen La buena novela de la escritora francesa Laurence Cossé, escogida entre otras por miembros de un comité secreto.

Que duren muchos años. Y tú, contemporáneo, disfrútalas con saludo, gózalas y compártelas.

Un ejemplo todas ellas de un imaginario librero que con sus variantes, pero con claridad en todos los casos, contextualiza el libro en espacios culturales, alternativos, críticos con su entorno y en los que la palpabilidad juega un papel claro.

Nota final:

Gracias a Alex Barandiaran por su traducción

Anuncios

Autor: cambiando de tercio

Actualmente trabajo en consultoría en el sector del libro, la cultura y en el tercer sector. Centrado fundamentalmente en pymes, insticuiones y administraciones públicas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s