Cuando una librera habla de un librero…

Juditrodriguez… o cuando Judit Rodríguez habla de Héctor Yánover.cubierta_Yanover_web

Trabajar tangencialmente en la edición genera a veces regalos insospechados que justifican con creces parte de la tarea.

Cuando una joven librera, Judit, escribe:

leer este libro es conocer a Héctor Yánover. Es ir a su librería, a cualquiera de ellas, y escucharle hablar, verle trabajar, apreciar su amor a los libros, a la literatura, a la lengua y hasta a la gente que le complica la vida. Y eso, creedme, es algo increíble. Conocerle a él, librero por casualidad pero nacido para ello, es también conocer de verdad la profesión.

provoca, no podía ser menos, una sensación de gusto y regocijo que hacen que estemos más contentos que unas castañuelas.

Una librera recomendando el libro de un librero no es mala combinación. Más todavía si ello supone un diálogo entre generaciones distintas, Judit es joven y Héctor ya nos dejó, un diálogo que cruza el Atlántico, Judit vive en Catalunya y Héctor era argentino, un diálogo en cualquier caso siempre fácil porque en el fondo está el amor por los libros.

Dice Judit:

Memorias de un librero es, en definitiva, un elogio a todos los que nos dedicamos al mundo de las letras, en especial los libreros, pero sobre todo a aquellos que, como él, lo hacemos gracias a (o a pesar de) nuestro amor por los libros. ¿Y cómo alguien que se identifique con ese apego a los libros no va a disfrutar de éste? Pues eso, pasen y lean…

Pero antes de que vayáis como locos y locas a comprar el libro, leer completa la reseña que empieza así:

Aunque a veces nos resistamos a reconocerlo, a (casi) todos nos gusta criticar; pero además, criticar negativamente. Disfrutamos de la posición de superioridad que nos otorgamos nosotros mismos y juzgamos como si tal cosa la manera de actuar de fulanito o el trabajo de menganito. Para bien o para mal, yo soy una experta en eso. Siempre encuentro cosas que mejorar en lo ajeno (en lo propio también, pero es más sencillo fijarse en los demás). Y si lo que encuentro no me gusta, soy capaz de explayarme con facilidad. Es como si las palabras, las frases, los párrafos enteros fluyeran solos. Es más, casi diría que disfruto con ello; me encanta encontrar los errores, estudiarlos, hablar de ellos y después, pretenciosa yo, dar sus soluciones.

Quizá por eso me cuesta menos discutir sobre un libro malo que hacerlo de uno que, en cambio, me ha gustado. Quizá por eso, también, estoy dando tantas vueltas para hablar de Memorias de un librero. Porque éste, sin duda, me ha encantado. Algo que me sorprende, por otro lado, dada la poca afición que tengo a la no ficción en general.

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Autor: cambiando de tercio

Actualmente trabajo en consultoría en el sector del libro, la cultura y en el tercer sector. Centrado fundamentalmente en pymes, insticuiones y administraciones públicas.

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