Librerías… nos acordaremos cuando faltéis

Aunque en un caso ya se había dado la noticia, esta semana nos encontramos con dos despedidas libreras: la de Negra y criminal en Barcelona y la de Sintagma en El Ejido. Habrá y hay muchas otras que se quedan fuera del alcance de los focos mediáticos que parecen estar más animados a dar noticias de muerte de que de vida.

Hay, por suerte, también nacimientos como el de La Temerària o el de Ça Trencada que se han llevado hasta la fecha, menos espacio informativo. Quizás seamos un país con tendencia necrófila.

A la sombra de estos hechos hay dos reflexiones que me han parecido pertinentes y sugerentes.

La primera de Eva Cosculluela e Los portadores de sueños en facebook. Escribe:

Leo que la librería Negra y Criminal anuncia su cierre e instantáneamente las redes se llenan de comentarios de gente lamentándolo, mucha de ella con visibilidad pública. No deja de ser un gesto bonito, pero no puedo evitar pensar que, tal vez, si hubieran hablado de ella mientras estaba abierta, si la hubieran apoyado cuando todavía era importante hacerlo, no hubiera cerrado.

Tampoco puedo evitar pensar que en los últimos tiempos, los medios de comunicación nacionales han hablado de las librerías sobre todo cuando cierran o cuando salen estadísticas de bajadas de ventas. Siempre con un tono fúnebre. Parecemos enfermos terminales postrados en una cama y escuchando a quienes se reúnen a nuestro alrededor diciendo “pobrecito, qué poco le queda”.

Quienes entendéis la importancia de las librerías y tenéis relevancia pública, por favor: hablad de nosotras, recordad a quienes os siguen que estamos ahí, dadnos visibilidad y contad cuánto disfrutáis visitándonos. Y sobre todo, hacedlo mientras todavía estamos vivas. Acompañadnos en la vida en lugar de velar nuestro entierro.

Y la segunda de Jorge Carrión que más que una reflexión es una observación con pregunta reflexiva, también en facebook.

Ante el cierre de Negra y Criminal y la apertura de Casa Usher, paseando por Poblenou (con al menos tres buenas librerías, Etcètera, La Petita y Nollegiu), me pregunto si un barrio puede ser barrio sin como mínimo una librería; y si la apertura y el cierre de librerías no configuran el latido de una ciudad. Sobre eso hablaba mi crónica del domingo en El País Semanal, pero en clave de librerías vascas.

Si me permitís, añadiré una más. Somos un país de nuevos ricos que vamos llegando tarde a todo y sin los posos democráticos y culturales suficientes para asimilar y valorar tanto lo que tenemos como lo que realmente cuestan las cosas. Los nuevos ricos viven habitualmente más preocupados por la imagen y por lo que vendrá que por el cuidado y el mimo de lo existente y esto, en el mundo de la cultura y sus mediaciones, es un camino casi seguro para cavar una tumba sin fondo.

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Autor: cambiando de tercio

Actualmente trabajo en consultoría en el sector del libro, la cultura y en el tercer sector. Centrado fundamentalmente en pymes, insticuiones y administraciones públicas.

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