Twitt de la semana. El lumpen en Periódico diagonal. La importancia de saber leer…

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Paso a paso

pasoapasoVolver a empezar.

Tener de nuevo que dar los primeros pasos.

Cambiar el ritmo. Lentificar ocupando el tiempo con lo importante.

Caaaalma. No hay prisa. Además la prisa no te(nos) llevará a ninguna parte.

Y en todo ese proceso volver en grupo a las lógicas humanas del cuidado.

La vida te da sorpresas. Sorpresas te da la vida.

Aprender de nuevo y siempre de las mayores.

 

 

Sello de Calidad de Librerías. Conviene cuidar más los detalles

El Ministerio comunica hoy que ya está disponible la plataforma web para solicitar el Sello de Calidad de Librerías.

A veces las prisas no son las mejores consejeras porque el cuidado de determinados detalles, sobre todo en proyectos que pretenden poner en valor la calidad, es importante.

Por un lado la nota del Ministerio ofrece una url propia del proyecto

(www.libreriasdecalidad.com).

Pero, al pinchar en la misma, no nos lleva a fecha de hoy, a un dominio propio, sino a un subdominio, tal y como se puede ver en la imagen, que no se sitúa en el ámbito público, ni en el ámbito librero, ni en el ámbito sectorial. Sino, en un ámbito privado:

http://www.i3com.es/libreriasdecalidad/

¿De quién es el dominio?

sellocalidadlibrerias

 Vaya un segundo detalle, ya que hablamos de calidad.

Quizás se debería mejorar la accesibilidad de la web que se ha creado para el sello. De 13 elementos medidos hay 2 regular, 3 mal y uno muy mal.

Lo dicho: las prisas son siempre malas consejeras en calidad; los detalles son importantes y… ahora la gran duda ¿interesará este proceso realmente a las librerías?

Veremos.

En cualquier caso. Creo que conviene no tener prisas.

Dejo una pregunta final. ¿Alguien se ha parado a pensar que puede haber librerías que cumplan todos los criterios, que sean por lo tanto en apariencia merecedoras del sello,  y que no sean proyectos viables económicamente? ¿Tendría esto algún sentido?

Librerías. Las personas y su formación son importantes

sello-calidad-librerias-logo-postSigo merodeando en torno al sello de calidad de las librerías. Doy un vistazo a lo que teóricamente Madrid ya tiene implantado y desconozco si hay alguna librería que se ha puesto ya a la tarea y tiene su sello como ‘Librería de referencia cultural’.

Me llama la atención que no hay prácticamente en el mismo ninguna referencia al elemento formativo de las personas que trabajan en la librería.

Y esta llamada de atención se me sigue cruzando por un lado con la lectura de Vers la fin des librairies? donde más adelante, pag. 42, vuelve a aparecer la formación no como algo necesario, sino como indispensable.

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“Librero, un oficio que se aprende”

Por el otro lado siguen coleando las preguntas de Dávila en sus Territorios del libro y que en su página 15 escribe:

Antes… se podía hablar con distintos libreros que tenían distintos gustos y que poco a poco ayudaban no sólo a la adquisición de libros, sino a la adquisición de un perfil de lector que acompañaría al que compraba libros por el resto de su vida (sí, vale incluir aquí cualquier apelación a la nostalgia que puedan imaginar). Hoy es una suerte si el que te atiende en la librería puede hacer mucho más que buscar en una computadora y traerte un libro que seguramente tú ya buscabas porque se haría una película o algo parecido. El futuro trajo consigo la desaparición del librero: hoy en día es más importante tener experiencia en ventas que haber leído a Proust, por mucho que leer a Proust destruya la mente de uno…

Para los que compran libros debería ser imperativo que las librerías tengan un personal diseñado para acercarlos al libro y no solo para ofrecerles algún distintivo que les permita ser identificados por la empresa como elementos que aportaron lo suficiente para cumplir la cuota del mes.

Y me reconcome la duda de si algo de esto se tendrá en cuenta en los sellos y demás marcas derivadas o nos fijaremos sólo en lo objetual como si las personas no importaran.

¿Hacia el fin de las librerías? Todo es posible

Vers-la-fin-des-librairies_largeAsí se titula en ‘traducción casera’ el libro que estoy leyendo en estos momentos de Vincent Chabault. (ver las primeras páginas)

Los franceses nos llevan la delantera en algunos temas como y uno de ellos es, en concreto, en el análisis del sector librero y en las medidas propuestas para dar respuesta a una situación.

Nos llevan años de ventaja y a veces, como los nuevos ricos, creemos que con copiar la letra es suficiente.

Conviene señalar, en cualquier caso, que el porcentaje de venta que se lleva la librería independiente francesa es inferior (22% en datos del 2013) que los de la librería independiente española (35,4% en datos del 2013 excluidas las cadenas de librerías).

Digo esto porque quizás a la hora de determinados discursos y adaptaciones como el del sello de calidad que ha intentado mamar en algún momento en sus planteamientos de la filosofía francesa quizás sea conveniente tener en cuenta el realismo de la situación y las cuotas de mercado que tocan en cada caso.

Reflexionaré e cualquier caso con más sosiego sobre este tema dentro de unos 15 días. Hoy no quería dejar pasar por alto un punto sobre el que casi todo el mundo calla y pocos le meten el diente: el de la formación. Ya en el año 51 se escribía sobre la necesidad de una ‘formación profesional suficientemente adquirida’

«que n’importe quoi ne peut être fait par n’importe qui, et que le livre ne doit être vendu que par les personnes ayant acquis une formation professionnelle suffisante […] il nous est difficile d’accepter que certains rayons de livres soient dirigés “au petit bonheur” par tel ou tel vendeur en provenance d’un rayon parfumerie, habillement» (Bulletin des libraires, no 679-680, 1951) (pag. 8)

Quizás, de nuevo, el sector vuelve a mirar a otro lado y deje la formación permanente y la formación de los nuevos profesionales totalmente de lado como garantía de un cambio sostenible a futuro.

Se nos lleva la boca exigiendo formación y mejoras de calidad en la educación y quizás no seamos capaces de reflexionar sobre ella y fijarla como una condición necesaria para dentro del sector.

Sin formación, el final estará, casi con seguridad, más cercano.

La calle es nuestra. La transición en el País Vasco (1973-1982)

Tranquilos.

Todavía no se ha publicado. Verá la luz a finales de noviembre.

Ya te avisamos que si quieres ser de los primeros en enterarte y quieres conseguir un ejemplar lo mejor es que te suscribas a la lista de información. La tirada va a ser corta.

lacalleesnuestra

Escribe Raúl López Romo sobre la transición:

“La Transición no fue sólo un escenario de recambio institucional. Fue un proceso fundamentalmente político, sacudido por fuertes dinámicas sociales y culturales. Hubo una transición de una dictadura a una democracia, un paso de un ‘Caudillo por la gracia de Dios’ a una monarquía parlamentaria y un salto de un régimen centralista a un Estado de las autonomías. Pero hubo mucho más”.

Escribe Mikel Toral:

Siguiendo las inéditas fotos de Mikel Alonso y los precisos y depurados textos del historiador Gaizka Fernández Soldevilla hacemos un rápido recorrido por la década (1973-1982) que cambió radicalmente la historia de España y la de Euskadi. Y, sinceramente, creo que para bien. Muchos de los que con más ahínco empujábamos en la calle –combatividad, lo llamábamos–soñábamos con ir más lejos, con aquella ruptura democrática. Nosotros también queríamos tomar el cielo por asalto.

Escribe Antonio Rivera:

Aquellos años intensos del tardofranquismo y la Transición nos resultan extraordinariamente cercanos. Quizás porque fueron los años de nuestra frenética, saludable y combativa juventud. Quizás porque entonces teníamos sueños que no cabían en ninguna historia.

En todo caso, seguro, porque forman parte esencial de nuestras biografías y memorias, y las tenemos por eso todavía presentes. Pero son también hechos y procesos que, acumulativamente y al margen de nuestros deseos, conforman la historia general de un país. Y esta segunda dimensión solo es explicable con rigor, adustamente, con arreglo a la historia y no a la memoria, ni al recuerdo fácil, ni a la convicción extendida.
Cada cosa en su sitio. Y, además, si han pasado cuarenta años de aquello es que ya no somos unos niños, más necesitados de recuerdos amables que de explicaciones razonables. Pero, ¡qué noche la de aquel día! Nunca desde entonces hemos tenido, de uno en uno y en colectivo, tantos deseos y fuerzas para cambiarlo todo.

El índice

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El lado oscuro de la revolución digital

Hoy, gracias al cambio de hora, la mañana ha tenido una hora más.

Así que he podido disfrutar de un paseo sosegado y de una lectura todavía más pausada de los periódicos.

Creo que hacía muchos domingos que no dedicaba tanto tiempo a la prensa escrita en papel.

No me quiero extender, pero sí recomendar dos artículos sugerentes en mi opinión, aparecidos hoy en el suplemento Ideas de El País.

Creo que son de sumon interés para todas las personas que nos movemos en los entornos de la cultura.

Dejo aquí sólo alguna cita:

  • Silicon Valley está organizando un asalto contra la filosofía en la que se basa la socialdemocracia, la noción de que los Gobiernos y los ayuntamientos pueden fijar normas y leyes que regulen el mercado. Silicon Valley opina que no: el único límite a los excesos del mercado debe ser el propio mercado. Son los propios consumidores los que deben castigar —poniendo malas notas, por ejemplo— a los malos conductores o a los anfitriones poco fiables; los Gobiernos no deben entrometerse…. Cuando el poscapitalismo nace del debilitamiento de las protecciones sociales y las regulaciones de la industria, entonces definamos con propiedad: si Silicon Valley representa un cambio de modelo, es más bien al de precapitalismo. (Evgeny Morozov).
  • Cuando lo trivial nos invade, parece que perdemos el control de lo esencial. En Reclaiming Conversation [Recuperar la conversación], su controvertido nuevo libro, Sherry Turkle, catedrática del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), expone cómo una dependencia excesiva de las redes sociales y de los sistemas de mensajería electrónica puede empobrecer nuestras conversaciones e incluso nuestras relaciones. Sustituimos la intimidad real por la simulada…Las herramientas de la era digital engendran una cultura de distracción y dependencia, una subordinación irreflexiva que acaba por restringir los horizontes de la gente en lugar de ensancharlos.

    Poner en duda Silicon Valley no es oponerse a la tecnología. Es pedir más a nuestros tecnólogos, a nuestras herramientas, a nosotros mismos. Es situar la tecnología en el plano humano que le corresponde. Visto retrospectivamente, nos equivocamos al ceder tanto poder sobre nuestra cultura y nuestra vida cotidiana a un puñado de grandes empresas de la Costa Oeste de Estados Unidos. Ha llegado el momento de enmendar el error. (Nicholas Carr)

Sigamos poniendo en duda y no comulgando con ruedas de molino.