Librerías y sello de calidad. Unos datos y un planteamiento preocupante

Eva Orue solicitó en fechas recientes mi opinión sobre el Sello de calidad para las librerías que ayer se presentó para un artículo en Infolibre que vio la luz el sábado pasado.

La puesta en marcha del Sello de calidad, que ya veremos si llega a ser realidad, me produce una profunda preocupación y hace aumentar mi excepticismo sobre el modo de abordaje por parte del sector del libro en su conjunto y de las librerías d algunos problemas para los que, además, se copian de mala manera, las propuestas que se han llevado adelante en otros países.

Eva recoge de manera precisa las opiniones que me solitió a través de un breve cuestionario. Acepto, además, que puedo haber sido el menos diplomático en las respuestas.

  • Menos diplomático, el analista José María Barandiarán enumera los motivos del retraso: “Por parte de las librerías, un cierto miedo escénico, ya que de alguna manera supone verse retratado y entender que ‘no todo el monte es orégano’; por parte de la administración, la falta de presupuesto y la necesidad de cierta coordinación entre las distintas autonomías al haber competencias traspasadas y también entre distintos departamentos”.
  • José María Barandiarán empieza negando la mayor: la existencia de un solo y único sector librero, “al igual que no existe un único sector editorial. De hecho, el modelo del sello de calidad está en el fondo pensado sólo para aquellas librerías generalistas o literarias-ensayo, pero no para las que pueden estar especializadas en otro tipo de materias. Con casi total seguridad las librerías en poblaciones menores de 25.000 habitantes quedarán todas fuera“.
    Añádase el hecho de que, en su opinión, no ha existido una apuesta política de calado para llevarlo adelante y podremos entender mejor la tardanza.
  • Es Barandiarán de la opinión de que el propio sector tiene que reconocer que “para el volumen de negocio que hay en torno a la comercialización del libro, está sobredimensionado“, y que se ha dotado de pocos mecanismos internos para racionalizar su tamaño. Que hay que proceder a una reestructuraciones para la que, como en todas las reestructuraciones sectoriales, “toca poner pasta a todos: a la administración, pero también al propio sector”. Y que no existe un planteamiento empresarial sobre cómo abordar este proceso.

Si nos centramos en lo que los medios recogen de la presentación de ayer hay unas primeras conclusiones que son francamente preocupantes.

  • Parece que sólo hay 200 librerías que cumplen los requisitos puestos. Eso supone que sólo el 6,5% de los puntos de venta parecen cumplir los requisitos; pero ¿por qué son las librerías las que tienen que verse inmersas en exclusiva en un proceso de sello de calidad y no el resto del sector? Lo diré en formato menos diplomático ¿Puntos de venta de calidad para vender mierda editorial? o ¿Sólo se considerará edición de calidad la que sea vendida en estos puntos?
  • Más cera. ¿Se preocupará alguien por implantar estándares de calidad en la cadena de suministro o esto será indiferente?
  • Dicen los medios que “El sello permitirá a los establecimientos que lo posean colaborar con las Administraciones Públicas en el desarrollo de las políticas y actividades culturales”. Y digo yo: ¿No debería ser quizás al revés? ¿Colaborarán alguna vez las adminastraciones con todo el conjunto de actividades que ya sin sello ni nada llevan tiempo organizando las librerías?
  • Preocupante. No he visto en las referencias de los medios a la presentación del sello librero a ningún librero. Sólo aparecen dos figuras editoriales que además se descuelgan con la lindeza siguiente dicha por Daniel Fernández alma mater curiosamente de Infolibre: espera que sirva para que la Administración compre en estas librerías y se atienda al fondo que está “desapareciendo”, algo que, según ha afirmado, les preocupa. ¿Dejarán los editores de vender directamente también por lo menos a las administraciones? Lo digo, simplemente, por coherencia de discurso y porque quizás podría ser un criterio de calidad que se autoimpusieran. Pueden echar un vistazo a los últimos datos de comercio interior
  • Dicen, ¡ay ingenuos! que el sello de calidad se podrá solicitar a partir de diciembre. De hecho. Ayer más que presentar el sello, se presentó el proceso hacia el sello. ¿Algún ingenuo se cree que el personal en diciembre va a estar volcado en el sello de calidad librero con unas elecciones de por medio?

Comparto la opinión de Luis González

“Yo pensaba más bien en incentivar una percepción social de la importancia de la librería en el lugar en el que vivimos”, admite. Buscaba un mensaje que podría haberse resumido en algo así como “Amo a mi librería” o “Quiero que haya una librería en mi barrio”, en la línea de lemas elegidos por quienes hicieron campañas parecidas en otros países (“Buy local” o “Books are my bag“), pero “finalmente se optó por algo más formal y desde ese prisma, supongo que no es de extrañar que sea extremadamente complicado y lento un proceso burocrático en el que hay que aunar tantas voluntades”.

El camino que se ha tomado creo que va a suponer un proceso burocrático tedioso alejado de las necesidades reales de la empresa cultural y más pensado desde una tosca óptica evaluativa funcional que desde un planteamiento de crecimiento y mejora continua.

Dudo que sea un incentivo real para las librerías.

Y… ¿me queda una duda? ¿Hay que estar asociado para participar en este proceso?

Y una segunda ¿sólo existe la calidad en la librería unida a la novedad?

Quizás convenga recordar esto

“El oficio de librero permanecerá mientras se edite cierto tipo de libros. Si todo se edita para venta inmediata y desaparece el editor que descubría autores, entonces también desaparecerá el oficio, porque no hay buen librero que venda basura” (Elvio Vitale)

Algunas entradas anteriores en las que he abordado el asuntos de las librerías y la calidad. Acceder

Mejor, seguir pensando en el #ApoyemosANuestrasLibrerías y , como dice Pilar Pascual, más vivas que muertas.

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Autor: cambiando de tercio

Actualmente trabajo en consultoría en el sector del libro, la cultura y en el tercer sector. Centrado fundamentalmente en pymes, insticuiones y administraciones públicas.

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