Librerías, factor humano y aire fresco en un tiempo de infoxicación

La semana que viene me acercaré a Barcelona unos cuantos días. Ya tengo claro cuáles van a ser las lecturas del viaje.

Mi maravillosa librería de Petra Hartlieb editado por Periférica y que me regaló mi amiga Raquel en mi reciente visita a Salamanca y El último día de Terranova de Manuel Rivas me acompañaran los próximos días en el tren, en el metro, en el hotel…

Manuel Rivas ante la pregunta de por qué ir a comprar a una librería responde:

Si desaparece el factor humano en los intercambios —y una librería es un lugar donde alguien que te da el libro con la mano—, también va a desaparecer lo humano en el libro. Tal vez es demasiado determinista, pero hay parte de razón. La ciudad existe porque existen librerías, el taller de bicicletas, las tabernas… En Coruña abrieron un centro comercial. La gente se sentaba allí porque llueve. Pensaron: “Si se sientan, no compran”. Quitaron los bancos y la gente se sentaba en las fuentes, así que pusieron unos hierros. En los libros te puedes sentar siempre. La literatura es resistencia, una intervención contra la realidad.

Los mayores del lugar, sobre todo si asististéis al Congreso de Libreros que se celebró en el año 2002 en Ourense, quizás recordéis la memorable intervención inaugural del mismo a cargo de Manuel Rivas.

La Voz de Galicia lo recogió así:

Rivas, que se presentó acompañado de una poia de pan de Cea y una flor de toxo simbolizando Galicia, trazó unas pinceladas sobre las características definitorias de una librería: espacios para la esperanza y la biodiversidad de la cultura -«os libros como unha forma da ecoloxía das palabras, coma espacios de osixeno que nos protexen dos espacios tóxicos e da usurpación»-, con una compleja geografía interior y un lugar para el contrabando «de libros en gallego, en catalán y en euskera».

Juan Cruz, en El País, en la crónica que recogía parte de lo abordado en el congreso escribía:

El poeta Manuel Rivas dijo en Ourense, hablando en el congreso de los libreros españoles, que las librerías debieran estar, en nuestro país, marcadas como territorios prohibidos, pues de ellas se sabe cómo se entra pero se desconoce la salida.

Ya entonces también había preguntas sobre el futuro. Así lo recogía Juan:

¿Qué será el futuro? ¿En serio estamos en un mundo en el que cabe vislumbrar, con el poeta, que las librerías se configuran como territorios peligrosos, o podemos decir, como los agoreros, que las librerías son especies en extinción?

Parece pues que todo fluye un día además como el de hoy que se inaugura una nueva librería.

Que el libro sea editado en gallego por Xerais donde se bate el cobre Manuel Bragado me trae recuerdos de alguna maravillosa velada cerca de las playas de Vigo conversando sobre el libro y las librerías. Diré y él me perdonará mi atrevimiento, que es una de las personas que más aprecia y valora el trabajo de las librerías y, de manera particular, de muchas de las pequeñas que nutren Galicia.

Aquel Congreso se clausuró también con unas bellas palabras de Xabier Senín:

Un profesor de una universidad americana decidió hace unos años deshacerse de todos los libros que almacenaba en su casa y consultar únicamente las obras en internet. Decidió que no necesitaba para nada el papel y, caso de necesitar un libro, no necesitaba de intermediarios ente él y la obra. Sus máquinas – el ordenador y los libros electrónicos- eran más que suficientes. Poco tiempo después cayó en la cuenta de que estaba en un error y de que las máquinas no podían sustituir nunca a las personas. ¿Con quién iba a hablar de lo que había leído? ¿Quién le aconsejaría sobre lo que leer? Porque las reseñas de sus máquinas eran muy publicitarias, del tipo “Beba Coca-cola” o “compre esto o lo otro? ¿Y el placer de tocarlos? ¿Podría sustituirse una mujer de carne y hueso por una muñeca? ¿Y el olor de la tinta fresca? Cuatro años después volvió a entrar en una librería y aquel simple hecho vino a ser como un descubrimiento. Temblaban de emoción como el enamorado en presencia de la armada. Y comenzó otra vez a recorrer la geografía de aquella librería que tanto había amado, aquella geografía de toda librerías que tan magistralmente nos describió hace tres días Manuel Rivas en su conferencia de inauguración. Y volvió a ser amigo del librero que no era gruñón, que era una chica joven y bella, pero que además amaba los libros. Y se dejó aconsejar y acarició los lomos de varios libros.

Quizás después de 13 años siguen existiendo porque los humanos necesitamosespacios de oxígeno, libros que pasen de mano en mano, tiempos y espacios para perdernos para encontrarnos.¡, librerías-amigas que nos lleven de vida cada vez que las visitamos.

¡Quién sabe!

Anuncios

Autor: cambiando de tercio

Actualmente trabajo en consultoría en el sector del libro, la cultura y en el tercer sector. Centrado fundamentalmente en pymes, insticuiones y administraciones públicas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s