Futuros balbuceantes, y pasados escondidos…

Hay algunas afirmaciones y predicciones que me siguen maravillando.

Yo no sé qué va a pasar mañana con mi vida y, al mismo tiempo, hay personas que dicen saber lo que va a pasar dentro de 20 años, qué se va a vender o se va a dejar de vender, o qué papel van a jugar determinados objetos o soportes y cómo va estar presente la tecnología en nuestras vidas que, al mismo tiempo, no sabemos si seguirán estando presentes y vivientes dentro de 20 años.

Puede ser, siguiendo el hilo de alguna de las reflexiones que plantea Víctor del Río en La pieza huérfana. Relatos de la paleotecnología que quienes creen predecir el futuro, o eso nos quieren hacer creer, en el fondo ‘fantasean sobre la apariencia que tendrá el mundo dentro de unos años mientras las transformaciones remueven el suelo que pisamos‘ (pag. 11) y más adelante, como una llamada de aviso para los humanos actuales y no para los y lo que está por venir.

«No hace falta arrastrar a la tecnología hacia la ficción porque es en sí misma ficción. Los eventos de la tecnología se proyectan en el mundo de una fantasía que prefigura formas de vida y que tiene manifiestos vínculos con el pensamiento utópico. Pero esa afirmación sería una ingenuidad si no la acompañamos de una referencia al hecho de que el principal motor de la producción tecnológica es económico, y que al proyectarse como ficción no hace sino liberar un antiguo espectro que procede del romanticismo» (pag. 24)

Si lamirada al futuro que algunas personas nos presetan parece estar cargada de trampa, parece que también nos hacemos trampa cuando miramos hacia atrás. Así parece señalarlo Antonio Rodríguez de las Heras en el artículo, Pecado original, que ayer escribió en bezdiario.

Escribe Antonio:

Con mis alumnos recorremos la evolución tecnológicaque ha dado como resultado este mundo digital, este mundo en red. Es una buena lección. La industria militar y las guerras, el control de los poderosos, el consumismo, el gigantismo apabullante empresarial, las injustas y persistentes desigualdades…  constituyen la orografía para este flujo de la evolución humana junto con el empeñoso caudal del ingenio también humano.

Quizás cuando miramos hacia atrás o cuando otros pretenden señalarnos su camino como único hacia delante, mientras al mismo tiempo, intentan esconder su pasado seamos conscientes de que nos cuesta trabajo asimilar plenamente la gran revolución del pensamiento que supone ver el mundo y todas sus cosas, incluidos los humanos y sus obras, como procesos evolutivos, tal y como señala Antonio Rodríguez de las Heras.

Maneras de negar, en el fondo, el protagonismo de nuestras vidas.

Autor: cambiando de tercio

Actualmente trabajo en consultoría en el sector del libro, la cultura y en el tercer sector (Fundación Lovexair) centrado fundamentalmente en pymes e instituciones

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