Cultura y (post)crisis con la dulzura de Charamel…

Fin de noviembre e inicio de diciembre interesante y sugerente por Bilbao.

Por partes.

La revista Galde acaba de publicar en su último número un extenso dossier, Cultura y Crisis, en el que se aborda desde distintas perspectivas el impacto de la crisis económica en las políticas culturales y sus consecuencias en el frágil entramado cultural. Autores expertos en distintas disciplinas analizan los conflictos, coyunturales unos y estructurales otros, que atraviesan la cultura de nuestro tiempo y de nuestro país, la pérdida de valor social de las artes y del conocimiento, o la mercantilización de los contenidos culturales, entre otras cuestiones.

Con estas jornadas, organizadas conjuntamente con el colectivo Cultura Abierta, se pretende, además de dar a conocer el trabajo, profundizar en la clarificación de los nuevos escenarios postcrisis y la identificación de los retos pendientes, con la convicción de que nada en el futuro será como fue, pero al mismo tiempo, tampoco se podrá construir sin partir de lo existente.

La elección de los ponentes va a posibilitar, a nuestro juicio, el contraste de dos visiones complementarias: la de quienes traen la experiencia de los movimientos culturales no institucionales y que reflexionan ahora sobre la ubicación de la “cultura libre” en el nuevo mapa político-cultural, y la de quienes llevan años analizando la deriva de la cultura institucionalizada y de sus industrias.

Programa:

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Y mañana, también, hace su puesta de largo oficial después de unos meses de rodaje, desde agosto llevan afinando, Charamel Gozotegia.

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De la gente más dulce que ha ‘aterrizado’ por Bilbao en estos últimos meses.

Así que en medio de la ‘sesudez’ haré un hueco mañana para escaparme un ratín.

La desaceleración como emancipación

Leía hace unos pocos días a los amig@s de Colaborabora:

hay que parar, hay que dejar de contribuir a mantener engrasado el mecanismo del capitalismo de la atención, en el que se termina compitiendo por las audiencias, en el que difícilmente se disfruta, no ya de lo que organizan otras agentes de la comunidad, sino de lo que organizas tú misma. Porque una cosa es la abundancia y otra el exceso. Un sinsentido y una enfermiza tendencia a la que definitivamente debemos poner freno.

Me lo ha traído al recuerdo la conversación entre César Rendueles, Manuel Cruz y Daniel Innerarity que Borja Hermoso ha recogido en El País y de la que he seleccionado el título para esta entrada.

Dejo algunas pinceladas de la misma que, no por breves en el texto, requieren tiempo de sosiego y de calidad para rumiarlas. Algo que parece faltarnos…

  • Todo va demasiado deprisa en nuestras sociedades de hoy.
  • Las mejores ideas suelen surgir entre chispazos, entre espacios que se están peleando y colaborando y una excesiva especialización trae cosas normalmente poco interesantes.
  • Pensar es tener un interruptor. E interrumpir.
  • Hay un ruido de fondo que nos inunda, es como una rueda de hámster…
  • El tiempo ha desaparecido. Ya no funcionamos con tiempo, sino con una sucesión de instantes de los que se espera la máxima intensidad.
  • (las bibliotecas) son espacios de desconexión que funcionan muy bien.
  • Vivimos en una sociedad que no está muy interesada en replantearse la cuestión de qué significa que algo sea útil.
  • El solucionismo tecnológico es el síntoma de una aceleración consumista, de un consumismo llevado a ámbitos de nuestras vidas que de otra manera sería más difícil comercializar… como el ámbito de las emociones o el de la información. Así que, por ejemplo, sistemáticamente buscamos una especie de ídolo en las tecnologías digitales ¡como si fueran las únicas tecnologías que hay!

El Bosque de la Maga Colibrí. Librería en femenino que innova

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Que una librería como en este caso El Bosque de la Maga Colibrí se haga merecedora a un premio de Innovación cultural, me parece una muy buena noticia.

Me alegra ver, además, que el equipo al completo es ‘mujer’. ¿Cómo veis esto desde Doce miradas? 😉

Creo que es un buen momento para citar con cierta amplitud a Roberto Gómez de la Iglesia que en el número 29 de Texturas escribía:

¿Están nuestras pequeñas librerías preparadas para moverse en este turbulento contexto?
La réplica de los modelos imperantes en las últimas décadas ya no sirven,
eso lo sabemos todos. ¿El cambio de modelo de negocio es una cuestión de tecnologías, de dimensión, de capacidad comunicativa, de mercados emergentes… o de hacer realmente una nueva y mayor propuesta de valor diferencial a nuestros clientes?
Las buenas organizaciones se construyen más sobre emociones y relaciones que sobre productos. Sobre personas con ganas de pensar, de sentir, de escuchar, de desaprender, de arriesgar y confiar. Por tanto, ideas y personas que generan nuevos significados en la organización y en sus mercados, públicos o privados.
Sin nuevos relatos y nuevos significados compartidos, en nuevas organizaciones, no hay salida posible. La organización es la estrategia. Ahí reside la innovación esencial.
Hemos de ser capaces de diseñar y gestionar organizaciones más heterárquicas (algo no difícil en las estructuras pequeñas), más flexibles, más reticulares y matriciales, que gestionan por proyectos, más líquidas, que impulsan las «culturas tímidas», más creativas e innovadoras, de visión 360º, más próximas y sin embargo más abiertas, centradas en las personas de dentro y de fuera.
Y estas nuevas organizaciones han de plantearse nuevos retos. Algunos tienen que ver con repensar el papel de las librerías como espacios culturales, reales y virtuales. Otros, en transformar venta, acción y/o programación directa en liderazgo social; en generar redes (para uno mismo y para los demás); en potenciar el consumo cultural (responsable) dentro de la propia comunidad cultural; en estimular la demanda de nuevos productos y formatos culturales desde la librería o con la participación de la librería; en dar juego a nuevos protagonistas; en vincular artes y cultura mediante el libro y la literatura (pero no sólo) a nuevos espacios y nuevos agentes sociales (educación, sanidad, empresa…).

Quizás ellas, han sido capaces de volver a hacerse las ‘preguntas básicas y radicales‘ que son las que de verdad están en la base de la innovación.

¡Felicidades!

Vida para María, alegría de domingo y… virtualidad humana

Fin de semana tranquilo, cuidando detalles, o intentándolo, poniendo el ojo, la mirada en las pequeñas cosas, en sus matices, colores, diferencias, detalles…

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buscando metáforas y preguntas a los interrogantes aparentes que los paseos plantean

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y, al llegar la tarde y abrir el correo ver que hay sueños y proyectos que con muchos pocos se hacen realidad.

¡Gracias a tu aportación y a la de 1509 mecenas más, este proyecto será una realidad!

Se me ocurre que es una forma  de leer la dimensión virtual de los humanos aplicando una de las posibilidades que este fin de semana nos ofrecía Antonio Rodríguez de las Heras.

Pero el término virtual acoge otra acepción. Y es cuando se refiere a aquello que tiene en potencia algo que se puede realizar. Virtual entendido como facultad, fuerza, poder… de hacer. Virtual contiene lo posible, y en circunstancias concretas lo virtual se hace posible.

Quizás, lo virtual así entendido, es lo que nos hace más humanos y lo que aporta y nos aporta más vida.

Apasionarse

Tras pasar un viernes liado con algunos proyectos apasionantes por la idea, la compañía y los procesos.

Proyectos híbridos, fruto del encuentro entre personas de diferentes campos, procedencias y sensibilidades que enriquecen, rompen barreras y hacen que los mismos tomen una nueva dimensión.

Basados en experiencias y carreras profesionales que me gustan denominarlas diesel y de largo recorrido..

¡Qué mejor forma de terminarlo en esta tarde de viernes fresquita que con un chocolatito en Charamel gozotegia para seguir endulzando el día!

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Espacio donde además he compartido guiños, #dedosvacios y he conocido a personas estupendas.

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La casa amarilla, nueva galería librería en Zaragoza

lacasaamarillaPoco más de una semana ha pasado desde que en Zaragoza ha abierto sus puertas la galería librería La casa amarilla.

Los proyectos que hibridan, como es el caso, me parecen cada vez más sugerentes porque es una forma de demostrar que hay algo más allá de los soportes mediadores que son excusa para la plasmación y celebración de la cultura.

En la noticia que daba El Periódico de Aragón se dejan entrever algunas claves interesantes:

  • Un proyecto que «huye del pesimismo porque la cultura siempre es motivo de celebración».
  • «El libro y las obras de arte son instrumentos para dar a conocer el mundo». La casa amarilla es un espacio para «reflexionar y hacerse preguntas». Y añado… no para encontrar necesariamente respuestas.
  • No les interesan ‘las conversaciones de bar’, sino profundizar en el conocimiento.

Un proyecto, bienvenido sea, que quizás escape como muchos otros a las tentativas y vanos intentos de clasificación y simplificación. Un proyecto, como ellos dicen, que, como diría Walter Benjamin, quiere gestionar el pesimismo: creando posibilidad.

 

Cuando las librerías dibujan el territorio. Pero, lo dibujan todas, no sólo algunas

En fechas recientes los editores del grupo Contexto presentaron el Mapa de Librerías de Barcelona como continuación de la iniciativa que con anterioridad se realizó sobre Madrid.

En el mismo se recogen referencias de 122 establecimientos.

Algunos medios de comunicación se hicieron eco de la presentación y en las distintas crónicas se puede leer lo siguiente:

  • Una herramienta para descubrir la ciudad a través de sus librerías.
  • Un homenaje para ensalzar la labor de los libreros.
  • Una herramienta  eficaz para aquellos que quieran saber dónde encontrar una librería en la capital catalana (pensando en los editores)

Entrando en una dimensión más sociológica Enrique Redel reflexionaba sobre el hecho de cómo a través de la manera en la que están distribuidas las librerías, ofrece la estructura de una ciudad, “una panorámica de lo que pasa” en Barcelona.

En Estandarte y sin más explicación por lo menos en la noticia se puede leer:

Los responsables de Contexto decidieron incluir —también— las librerías de algunos centros comerciales, y excluir aquellas que se limitaran a vender segunda mano.

Curiosamente, cuando uno va a la página de Contexto se encuentra con el siguiente literal (las negritas son de un servidor):

Ya puedes encontrar el nuevo

MAPA DE LLIBRERIES DE BARCELONA

en todas las librerías de Barcelona.

Los matices son importantes. Sobre todo, en la medida en la que se pretende trazar una geografía del libro a través de las librerías y, se mantiene por un lado un discurso que se pretende abarcador e interpretador de todo el territorio, pero en el que se excluyen variables importantes como la segunda mano, el saldo y el libro de viejo que puede ser debido, desde una visión sectorial que no global a, por lo menos, una doble causa: no aporta valor económico e incluso nos puede restar ventas y puede mostrar algunos de los fracasos editoriales que han acabado en saldo.

Cada uno puede hacer los mapas que quiera, pero en la medida en que el mapa intenta desentrañarnos la realidad, debemos tener la honestidad de ser lo más claro posible con lo que presentamos y si se dice Todas, deben ser todas y no sólo algunas.

Porque esas que no están también merecen un homenaje, nos ayudan a descubrir la ciudad y nos ofrecen una panorámica de lo que pasa.

Tres recomendaciones finales:

Los libreros, ya lo ha dicho Patti Smith, que varias veces trabajó en librerías, mantienen la honestidad sobre lo que está pasando en la literatura en nuestros tiempos. Y también nos permiten un placer específico: manosear los libros. Son espacios que despiertan un comportamiento diferente, tranquilizante (espero) y la experiencia, por lo  menos en para mí, es casi terapéutica.

  • El Mapa de Llibreries de Catalunya, recientemente presentado, recoge 292 librerías en Barcelona. Tampoco recoge las de segunda mano. Cada vez es más frecuente ver en ‘librerías de nuevo’ espacios relacionados con la segunda mano o los saldos. Quizás sea un buen momento de repensar los mapeados sectoriales.
  • Imanol Zubero escribía en el número 29 de la Revista Texturas:

Sostiene Roberto Casati que, siendo verdad que los libros en papel ocupan
espacio, lo que puede contemplarse como un engorro, lo cierto es que «el
espacio es un buen medio de controlar la memoria». Y continúa: «Una buena biblioteca es como un diagrama; nos permite pensar, porque visualmente nos reenvía de una sola ojeada a la multitud de cosas leídas, liberando de ese modo a la mente de la necesidad de guardarlo todo en la memoria». ¿Podemos decir algo similar de las librerías? Si el espacio que ocupan los libros en un hogar es el mejor medio de controlar la memoria, tal vez también el espacio que ocupan las librerías en la trama urbana sea el mejor modo de controlar nuestra memoria colectiva, de construir ciudad de una determinada manera. (pag. 25)

Pero, el espacio que ocupan todas las librerías…