La compra en la tienda física o en la librería: la ventaja de lo táctil y de la experiencia

Son ya bastantes los estudios y las informaciones que parecen señalar que el soporte preferido de los lectores es el papel, sean estos lectores grandes o pequeños.

Otro asunto, distinto, es el coste y la posibilidad de acceso que a veces se pueda tener al mismo.

La mediación física y la posibilidad de que cada contenido, visto como un todo, tenga un soporte diferencial de tal manera que podamos distinguir los contenidos también por los soportes que los contienen parece que tiene su valor para el usuario.

Quizás porque posibilitan de esa manera con más claridad, somos al fin y al cabo animales simbólicos, dar mayor significado a una experiencia lectora.

Viene todo esto a cuento de una reciente encuesta de la que el Observatorio Cetelem se hace eco sobre la valoración de los usuarios sobre la ‘naturaleza táctil de las compras offline‘ , o, lo que es lo mismo, en tiendas físicas.

Valentina Candeloro, Marketing Director International de Mood Media, señala un par de posibles razones que creo son válidas para las librerías:

  •  “la naturaleza tangible y táctil de la tienda física todavía se percibe como una gran ventaja, puesto que satisface el deseo de una gratificación instantánea.
  • “los consumidores, en especial, los jóvenes, no están solo comprando un producto en la tienda; están comprando una experiencia. Y sus expectativas de cara a obtener una experiencia que conecte con ellos a nivel emocional son altas.

Volver a pensar y a repensar los espacios en función de las personas y de la experiencia que se puede generar en los mismos sigue siendo clave.

Sigo pensando en el sentido que puede tener, por lo menos como propuesta teórica y de reflexión pasar de librerías a lectorerías, del objeto al sujeto, del producto a la persona…

Consultar más datos del estudio.

Anuncios

Editores… los grupos y países que cortan el bacalao

Interesante, en lo que hace referencia a ‘grandes números’ los datos comparados de facturación (2015-2016) de los 50 mayores grupos editoriales.

Unas notas breves:

  • La facturación de los 50 primeros grupos ha sido en 2016 de 56.200 millones de dolares.
  • Ha descendido en relación a la de 2015 en, aproximadamente, un 10%.
  • Sólo hay 18 países con compañías editoriales que tengan presencia entre los 50 primeros grupos.
  • La facturación de las compañías pertenecientes a sólo cuatro países: Alemania, Estados Unidos, Reino Unido y Canadá supone más del 50% de la facturación de los 50 primeros grupos.  28.419 millones de dolares.
  • España, en esta clasificación ocuparía la octava posición. Italia, con menos facturación, tiene más grupos presentes. ¿pirámide más plana?
  • Hay tres grupos multinacionales, con sede en varios países, que suponen el 14% de la facturación global.  

 

Nuevos territorios, nuevos límites…

Retomo una cita de un texto de Antonio Rodríguez de las Heras que lleva por título La mirilla, publicado en bez, que ya ha dejado de publicarse, pero sigue estando por ahora presente en internet.

Lo he leído a la luz de los recientes asesinatos y la variedad de reacciones que los mismos han producido y con la mirada puesta tanto en nuestras fronteras naturales como en la discusión sobre las nuevas…

El problema que estamos teniendo ahora no lo provocan las redes sociales, sino el estrechamiento exagerado de los límites de nuestro espacio de convivencia, con un auge de las múltiples formas con las que se puede manifestar el puritanismo. Cuanto más nos aprieten estos muros, más valores y comportamientos quedarán extramuros, sospechosos, denunciables, y los vigilantes parecerán más numerosos en las almenas. Una falsa sensación de seguridad. Lo que hay que procurar en nuestra sociedad de atalayas y almenas digitales es que se dilate más y más el perímetro, que los muros protectores se vean en la lejanía, y que debido a esa amplitud acogedora se instale y habite la diversidad y lleguemos a tener sensación de sociedad abierta (que es un límite al que tender, no un absoluto). Los vigilantes, aun siendo en número los de siempre, parecerán menos, pues los confines lejanos que tienen que cubrir trazan un perímetro más extenso. La Red se hará mucho más soportable

Es frecuente que mostremos alarma ante la vigilancia del ciudadano por los grandes poderes económicos y políticos en un mundo en red. No hay duda de que hay que cuidarse. Pero se da otra vigilancia cotidiana, molesta al menos, dañina en ocasiones, del vecino, que ya no vive en la misma escalera, sino que observa, intransigente y desconfiado, guardián de valores y certezas, por la mirilla de la Red.

 

La librería combatiente de la soledad y refugio de personas

Tenía en el borrador desde febrero de este año este artículo de Mark Thornton en The Bookseller: Can booksellers combat loneliness? en donde se reflexiona sobre el papel que pueden jugar las librerías, sobre todo las de ‘cercanía’, con las situaciones personales de soledad. Cómo la conversación, la recomendaciónn y el propio espacio como lugar de acogida tienen un valor quizás intangible, pero de alto contenido social.

Escribe Mark

Si resulta que la soledad tiene costos reales y significativos para nuestra sociedad, tal vez sea hora de considerar los incentivos para que las librerías vuelvan a prosperar … Crear librerías, organizar eventos y apoyar la alfabetización y la interacción social en nuestra comunidad en general. … Seamos realistas, no se puede caminar hasta un almacén de Amazon y hablar con ellos sobre la salud intestinal.

Los atentados ocurridos estos días pasados en Barcelona nos han vuelto a recordar que no sólo las librerías, sino el comercio de proximidad pueden ir más allá del propio negocio.

Vale la pena recordarlo y ponerlo en valor.

Leemos en La Vanguardia:

Hubo decenas de fortalezas. Altaïr, en el 616 de la Gran Via, uno de los establecimientos que ha puesto a Barcelona en el mapamundi de las librerías, ya se había blindado a las 17.13 horas, cuando muchos comercios de la zona aún no sabían qué pasaba. Unos alemanes vieron las primeras y confusas noticias mientras utilizaban la conexión inalámbrica de la cafetería de este establecimiento, un Eldorado para los amantes de los viajes y los libros.

Tom abandonó la caja registradora y salió a la calle para informarse. Se cruzó con dos mossos que le aconsejaron bajar la persiana “por la seguridad de los clientes”. ¿Cerrar un sábado, el día de más ventas? Altaïr, como la Central del Raval, que siguió su ejemplo, no tiene clientes. Tiene lectores. Más de 25 personas aguardaron en la cafetería, tranquilizados por libreros como el propio Tom, Encarna, Mariona, Andrea, Helena… A Pep, el propietario, le sobrecogió la imagen de una chica joven, “que lloraba en silencio, concentrada en sus sentimientos”. “¿Estás bien? ¿Puedo ayudarte?”, le preguntó. “No, gracias. Lo siento, no puedo evitar llorar”. Por primera vez en su larga historia, iniciada en 1979, Altaïr fue infiel a su lema (“Para ir más lejos”) y se quedó quieta, quieta, quieta. Pero sólo para tomar impulso. Como Barcelona.

 

Babel de Castelló. 25 años

No me hubiera perdonado no acordarme en este 2017 de los 25 años que Babel lleva entre nosotros como librería.

Babel nace en 1992, en la calle Herrero, junto al hotel Mindoro, gracias al entusiasmo y esfuerzo de un grupo de personas de nuestra ciudad que se unen para crear un espacio comercial pero con objetivos claramente culturales.
Los primeros años de la librería sirvieron para ir conformando y poniendo los pilares imprescindibles para llegar a conformar un modelo de librería distinto al que se conocía en Castellón, e incluso en el resto del Estado español. Aprendizaje sobre la práctica, elaboración de las líneas teóricas necesarias, contactos con otros libreros españoles y europeos … nos han llevado a la Babel que conocemos hoy en día.
En el año 1998, nuestra librería abre en su nueva sede, donde en la actualidad se encuentra, en la calle Guitarrista Tárrega. Un espacio de más de 750 m2 y diseñado para poder aplicar los planteamientos y acciones que trazan como objetivos desde la creación de Babel.
La Babel actual cuenta con unos 100.000 libros de fondo editorial, organizados en más de 50 secciones temáticas. La gestión de la librería, en todas sus vertientes, está completamente informatizada, contando con los últimos avances en las nuevas tecnologías que permiten un trabajo más ágil y eficaz que revierte en un mejor servicio a los clientes. Babel utiliza los sistemas más eficaces en su trabajo con los proveedores. También contempla servicios para sus clientes, como el servicio de novedades y libros a examen, asesoramiento para grandes compras o para adquisiciones especializadas, aviso automático y personalizado de llegada de libros pedidos …

Personalmente a Pere y a Lledó les debo mucho y el conjunto de los libreros y del sector les deben las primeras reflexiones serias y estructuradas sobre el papel cultural de la librerías.

Más de una vez he hablado con Pere de nuestra ‘pipiolez’ hace años en medio de los ‘popes’ libreros y en las estructuras sectoriales y, al mismo tiempo, el cariño y la ‘bolilla’ que nos daban nuestros mayores para aportar nuestras a veces atrevidas opiniones y puntos de vista.

La compañía, el aprendizaje y la empatía que nos brindaron libreros y libreras históricas fue y es de un valor incalculable.

Quizás en estos 25 años alguien debería ser consciente del aporte teórico y práxico que ha supuesto el hacer de Babel.

¡Felicidades amigos!

Vaya como un pequeño homenaje estas fotos de principio o fin de siglo, año 2000,  con motivo del curso que hicimos en Babel sobre La vertiente cultural de la librería.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

 

Se decía ya allí:

Considerar que nuestros competidores son fuertes y potentes , es una buena estrategia empresarial para no dormirse en los laureles… Pero, cuando esa idea actúa como justificante de todos los males e impotencia de nuestra propia empresa, se convierte en un “tópico nocivo”. Nuestros rivales y competidores no todos son iguales. Su fuerza y peligro también es diverso. Con cada uno deberemos luchar con unas armas diferentes. La Librería Cultural tiene algunos puntos fuertes que no todos sus competidores tienen y, que debe explotar en su propio beneficio. Convertir la ibrería en un punto de encuentro, en una tribuna socio cultural, es un activo que no todos los competidores pueden conseguir. Hacerlo de “abajo arriba”, buscando la complicidad de la sociedad civil
es más eficaz, y no todos los competidores pueden hacerlo. La implicación personal del librero en el entramado socio cultural de su entorno, vuelve a ser un aspecto que no está al alcance de todos los competidores.

Sobre autoedición, impresión bajo demanda y su comercialización. Seudoprocesos nada disruptivos en lo cultural

ViveLibro anunciaba ayer en su blog que había llegado a un acuerdo con Libelista para la distribución de los libros que produce. Decir ‘los libros que edita’ creo que sería utilizar el término de manera inadecuada.

Es claro que cada librería puede comercializar lo que considere más coherente primero y conveniente después para sustentar su modelo de negocio; pero no deja de llamarme la atención que una empresa de producción editorial de ‘autopubli-pagados’ ponga los ojitos en un grupo de librerías de muy amplio espectro y estas le den, aparentemente, el ‘Sí quiero’.

Esta noticia me ayuda a plantear de nuevo algunos temas que vez tras vez van quedando en el camino y que, de alguna manera parece que van unidos: las empresas de autopublicación, la impresión bajo demanda y la autoedición.

Sé que son tres cosas distintas, pero es claro que en el panorama del negocio y los intereses empresariales, no diré culturales, han ido apareciendo nuevos agentes que juntan los anhelos de personas que tienen algo escrito, que no es lo mismo que escritores, que quieren verla publicada, que no editada en una cantidad de ejemplares variables que posibilita en estos momentos la impresión bajo demanda y de comercios, no diré librerías, que quieren venderlas.

El que los procesos que facilitan que la fabricación de este producto sea prácticamente automático no indica necesariamente que por ese hecho el mismo se convierta en parte de la industria del libro, término que cada vez me gusta menos y ya si le ponemos español para que parezca uno, grande y libre, ni os cuento.

Releyendo y repasando lecturas se comprueba que pocas cosas, en su esencia, son nuevas. Incluso ha habido algunos otros tiempos en que los planteamientos han sido más radicales.

Sin irnos excesivamente atrás en el tiempo Ainara LeGardon y David García Aristegui en su libro SGAE: el monopolio de la decadencia editado por consonni ya nos hablan de la autoedición en España a finales del XIX.

Durante el siglo XIX eran habituales los contratos editoriales abusivos que obligaban a los autores a renunciar al control de sus obras por cantidades muy exiguas. La negociación individual con los empresarios no era nada favorable, por lo que los autores comenzaron a organizarse. En 1844 se creó la Sociedad de Autores Dramáticos, con un objetivo principal, la posibilidad de la autoedición para los socios y evitar así suscribir contratos poco ventajosos. La Sociedad no tuvo mucho recorrido, aunque supuso el primer intento por parte de los autores de frenar los recurrentes abusos y excesos de los empresarios de teatro. (52)

El segundo factor, la impresión bajo demanda, que parece que se vuelve, por qué será, a poner de moda. Os recomiendo la lectura del texto de José A. Sánchez Paso, La impresión bajo demanda, o como se llame, en España y Latinoamérica ahora mismo (que ya es ayer),  que José Antonio Millán recoge en Libros&Bitios.

Dice, entre otras muchas cosas,

Por otra parte, me resisto como filólogo, además de editor, a seguir denominando tecnología a lo que sin más ni más es puramente una técnica, cuando menos ésta a la que, por llamarla de alguna manera, llamaré edición digital, contraviniendo el título que acabo de poner más arriba.

Como vengo diciendo, es simplemente un procedimiento de producción editorial, a medio camino entre el libro electrónico y el libro impreso por el que, en el mejor de los casos, se edita sin necesidad de imprimir, al menos hasta que no hay venta de ejemplares, pero que en el peor de los casos, precisamente por las facilidades que ofrece la nueva técnica, puede significar que se imprima sin editar, es decir, se obtenga un ejemplar de un título impreso en papel, sin que nadie se haya cuidado de su edición.

El texto es de principios de siglo, el año 2004. Es interesante, pasearse por los enlaces y ver cuántos son ya parte de la arqueología digital. ¿Cuántos de los actuales lo serán dentro de 10 años también?

No hay, en el fondo, nada nuevo bajo el sol, salvo el hecho de que del cruce, de egos personales, posibilidades técnicas y ansias mal medidas de venta, se acabe haciendo llegar basura al mercado.

Claro que siempre habrá quien diga: Si es lo que la gente quiere… ‘Pan y circo’.

 

 

Inma Pérez de Dadá en Valencia. Algunas pistas para la reflexión

Agosto es para mí un buen mes para retomar algunos textos y entrevistas que han quedado esperando en el ‘borrador’ del blog.

Retomo así esta entrevista hecha en Las Provincias por Carmen Velasco en el mes de mayo a Inma Pérez de Dadá en Valencia, especializada en diseño, moda, fotografía y arte,  que plantea en la misma algunos temas de interés.

  • No maldice Amazon.
  • No está asociada al Gremi ya que sus necesidades no están reflejadas.
  • Ve asuntos relacionados con la política cultural que no le gustan.
  • Dadá y cualquier librería necesita un público fiel y personas con el hábito de venir al establecimiento, es decir, parroquianos.
  • Nosotros los libreros vivimos rodeados de mucha gente pero estamos mucho tiempo solos. Encontrar a gente que entienda tu trabajo y te conozca como persona está muy bien porque aprecian lo que haces.
  • Me gustaría que las instituciones públicas se volcaran para fortalecer el valor de las librerías, porque no son territorio hostil, y potenciarlas como foco de atracción incluso turístico.
  • Entiendo que la Administración tiene unos plazos pero no comprendo que trabaje como hace 20 años.