La librería combatiente de la soledad y refugio de personas

Tenía en el borrador desde febrero de este año este artículo de Mark Thornton en The Bookseller: Can booksellers combat loneliness? en donde se reflexiona sobre el papel que pueden jugar las librerías, sobre todo las de ‘cercanía’, con las situaciones personales de soledad. Cómo la conversación, la recomendaciónn y el propio espacio como lugar de acogida tienen un valor quizás intangible, pero de alto contenido social.

Escribe Mark

Si resulta que la soledad tiene costos reales y significativos para nuestra sociedad, tal vez sea hora de considerar los incentivos para que las librerías vuelvan a prosperar … Crear librerías, organizar eventos y apoyar la alfabetización y la interacción social en nuestra comunidad en general. … Seamos realistas, no se puede caminar hasta un almacén de Amazon y hablar con ellos sobre la salud intestinal.

Los atentados ocurridos estos días pasados en Barcelona nos han vuelto a recordar que no sólo las librerías, sino el comercio de proximidad pueden ir más allá del propio negocio.

Vale la pena recordarlo y ponerlo en valor.

Leemos en La Vanguardia:

Hubo decenas de fortalezas. Altaïr, en el 616 de la Gran Via, uno de los establecimientos que ha puesto a Barcelona en el mapamundi de las librerías, ya se había blindado a las 17.13 horas, cuando muchos comercios de la zona aún no sabían qué pasaba. Unos alemanes vieron las primeras y confusas noticias mientras utilizaban la conexión inalámbrica de la cafetería de este establecimiento, un Eldorado para los amantes de los viajes y los libros.

Tom abandonó la caja registradora y salió a la calle para informarse. Se cruzó con dos mossos que le aconsejaron bajar la persiana “por la seguridad de los clientes”. ¿Cerrar un sábado, el día de más ventas? Altaïr, como la Central del Raval, que siguió su ejemplo, no tiene clientes. Tiene lectores. Más de 25 personas aguardaron en la cafetería, tranquilizados por libreros como el propio Tom, Encarna, Mariona, Andrea, Helena… A Pep, el propietario, le sobrecogió la imagen de una chica joven, “que lloraba en silencio, concentrada en sus sentimientos”. “¿Estás bien? ¿Puedo ayudarte?”, le preguntó. “No, gracias. Lo siento, no puedo evitar llorar”. Por primera vez en su larga historia, iniciada en 1979, Altaïr fue infiel a su lema (“Para ir más lejos”) y se quedó quieta, quieta, quieta. Pero sólo para tomar impulso. Como Barcelona.

 

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