Los medios y los hábitos de lectura y compra de libros.

Las mujeres, que son el colectivo que más lee, no aparece prácticamente en ningún titular.

Espero sacar un rato tranquilo para leer  el estudio de Hábitos de lectura y compra de libros 2017 a finales de esta semana.

He ido estos días recogiendo algunas de las apariciones que el mismo ha tenido en distintos medios de comunicación y es estupendo comprobar la bondad que como texto parece tener el estudio al adaptarse y generar múltiples y distintas lecturas según quién y cómo se ha aproximado al mismo.

No creo que debamos extrañarnos visto lo visto sobre cómo leen todos los partidos políticos los resultados electorales, donde todos parecen ganar ‘algo’. Aquí, con los datos sobre la lectura, también.

Tengo en cualquier caso también la sensación de que muchos han escrito sin haberlo leído, tirando de la nota de prensa. Aún con ello, habrá que alabar también la calidad de dicha nota que parece capaz de moldearse a las distintas miradas e intereses sobre la lectura y demás.

Es curioso que hay todavía quien se sorprenda de que el 40% de la población siga siendo “inmune a los encantos del libro“.

Me ha resultado particularmente curiosa, la lectura localista que no intimista de los datos y ese afán de algunos medios por la clasificación modelo liga para ver qué región triunfa y cómo está cada una en la clasificación, aunque, al mismo tiempo se añora a esa España en camino. Decía Daniel Fernández en la presentación: «España ha recorrido un largo camino durante los últimos años, pero aún queda mucho por recorrer».

Los castellano-manchegos parecen sorprendidos por el alto porcentaje de quienes no leen ningún libro.

Los gallegos están contentos por ser los cuartos que más compran. Les va mejor en ‘tirar de talonario’ que en clasificación lectora, donde bajan algunos peldaños.

Los aragoneses son los más satisfechos con sus bibliotecas y compran más que los gallegos.

En Euskadi son también primeros, pero en este caso en compradores de libros de ocio.

Quien sigue por debajo de la media, como por ejemplo Asturias, se conforma con situarse en el podio como tercera en el aumento de lectura. Algo parecido le sucede a Murcia. Se sienten satisfechos con el ‘progresa adecuadamente’ o, por lo menos, eso creen.

Lo de Cantabria es un caso aparte ya que, aún estando por debajo de la media nacional, es una de las comunidades donde más se lee. Y no les falta razón porque la media se sitúa justo en el límite de la ‘zona champions’. Sólo hay cuatro comunidades por encima de la media. Son esas las que pueden ir a Europa. Los castellano-leones también están por debajo de la media, aumenta menos que otras comunidades y están a nivel de descenso en compra de libros y eso que suelen airear sus planes lectores por aquí y allá.

Con los navarros mejor no meterse. Pocos pero de los que más en todo y creciendo.

Y casi para terminar están quienes ven el vaso medio vacío, en la línea media estancada, o el vaso medio lleno.

Y luego andamos también moviéndonos entre los soportes y a ver quién puede más, con sus juegos de bucaneros, la cantidad y la calidad. Ahora parece que ‘el más no es mejor’. Por lo menos para El Mundo. No es de extrañar si en el terreno en el que nos movemos es en el de los ‘fans’.

Ya nos lo avisaba Juan Domingo Argüelles:

En su ensayo “Cómo leer y por qué” (cuyo título imitó Harold Bloom), Pound afirma que hay un propósito confuso en buscar que la gente lea más libros; que lo que en realidad debe buscarse es “hacerle leer menos, con un provecho mayor”. (Juan Domingo Argúelles; Ustedes que leen; Océano, pag. 193)

Y no está de más leer lo que recientemente ha publicado Gemma Lluchbajo el título Qué, cómo y dónde se investiga la promoción de la lectura en donde escribe:

Los datos que se utilizan para el diseño de estas actividades provienen, sobre todo, de informes basados en encuestas y realizados por un actor con intereses en el ecosistema de la lectura. Como el reciente Barómetro de Lectura y Compra de Libros España

¿Cuál es la consecuencia? Los resultados sesgados de estos estudios, la valoración subjetiva, la implicación del investigador o de la institución que realiza el estudio y, por tanto, la contaminación de la investigación.

Cuidado pues, porque a veces los datos los carga el diablo.

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