Honestidad

Había dejado posar esta palabra y esta reflexión que surgió en facebook con motivo de la última estancia por Barcelona y de una de esas conversaciones especiales con amigos.

Oriol escribió una sugerente reflexión que hoy traslado.

¿El motivo de acercarlo ahora?

Quizás una vuelta a Barcelona en breve para una propuesta de trabajo que creo, precisamente, que debe tener la honestidad como una de sus claras señas de identidad.

Las palabras y la reflexión que hay en ellas creo que son trasladables a otros sectores, como el del libro.

La dejo tal cual, incluyendo solamente unas negritas.

La referencia a la honestidad es algo más que una de esas muletas poéticas del sector. Es evidente que la honestidad es un valor humano y cuando nos referimos a la del vino es en referencia a las prácticas, en primer lugar, que se usaron para su elaboración. Lo que pasa, y esa es la cuestión y la pertinencia del uso de la honestidad como categoría para describir un vino, es que entre los significados contenidos en el vino, los históricos y los mercantiles, uno de los que tiene mayor relevancia (hoy) es el de transmisor [ver aquí si se quiere una analogía con la función del traductor literario], el vino como transmisor de mensajes -de localización. En este sentido, cuando la tecnificación ha superado (¿todos?) los retos de la «calidad»; y cuando a su vez la globalización nos ha llevado hacia la estandarización del paisaje y del gusto, la conexión del vino con su lugar cobra mayor interés que otros parámetros históricos. Y sin renunciar (cada cual con su carácter y como libre consumidor tomará más o menos «riesgos») a valores (culturales) adquiridos, parece claro que lo que en estas circunstancias el vino nos puede decir tiene que ver con el origen. Las barricas, por ejemplo, o determinados «trucos» para dar longevidad, y muchas de las prácticas enológicas históricas, legítimamente destinadas al favorecimiento del comercio, pierden hoy interés porque actúan como máscaras de un producto que si sigue conservando significado intrínseco es en relación con el origen y su capacidad química de síntesis del mismo. En este sentido hablamos de honestidad, cuando un vino parece servir a ese reto genuino y actual de transmitir origen, obviamente de la mano de los bípedos que lo firman, pero también en los casos más anónimos (léase cooperativas y gentes sin cartel). Otra analogía posible en este sentido podría ser el de las piedras medievales, anónimas, y honestas por el compromiso y la función asumida. Hablar de la honestidad del vino significa hablar de geografía en un sentido botánico, de atención a los márgenes, como decía el Dr. Margalef, con menos intención cartográfica, decimonónica; reconociendo una pluralidad fecunda, abierta a la emoción. El vino como transmisor de mensajes geográficos.

Y, me pregunto, ¿no pueden hablar de esto también a su modo y manera las librerías y los editores?

 

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