¿Será el papel la mejor mediación para un nuevo cambio de paradigma lector?

Escribí recientemente algunas reflexiones sobre cómo para un servidor no todo es lo mismo en torno a la lectura.

Con el leer puede pasar como con el comer. No todo lo que se come, incluso aunque alimente aparentemente igual, es lo mismo. Y así podemos ir desde la alta gastronomía hasta los terrenos más bajos y rastreros como son los de la comida basura.

E igual que hay comida basura hay lectura basura. Igual que hay empresas que se dedican a producir de la primera, también las hay que se dedican a producir de la segunda. Puede que incluso algunas de ellas se ufanen de ser las que más variedad de productos o más cantidad producen. Algo parecido a lo que ocurre con  McDonald’s en el ámbito de la comida, hasta que quizás salga a la palestra algún chef-editor o algún crítico con fundamento que también empiece a poner en el ámbito de la lectura-basura los puntos sobre las íes, como ha hecho Jamie Oliver en lo que a comida basura se refiere.

Necesitamos quizás un referente en la defensa de la comida-lectura sana y contra las cadenas (editoriales y/o libreras) de comida-lectura basura y rápida.

Porque la rapidez parece ser, y sobre eso hablé en la ocasión anterior, de los nuevos tiempos-signos lectores. Quizás debamos aprender del sendero que la rapidez ha ido marcando en la comida…

Quizás también debamos tomar en cuenta que no vale cualquier camino para acabar teniendo un discurso de una población universalmente lectora cuando para ello, en la línea que señala Oriol Izquierdo, los datos no resulten demasiado engañosos y para que los análisis puedan ser más cualitativos que cuantitativos.

Quizás sea bueno que nos pongamos a dieta y puede ser interesante y sugerente para ello tener en cuenta una reciente reflexión de Gustavo Guerrero en El País:

Ha cambiado la relación entre valor e inmediatez, y esto paradójicamente revaloriza el papel, la edición impresa.

Aunque para ello habrá que hacer también dieta de adelgazamiento.

El libro per se no es un valor. Lo es únicamente si vale la pena. Y en el caso actual de sobreproducción de libros, los peores enemigos de los libros que merece la pena leer son los innumerables libros que los sepultan, y de los que tratamos de defendernos. (Alfonso Berardinelli; Leer es un riesgo; Círculo de Tiza, pag. 32-33)

 

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