Cuando libreras y libreros se escriben… Yo no tenía una granja en África

Me encuentra el Día del Libro que hoy se celebra enredando y disfrutando entre libros sobre libros, lectura y librerías.

Estos son los tres libros que me ocupan y que recomiendo.

Eloy Tizón; Herido leve. Treinta años de memoria lectora; Páginas de espuma

E.M. Forster; Algunos libros. Las charlas de E.M. Forster en la BBC; Alpha Decay

Belén Rubiano; Rialto 11. Naufragio y pecios de una librería; Libros del Asteroide

Rialto 11 lo acabaré hoy mismo. En cuanto termine de escribir esta entrada, me pongo a ello.

Los libros de Tizón y Forster permiten una lectura más espaciada y casi si se quiere de picoteo y sin sentir la obligación de tener que ir de inicio a final.

“La primera frase de un libro es su cubierta. Las historias comienzan -y terminan- por la imagen. Uno empieza a leer el libro mucho antes de abrirlo…” (Tizón, 167)

“… si lo que lee uno es basura, su mente se volverá flácida” (Forster, 31)

“-Recuerda que en España se vende un libro por cada mil cremas y estoy siendo, seguro, muy optimista con tu empresa” (Rubiano, 97)

Indagando, y es aquí donde quiero llegar porque ha sido como mi lectura-regalo de Sant Jordi, sobre la existencia de la librería Rialto en internet me encontré en el blog de la Librería de Javier, una carta preciosa que Belén Rubiano escribió precisamente a Javier, propietario de la librería Cervantes en Alcalá de Henares, hace ocho años y que Javier publicó en su blog.

Yo no tenía una granja en África.

A veces llegan cartas… diferentes.
Tener un trabajo en nuestros días es un privilegio. Y si encima ese trabajo es placentero, no digo nada. Pero, si además de todo ello, esa obligación es el sueño de tu vida y, aún más, rentable económicamente, es como para callárselo, por respeto y decoro hacia los demás.
Belén Rubiano es una mujer que puso hace tiempo una librería en Sevilla pero, ante los tiempos tan poco líricos que atravesamos, se rindió. Y el otro día me envió este bello y curioso correo electrónico y que me ha parecido fascinante incluso para los lectores de la página. Gracias, Belén, por estas palabras y espero verte algún día por la librería. Si no, no me importaría desplazarme a esa bella ciudad de mi juventud y conocerte in situ.
Un abrazo.

Yo no tenía una granja en África

Hola, Javier

1. Yo lo que tenía es una librería en Sevilla. Acabo de toparme con la tuya y contigo caracoleando por internet como uno de esos domingos cualquiera en que uno se incorpora al trabajo al día siguiente tras (siempre pocas) semanas de olvido.

2. Siempre pocas, cuando uno no tiene una librería. Lo malo de las librerías es que no son un negocio; lo bueno, es que no son un trabajo. El tiempo que logré disfrutar la mía no pude tomarme jamás más de tres o cuatro días de descanso en agosto; según tocara el festivo 15 en su vuelta al sol. Ni falta que me hacía; nunca tuve la sensación de necesitar unas vacaciones (otra cosa es desear). De lunes a sábado, un año tras otro, y abriendo cada mañana tan fresca como recién llegada de las Seychelles. Pequeña y preciosa hasta decir basta.

3. Mas (dice un fado) todo lo excesivo, dura poco.

4. Por supuesto, siempre he leído y leo como si fueran a prohibirlo; eso es innegociable. Pero algunos domingos en que no tengo ganas de forjar el carácter, enciendo el ordenador(me doy cuenta cuando ya llevo un rato, como si no hubiese sido exáctamente yo quien iniciara la búsqueda) y me dedico a buscar librerías. Lo que yo llamo librerías. Sin duda, las hay, pero esas no deben tener tiempo ni inclinación para crear un blog y mantenerlo. Ninguna me gusta. Nada que añadir a favoritos, estar pendiente y tener una especie de consuelo.

5. Porque al encontrarte a ti: librero, librería y web, lo que he sentido no es envidia (sentimiento extraño que no sé si algún día experimentaré). Me siento feliz de ver que para otros es posible, sigue siendo posible. Porque es justo y necesario, bendito seas.

6. Yo soy del tamaño de lo que veo, dice el viejo amigo Caeiro.
Y del tamaño de lo que leo, digo yo.
Y las vacaciones son del tamaño de sus lecturas.

7. Las mías:

Días de playa: 3 ( Pero en Sagres; valen por 23 en Matalascañas, a pesar de mi hija adolescente suplicando volver).
Días de piscina: 3 ( Con mi misma hija adolescente protestando; valen por 8 en un penal).
Días de 48º de máximas: casi todos.
Días de 24º de mínimas: casi todos.
Mojitos: demasiado pocos.
Cine francés que me queda por ver de la biblioteca más cercana: 2 de Renoir y 1 de Jean Vigo. Las 63 restantes, disfrutadas o muy disfrutadas.
Cosas que hayan sucedido que no tengan remedio: ninguna.
Y ahora, el verdadero corazón del verano;

Libros (alguno olvidaré) disfrutados a base de bien:

El bigote. Emmanuel Carrère. Debate.
Una semana en la nieve. Emmanuel Carrère. Circe.
Fuera de juego. Emmanuel Carrère. Circe.
(buen chute)
Semillas de gracia. Thomas Mermall. Pre-textos.
Grandes esperanzas. Dickens. En la magnífica traducción de Alba.
París Insólito. Jean-Paul Clèbert. Seix Barral.
Tiempos difíciles. Dickens. Alianza.

Libros abandonados en alguna página entre la 20 y la penúltima:

El último libro de Sergi Pàmies. Idem. Herralde.
El ocupante. Sarah Waters. Herralde.
La vida perra de Juanita Narboni. Ángel Vázquez. Cátedra.
Un hombre que duerme. Georges Perec. Impedimenta.

Releídos:

Fred Vargas: 3 ó 4 de Adamsberg.
El susurro de los arbustos. César Romero. Paréntesis.

Seres humanos amigos o afines que se hayan quedado en Sevilla y con los que poder comunicarme: Ninguno.
Seres humanos que manifiesten silencio ante lo que está bien (según ellos mismos) y gruñidos ante lo que no (según el mismo criterio): mi hija.
(Igual por eso este asalto a tu correo en plan cotorra).

Conclusión: No me puedo quejar. Si la gente hace el Camino de Santiago para aprender a agradecer en vez de exigir, creo que puedo ahorrarme las ampollas. Y mucho me temo que dicho aprendizaje no juege a mi favor, pero bueno…

y 8. Gracias de nuevo por el placer de encontrar tu librería y tu blog. Tengo entradas antiguas para una temporada. J’adore.

Saludos

Belén

P.S.: Me gusta cómo piensas y cómo escribes. Igual esa novela tuya que ya va por 25 páginas (no seas un Bartleby) acaba algún día en un verso bueno. Sigue, please.

¡Feliz Día del libro!

 

Un comentario en “Cuando libreras y libreros se escriben… Yo no tenía una granja en África

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