Solidaridad anónima. Mila esker Anjel Lertxundi!

Domingo a la mañana en medio de unos días que me-nos obligan a vivir a otros ritmos, pendientes de los mayores, saltando un poco de sorpresa en sorpresa, con noticias a ratos que no esperamos y que hacen cambiar el sino de los días venideros.

Estoy leyendo con tranquilidad el periódico El Correo y me encuentro con el artículo de Anjel Lertxundi que lleva por título Solidaridad anónima. El artículo, como él mismo señala, es el epílogo de Zu ( en castellano), un libro que también me (nos) acompañó en otro momento duro e intenso vitalmente.

Ahora, hoy, me encuentro con este bello y profundo epílogo, que como he sentido en otras ocasiones llega como la lectura precisa para un momento vital concreto.

Si podéis haceros con el artículo, reflexión sobre una profunda, por vivida con sentido, experiencia vital y un reconocimiento, de ahí la solidaridad anónima, del papel que todos los ciudadanos y nuestros impuestos juegan a la hora de hacer frente en momentos de enfermedad al cuidado y cura, si es posible, de la misma.

Os dejo aquí dos citas del mismo…

“La voluntad de vivir -la frontera que, como tantos otros enfermos, ella había marcado entre la vida y la muerte- se sobreponía a las dificultades, y el sentido más profundo de nuestro ser en el mundo se convirtió en algo práctico, urgente y solidario, totalmente ajeno a las elucubraciones retóricas a las que somos proclives cuando nada nos va en ello. Y hablábamos sin tapujos sobre la enfermedad y el final. No estábamos solos”.

Petrarca en un verso muy citado pero mal comprendido, decía que una bella muerte honra toda una vida (un bel morir tutta una vita onora), y ciertamente, todos soñamos con una hermosa muerte, sosegada y breve, sin dolor, pero es la belleza atesorada en lo vivido, tanto en la salud como en la enfermedad, lo que puede dar sentido a nuestro paso por el mundo y la propia muerte.”

Mila esker Anjel!

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La novedad literaria desde una óptica del lector

Novedad: cualidad de nuevo.

Nuevo: que se percibe o experimenta por primera vez.

A lo largo de la vida de un lector ‘voraz’, que se sitúe por encima de la media podrá leer en el mejor de los casos unos 3.000 libros.

Nunca podrá dar abasto ni siquiera a lo que se publique en un cuarto de año de todos los años vividos.

Toda la publicidad que se asienta por lo tanto, como es muy habitual, en el volumen de oferta como es el caso de los sistemas de suscripción es, en gran medida, un sinsentido desde la óptica lectora. Tiene una clara lógica empresarial de la sociedad de la abundancia y del derroche de ofrecer, aparentemente, mucho por poco con esa sensación de sobreabundancia que la hace acercarse a la comida basura donde abundan los desechos.

Me gusta, frente a ello, el mensaje que lanza Re-Read que hace y sustenta su lógica de negocio en lo que aparentemente es expulsado o no querido por el sistema de la novedad (recién hecho o fabricado) entendida de otra manera  y lo ofrece a precio de ‘ganga’ para un lector que lo vaya a leer.

La lógica de una parte importante de la industria más allá de los soportes y el tamaño de la editorial se sigue manteniendo en el ‘recién hecho’. Esta lógica del tiempo y de la inmediatez nunca podrá ser, si es la predominante, la lógica de sentido de un sector que se quiere llamar cultural.

Los cambios profundos, que son los que miran a los lectores, se moverán más, según mi intuición entre aquellos que sean capaces de ofrecer la experiencia de la novedad como sentido y experiencia de ‘la primera vez’ y, al mismo tiempo, resaltando que dicha experiencia, desde un mismo soporte, puede ser compartida por muchos y encerrar varias lecturas distintas… Quizás, con esta mirada superemos la ideología de la novedad sobre la que ya reflexionamos en su momento.

  • Los libros se digieren, nos recuerda Francis Bacon, pero nunca se consumen. (Lewis Buzbee; Una vida entre libros; pag. 116)

Mientras… Faustino Guerau

Una sencilla y agradable comida.

Una buena conversación.

Un libro que vuelve. Necesito comprobar una cita que ahora no encuentro. Pero, en el hojeo del mismo, me reencuentro con un texto de 1979 que sigue manteniendo su validez y su sentido.

Los hilos de las conversaciones, a veces son caprichosos.

Aunque el mundo actual desoriente y amenace con su revolución científico-técnica (manipulada por la clase dominante) y las consecuencias ideológicas y prácticas que de ella derivan, no es conveniente que nos convirtamos en unos ácratas desorientados, sumergidos en sentimientos oceánicos de importencia, de absurdo, de pánico y horror cósmico…

Mientras las grandes potencias planifican los viajes interplanetarios y la estancia de las élites viajeras en hoteles estelares, más allá de la tierra, nosotros podemos coger el tren de cercanías, apearnos en la pequeña estación del pueblo, e ir a cultivar el huerto que rodea la casa de fin de semana, levantada a pulso con nuestras manos o con las letras pacientemente pagadas durante años.

Mientras las grandes potencias y las clases dominantes luchan por modificar la correlación de fuerzas internacionales para aterrorizar a la humanidad y meterla en su puño, nosotros podemos seguir confiando en la vida, que es más poderosa que los cerebros megalómanos, y podemos mejorar nuestra convivencia cotidiana, nuestra relación de amistad, la biografía familiar, la presencia vecinal en nuestro barrio.

 Mientras los cerebros electrónicos congelan el mundo, nosotros podemos continuar sintiendo que la sangre corre por nuestras venas, que el corazón sigue latiendo, que la salud o enfermedad nos acarician o amenazan, que la vida de nuestros seres queridos se acaba (y va a continuar para siempre en el fondo del alma), que la vida tiene alegrías y penas que la convierten en una aventura digna de ser vivida.

Mientras las grandes cadenas de información manipulan los datos para manejar a la humanidad ideológicamente, nosotros podemos seguir avlorando las conversaciones amistosas, las tertulias, las largas veladas de los sábados, después del trabajo de la semana.

Mientras los grandes monopolios hacen sus cálculos despojadores de la humanidad, nosotros podemos seguir haciendo la cuenta de la vieja para ver si llegamos a fin de mes y podemos ahorrar un poco para comprar un traje nuevo o hacer vacaciones cuando termine el curso…

Todo esto que acabo de decir, puede constituir una terrible alienación, un espíritu pequeño burgués, pretendido explícitamente por la ideología dominante, pero puede significar también un espléndido desafío a los manipuladores de la humanidad, esa especie de monstruos de rostro maquillado y alma necrófila que saludan y hablan desde cien micrófonos porque su voz es demasiado débil para poder aplastar la intimidad humana. Depende de la postura que uno adopte ante el mundo y sus avances científico-técnicos.

Para que nuestra actitud sea desafío y no dominación, han de cumplirse varias exigencias:

  • No se ha de disociar la vida privada de la pública. Lo que aquí se sugiere es valor para estar “por encima de…” no “al margen de” la vida pública.
  • No se ha de vivir asfixiado en lo cotidiano, ni evadido de lo que ocurre en el mundo. Nuestra casa ha de tener amplias ventanas para ver cotidianamente todo lo que ocurre: prensa, radio, televisión, revistas con análisis internacionales bien seleccionados…
  • No se ha de ser insensible a la problemática real del mundo: el peligro de guerra nuclear, de tecnificación alienante, de invasión de la propia intimidad a través de la cibernética, de la contaminación ambiental… han de conmocionar nuestra individualidad, hallar eco emocional en nuestro cuerpo; pero nos ha de quedar un reducto insobornable capaz de tomar distancia ante estas situaciones-límite sociales. (Faustino Guerau; La vida pedagógica; Roselló Impresións; pa. 29-30)

El Taller de Olga. Economía social, empoderamiento, veteranía y juventud ¿Te animas a apoyarlo?

Hace unos días mi amiga Loreto Rubio me hizo llegar una primera información sobre esta iniciativa.

Le llamé, charlamos y como siempre me fío y confío de los hilos de relación amistosos y apasionados quiero acercaros este proyecto al que quiero animaros a que participéis. Yo ya lo he hecho. Cada persona en la medida de sus posibilidades: aportando, difundiéndolo.

El Taller de Olga

Una empresa de economía social, veteranía y juventud unidas para empoderar a través del diseño y la fabricación de elementos de regalo.

La explicación del proyecto la tenéis de manera amplia en la plataforma de Goteo.

Qué me ha movido:

  • El hilo y los lazos cómplices que la amistad y las historias compartidas producen.
  • El ver unidos en un mismo proyecto, la pasión creativa de una persona que ahora puede realizar, el compromiso de jóvenes estudiantes, la posibilidad de generar empleo inclusivo.
  • Un proyecto que tienen en sus orígenes mujeres con una historia compartida.
  • La dimensión pequeña y su ubicación en una zona con problemas de empleo.

Muchos pocos hacen a veces que algo sea posible.

¿Te animas tú también?


Desde el Taller de Olga tenemos un compromiso con el futuro: llevar a la práctica una nueva concepción de economía colaborativa, donde no existan fronteras por razones de edad, sexo, experiencia o discapacidad. Queremos demostrar que personas completamente distintas, incluidas aquellas que seleccionen nuestros productos, pueden sentirse parte de un proyecto que afronta los retos que nos plantea el futuro con ingenio, generando estabilidad laboral sin discriminación.

Y un hueso de cereza se cruzó en nuestro camino…

– La vida no es más rica por aglutinar un mayor número de experiencias, sino por el modo en que las vivimos. (Fernando Trías; El tiempo como bien escaso; El País Semanal)

Me hizo ilusión y me causó una agradable sorpresa un correo que ya hace poco más de una semana me mandó mi amiga Sandra con quien comparto un proyecto-ilusión, con más gente también, que todos esperamos que acabe llegando a buen puerto. En todo caso, en el mientrastanto del avance del mismo nos divertimos, conversamos, pensamos, comemos y disfrutamos de buena tertulia.

Me escribía casi extrañada de que llevara unos cuantos días sin escribir en el blog. Y se preocupaba por si ese hecho era debido a algún motivo de salud.

La tranquilicé y le contesté informándole que la razón en aquel momento era una semana atareada entra Madrid, Valencia y Barcelona con poco tiempo para encontrar el hueco que permitiera escribir con un poquito de calma.

El proyecto Libelista me mantuvo ocupado.

Por cierto, quiero aprovechar la ocasión para agradecer las conversaciones mantenidas con librerías tanto en Madrid, Valencia como en Barcelona.

Ahora sí Sandra. Ahora es posible que escriba menos durante quizás un par de meses, porque un hueso de cereza se cruzó en nuestro camino. En el suyo y en el nuestro. Iremos viendo…

Así que ahora jugaremos a las dos oficinas

mientras vuelvo y paso mucho más tiempo en la casa donde viví hasta los 18 y donde lo vivido se vuelve a hacer presente.

Máxim, Pedro, el asunto no es explicarlo; el temita es lo que se ha hecho: intentar quedarse con nuestro dinerito…

La actualidad nos lleva de salto en salto y de sorpresa en sorpresa.

Todo parece ir demasiado rápido y ese no suele ser un buen ritmo para la cultura…

Máxim, el actual ministro, parece que en su momento jugó con nuestros dineros, ya que cuando se defrauda a Hacienda se nos defrauda a todos.

¿Os acordáis de aquel mensaje publicitario que decía ‘Hacienda somos todos’?

Pues sí Máxim nos chuleó a todas y todos y ahora es, al mismo tiempo, gestor y responsable último de parte de esos dineros públicos que en su momento nos quiso tangar.

¡Faltaría que no pagara lo que nos quiso quitar!

Pero amiguito, eso no es suficiente, por lo menos en mi opinión.

Si para desempeñar determinadas labores y trabajos hay personas que tienen que pedir y presentar sus ‘penales’, es lógico que quien va a controlar el dinero público esté limpio en estos temas y tú no lo estás.

Pagaste lo que quisiste tangarnos, pero… yo no me fío ni por las formas ni por el fondo.

Y tampoco me genera confianza un gobierno que sobre esto pasa el plumero como si nada hubiera pasado.

Así empezaron también otros polvos en otros partidos…

Dicho queda.

Y me genera una profunda tristeza…