Bilboko Jaiak

No soy un amante a fecha actual de la fiesta masiva,

el mogollón y el kalimotxo y parecidos con cuyos restos me encuentro estos días en torno a las 8 de la mañana cuando salgo a pasear y que los operarios de limpieza municipales intentan hacer desaparecer de manera eficaz y con grandes dosis de paciencia.

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No he sido tampoco un habitual en los últimos años de la semana festiva, pero la vida conviene tomarla como viene y ponerle siempre que se pueda la mejor cara encontrando pequeños momentos de disfrute.

Así que he convivido con la fiesta, he paseado por ella y he disfrutado de momentos y de buena compañía.

Os dejo algunos de ellos.

  • Volver a ver al gargantúa aunque con rasgos y diseños más suavizados, como si el aldeano hubiera ido perdiendo algo de su voracidad con las nuevas estéticas. Los niños siguen queriendo ser tragados..

  • Los gigantes y cabezudos que despiertan la mañana a una hora en la que las calles aparecen ya limpias y los niños felices y asombrados junto a sus padres.
  • La comida con los amigos con larga sobremesa y conversación.

  • La música sosegada a ritmo de armónica en La Ribera.

  • El picoteo tranquilo que también es posible. Dos recomendaciones probadas estos días, aunque una de ellas ha sido ya repetición: Las croquetas de la cafetería Lago y la tortilla express del Baster, ambos en la calle Correo.
  • Escuchar y mover el cuerpo con el rítmico y pegadizo sonido de la alboka.

Y, en las fiestas, rozando el día grande se ha colado la triste noticia del fallecimiento de Javier Cámara, tío de Javi Cámara y hermano de Santi y Ángel ya fallecidos. Desde aquí dejando de lado el jolgorio, un abrazo fuerte para todos.

 

De vuelta….

Toda la pugna de la vida es, hasta cierto punto, una pugna por la lentitud o la rapidez con que realizamos cada cosa. (Sten Nadolny; en Carl Honoré; Elogio de la lentitud, RBA, pag. 223)

nos pocos días, pero intensos para el descanso, desconectar, pasear, leer, dormir, contemplar, escuchar, vagar, soñar, pensar, conversar, comer….

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En breve, intentaré repetir… Algunas imágenes para el recuerdo presente.

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Sobremesa…

Tiempo que se está a la mesa después de haber comido

Quienes os acerquéis por aquí conoceréis mi gusto por la comida compartida y la conversación sosegada.

Si es en familia, con amigos o con personas con las que no has compartido nada hasta ahora pero a las que llegas a conocer por el ‘hilo de la confianza’ suele ser un gusto.

Si el número no es excesivamente grande, cinco puede ser un buen número, y además impar de cara a buscar desempates en posibles disputas dialécticas mejor que mejor.

Al tiempo conviene dejarlo ir pasando al ritmo que él vea conveniente.

Así hoy, M. nos ha recibido en su casa y nos ha regalado una acogida y comida que no sé si merecemos.

Hemos disfrutado del número, 5, del espacio, en la calle rodeados de verde y, por supuesto de la conversación y la compañía hasta completar una jornada laboral-conversacional completa.

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Curioso, como siempre, en una ciudad como Bilbao que no es excesivamente grande, las relaciones cruzadas que aparecen en la conversación, los conocidos comunes pero en distintos momentos o desde distintos ángulos, las distintas visiones de la jugada política actual…

En fin, el disfrute de la palabra.

En esta ocasión, no nos han hecho falta ni libros para generar conversación.

Pero sí era importante, despedirnos de la buganvilla.

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Me gusta invocar las tardes de lluvia frente a los volcanes, tengo nostalgia de la vida que transcurre como una conversación entre amigos: lenta, sin destino preciso, sin ansia de predominio, sin demasiadas ideas en litigio, con la certeza de que cada palabra, cada cosa que pasa entre ellos no importa y no es prescindible. (Ángeles Mastretta; El cielo de los leones; pag. 107)

Aprender a hacer despacio

¿Sabéis de esos días que casi todo sale redondo sin saber al principio del día cómo iba a ser?

Hoy ha sido uno de ellos.

El hada madrina que lo ha hecho posible ha sido Sonia ‘zarandulera’, con la sombra alargada de Carles por detrás cubriendo la retaguardia. ¡Gracias por vuestra hospitalidad que se muestra ya de por sí con la intención de acoger y conversar!

Teníamos que buscar un sitio en La Rioja para trabajar y charlar. A ser posible que fuera al aire libre. Mejor si tenía buenas vistas. Y ya, estupendo, si no pasábamos calor y comíamos decentemente.

Todo ello ha sido posible, pero con un regalo precio inesperado como ha sido poder visitar y disfrutar en modo aperitivo del Museo Vivanco de la cultura del vino situado en Briones

Sonia que trabaja allí nos ha regalado una visita inesperada. Ha sido una sorpresa y un lujo. ¡Mil gracias!

Y, en este ir viendo y explicándonos, se ha dejado caer como quien no quiere la cosa una frase de esas que de repente te tocan…. Aquí se puede observar y aprender el arte y el valor de hacer despacio.

Nos hemos quedado con ella rumiándola sin prisa a lo largo del resto del día, mientras repasábamos temas pendientes y comíamos con calma en el Asador José Mari en Rivas de Tereso. Tan pausadamente hemos comido y conversado que siendo casi los primeros en llegar, hemos sido los últimos en irnos.

Prometemos volver para deleitarnos con calma del Museo Vivanco y de otra buena comida.

Nos hemos dejado llevar por el vicio y nos hemos traído algunas botellas y alguna otra que viaja para Madrid para mantener por lo menos durante una temporada vivo el recuerdo del hacer despacio y… degustar con tiempo y con buena compañía.

Os dejo unas fotitos… como aperitivo.

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En familia…

Dos días que nos hemos movido cerca de Bilbao, en excursiones de día.

Recordando el paso, hace ya casi tres años, por Puente la Reina y Estella-Lizarra cuando hice el Camino de Santiago. Y, también descubriendo y disfrutando de espacios y sensaciones que me pasaron en aquella ocasión desapercibidos.

Los espacios mutan y cambian según la mirada que posemos sobre ellos.

Algunas nuevas imágenes para el recuerdo de los ritmos tranquilos y contemplativos.

De los pequeños detalles

De lo ya vivido, pero ahora con nuevas sensaciones…

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Ritmo… tranquilo.

Las sabias y humildes croquetas de las que hay tanto que aprender… Hoy las del Café Lago

Las croquetas son en mi familia un punto clave.

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Mi madre las ha bordado siempre, sean del tipo que sean, y las sigue bordando y haciéndonos disfrutar con ellas en ocasiones excepcionales.

En fechas recientes pudimos disfrutar de unas de espinacas que hoy en la comida familiar han vuelto a salir como tema de conversación.

Así que detrás de ellas, para la familia, se esconde y se muestra toda una antropología del comer humilde, rico y distinto que ante formas externas aparentemente parecidas esconden en su interior gran diferencia fruto de esa mezcla sencilla y humilde de la salsa besamel y de los acompañamientos que se consideren adecuados en cada momento y ocasión. Y ya luego en cada caso y en cada familia hay tradiciones distintas de contenido para las mismas.

Tan importante como el interior es la encuadernación o el rebozado que presentan en cada caso y para cada ocasión y la forma que se pueda dar a la misma.

Dependerá, al fin y al cabo, si la queremos leer-degustar de un bocado o de más de uno. Eso quedará siempre al criterio del cocinero-editor.

De las últimas que he probado ya he hablado aquí sobre las croquetas de chorizo de Pamplona que ya he compartido y entorno a las cuales he conversado en más de una ocasión en Los Fueros.

Me queda contaros las que he descubierto hoy a la mañana, gracias a la insistencia faceboquera de Marino Montero sobre las mismas. Me refiero a las croquetas de chorizo del Café Lago.

Detrás de toda ‘delicatessen casera’, como es el caso, suele esconderse una bella historia familiar que suele ir más allá de una generación. El origen de éstas nos lo ha contado Boni mientras las degustábamos con un buen txakolí y un excelente verdejo.

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Si queréis saber la historia de las mismas y disfrutarlas (ración de 6 croquetas) lo mejor es que os paséis por el Lago en la calle Correo.

Luego quizás al salir penséis porqué en la gastronomía cada producto es un mundo, tiene su soporte específico y distinto que cada vez tiende más a la diferenciación y en se otro que llamamos los contenidos creativos tendemos hacia la uniformización.

Pero este es otro tema.
Por cierto… las rabas también están de buen ver.

Y comprobar que allí siguen camareros a los que conocimos hace ya treinta años…