La librería Auzolan cierra. Los efectos colaterales, en parte, del nuevo mapa de la distribución

Recibo hoy en mi correo una noticia que, a decir verdad, no me ha extrañado. Con más de una persona he comentado que quizás este año 2018 va a ser un año clave en lo referente a la distribución en el sector del libro y lo que vaya a pasar y aquello que ya está pasando va a tener claras consecuencias sobre el conjunto del sector y junto a ello algunos efectos colaterales.

Auzolan cierra y, en este caso, es una consecuencia bastante clara de un  cambio importante en la realidad de la distribución en Euskadi.

La noticia me ha provocado una sensación agridulce más conociendo una parte del trasfondo que ha podido llevar a motivar la decisión.

Os dejo ahora con la comunicación que han enviado.

Queridos amigos y amigas:

Con estas líneas queremos comunicaros que el próximo sábado 28 de abril, la librería Auzolan cerrará sus puertas definitivamente. Desde su apertura en 1977, hemos tratado de que Auzolan constituyera un espacio abierto a la literatura, la cultura, el arte, el pensamiento y, en general, a todas las disciplinas del conocimiento y del ocio. Igualmente hemos puesto nuestro esfuerzo en difundir y profundizar en las posibilidades de expresión y comunicación de las dos lenguas de nuestra comunidad: el euskera y el castellano.

Narración, poesía, ensayo, filosofía, teatro, literatura infantil, cómic, ilustración, estudios específicos, guías de viaje, disciplinas científicas, materias de estudio o de entretenimiento… Todos los géneros escritos han tenido cabida en nuestros estantes y han sido disfrutados por todas las personas que nos han visitado, tantísimas, que eran clientas y muchas veces buenas amigas. Esperamos que, de esta manera, hayamos contribuido a hacer de Pamplona una ciudad más hermosa, más libre, más culta y, por qué no, también un poco más ensoñadora. Una ciudad que, con nuestro empeño y también el de otras librerías independientes y espacios culturales, ha podido ser vivida de una manera más bella y consciente, en sintonía con las inmensas posibilidades de expansión que los libros procuran.

Llegados a este punto, entendemos que como parte fundamental de este proyecto merecéis una explicación, aunque sea breve, sobre los motivos del cierre. Como sabéis, Auzolan ha sido desde el principio una gran aventura, con momentos de calma y  procelosos, siempre esforzados. Desde hace unos meses, la librería pasó a integrarse en la distribuidora de libros de la que los socios de Auzolan formábamos parte. La situación en el mundo del libro y sus vicisitudes han obligado a la distribuidora a emprender otro camino y esa es la razón principal del término de esta aventura.

Nos sentimos tristes, pero también contentos por haber encauzado nuestras ilusiones profesionales hacia este bello tránsito. En este momento, no queremos dejar de insistir en que nada hubiera sido posible sin la colaboración y el apoyo que nuestros proveedores, clientes, y sobre todo amigas y amigos nos han procurado. Habéis sido quienes, atravesando día a día la puerta de la librería, le habéis dotado de sentido a la simple operación de encender las luces y de ponernos detrás del mostrador o delante de las mesas de novedades.

Por ello, queremos compartir con vosotros este punto final el próximo jueves 26 de abril. Os invitamos a una pequeña fiesta de despedida que tendrá lugar a las 20:00, una sencilla reunión en la que nos encontraremos una vez más en el número 3 de la calle San Gregorio, y será el momento para que, en persona, hablemos de todo y recordemos tanto. Intervendrán Fernando Pascual y Mertxe Zufia (socios de Auzolan) y Roberto Valencia (coordinador de Foro Auzolan).

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El Escondite una nueva librería que abre en Bilbao

A principios de mes, el 3 de abril concretamente,  ha abierto en Bilbao una nueva librería. Quizás sería más preciso afirmar que ha habido una ‘permuta’. Quienes llevaban las riendas de la franquicia de Santos Ochoa en Bilbao han decidido establecerse por su cuenta muy cerquita de su ubicación anterior, pero, en mi opinión, en una calle con mucho más tránsito y posibilidades.

No son por lo tanto nuevos en estas lides.

¿Su nombre? El Escondite.

Me gusta esa incitación e invitación, unida a la propia marca , de “un lugar para perderse” para quizás después de nuevo encontrarse.

Así se presentan ellos, Olga y Luken:

EL ESCONDITE es el nuevo nombre comercial que hemos dado a nuestra librería al cambiar de ubicación y dejar de formar parte de la cadena Santos Ochoa.

Como profesionales de este sector llevábamos ya nueve años gestionando Santos Ochoa en Bilbao, por lo que contamos con una amplia experiencia en el sector del libro y la papelería.

EL ESCONDITE es por lo tanto un nuevo local comercial abierto al público en Abril de 2018 donde te vas a encontrar con dos personas (Olga y Luken) dispuestas a atenderte y ayudarte en todo lo que nos sea posible.

Nos gustaría que…

  • encontrases en nuestro escondite un lugar donde refugiarte del stress cotidiano echando una ojeada a nuestros libros siempre que te apetezca.
  • si no encuentras tu libro en nuestras estanterías nos lo pidas porque haremos lo imposible por traértelo y, si no puede darse el caso, asesorarte de cuáles son los pasos que puedes seguir para obtenerlo (libro agotado, descatalogado, viejo o antiguo)
  • disfrutases de una papelería de diseño atractiva y práctica tanto para el ámbito personal como escolar.

Esperamos verte en breve y que disfrutes realmente de nuestro lema…

EL ESCONDITE

… un lugar donde perderse

¡Larga vida!

Marcial Pons, 70 años como librería independiente

Le leo hoy a Quique Pascual en Facebook:

Este año celebramos nuestro 70 aniversario. En 1948 Marcial Pons se establece, en Madrid, como librero independiente con la firme idea desarrollar un modelo de librería especializada.

Casualidad, por lo menos yo no lo sabía, aunque vaya usted a saber si M.O. se ha movido con su habitual discreción y sentido del tiempo, que en este número de Texturas aparezca la conversación que mantuvimos con Carlos Pascual.

En la misma se puede leer:

Más que nunca la librería tiene que ser atractiva y acogedora, traslucir una atmósfera de confianza que invite a romper las barreras del umbral. Ahí parecen recrearse muchas de las medidas de urgencia para remontar la crisis. Sin embargo, eso solo representa la punta del iceberg. De puertas para adentro es donde se debe afrontar el verdadero reto, de orden tanto estructural como reivindicativo. Porque el actual desafío, personal e intransferible, es que cada librero construya un perfil propio para su librería y que, además, lo defienda convencido de la causa. Esto implica potenciar los valores de lo individual en un marco de ensalzamiento colectivo de la profesión. Solo así podrá devolverse el prestigio social a las librerías, clave para una sana revitalización del sector.

Enrique Pascual escribió hace unos años en Fidelizar a través del oficio, leedlo entero, merece la pena:

Hay que tener claro qué librería queremos ser, distinguirnos del resto, que el público sepa que somos especiales (que no especializados obligatoriamente) por algo.

El imaginario de la librería independiente

Vuelvo sobre el artículo de Sophie Noël publicado en el número 32 de la revista Texturas y que llevaba por título La independencia de las librerías.

Quizás lo haga influido por la reciente lectura de Tocar, dudar, hojear. La librería Ombres Blanches y por una espléndida sesión de trabajo en la que participé ayer a la tarde en Consonni espléndidamente dinamizada por Rosa Llop y en la que tomo parte gente estupenda.

De alguna manera ayer estuvimos trabajando en torno a los imaginarios, algo además lógico en esta época donde el contexto de la experiencia y lo que algo nos sugiere parece ser clave.

Chistian Thorel escribe casi al final de su libro:

Esta librería se va a convertir en una cosa más o menos pública, en un «bien común». Las librerías son empresas comerciales pero también espacios de cultura. Al igual que los teatros y algunos cines, son habitadas de tal modo que su  ‘propiedad’ acaba por convertirse en algo difuso. De alguna manera, el nosotros se hace extensivo al círculo de lectores y ciudadanos de Toulouse, a aquellos y aquellas que viven el mundo a través de los libros.

Y Sophie Noél escribía en su artículo :
El imaginario que rodea una librería independiente podría así resumirse mediante una serie de oposiciones estructurales que la definen con respecto de los actores de la venta online: lugar de vida (alma)/lugar sin alma; humanos/algoritmos; singular, único/estandarizado, homogéneo; calor/frío; material/virtual; local/transnacional; pequeño comercio/multinacionales. Es un imaginario que encontramos en diferentes latitudes, como muestra este extracto de la página web de los libreros independientes norteamericanos: «En este mundo de tweets, de algoritmos y de descargas digitales, las librerías no son un anacronismo en vías de extinción. Son organismos vivos que respiran, que continúan creciendo y expandiéndose». Consideradas hace dos décadas como negocios condenados a la cuasidesaparición a causa de las nuevas formas de consumo online, basadas en el modelo anglosajón, las librerías independientes encarnan hoy en Francia un ideal social y cultural defendido tanto por los editores como por los poderes públicos. Al poner de relieve su carácter único y auténtico, tienen la ventaja de ofrecer un espacio coherente donde todo forma parte de un mismo sistema: el local, la organización del espacio, la retórica utilizada, las creencias compartidas con el público, así como las características sociales de sus animadores.
Esta identidad independiente se hace eco además de la aspiración a una sociedad más armoniosa y humana que canalizan diferentes críticos del capitalismo. Lejos de ser un caso aislado, habría que poner en paralelo este éxito con el de otros negocios locales independientes, que vuelven con fuerza al centro de las ciudades apostando por la autenticidad, la singularidad y el deseo de distinción, como en el caso de los bodegueros o de los artesanos.
Algo de esto y mucho más resonaba ayer también en Consonni y me reconfirmaba en lo sugerente que es siempre ‘mirar a los lados’ y más allá y más cerca al mismo tiempo de eso que tan pomposamente llamamos ‘sector del libro’.

Librero, librera… prescriptora, testigo, espectadora…

Me pidió Eva Orúe que contestase en unas breves líneas qué o cómo es un buen librero.

Encantado de verme acompañado entre otros en el artículo de Jorge Carrión, Silvia Broome y Antonio Marcos entre otros.

El domingo 8 con diversas aportaciones  salió el artículo publicado en InfolibrePrescriptor, testigo, espectador.

Os dejo a continuación el texto que envié:

Me pide Eva Orue que conteste en unas breves líneas qué o cómo es un buen librero.

Carlos Pascual, librero emérito ya de Marcial Pons, escribía en Memoria de la librería que toda librería es una idea en el tiempo.

Y, en el tiempo actual, y así lo señalan los datos, la librería es más de libreras que de libreros. Tiene, por lo tanto, rostro de mujer.

En la medida en que cada librera responde a una idea en el tiempo creo que ese buen hacer, ese oficio, con mucho de artesana, de psicóloga, de servir directamente a personas, de conocedora, de trabajar con producto especializado y ¿de calidad?, debe adaptarse en sus aptitudes y actitudes básicas a su concreta realidad.

Seré pues descriptivo y señalaré aquello que creo nunca debería faltarle a una persona que se pone al frente de una librería. En cada caso, eso sí, estos ingredientes convendrá mezclarlos en proporciones distintas en función de a quién queremos dirigirnos, qué queremos ofrecerle y qué servicios queremos prestarle.

Debe ser pues conocedora del sector en el que se mueve, tanto en lo temático como en lo profesional; disponer de unos rudimentos empresariales básicos; y estar al tanto y utilizar aquellas ‘muletas’ tecnológicas imprescindibles para poder gestionar con más soltura y eficiencia el qué, producto, y a quién, clientes.

Sobre esta base, imprescindible para la gestión, debe tener sus dosis de psicología y manejo adecuado en el trato a las personas; ser cuidadosa en  la presentación y decoración del espacio, que es donde seguimos acudiendo; activa y muñidora en su entorno cultural; vivencial, apasionada con la tarea que tiene entre manos y firme defensora de lo común, pequeño y cooperativo desde lo local como modelo político y de valor.

Sé que lo planteado es más descriptivo del deber ser que definitorio del ser, pero creo que también, al igual que el ‘rostro de mujer’, responde al momento actual.

 

Termino con una reflexión de un librero emblemático, Christian Thorel, de la Librería Ombres Blanches de Toulouse:

“Cada librero es un prescriptor, pero también un testigo, e incluso un espectador. Se alimenta, lee, escucha, observa, actúa con una sed inagotable. Son estas las cualidades y los valores que defendemos. De ellos nacen las vocaciones de las que depende nuestro futuro, un futuro al servicio de la belleza del mundo y de sus inquietudes. Los libros saldrán ganando al aproximarse a la verdad de las cosas. Como nuestras librerías y el oficio que en ellas se ejerce” (Tocar, dudar, hojear. La librería Ombres Blanches; Trama editorial, pag. 83)

Las librerías-café

Me escriben comunicándome la pronta apertura de una librería-café o café-librería. Aquí el orden de los factores sí puede alterar el producto como reflejo de a qué damos más peso económico, simbólico o de gancho.

Si nos movemos en el ámbito del libro y la cultura yo sigo prefiriendo el nombre de ‘lectorería‘ como ya he señalado en otras ocasiones.

En cualquier caso, hay quien postula que existe una ‘alianza natural’, no por el producto, sino por el sentido del tiempo. Algo cada vez más importante.

La librería y la cafetería son aliadas naturales: en ninguna de las dos hay límites de tiempo; en ambas se fomenta la lentitud. (Lewis Buzbee; Una vida entre libros; pag. 27)

Quizás por ello la Agence Régionale du Livre Provence-Alpes-Côte d’Azur acaba de publicar Les Librairies-café, guide pratique que a lo largo de sus 36 páginas aborda entre otros temas, una fotografía global del mercado de las ‘librerías-café’, cómo integrar un espacio de restauración en una librería, el marketing adecuado, las claves para una buena gestión, el modelo económico y un estudio de casos.

Acceder al documento completo.

Los salones, los gabinetes de lectura, los ateneos, los cafés o las librerías comparten la naturaleza de hogares postizos y de núcleos políticos de tráfico de información. (Jorge Carrión; Librerías; Anagrama; pag. 75)

 

Las librerías como espacio de cultura democrática

Los recién cumplidos 50 años de la librería Lagun, además de traernos a la memoria un pedazo importante de la historia librera de este país y quizás uno de los casos, ya hace años, más sugerentes de economía colaborativa para facilitar la compra de un nuevo local para la librería.

“Quiero trasladar este premio y estos sentimientos a todos los que nos han ayudado, a todos los que en los momentos difíciles, en los que incluso la desolación nos pudo acoger, vinieron a la librería a llevarse libros manchados, libros quemados y luego a financiar el nuevo local” (Ignacio Latierro en La Vanguardia)

ha generado también en diversos artículos y entrevistas algunas reflexiones sugerentes que van más allá de la librería y que creo son interesantes dentro de esta vorágine tendente en muchas ocasiones a la falta de criterio y al ‘todo revuelto’ que tan bien parece venir a algunos.

Así, y por empezar quizás por lo clave, me quedo con estas palabras de Ignacio Latierro en la entrevista que Aitor Guenaga le ha hecho para eldiario.es:

Queríamos seguir siendo libreros… y lo logramos. Ese es el gran premio personal que hemos tenido, llegar hasta hoy con cierto orgullo de nosotros mismos. No sé si hemos contribuido a mejorar la condición cívica de nuestros conciudadanos.

Ese trabajo por la condición cívica y la cultura democrática estaba claro desde su nacimiento tal y como podemos leer en El País en la entrevista de Luis R. Aizpieolea:

Quisimos contribuir, como muchas librerías que entonces se abrieron en España, a la extensión de la cultura democrática y a la oposición al franquismo. Nuestra rebelión política era hija de su censura cultural.

Que el homenaje y la celebración central haya puesto la mirada y el protagonismo en los lectores es todo un buen síntoma. ‘El libro aquel que compré en Lagun’ era el lema del acto que Fernando Bernués montó con mimo y cariño. Al fin y al cabo, las librerías son o deben ser de los lectores. Dice Ignacio Latierro en la entrevista de Mitxel Ezquiaga en el Diario Vasco:

«Me gusta porque el protagonismo recaerá en los lectores, que son y han sido los grandes protagonistas de nuestro medio siglo»

Quiero terminar con dos referencias del que Jesús Casquete ha publicado este domingo pasado en el Diario Vasco y El Correo y que lleva por título Librerías heroicas:

Una librería es de suyo mucho más que un establecimiento comercial, igual que un libro es más que un mero producto sujeto a mercadeo. Continente y contenido simbolizan espacios de libertad, de reflexión, de civilización, en fin, de cultura democrática. No todos los libros transmiten valores que vertebran la convivencia, ni tampoco todas las librerías se distinguen por colocar en sus estanterías libros que nos reten a pensar, pero se trata más bien de excepciones a la regla. Las librerías alimentan el espíritu crítico, la autonomía de pensamiento, el intercambio de argumentos, la tolerancia, todo lo cual constituye savia de democracia.

Una segunda. Tanto que suele gustar mirar a Alemania para ver qué se cuece, esta mirada tampoco estaría mal para aprender de otra experiencia quizás de carácter más cívico que económico.

Por eso la iniciativa de un grupo de librerías del barrio berlinés de Neukölln contra el populismo de derechas y el racismo resulta encomiable. Tras el éxito electoral del partido xenófobo Alternativa por Alemania (AfD), que obtuvo el 13,9% en el distrito de Neukölln en las elecciones en Berlín de 2016, un grupo de libreras y libreros puso en marcha una iniciativa que al cabo aglutinó a la mayoría de librerías locales. Ofrecieron sus espacios e infraestructura para reforzar el tejido asociativo local organizando lecturas y discusiones guiadas por un coraje cívico radicalmente constructivo: ¿cómo recuperar para la convivencia democrática a esos vecinos seducidos por los cantos de sirena patrióticos que ven en los inmigrantes una amenaza a su identidad nacional y a su bienestar?