La Ratonera, una nueva librería en Cádiz de libreros rastreadores

Los hermanos Carmen y Manolo Moreno han abierto en Cádiz una librería especializada en novela negra, terror, ciencia ficción y fantasía. La Ratonera es su nombre.

El espacio, amén de la especialización, pretende ser “no sólo un punto de venta de libros sino también un punto de encuentro para la cultura”.

El encuentro y la cultura parecen ser dos de las palabras casi inseparables de muchos de los nuevos proyectos libreros.

¿Qué va a encontrar la gente que se acerque? “La idea es, sobre todo, traer novela negra, fantasía, ciencia ficción, terror, algo de novela histórica, una sección infantil y juvenil pero orientada a cosas que se adecuen a nuestro estilo, algo de cómic, cositas my puntuales, muy seleccionadas, porque el mercado de cómic es muy amplio, y también una sección de poesía, música y ensayo”, enumera Manolo Moreno, a lo que su hermana suma “dos secciones muy importante para nosotros” como son la de literatura feminista, “porque lamentablemente es necesaria”, y otra de literatura LGTBI, “que en Cádiz es complicada de encontrar”.

Me ha encantado en lo que he leído en el Diario de Cádiz esa idea de ‘libreros rastreadores’. “Vamos a rastrear el libro hasta dar con él”,

¡Larga vida librera y escudriñadora!

Anuncios

Los libros salvajes, una nueva librería en Villaviciosa de Odón

Carmen y Félix inician hoy viernes 8 de junio su aventura librera en Villaviciosa.

Tuve noticia de la misma en su momento por Jorge Carrión y pude disfrutar en fechas recientes de una larga y agradable conversación con ellos en Madrid.

Espero que la misma les haya sido fructífera. Sí me consta que alguna lectura sugerida les ha resultado estimulante.

Sé también y hay que agradecerlo que la visita a La tres catorce les animó y estimuló. Alejandra es una estupenda anfitriona.

Seguro que Carmen y Félix van a ser también estimulantes para Villaviciosa de Odón.

¡Larga vida!

La borraja y el libro tienen muchas cosas en común. Paco Goyanes

Hace pocas fechas di cuenta por aquí del nombramiento de Paco y Ana como cofrades de honor de la Cofradía de la borraja.

Coincidió casi en el tiempo, fue unos días antes, con el hecho de que entre plato y plato una buena amiga me pusiera al tanto de las ‘hojas volanderas electrónicas’ que desde Cálamo hacen llegar periódicamente a un conjunto de miembros privilegiados.

Si uno se mueve y enreda un poco se puede conseguir que te llegue para después poder disfrutar con ella y hacer, como es mi caso hoy, de vocero y divulgador.

Aquí os dejo con la natural y ecológica reflexión que las amigas de Cálamo nos han hecho llegar y sobre la que estoy seguro la mayoría de los humanos lectores no os habíais puesto a reflexionar. Yo, por lo menos, no.

si estamos a libros y borrajas estamos a libros y borrajas

La borraja y el libro tienen muchas cosas en común.

Una y otro exigen paciencia y dedicación. La borraja se ha de lavar y pelar para evitar sus asperezas. Un libro se ha de seleccionar con cuidado para salvar autores ásperos y con poco que contar. La borraja es una verdura humilde y discreta, que se nos ofrece sin grandes alaracas. La literatura en la más humilde de las artes, se construye en soledad, sin más artificios que la imaginación y el papel (o la pantalla del ordenador), bien que le pese al exceso de producción editorial que lanza al mercado libros como churros, pues churros muchos de ellos son.

La borraja nos tienta desde sus mil recetas, con almejas, con arroz, con patatas. El libro se nos ofrece de mil y una maneras, con poemas, con relatos, con filosofías. La borraja es sana y sabrosa, pero puede resultar indigesta si se cocina mal. El libro es cultura y sabiduría, pero también puede ser indigesto por pedante, mal escrito o peor hecho.

La borraja a veces tiene manchas. El libro siempre tiene erratas. No hay nada más hermoso para un agricultor que una mata de borrajas frescas. No hay nada más bello para un librero que un montón de libros recién publicados…y vendidos.

Zaragoza, ciudad de 700.000 habitantes con un río por el medio, el Ebro, disputa la capitalidad mundial de la borraja a la bella Tudela. Frankfurt, ciudad de 700.000 habitantes con un río por el medio, el Meno, disputa la capitalidad mundial del libro -merced a su Feria Internacional- a Nueva York. También de las finanzas, pero si estamos a libros y borrajas estamos a libros y borrajas.

En Zaragoza hay vida literaria merced a sus buenas librerías y bibliotecas, a sus pocas editoriales y a un escaso pero generoso público lector del que tú formas parte. En Frankfurt también saben de borrajas gracias a su pasión por la Grüne Sosse, salsa verde muy popular que se elabora con sietes hierbas diferentes: perifollo, berro, perejil, pimpinela, acedera, cebollino y… ¡borraja! Zaragoza y Frankfurt, hermanadas por borrajas y libros.

¡Viva la borraja, viva el libro!

(Aconsejamos no cocer libros, ni regarlos con aceite de oliva. En eso la borraja es más dúctil, no nos engañemos)

Paco Goyanes y Ana Cañellas, de Cálamo, libreros que alimentan

Paco Goyanes y Ana Cañellas llevan años en Cálamo alimentando y saciando la sed física, intelectual, emocional, gastronómica, cultural, vinícola, emotiva, enredadora y cultivada de quienes se acercan por su local de Zaragoza.

Osaron empezar a celebrar el Día del Libro ya hace unos cuantos años con borraja que es algo más contundente y verde que la rosa y que nos invita con más claridad a la igualdad en el trato y a la mesa compartida.

Hablaba hace pocas fechas con Paco por teléfono porque sentía envidia, sana, de que una buena amiga recibiese sus epístolas periódicas vía correo electrónico y a mí no me llegara nada.

He tenido hoy noticia de que la Cofradía de la borraja ha tenido a bien, ¡ya era hora!, homenajear y nombrar cofrades de honor a Paco y Ana  por su «hacer continuado a favor de la cultura y la borraja».

¡Qué sería de hecho la cultura sin borraja!

El acto ha tenido lugar en la preciosa localidad de Uncastillo.

Si no la conocéis acercaros.

Y de esta guisa han lucido los ilustres.

¡Felicidades amigos y espero que nos veamos pronto!

Sobre librerías, melancolía y días lluviosos. Silvia Broome

Viernes, con el fin de semana ya a la vista…

Me ha encantado este texto melancólico, vital, musical de Silvia Broome aparecido en Papel en blanco.

Una delicia.

Trabajar en la librería cuando estoy triste es un arma de doble filo. Por un lado, siento que necesito estar activa para recoger esos fragmentos de mí que se han desperdigado, para intentar recomponerme. Por otro, es casi un sufrimiento tener que atender a los clientes con un estado de ánimo bajo mínimos. Además, suele suceder que es en un día así cuando preguntan por un libro que casualmente no está en el sitio que debiera, lo que da comienzo a una especie de búsqueda a contrarreloj mientras el cliente te persigue por toda la librería, pegado a ti como si fuera tu sombra, notando su respiración rozándote el cuello. Peor que una película de terror.

Pero sin embargo, cuando la tristeza coincide con una jornada que amanece fría y lluviosa, en la que apenas un cliente o dos se atreven a venir a la librería, puedo dedicarme a una de las cosas que más me ayudan a mantener a raya la melancolía: ordenar la tienda con música de fondo.

Siempre suelo decantarme por algo suave: Coltrane, quizás Jordi Savall. Hay algo mecánico pero terriblemente relajante en el hecho de ordenar las mesas, de examinar concienzudamente el orden alfabético estantería por estantería. Mientras ordeno (y sé que esto puede sonar raro) descubro nuevos títulos. Libros que llegaron un día que yo no estaba trabajando y que por tanto no coloqué o, simplemente, títulos en los que nunca me había fijado por mil razones que se me escapan. Cuando esto sucede me gusta abrirlos y leer un fragmento al azar y anoto los que me llaman la atención en un pequeño cuaderno que tengo junto al mostrador. También guardo aquellos que sé que tal vez les puedan gustar a algunos de mis clientes favoritos, aunque ellos no me lo hayan pedido.

Seguir leyendo en Papel en blanco.

Miriam, una nueva librería en Pamplona

Librería Miriam abrió sus puertas en septiembre de 2017.

Después de 10 años trabajando en Librería Gómez que cerró sus puertas se ha atrevido a iniciar su andadura en solitario.

Miriam Ibarrola librera ya con experiencia y emprendedora de este proyecto sigue apostando por el comercio pequeño y el trato personalizado:

“Me da pena que las pequeñas librerías se vayan cerrando. Aquí seleccionamos los libros que pedimos en función de los gustos de los clientes. Yo, a veces, incluso les llamo para contarles las novedades de lo que leen. No quiero que esto se pierda. En las grandes superficies no hacen distinciones”.

Desde aquí mi deseo de larga vida a un nuevo proyecto librero que quiere ocupar parte por lo menos del hueco que en su momento dejó Librería Gómez.

 

 

El sueño de la librería propia

Estos últimos meses vivo bastante entretenido y dedicando algunas horas a varios proyectos relacionados con librerías.

Sigo en todas las ocasiones presentando y jugando con esa ‘cuenta de la vieja de servilleta convertida en excel‘.

Disfruto. Disfruto mucho tanto en proyectos más personales como en otros de carácter más colectivo.

Les propongo siempre que me dejen el papel de abogado del diablo y me dedico a preguntar, poner en duda, criticar, aportar e intentar quizás que las ilusiones de los proyectos tomen por lo menos un cierto barniz de racionalidad. Ofrecer la fontanería y facilitar desde una mirada amiga que el discurso y con ello el proyecto se ordene para que se pueda convertir en un ‘sueño soñado despierto’.

Creo que en todos esos proyectos a los que acompaño y con los que me siento agradecido y a gusto resuenan, en cada uno a su manera, las palabras de Cecilia Fanti, librera también al otro lado del charco, que escribe:

En una librería uno vende algo que además de tener un precio tiene un valor. Y uno deposita algo ahí. Las librerías pequeñas, de barrio, con una selección acotada de catálogo y una decisión precisa y personal sobre qué vender, trabajamos con clientes que vuelven o todas las semanas, o una vez por mes o varias veces a la semana. Los compradores ocasionales son una minoría. Quizás lo son la primera vez, pero vuelven. Y ver el armado de esa comunidad es muy estimulante.

No es romanticismo todo tampoco, los números tienen que acompañar, pero también he descubierto que es falso que hay que vender todo y de todo para que funcione.

Y ahí seguimos jugando entre el romanticismo y los números y comprobando que cada proyecto librero es un modo distinto de enamorarse. Quizás por eso muchos de ellos son tan íntimos y personales.

En el fondo, también a muchos editores les pasa lo mismo, ¿no?

Este juego plural de amores y selecciones es al fin y al cabo lo que sostiene y genera la auténtica biblidiversidad.

¡Benditas soñadoras!