8 librerías más con el sello de calidad

Traficantes de Sueños, Rafael Alberti, Tipos infames y La Buena Vida (Madrid), Códex (Orihuela, Alicante), Popular (Albacete), Noviembre (Benicàssim, Castellón) y Patagonia (Valencia) son las nuevas librerías que cuentan ya con el sello de calidad y que hace que el número de las mismas supere ya las cincuenta.

Según va pasando el tiempo tengo la sensación de que quienes están moviendo pieza hasta la fecha son, por una parte las librerías que se someten a la evaluación y la administración que pone unos euros. Los editores, no siguiendo ni con mucho el modelo francés se mantienen en esa distancia controladora que poco aporta y mucho vigila.

Interesante ver a librerías especializadas por el tema, como por ejemplo Patagonia.

¡Felicidades a las nuevas librerías!

Todas ellas y las anteriores, como dicen los amigos de Tipos infames, podrán gritar con más fuerza que nunca que somos una librería de qualité, liberté, égalité et fraternité.

Parece, además, que el proyecto sigue adelante ya que se ha procedido a la firma del nuevo convenio de colaboración entre la Dirección General de Industrias Culturales y del Libro y la Asociación de las Cámaras del Libro de España, para el “mantenimiento y promoción” del Sello de Calidad de Librerías.

Ojalá se vaya afinando en el camino.

 

Cuando nace una librería, renacemos todos…

Ayer las amigas y amigos de La tres catorce celebraron su nacimiento, su inicio en la vida, con amigas y vecinos y vecinas,que hasta ahora les eran desconocidos.

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Entre las personas que se acercaron a la inauguración estaba Ángel Gabilondo que nos regaló una frase que llama a la esperanza.

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Dos detalles.

El primero vivido a lo largo de la semana:

Cuando entra sola una niña de doce años, revisa con cuidado la sección infantil y juvenil, pide consejo, se decide por un libro, te confiesa que le gusta mucho leer y que volverá pronto… Hoy hemos ganado una amiga que nos ha pagado con su hucha… Momentos #trescatorce….

El segundo, entre los muchos que ayer disfrutaron… la llegada de un buen amigo con este vino… que es todo un guiño en su nombre a una parte importante de la filosofía de La tres catorce.

Lo dicho: ¡Larga vida!

Ciento volando se inaugura hoy en Madrid

Aunque desde inicios de la semana ha abierto sus puertas, hoy jueves es la puesta de largo oficial de la librería Ciento volando, situada en el barrio de Malasaña, en la calle Divino Pastor 13.

¿El nombre? Sus fundadores han decidido saltarse el conformismo habitual del ‘pájaro en mano’, será desde el primer día una librería de referencia no sólo en el distrito Centro sino para todo Madrid. Combinará nuevos servicios y productos, potenciará el valor de la librería de proximidad y a su vez conectará con el entorno online.

Una de sus señas de identidad será el asesoramiento personalizado y se plantea como un punto de encuentro, un lugar de trabajo y de ocio, un espacio para el aprendizaje y para el esparcimiento: reuniones con bibliotecari@s, jornadas de lectura, un café relajado, té… , tertulias literarias para niños y adultos y donde también los clubs de lectura se combinarán con mini conciertos y conferencias de músicos, artistas y actores.

Detrás del proyecto está Infobibliotecas, empresa especializada en el suministro y la gestión de fondos documentales para Bibliotecas y Centros de Documentación (entre ellos el Ayuntamiento de Madrid). Una empresa en la que su principal activo es el equipo humano, compuesto por un 45% de trabajadores con discapacidad.

Bienvenidos a esta nueva aventura.

 

Alejandro Sierra: “Una librería para un editor es un laboratorio, un lugar de observación muy importante”

La librería Pasajes y la editorial Trotta son las dos cabezas de un monstruo —uno de los buenos— dedicado a proteger determinadas obras.

Así empieza el artículo que María Jesús Espinosa de los Monteros escribe en El País con el título de Trotta, la editorial de los mil libros.

Alejandro Sierra, en el número 1 de Texturas, se definía como editor pequeño/mediano e independiente, que ni siquiera es objeto de deseo de otro editor mayor.

Algunas afirmaciones interesantes que se recogen en el artículo:

  • Trotta es una editorial de ensayo en la fórmula de pequeña empresa autónoma e independiente, “entendiendo este término como una empresa que no tiene que publicar de manera compulsiva libros que no considere notables o imprescindibles”.
  • “Por suerte, no hemos tenido ningún best seller”.
  • “Una librería para un editor es un laboratorio, un lugar de observación muy importante. En una librería, el libro llega a su destinatario, al lector, y eso hay que analizarlo”… “Cuando un lector se acerca a un libro, posiblemente se vea llamado por el título, el autor, el diseño o la editorial. El lector toma el libro, lee el texto de la contracubierta. Si el texto no es muy engorroso ni muy obvio, por lo general entra en el texto. Después examina el papel, ve el tipo de letra, el tamaño, el espacio entre las líneas, los márgenes —que pueden ser generosos o raquíticos—. Si todavía en ese momento sigue con el libro en la mano, ve el precio y no lo suelta inmediatamente, y además se va acercando poco a poco a la caja, podemos decir que ahí, en ese instante, termina una fase de observación que es parte del trabajo del editor”.

Escribía Alejandro en aquel primer número de Texturas reflexionando sobre la lectura, lo digital y quizás adelantándose ya desde la reflexión a planteamientos que parecen ahora querer bloquearnos vía algoritmo la posibilidad de errar:

Y ese editor, lógicamente, se preguntaba: «¿Y quién decide qué es el solomillo de un libro y qué es mera casquería?». ¿Y quién se atrevería a decir, tras utilizar una edición indexada, que ha leído de verdad Los hermanos Karamazov o La muerte de Virgilio o Sobre dioses y tumbas o el Discurso del método, sin haber podido experimentar el huracán que le acomete a uno cuando de verdad se somete a la lectura de cualquiera de esos libros ? Aquello de un personaje de Woody Allen: «He leído en una hora Guerra y paz: trata de Rusia».
Estas observaciones no son radicalmente críticas sino mera indicación de los riesgos en los que el lector poco avezado y apresurado puede caer, al dificultársele, en sus lecturas, su libertad de errar, en su doble sentido de equivocarse y de vagabundear…

Felicidades por esos 1.ooo libros.

Judith de Intempestivos en Segovia. Cuando un cliente vuelve, sabes que todo está bien.

Me llamo Judith.

Trabajo en la librería Intempestivos situada en Segovia, que viene funcionando desde el año 2014 (sí, ese en el que cerraron no sé cuántas mil librerías)

La idea de montar/trabajar aquí vino motivada por un sueño de juventud. Luego las circunstancias nos lo pusieron en bandeja (a Jesús, mi socio en la librería y en la vida) et voilà!

Considero que mi apuesta profesional es preciosa y se caracteriza fundamentalmente por la ilusión y las ganas de que todo el mundo disfrute como nosotros de los libros y la cultura.

Me gusta ser librera porque es el trabajo más enriquecedor que se me ocurre: conoces a gente muy interesante todos los días, abres decenas de cajas llenas de historias que pueden cambiarte la vida y huele siempre a papel.

Cuando tenía doce años no tenía claro lo que quería ser, pero sabía que iba a estar relacionado con libros. Por eso estudié filología y mi vida profesional siempre ha estado vinculada a los libros (excepto un breve periodo de tiempo en el que trabajé en televisión. Todos tenemos un pasado).

Cuando me toca explicarle a una persona que no conozco por qué me gusta mi oficio le digo que solo tiene que fijarse en nuestras caras cuando abrimos las cajas y buscamos el sitio perfecto para cada libro.

Más allá de las apariencias, la realidad de mi día a día en el trabajo no es tan idílica como parece, porque hay mucho trabajo administrativo y menos gratificante detrás. Y las devoluciones, que son casi lo peor. Muchos días se pasan en esas tareas y son los que cabrean.

Lo más raro que me ha sucedido nunca en la librería ha sido cuando, hace bien poquito, entró un chico y preguntó si se podía tomar un café. Cuando le dije que sí, me dijo: «Huy, menos mal, pensaba que tenía que leer o algo».

Y lo peor, lo complicado que fue abrir; los permisos, la burocracia. Fue una pesadilla. Desde que abrimos no ha habido nada peor. Y aquello va a ser difícil de superar.

La imagen que tienen las personas sobre el trabajo que realizo creo que se caracteriza por ver a una señora canosa leyendo incasablemente. Y sí, pero hay otras cosas menos gratificantes, que creo que son las que odiamos todos los libreros del mundo.

Seguir leyendo en Lasai blog .

La tres catorce, delicadeza en torno a la lectura en Madrid

Estoy encantado de que las amigas con gusto, fina ironía, buena escritura, conversación interesante y estupendas compañeras de viaje se atrevan por el proceloso mundo de las lectorerías.

La tres catorce en Madrid ha abierto sus puertas este lunes pasado, fruto en gran medida de amistades, complicidades, mucha charla, algo de picoteo para seguir charlando, algunos dineros, ánimo, ilusión y sintonía.

La tres catorce, tiene su ritmo propio e inimitable. Ya nos lo avisan Alejandra Díaz-Ortiz y Paloma Tortajada.

Tiene, también, su apuesta y propuesta peculiar: segunda mano seleccionada por manos expertas, editoriales invitadas, pequeñas, coquetas, de fondo abarcable, con propuestas diferentes como Calamar que inaugura este espacio.

y… lo que me ha dado por llamar ‘cucadas varias’ que podrán ir desde libros de artista, serigrafías, papel creativo, mobiliario lector y demás enseres especiales, distintos y seleccionados con todo el cariño.

Ahora, sirva sólo como ejemplo, podrás encontrarte con propuestas de José Orna o Viggo Mortensen entre otras.

Y con el tiempo, después de rodar y calentar, el espacio irá también tomando vida propia, acogiendo propuestas y haciendo guiños y ofreciéndose a pequeñas realidades cucas, con alma y con novedad en su propuesta.

Larga o corta… seguro que el tiempo vivido, como hasta ahora, será intenso.

La semana que viene por allí que me paso amigas.

Ubicación: García Paredes 25 en los madriles.

Librerías-Lectorerías: 12 claves para estar preparados para lo que viene

Dialogando con Daniel Benchimol y Luismi Cencerrado

Hace cuatro años jugué, partiendo de una propuesta de Diego A. Manrique sobre las 12 mentiras del mundo de la música, proponiendo las doce mentiras del mundo del libro.

Hoy quiero aprovechar la sugerente propuesta de Luis Miguel Cencerrado, pensada para bibliotecas que se basa a su vez en una propuesta previa de Daniel Benchimol pensada para los editores.

Partiendo de la de Luismi y jugando con ella lanzo la siguiente propuesta para las librerías-lectorerías. Creo que hay muchos puntos coincidentes y de hecho podría servir de guión para una conversación sosegada.

1.- El rol de librero pasa por curar y amplificar, por aportar valor añadido y por llevar el contenido al lector que le interesa. .

2.- El modelo de negocio cambia el paso y el valor de la propuesta de la librería deja de estar solamente en los libros y los autores que se exponen. Ahora el valor nos lo dan los lectores, aquellos a los que somos capaces de cautivar. Es por ello que proponemos como adaptación a este nuevo momento el término lectorería ya que conviene nombrar las realidades para diferenciarlas.

3.- El nuevo modelo de negocio se construye con el usuario como centro, lo que requiere saber escuchar y disposición de atender. La acción de la lectorería se teje en torno a la órbita del lector, el usuario de unos servicios  y propuestas comerciales, que se definen y conforman contando con su participación activa.

4.- La ruptura de paradigmas y el desarrollo de una estrategia multicanal: ¿quién es mi lector-cliente, cuál es la mejor forma de llegar a él? En uno y otro caso, las funciones de la editorial, la biblioteca y la lectorería han de adaptarse a un nuevo contexto de necesidades y demandas, al cambio de hábitos de los destinatarios de su acción y a unas relaciones que se multiplican y diversifican en el plano analógico y digital.

5.- Pensar cuál es la mejor oferta para nuestros lectores-compradores. Cambian las formas de narrar, de ofrecer los contenidos y también las maneras y estrategias de acercarlos a los destinatarios, hecho que afecta a todos los ámbitos relacionados con la lectura y su promoción.

6.- El objetivo es poder llegar en cada lectorería al grupo de lectores- compradores en el que se ha especializado. En este sentido cobra importancia cómo y qué obras, materiales y oferta se selecciona para cada caso. El esfuerzo por adecuar la oferta al público objetivo y potencial requiere también un mayor empeño narrativo sobre la misma conn la finalidad de ofrecer así una visión de conjunto y un sentimiento de conformar un todo propositivo.

7.- Pasar de una lógica de producto a una lógica de servicio, de la idea del objeto al servicio que presta, una dinámica diferente. El objeto deja de tener valor en sí, también en la lectorería; el valor del documento reside en la dimensión de sentido y generación de satisfacción-solución que genera, en la capacidad de uso que encierra, en las respuestas que es capaz de dar al usuario.

8.- Cambiar de enfoque: exponer para dialogar. Nuevo papel del lector, activo, participación, conectarse con… Es lógico que si la conversación está en la médula del hecho de leer impregne a todas las organizaciones que se mueven en torno a ella propiciando múltiples diálogos y estableciendo relaciones dinámicas y participativas con los lectores, con los clientes y entre las propias obras propuestas para su venta y/o contemplación.

9.- Desarrollar acciones pequeñas, obervables y medibles bien cuantitativa o cualitativamente. Es este un buen consejo, especialmente en tiempos de incertidumbre, de cara a prevenir atracones y esquivar parálisis. Una buena forma de evitar colapsos y de afrontar la ansiedad es trazar un plan ambicioso y global y definir estrategias de acción realistas y asequibles que permitan avanzar de forma regular y constante, sea en el ámbito que sea.

10.- Pensar en estrategias comerciales dinámicas, predispuestas al cambio. La flexibilidad como respuesta al cambio para que la reacción no tenga un coste fuerte en el tiempo. El futuro de las entidades educativas y culturales, incluidas las lectorerías, pasa ciertamente por conseguir un equilibrio entre estructuras consistentes y dúctiles capaces de responder de forma rápida y eficaz a las demandas de los usuarios para así asegurar su sentido y sostebibilidad.

11.- Pensar en dinámico, que ningún producto sea el que imponga los ritmos y la organización de la empresa. El proceso que siguen las lectorerías apunta también a un cambio de polaridad, y el hecho de que las obras, en papel o en digital, dejen de ser el eje central del péndulo incide de pleno en la organización misma. Todo se hace híbrido y se mezclan las obras, las propuestas de experiencia, los entornos. Todo es movible buscando con una propuesta de sentido distinta en cada caso, la llamada de atención a nuestros clientes-lectores.

12.- Dialogar y relacionarse con otras empresas culturales: de la música, el videojuego, artes plásticas, teatro, audiovisual … Las fronteras entre las diversas entidades que pueblan el espacio cultural se difuminan y comparten la tendencia de transformarse poco a poco en espacios más abiertos, transparentes y participativos con muchos elementos comunes entre sí. Las lectorerías pueden ser un buen espacio, la casa de acogida, para el mestizaje con sentido.