Sobre algoritmos, precio fijo y otras banalidades

Cuando leo titulares como éste:

La inteligencia editorial en manos de una startup mexicana

ya soy consciente de que no hay noticia real, sino que todo lleva hacia una banalidad o insustancialidad que es lo que tiende a llevarse en muchas ocasiones como titular.

Cuando se va después al texto de la noticia vemos que la ‘inteligencia’ sigue siendo cuestión de ‘elites temporales’, 22.000 en estos momentos que, lógicamente será distinta a otra ‘inteligencia colectiva’ de otros 22.000 y así podríamos seguir sumando sucesivas inteligencias colectivas en grupos de 22.00 que probablemente, además nos darían distintos resultados en función del algoritmo, otro mantra estúpido tan en boga con el que analizáramos los comportamientos lectores.

Ya se sabe el futuro del negocio, está en los nuevos mediadores, los

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El libro y su sector, ¡qué panorama!

Se presentó ayer en la Feria del Libro de Madrid la Primera oleada sobre el sector del libro en España elaborado por el Laboratorio de ideas sobre el libro.

Dedicaré varias entradas a lo largo de la semana que viene a comentar algunos aspectos del mismo que me parecen muy preocupantes.

De hecho creo que más que una oleada es un tsunami lo que el informe esconde y, como bien dice Riaño, el sector y el libro sale claramente perdiendo.

De todo ello ya iré escribiendo con un poco más de calma.

Vayan por delante algunas notas previas:

1. Agradecer el informe, el que se haya hecho con recursos propios, sin subvención que yo sepa y felicitar a quienes ‘pierden su tiempo’ o lo invierten.

2. Creo que hubiera sido importante incluir en el informe la encuesta, el cuestionario, que sirve de base al mismo.

3. Una segunda sugerencia para próximas oleadas si es que no nos vemos definitivamente arrastrados. El perfil de las personas que contestan a la misma es muy distinto. Ello puede aportar riqueza, aunque no excesiva, en el sentido de que, por lo que recuerdo, la mayoría de las preguntas eran cerradas; pero al mismo tiempo es probable que fuera interesante en algunos casos ver si existen diferencias significativas en las respuestas entre lo que puedan, por ejemplo, contestar los editores y los libreros; o, también, lo que ambos colectivos contesten frente a consultores, tecnólogos y demás. Los puntos de vista desde donde uno se sitúa siempre son importantes. Y, en este sentido y aunque sea un estudio cualitativo los porcentajes de los subsectores participantes creo que están claramente sesgados hacia la investigación y los servicios y no hacia la cadena de valor.

areastrabajoHay así, por ejemplo más gente del ámbito universitario que de las librerías lo cual hace que muchas de las conclusiones presentadas haya que cogerlas con pinzas o atentos a segundas lecturas.

Sirva esto como aperitivo y vaya con ello un primera conclusión-hipótesis disruptiva con el propio estudio.

1. Los resultados del estudio piensan más en los agentes que se mueven en torno a la cadena de valor que en la propia cadena. Para tener lecturas y opiniones más claras sería por lo menos conveniente situar las respuestas que la cadena ofrece (escritores, editores, distribuidores, libreros) y contrastarla con quienes ofrecen servicios a la misma.

En cualquier caso, lo dicho. Hay elementos sugerentes y preocupantes porque en cualquier caso rezuma de fondo una visión pesimista.

En próximas entradas intentaré abordar los siguientes aspectos:

-¿Sector del libro o sector editorial?

– El paternalismo del estudio hacia los libreros

– La estructura institucional

– Las bibliotecas y su papel

– La aparente o cierta sobreproducción

– El falso precio único.

Precio fijo, libros y yogures

Los encuentros permiten a veces recuperar discusiones sosegadas y volver a contrastar puntos de vista.

La semana pasada estuve por Madrid. Entre otras personas, quedé con Juan Torres una de las noches en el Hotel de las Letras a compartir conversación y unas cervezas.

Nos pusimos al día, hablamos de proyectos y salió en la charla un tema sobre el que ya habíamos hablado en otras ocasiones: el precio fijo de los libros.

Hace ya unos meses Juan escribió un artículo que termina así:

Pero, puestos a llevar el procedimiento hasta sus últimas consecuencias, hay que salir del terreno de la cultura y entrar en el de los productos y servicios de primera necesidad. Porque no parece justo que “cualquier libro llegue en las mismas condiciones a todos los ciudadanos de todo el territorio” y, sin embargo, los yogures, por poner un ejemplo de alimento básico, los pague a precio diferente un habitante de Lanzarote que otro de Huesca o de Vinaroz. O un ciudadano que compre en un low cost pague por él menos que otro que vaya a un supermercado de proximidad. ¿Y el chorizo de cantimpalos? , ¿no es un producto básico que merece estar al alcance de todos por el mismo precio? ¿Y el pan?, ¿cómo se justifica que en unos sitios valga treinta céntimos y se vaya por encima del euro, y hasta más, en sitios especialmente sofisticados? Podríamos seguir con muchos más productos y servicios, pero no es cosa de ponerse pesados. Lo que quería decir, dicho queda: puesto que el dogma del precio fijo de los libros no puede discutirse, aceptemos su bondad y en consecuencia elevémoslo a dogma de carácter universal: precio fijo para todo y se acabó la discusión.

Recientemente Manuel Gil planteaba también una revisión de algunos de los artículos de la Ley del Libro que ya en su momento planteaba distintos puntos de vista.

Volviendo a Bilbao en autobús leía el libro de Paul Desalmand Las aventuras de un libo vagabundo que refleja en algunos de sus capítulos la purita realidad del mundo empresarial que se mueve en torno al libro.

En la página 36 dice:

Pierre no creía que las grandes superficies como la FNAC fueran un peligro para los buenos libreros, ya que no son exactamente lo mismo. Pensaba que el precio único del libro había beneficiado, sobre todo, a los grandes distribuidores. Si se abandonara por completo supondría una verdadera catástrofe, cosa que no significaba que un librero con oficio, coherente, no pudiera vivir perfectamente a la sombra de una tienda FNAC e, incluso, beneficiarse de ella. Incluso llevaba la paradoja hasta el extremo de defender que la liberalización del precio del libro no perjudicaría en abosluto a los libreros que practicaban la alta costura. Más de una vez le escuché decir que no faltaban lectores, sino buenos libreros.

El Comercio exterior del libro en España en cifras de 2011 mueve 482 millones de euros que quedan libres del precio fijo. De los 2.772 millones del comercio interior de 2011 (pag. 47), los 868 millones del libro de texto no universitario, un 31%, quedan al margen del precio fijo. A estos, habrá que sumar casi con seguridad las ventas directas de los editores o, por lo menos, habría que ponerlo en cuestión ya que indirectamente supone o un debilitamiento de la cadena de distribución o una competencia asumible, pero discutible con el canal librero.

La cifra de venta directa de los editores asciende a casi 411 millones de euros.

ventas_editores_comercio_interior_2011

Lo cual, en grandes números, quiere decir lo siguiente:

– Si el mercado del libro español es fruto de la suma del comercio interior y exterior el volumen global del mismo es de 3.254 millones de euros.

– De los cuales 1.761 millones (comercio exterior, libro de texto y ventas directas) funcionan al margen del sistema de precio fijo. Es decir: el 54% del comercio del libro español queda al margen de dicha norma, sin contar además las ventas directas a bibliotecas y demás.

La situación, según reflejan las grnades cifras es para darle una pensada y, por lo menos, para no tragar con ruedas de molino.

Yo, por si acaso, me voy a tomar un yogur para asentar el estómago por si tengo que seguir tragando con este discurso aparente en la forma pero flojo en los números y el contenido.

Lecturas del día 28 de mayo

  1. Empresa abierta, empresa del procomún
  2. Consejos sobre cómo desarrollar recursos y servicios móviles en una biblioteca (Parte I)
  3. Bailando con precios

Sobre librerías, revistas culturales y precio fijo

Todo cambio supone movimiento del que unos salen más contentos que otros.

En el sector del libro ya está pasando y como siempre nunca llueve a gusto de todos.

Me llama la atención, en primer lugar, los datos aportados por Nielsen en relación a canales de comercialización. Teniendo en cuenta lo que algunos editores pagan por tenerlos fresquitos y de primera mano tendrán algún valor. Parece que las librerías independientes son de las que mejor se bandean en estos tiempos de recesión. Son las que más siguen vendiendo, las que menos bajan y, encima, las que más rentables parecen salir como canal en su conjunto a los editores ya que son las que reciben menos descuentos por parte de los mismos. Probablemente, además, sean las que mueven más variedad y diversidad de producto.

En un planteamiento integral de cadena de valor, ahora que los editores parecen estar contentos por estar ya pegaditos a la Dirección de Industrias culturales, debería ser un elemento a tener en cuenta más cuando además parece que son capaces de ofertar algunas herramientas de interés que podría tener su contrapartida por parte de los editores y del contraste conseguir análisis más finos.

Es curioso, sólo como mera constatación irónica que dos de los libros más vendidos hayan sido el método Dukan e Indignaos. Quizás podamos llegar a denominar el año como el de los ‘Indignados delgados’ porque poco a poco todo se va quedando en menos y no está tan claro en este caso que menos vaya a ser más.

Otra dimensión distinta tiene la medida que parece que se va a adoptar en relación a la compra por parte del Ministerio de Revistas Culturales para las bibliotecas que puede tener unos efectos perversos a medio y largo plazo.

Vuelvo a citar a Herrero:

El problema principal en este punto radica esencialmente en la asignación de valor al concepto de capital cultural, puesto que pueden distinguirse dos acepciones mensurables: el valor cultural y el valor económico (Throsby, 1999). El valor cultural es susceptible tan sólo de rango ordinal, pues tiene un carácter cualitativo y multiatributo, ya que se refiere al contenido de creación artística, esencia de inteligencia o significado de identidad social de los objetos que lo integran. Lógicamente, con esta noción surgen dificultades también en la forma de ordenación de las preferencias,
sobre todo en el terreno de las elecciones individuales, pues dependen de factores personales como los gustos, el grado de conocimiento técnico y las experiencias acumuladas; mientras que en el campo de las elecciones colectivas el asunto podría estar más o menos resuelto a través de la potestad administrativa del Estado en las funciones de regulación y preservación de la cultura.

Y lo uno a la línea abierta para su discusión en relación a la Ley de Mecenazgo que puede tener también efectos no deseados. El Consejo Valenciano de Cultura ya ha adelantado una reflexión sobre alguna posible ‘agenda encubierta’. Así, Santiago Grisolía a afirmado que en un periodo de crisis y de recortes presupuestarios, no debe confundirse la necesaria modificación de la ley y sus beneficios con la sustitución de los presupuestos institucionales en cultura, que a primera vista es por donde parece que van a ir los tiros.

Por si fuera poco parece que Anagrama ha abierto de la mano de Paul Auster la caja de los truenos en relación al precio fijo. En esta línea no comparto algunos puntos del análisis de mi amigo Manuel Gil en relación a la interpretación de la Ley de la Lectura, del libro y de las bibliotecas en lo que hace referencia al precio fijo.

En ningún sitio creo que aparece cuánto tiempo tiene que durar ese precio y quizás uno de los grandes errores haya sido el de seguir hablando de precio fijo y no de precio único. El precio nunca es fijo ya que tiene sus subidas en función del criterio editorial. Sí es cierto que la propuesta de Anagrama rompe en gran medida la dinámica habitual de funcionamiento, lo cual es interesante por un doble motivo: por venir de donde viene y por apostar, en principio, por la dinamización de la venta del libro electrónico.

Probablemente no sea la solución final, pero siempre está bien que el que no es más grande sea más ágil en los planteamientos. Habrá que ver si la base de datos del ISBN gestionada por los editores tiene también esa agilidad para recoger fiel y puntualmente los cambios de precio.

En cualquier caso, llega el momento de la publicidad, recomiendo leer algunos de los artículos del número 15 de Trama y Texturas donde parte de esta problemática se abordaba de manea más sosegada.

Todo parece moverse, pero visto lo visto en las costas italianas habrá que ver hacia donde nos lleva el rumbo. Alguno estará encantado de encontrar alguna roca y además será el primero en abandonar el barco.

 

El ISBN ya no es obligatorio. Por qué pagar entonces para tenerlo

Ayer tuve noticias de las tarifas que los nuevos gestores del ISBN van a poner en circulación.

Hay algunas cosas francamente curiosas. Las tarifas aparecen como para el año 2011 y van a entrar en vigor el próximo lunes 12 de diciembre. A saber si luego en el 2012 las piensan subir.

Más curioso es todavía que la información no aparezca, por lo menos ayer así era, en el apartado tarifas, sino simplemente como una noticia.

A estas horas sale un mensajito de que están actualizando la página y lo único que nos encontramos en la misma son los precios para 19 días del 2011. No sé cuántos editores estarán en vísperas de fechas navideñas solicitando números, pero en cualquier caso irán ya tarde para la campaña de Navidad.

Hace un año y según recogía El Mundo las tarifas iba a entrar en vigor el 1 de julio, pero ¡ya se sabe! las cosas de palacio siempre van despacio y más cuando hay que andar haciendo mucho pasillo.

En la misma información se dice que:

Las tarifas serán flexibles, en función de la cantidad que se compre, pero parece que en cualquier caso estarán lejos de países como Alemania -donde se cobra a los editores 129 euros cada vez que piden un bloque de códigos (por diez se pagaría 19 más)-. En Italia, por ejemplo, cuando se va solicitar un código por primera vez un editor paga 54 euros, y luego cada uno cuesta tres euros. “Será un coste muy razonable respectos a otros países”, subraya Jiménez.

Se afirma que el coste va a ser razonable, y esto es lo que se presenta:

Sé que a estas horas y con el tute que llevo estos últimos días, puedo estar torpe, pero me encuentro torpe para leer la tabla y saber si esto es razonable comparado con otros paises.

En cualquier caso la página de preguntas del ISBN que ahora no es visible, dejo por si acaso el enlace por si se puede ver en otro momento decía que ya no era el ISBN obligatorio para los libros ya que el decreto de 2009 en su disposición derogativa única suprimía la obligación de la Orden de 1972.

Si esto fuera así y así lo decían los editores hasta ayer ¿por qué pagar por algo que no es obligatorio?

En un libre mercado de precio único quizás cada uno pueda decidir cuál es la mejor forma de identificar su producto y baste con cumplir con la obligación, esta sí porque tiene un carácter de mantenimiento del patrimonio, del Depósito Legal que sigue siendo gratuito que yo sepa.

¡Cosas veredes amigo Sancho!

 

El IVA reducido para los soportes y no para los contenidos

Francamente preocupante quizás no tanto en lo monetario como en lo político es la noticia del trato desigual que van a tener los libros en relación al IVA en función del soporte del mismo. 4% para aquello que pueda seguir siendo ‘palpable’ y 16% para lo que no lo sea.

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Lo aparentemente intangible o inasible y la cultura tiene bastante de esto será más cara en su manifestación textual si esta no va acompañada de un soporte concreto.

Al ‘a cada maestrillo su librillo’ le sustituye ahora el ‘a cada librillo su soportillo’.

La incoherencia de esta decisión es descomunal. Ya lo era hasta ahora el que los distintos contenidos (texto, música, audiovisual) tuvieran ya tratamiento distintos. Parece que se ha optado por la línea del ‘mal de muchos consuelo de tontos’.

Las posturas reflexivas parecen no haber sido escuchadas demostrando con ello una actitud claramente autista por parte de los responsables políticos.

Una visión económica cortoplacista, recaudatoria y poco sensible a la modernidad parece haber ganado la partida.

Queda ahora por ver qué van a decir y cómo se van a manifestar los distintos sectores afectados, el propio Ministerio de Cultura y qué va a pasar con la flamante Ley de la lectura, el libro y las bibliotecas.

Mal camino y mala decisión que hacen a partir de ahora poco creíble las apuestas del Ministerio y del Gobierno sobre el ‘valor’ de la cultura. Lo que parece que se valora es la cacharrería.

Por cierto ¿qué tratamiento de Iva tendrán los libros que ya vienen preinstalados en un soporte lector?