Que no nos escamoteen la realidad. Ni la cultural, ni la política

escamotear.

1. tr. Dicho de un jugador de manos: Hacer que desaparezcan a ojos vistas las cosas que maneja.

A una semana de las europeas me reencuentro con El arte de la lectura en tiempos de crisis de Michèle Petit.

En el mismo una cita que, además de la lectura cultural que hace Petit, tiene también a estas puertas electorales una lectura política.

Somos seres de relatos y uno se pregunta mediante qué juego de manos esta evidencia pudo ser escamoteada hasta el punto de reducir el lenguaje a un instrumento y las bibliotecas a simples lugares de ‘acceso a la información’. Ellas son también conservatorios de sentidos en los que se encuentran metáforas científicas que ponen orden en el mundo y lo explican, pero también metáforas literarias, poéticas, nacidas del trabajo lento de escritores o artistas que han logrado un trabajo de transfiguración de sus propias pruebas y de los conflictos múltiples que están en el centro de la vida psíquica y social. 125-126).

Las falsas evidencias de algunos en la política y en el mundo del libro han hecho en ocasiones que nos escamoteen los auténticos significados y nos escondan lo que está en juego en cada momento.

 

¿A dónde vamos?, o, ¿a dónde nos quieren llevar?

Algunas lecturas recientes hacen que encabece esta entrada con ese interrogante.

Lo aplico al sector del libro, aunque alguno de los textox o imágenes no tengan relación directa con el mismo.

La primera llamada de atención me la ha producido una viñeta de El Roto

VamosbienLa segunda, la entrevista que aparece hoy en la contra de El País a Alberto Corazón donde, entre otras cosas, afirma: Vivimos deslumbrados por la apoteosis de la mediocridad. Nunca ha sido tan brillante ni ha gozado de tanto éxito.

La tercera, una referencia de Luisa Etxenike en el libro Literatura y placer en el que dice: el placer de leer es algo a lo que nuestro tiempo está renunciando o en lo que va claramente a menos. Probablemente porque leer libros verdaderos (también los hay falsos) requiere esfuerzo, y nuestra época tiene alergia al esfuerzo, o si lo prefieren, adicción a la facilidad. Y resulta altamente significativo y paradójico que mientras en ciertos ámbitos se invita a la sociedad a sofisticar sus gustos, a apreciar la comida deconstruida, o el vino de autor, en lo literario, se le incita a todo lo contrario, a conformarse con un puré insípido o con vino de tetrabrik. Y la sociedad se conforma. (pag. 56)

La cuarta, viene de la relectura de Homo videns de Giovanni Sartori donde en la reflexión de fondo de un ‘ver sin entender’ avisaba ya con claridad de fenómenos que son el pan nuestro de cada día:

Disponer de demasiada oferta hace estallar la oferta; y si estamos inundados de mensajes, podemos llegar a ahogarnos en ellos. (pag. 57)

La facilidad de la era digital representa la facilidad de la droga (pag. 59)

La ‘hipermediatización’ nos priva de experiencias nuestras, experiencias de primera mano y nos deja a merced de experiencias de segunda mano. Lo cual tiene graves consecuencias. Pues cada uno de nosotros sólo comprende de verdad las cosas sobre las que tiene una experiencia directa, una experiencia personal. (pag. 135)

A dónde quiero ir con todo esto. En el fondo quiero ir caminando en una dirección que ya perfilé, en parte, en mi entrada anterior y, en la medida de lo posible tener como propósito para este año el reflexionay hablar sobre realidades y experiencias que desde lo pequeño, la superación de la mediocridad, la oferta de libros y lecturas verdaderas nos permitan seguir entendiendo lo que pasa.

Me parece interesante en esta línea lo que señala Marcelino Elosúa en el informe de Omniprom 2013: Pretender prever dónde estaremos dentro de quince años es menos útil que analizar lo que ya está pasando a nuestro alrededor porque eso nos marca los caminos por los que podemos avanzar. (Marcelino Elosua; Informe Omniprom 2013)

Y, en esta línea creo que hay experiencias y realidades que merece la pena poner en valor para dejar también ver que no todo es lo mismo, aunque algunos sigan intentar queriéndonos hacer creer que lo suyo es lo que todos quieren.

Sigue habiendo muchos presentes y habrá, por lo tanto, muchos futuros. No conviene en cualquier caso avanzar por caminos de mediocridad, fáciles, intrascendentes y autocomplacientes.

Democracia, gobernanza y participación

Traslado a continuación (ver más abajo en cursiva el inicio de la misma) la reflexión que hace unos días me envió Ricardo Antón: Redefinir los QUÉs transformando los CÓMOs.

No la comparto en su totalidad y soy relativamente excéptico, pero ¡qué carajo! está también bien escuchar otras melodías que textualizan otras miradas a la realidad y que nos permiten entrever los eufemismos que algunos nos venden.

eufemismo_traducciónComo previo a la misma recoge un breve fragmento de Jorge Volpi en Mentiras contagiosas en el que reflexiona sobre la(s) frontera(s). La reflexión completa va de la página 121 a la 141.

Aquí dejo solo un par de citas:

– la única frontera que importa en nuestros días: la que separa a pobres de ricos. (pag. 128)

– Los seres humanos son criaturas errantes y curiosas: en cuanto perciben un límite se apresuran a vaeriguar qué hay detrás de él. Imaginan -de nuevo esta palabra- riquezas o placeres ocultos y se empeñan en pasar ‘al otro lado’. La frontera es un freno y un incubador de deseos. Si alguien nos impide la entrada en sus dominios, ha de ser porque la vida allí es mejor o menos dura. Esta tentación de alcanzar la tierra prometida ha animado la creación de mitos y leyendas y ha impulsado el desarrollo de la ciencia, el arte y la literatura. Azotada por su curiosidad, nuestra especie ha estado dispuesta a arriesgarlo todo, incluso la libertad o la vida, con tal de saber qué se oculta tras las sacrosantas murallas erigidas por nuestros vecinos. (pag. 122-123)

Y aquí el inicio de la reflexión:

En los últimos meses, desde ColaBoraBora hemos participado en varios foros relacionados con la participación ciudadana, impulsados desde administraciones públicas. En todos ellos sentimos como esa sensación de potencia y oportunidad, a la par que un gran desasosiego. Y es que ¿A quién le interesa ahora la participación y por qué? ¿Por qué discursos y prácticas periféricas encuentran centralidad? ¿Qué impulsa todo esto: deseo, incapacidad, miedo? ¿Cambio de modelo o cambiar para que todo siga igual?

La experiencia (es jodido, pero ya vamos teniendo una edad) nos ha acostumbrado a desconfiar de lo que pueden dar de si ciertas instancias, pero también nos ha enseñado que las oportunidades se encuentran en las rendijas y que, más allá de las grandes estructuras burocráticas están las(algunas) personas. Por eso, tratamos de que cierta dosis de ingenuidad posibilista siga alimentando nuestras acciones, a la par que intentamos mantenernos alertas ante el oportunismo, el desmantelamiento y la desposesión política, social, cultural y económica; de las que si bien, coyunturalmente, podría emerger una posibilidad transformadora, lo que seguro ya se da, es la cruda aniquilación y fractura social.

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El cuidado como base personal y social

Hay situaciones vitales, del entorno cercano, que afectan, que hacen, o por lo menos a mí me lo provocan, un cierto giro o matiz en el punto de vista (la visión desde un punto) desde el que uno va afrontando el vivir.

Todos tenemos dudas, todos tenemos miedos, todos estamos muy solos. Salir del atolladero sin demasiadas magulladuras. Hay que vivir sin estar realmente preparados para la vida, improvisando sobre la marcha, como quien toca de oído, a ver qué sale… (Eloy Tizón; Técnicas de iluminación; pag. 113)

Dos lecturas recientes, cruzadas con el vivir del día a día de los últimos tiempos me han provocado ecos especiales.

Ambas, de maneras no exactamente coincidentes, hablan y reflexionan sobre el cuidado.

Es curioso que en las propias definiciones de la R.A.E. se recoge la ambivalencia: solicitud y recelo, atención y temor.

cuidado.

(Del lat. cogitātus, pensamiento).

1. m. Solicitud y atención para hacer bien algo.

2. m. Acción de cuidar (‖ asistir, guardar, conservar). El cuidado de los enfermos, de la ropa, de la casa.

3. m. Recelo, preocupación, temor.

Las dos lecturas a las que me refiero, y de ambas ha habido ya por este blog referencias, son El cuidado necesario de Leonardo Boff y Sociofobia de César Rendueles.

Dejaré, sin más, algunas citas que me han provocado algunos ecos internos. Al fin y al cabo el libro de la vida es el gran libro donde todos pueden leer y aprender. Solamente después viene el libro escrito que intenta recoger y volver a contar el libro dfe la vida. (El cuidado necesario; pag. 144)

– Si nos pensamos como seres frágiles y codependientes, estamos obligados a pensar la cooperación como una característica humana tan básica como la racionalidad, tal vez más. (Sociofobia; pag. 146)

– Somos el encuentro de las oposiciones (El cuidado necesario; pag. 84)

– Cuidar de alguien o ser cuidado no es en sí mismo una forma de sometimiento o de sumisión sino un aspecto tan intrínseco a nuestra naturaleza como nuestra capacidad de comunicarnos o expresar afectos (Sociofobia; pag. 147)

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Mañana y pasado andaremos por las jornadas de Liburutekia

Ando perfilando a cuatro manos con Manuel algunas de las refelxiones que compartiremos con los asistentes a las jornadas de Liburutekia que llevan por título ‘Literatura y nuevas tecnologías’.

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Uno cree que ya no se puede hablar de nuevas cuando andan danzando y relacionándose con el mundo del libro y de la literatura desde hace cuatro décadas.

Ando leyendo a pequeños sorbos desde hace tiempo el Libro del desasosiego.

Hoy me he encontrado con este texto al que creo se le puede buscar encaje, por lo menos con la sensación que me provocan algunas reflexiones sobre el tema del libro y las nuevas tecnologías que parecen buscar en su discurso más las profecías autocumplidoras por el mero repetir que la realidad que día a día tenemos entre manos.

Cuando vivimos permanentemente en lo abstracto – sea lo abstracto del pensamiento, se lo abstracto de la sensación pensada-, no pasa mucho tiempo sin que, en contra de nuestro mismo sentimiento o voluntad, se nos conviertan en fantasmas aquellas cosas de la vida real que, de acuerdo con nosotros mismos, más deberíamos sentir. (pag. 474)

A fuerza de vivir imaginando, se consume el poder de imaginar, sobre todo el de imaginar lo real. Viviendo mentalmente de lo que no existe ni puede existir, acabamos por no poder pensar lo que puede existir. (pag. 475)

Creo que algo de esto le está pasando al sector del libro y a la literatura en torno a lo digital y a las velocidades que algunos, interesadamente, quieren dar a los procesos en función de sus intereses.

Si te animas a conversar por allí estaremos.

Trabajar gratis no conviene. Siguiendo el hilo de Mariana Eguaras

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Mariana Eguaras da hoy en el clavo con las reflexiones que hace al respecto y que creo que a todos o casi todos los que nos movemos en el procelosos mundo de la consultoría sobre todo si tien a proyectos ‘micro’ nos ha rondado por la cabeza más de una vez y en algunas otras nos ha situado en situaciones poco agradables.

Ni quito ni pongo nada a una reflexión que comparto.

¡Qué peligrosos son los egos!

Casi me coincide en el tiempo la finalización de la lectura del libro de Alfonso Guerra, Una página difícil de arrancar, con un articulito de opinión firmado por él mismo hoy en El País, periódico citado varias veces en el libro y que en alguna ocasión (ver páginas 190-192) no publicó lo que Alfonso hubiera estado encantado de que apareciera.

unapaginadificildearrancarA alguna persona le comentaba que ‘es un libro yoista’, un yo-me-mi conmigo ‘encantado de conocerme’, y quizás algo de esto ocurre también con el articulito de hoy.

Afirmar, creo que con cierta ligereza, que la exclusión de TEMAS responde a un intento de silenciar el pensamiento crítico parece dar a entender o bien que solo hay pensamiento crítico en Temas o que si se ha sido una revista que ha recibido ayuda esta se convierte ‘per se’ en una revista de pensamiento acrítico.

En el fondo, un flaco favor al resto de las revistas de pensamiento sea este más o menos crítico.

Quizás no estaría de más que se autopalicara dos breves textos de su libro que supongo de su puño y letra.

– para mí lo importante son los detalles, y son precisamente éstos los que se olvidan.

– la amistad no es otra cosa que una negociación siempre inconclusa de dos soledades. (ambas en pag. 420)

Lástima de las revistas críticas que se han quedado sin ayudas y no disponen de un espacio de reivindicación-reflexión en un medio tan ‘críitico’ como El País.

¡Qué peligrosos son los egos!

Los castellanos

castellanos.webLos castellanos de Jordi Puntí

Durante los años setenta un pequeño municipio industrial de la Cataluña del interior es lugar de destino de emigrantes del sur de España. En los descampados de las afueras, sobre un suelo sin asfaltar, se levantan nuevos bloques de viviendas destinados a ellos. No son castellanos, pero entre los del pueblo son conocidos como els castellans, los castellanos. Y entre los hijos de unos y otros, entre las pandillas de “castellanos” y “catalanes”, surge una rivalidad permanente, un estado de guerra que cuenta con la complicidad de sus padres. Es la guerra eterna entre indios y vaqueros, policías y ladrones, moros y cristianos, la guerra que reproducen los niños en sus juegos como en un espejo de la realidad.
Pero Jordi Puntí, en las maravillosas y divertidas historias que componen este libro, donde describe su propia infancia en el bando de “los catalanes”, consigue girar el espejo un poco más hasta extraer el punto de vista de la verdadera literatura: ese momento en que se descubre que cada bando es el reflejo del otro.
Puntí va describiendo esas zonas de combate y a la vez de encuentro: el pinball del bar, la piscina de verano o las butacas de la sala de cine. Y en esa lucha por los pequeños espacios el autor, a través de su memoria, va a la búsqueda del corazón del hombre.

La existencia, cualquier existencia, únicamente toma sentido cuando uno mira hacia atrás y trata de comprenderla en su conjunto. Cuando se transforma en un relato. (pag. 129)

Detesto los lugares comunes, no soporto la utilización simbólica (e ideológica) de los signos de identidad que se subyugan y reducen para facilitar la identificación colectiva… La simplificación y la estulticia se dan la mano en este tipo de identificaciones hoy tan de moda. Casi siempre las dicta el miedo a lo desconocido, la seguridad falsa que da una mirada colectiva.

La identidad es otra cosa. La libertad inidividual se forja en un combate entre lo que es público y lo privado. Por un lado está todo lo que nos es otorgado sin consultarnos y con tanta contundencia: el nombre, la nacionalidad, el lugar donde nacemos y morimos -es decir, la lápida en nuestra tumba, la piedra que nos representará cuando ya no estemos-. Por otro lado, lo que escogemos a lo largo de nuestra vida: el lugar donde vivimos, la lengua en la que hablamos y escribimos. (pag. 133)

Pasear

Callaghan también ha comprobado que las mejores ideas se le ocurren mientras pasea por el barrio….Cuando voy por ahí me pongo a pensar. Si tengo algún problema en el trabajo, a menudo observo que lo resuelvo sin que ni siquiera me haya dado cuenta de que estaba pensando en ello. (Carl Honoré; Elogio de la lentitud, RBA, pag. 101)

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Últimamente paseo a menudo, casi a diario. El sábado, a veces el domingo, el paseo es más largo. Ayer cumplía un paseo que soñaba hace tiempo hacer. De Bilbao al Puerto viejo de Algorta siguiendo toda la ría.

Me gusta que la cabeza vuele. Prefiero hacerlo en solitario quizás como metáfora de cómo nos movemos en muchas ocasiones en la vida, como un gran paseo que es.

Paseos, preparación de uno más largo que espero iniciar en breve, a un mes vista.

Retomo también la lectura de A pie de Luigi Amara que empieza así:

Dejarse ir.
No confiar en nada sino
en la sensación del movimiento.
Un paso
luego otro
un paso
luego otro
el sonido desempolvado de los pies
percutiendo sobre el asfalto
aquel camino borroso
que establece el oído
como un tambor ambulante
redoble elemental
(enjambre
o sumbido interno)
plegaria locomotriz del que rehúsa
ser sólo un pasajero
hilo
hilo institntivo por el que se deslizan
las cuentas de los pensamientos
Siz saaz
siz saaz
……

Abandonarse.
“Tener abierto el ánimo
a toda clase de impresiones.”
Dejar que el pensamiento adopte
el tono de lo que se va viendo.

Nota: Veo que el paseo se me presenta como recurrente en algunos momentos de mi vida.

Volver a nacer

A veces hay que poner la realidad al revés para que esté al derecho. (Henning Mankell; El hombre inquieto; Tusquets; pag. 401)

Asistí ayer en la biblioteca de Bidebarrieta a una de las jornadas de Diálogos con la literatura.

Entre algunas de las cosas interesantes que se dijeron me quedo con un par de frases- referencias, referidadas ambas a las personas, pero que quizás se deberían también utilizar para las organizaciones formadas por personas que Imanol Zubero dejó encima de la mesa:

– Somos, desde nuestros primeros porqués, preguntadores eternos.

– Muchas veces ocurren cosas que nos vuelven a hacer nacer.

Pensaba, ya sé que no es lo más importante, en el mundo del libro, en sus empresas y organizaciones e intentaba atisbar si estructuralmente es esta actitud, preguntadora y de renacimiento continuo, la que está detrás de su adn en sus formas de ver y enfrentarse a la realidad.

La sensación es más bien la contraria. Más cercana a la imagen que puede dar el cónclave actual, donde no parece existir nada que rompa el guión uniforme y

cónclaveuniformado para que todo siga igual generando espacios vaciós ante las posibles preguntas que nadie quiere responder.

cónclave2Algo parecido ocurre por estos lares, Euskadi, cuando se nos quieren vender ‘presupuestos sin alternativa‘ como que en los mismos no hubiera tampoco espacio para las preguntas y las distintas respuestas.

Vivimos en un tiempo donde son muy necesarios los porqués y los paraqués y habrá que desconfiar de aquellos que teniéndolos que dar en las a´reas que les toquen los nieguen en función de sus urgencias.

No está de más recoger esta duda que, por ejemplo las Revistas Culturales ya havían patente en la presentación de su catálogo en el año 2004-2005 cuando decían:

Son malos tiempos para las grandes certezas. Pero sí sabemos algo muy modesto pero intelectualmente productivo: no hay respuestas definitivas; y sin embargo preguntarse es una tozudez fatal que nos hace asombrosamente humanos; nada es más insolidario que el silencio.

Función pública

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Unas constataciones personales desde tres ángulos distintos.

1. La historia de compartir trabajo ya la reflejé en dos entradas anteriores:

Algo de lo que he aprendido ya al final del ciclo

Atención pública. Hablando de funcionarios casi al inicio del mismo

2. La historia de ser atendido.

Me toca a hora moverme un día a la semana entre distintos servicios para solicitar certificados. Entre ayer y hoy he pateado Lanbide, el Servicio de Empleo Público Estatal, la Tesorería de la Seguridad Social, la Delegación de Hacienda Estatal y el Instituto Nacional de la Seguridad Social más un par de llamas de consulta a Función Pública del Gobierno Vasco y al Servicio de Empleo Público. Haré dos constataciones que van en contra de dos prejuicios:

– El hacer cinco gestiones de papeleo distintas no me ha llevado más de dos horas incluyendo en ellas los desplazamientos de un sitio a otro. En mi caso no me parece un tiempo excesivo en función del resultado.

– La atención ha sido exquisita en todos los casos y como usuario he visto un trabajo y un convencimiento y compromiso expresado en algún caso con claridad por el valor de servicio al ciudadno que tiene la Función Pública.

3. La reflexión política.

Interesantes tanto la reflexión de Iñaki como la discrepancia de Alberto. Interesante que la misma se genere en un espacio compartido. No todas las administraciones públicas tienen en este terreno el mismo campo de juego y, en cualquier caso, por este paisito hay un exceso de ‘peso-partido’ que lastra muchos nombramientos antes y ahora. Con mayor consenso en grandes líneas y proyectos de país creo que la propuesta de Iñaki tiene su sentido como base inicial, pero ¡ay cuánto costará! Aprovecho en cualquier caso para agradecerles tanto a él como a Alberto su tono, su predisposición a solucionar y su profesionalidad. Ambos, probablemente han roto, en el mejor sentido, muchos moldes.

 

El caminante

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Sigue el caminante su rumbo
pues el viaje es lo importante.
Se adentra en su conciencia
como algo inevitable

Todas las cosas que vio
se reconocen en el instante.
Algunas que perdió
volverán a recordarse.

Pero nunca olvidará
la ciudad y la gente.
Nunca lo que aprendió
le servirá de tanto.

El mundo no es nada
si en el nombre de la ciudad
el ruido no reconoce
el silencio del paseante.

(Kepa MuruaAlfredo Fermín Cemillán, Poemas del caminante; pag. 30)

Los peces no cierran los ojos

Imanol es un apasionado de Erri De Luca y dice por ahí que, sin quererlo y en parte debido a mi ‘ceguera’ la culpa la tengo yo cuando le pasé un libro del autor editado por Siruela.

El otro día, en una gozosa razia que pudimos hacer, él más que yo, me devolvió el favor al poner en mis manos Los peces no cierran los ojos.

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Al escribir ahora esto, este libro me lleva al recuerdo de otro libro que no tiene nada que ver más allá de la complicidad y la asociación que nuca sabe uno como ni por qué llega.

Lo leí, lo disfruté la misma tarde del viernes en el que realizamos nustra ‘salvaje’ incursión.

Aquí os dejo algunos retales, pero cada uno encontraréis los vuestros:

– Primero me había enjugado las manos en el mar, después cebé el anzuelo y lo lancé lejos, empujado por el plomo. Confié la pesca a la yema del dedo índice y me fui detrás de los pensamientos, que llegan desde lejos y se van al mundo de las olas con la barca. Pasan por debajo y hacen que se balancee. (pag. 84)

– – No nos arrastremos tras una promesa para traicionarla. Sabemos perfectamente que no volveremos a vernos. Y si ocurre, seremos diferentes y no nos reconoceremos. Cambiarás de forma y de voz, los ojos de pez no, quizá te reconozca por ellos. Ahora vámosnos a casa. Después pasaremos juntos la última noche.

    – ¿Te marchas mañana?

    – Sí.

   Hoy sé que aquel amor cachorro contenía todos los adioses siguientes. Ninguna se detendría, yo no conocería las bodas, nada de codo con codo ante un tercero que pregunta: “¿Quieres tú?” El amor sería una parada breve entre los aislamientos. (pag. 110)

– – Entonces, ¿te gusta el amor?

   – Es peligroso. Provoca heridas y después, a causa de la justicia, más heridas. No es una serenata en el balcón, se parece a una marejada de ábrego, revuelve el mar por encima y por debajo lo remueve. No sé si me gusta. (pag. 120)

– La riqueza engalana espacios que luego deja vacíos. (pag. 93)

Lentitud, profundidad y empatía

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No sólo el pensamiento profundo requiere una mente tranquila, atenta. También la empatía y la compasión… las emociones superiores surgen de unos procesos que son ‘inherentemente lentos’… Se necesita tiempo… para que el cerebro ‘trascienda más allá de la participación inmediata del cuerpo’ y empiece a entender y sentir ‘las dimensiones psicológicas y morales de una situación’… Cuanto más distraídos nos volvemos menos capaces somos de experimentar las formas más sutiles y más claramente humanas de la empatía, la compasión y otras emociones… Si las cosas están sucediendo demasiado rápido, no siempre se pueden asimilar bien las emociones acerca de los estados psicológicos de otras personas… No sería aventurado sugerir que, a medida que la Red redibuja nuestro camino vital y disminuye nuestra capacidad para la contemplación, está alterando la profundidad de nuestras emociones y nuestros pensamientos…

Lo que importa al final no es el camino, sino el destino. En la década de 1950, Martin Heidegger señaló que la amenazante ‘marea de la revolución tecnológica’ podría ‘cautivar, hechizar, deslumbrar y seducir al hombre hasta tal punto que el pensamiento calculador algún día pudiera llegar a aceptarse y practicarse como la única manera de pensar’. Nuestra capacidad de embarcarnos en el ‘pensamiento meditativo’, que para Heidegger era la esencia misma de nuestra humanidad, podría convertirse en una víctima del progreso más atolondrado.

(Nicholas Carr; ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? Superficiales; pag. 265-266 y 267)

Coda propositiva

Tiempos de lectura tranquila, de recuperación de textos reflexivos y propositivos, de ver lo que otros dicen y hacen. Todo, por ahora con calma, cierto silencio y en busca de la ‘solitariedad’.

En Memoria de la librería me encuentro con este texto de Paco:

Crear y resistir; hacerse un hueco que los hay; avanzar en el mutualismo; mantener lo palpable; combinar el papel con lo digital; conservar a Gutenberg; luchar contra los monopolios; no engordar a los verdugos; saber que el capital financiero no tiene alma; estar a la altura de la cultura que manejamos; tener constancia de que vivimos tiempos cruciales; ir hacia valores que no tengan que ver con el mercado; construirse con otros, en vez de tratar de acumular o consumir; darle al dinero un mero carácter instrumental; tratar de ser a la vez más felices y solidarios; aprovechar la profesión que ayuda a ser más dignos; aprender de los encuentros; huir de lo libresco: que la vida penetre en los intersticios de la actividad librera; hacer cuentas y no dejarse llevar por las oleadas de euforia financiera; darle al trabajo todo el protagonismo; practicar la solidaridad; estar inmersos en la solaridad; saber de solitariedad; tener los pies en la tierra: ser realistas y valorar las tareas campesinas que nos alimentan; tener la cabeza en las nubes: soñar, imaginar, pensar, utopizar; salvaguardar la casa de las palabras. Todo esto es lo que recomendamos. Como se puede ver, todo esto empezó en el tiempo del Mayo francés y termina en la época de las revoluciones de las plazas del Magreb y en las ocupaciones del 15-M, ambas fechas preñadas de esperanza.

Para terminar definitivamente, quedaría colmado si se me pudiese predicar aquello que Cicerón sentenció en su De senectute, en una versión adaptada a este final:

‘Vivió una larga experiencia en beneficio de otra época’

(pag. 129)

Lo posible y la libertad ilusoria

Lo posible libera y oprime al mismo tiempo. En la práctica, la mayor libertad no está en que todo sea posible. Y esto, no sólo por el costo excesivo de analizar fríamente todos los casos, ni por la confusión emocional de no saber cómo escoger, sino porque el trato con lo posible cambia. Deja de ser concreto (sumergirse en esta o aquella experiencia con todas sus consecuencias y responsabilidades prácticas) para volverse abstracto: la contemplación distante de una serie infinita. Que todo sea posible da una libertad ilusoria. La libertad concreta se da en el trato concreto con posibilidades concretas; y, como cada una exige tiempo y dedicación, tienen que ser pocas… Tratar con miles de personas (por respetuoso y bien intencionado que sea el contacto personal) es tratarlas como abstracciones… Las capacidades de atención, memoria, análisis, aprendizaje y creación, no aumentan por el hecho de operar en gran escala. Aumentan las opciones, lo cual puede ser enriquecedor. Pero cambia el trato con las personas y las cosas, lo cual suele ser empobrecedor. Lo concreto se vuelve mera posibilidad; lo cercano, distante; lo personal, impersonal; los nombres, abstracciones del anonimato o la celebridad; la convivencia, relaciones públicas. (Gabriel Zaid; El secreto de la fama; pag.98-100)