¿El novedoso sistema de la lectura por suscripción?

La aparente modernidad nos va saturando de mensajes nuevos, aparentemente, y también contradictorios.

Se nos dice que escuchar es leer, que las nuevas tecnologías nos permiten ahora que leamos todo lo que queramos con un sistema de suscripción de pago fijo mensual. No siempre querer es poder.

Nos dicen también que ahora leamos con la oreja porque con el estress de estos tiempos no hay tiempo para nada, ni siquiera para leer que al igual que para escuchar buena música requieren tiempo y cierta lentitud.

Gabriel Zaid ya puso en valor el tiempo del lector cuando escribió:

El costo de leer se reduciría muchísimo si los autores y los editores respetaran más el tiempo del lector. Si no se publicaran los textos que tienen poco que decir, o están mal escritos, o mal editados. (Crítica del mundo cultural, pag. 58)

Volvamos a la reinvención de la rueda y los novísimos modelos de pago único y lea usted lo que le plazca.

Hoy me he encontrado en El Correo una noticia referida a la Librería Goya de Bilbao que cumple 75 años y que ¡oh curiosidad! tuvo sus orígenes en el año 42 precisamente con un modelo de suscripción mensual.

Dice la noticia:

Los orígenes de Goya nada tuvieron que ver con la papelería, los lienzos y los lápices. «Nació como un pequeño negocio de alquiler de libros», cuenta Alejandro. «Lo fundó en 1942 nuestro abuelo, Jesús Prieto, que era funcionario y no tenía una gran vocación empresarial». En realidad lo concibió como un servicio. «Se llamaba Biblioteca Circulante troya», detalla Susana, «Los clientes pagaban siete pesetas al mes y podían leer todos los libros que quisieran».

La idea era interesante, pero económicamente no muy viable. Pasados quince años, las pérdidas habían alcanzado las 40.000 pesetas.

Hoy que leo en los medios la afirmación un tanto a la ligera de que el audiolibro de aquí a cinco años supondrá un 30% del mercado, prefiero echar la vista atrás para comprobar que algunos no aciertan nunca.

Quizás dentro de cinco años o de 10 haya que decir también…

La idea era interesante, pero económicamente no muy viable.

Para algunos, en cualquier caso, nada cambiará.

Abrirán un nuevo circo.

 

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Incertidumbres digitales

Hoy a la mañana recuperaba esta cita para facebook:

Vivir en la era de la incertidumbre exige una mentalidad nueva, un plus de creatividad. La idea que nos vendieron de que el mundo iba a ser cada vez más fácil es una verdad a medias. A medida que aumentan las ventajas crecen los riesgos. Y hoy el mayor de todos ellos es vivir sin certezas absolutas. Ésa es la esencia de la democracia. (Salvador Pániker en César Coca ; Entrevista con la cultura; Bassarai, pag. 124)

A la tarde me reencuentro con esta serie de entrevistas realizadas por IBE-TV que llevan como título general incertidumbres digitales y en la que tengo el honor de haber sido incluído.

Mañana se inaugura Liber. Habrá quien pretenda convencernos de sus certezas digitales que mutan también según sus propios intereses…

Yo me acercaré con la actitud que refleja la reflexión de Pániker intentando atisbar los riesgos ante algunas de las falsas certezas.

 

Leer y comprar libro electrónico parece ser la práctica digital menos frecuente entre los jóvenes

El ONTSI, Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y la Sociedad de la Información acaba de publicar el Estudio sobre uso y actitudes de consumo de Contenidos Digitales en España .

En fechas recientes José Antonio Millán se hacía eco de un artículo de The BooksellerIs the e-book a dead format?

Hay algunas afirmaciones en el propio estudio suficientemente claras:

  • En ámbitos como la música los ingresos por contenidos digitales ya han superado a la distribución física, tendencia que se va a ver replicada en el resto de sectores, excepto en el libro electrónico.(14)
  • A pesar del incremento de la lectura en dispositivos digitales, los estudios consideran que el libro electrónico seguirá teniendo un papel secundario frente al libro en papel. (15)
  • El libro electrónico consolida su papel secundario en relación al libro en papel. (62)

Y hay, también algunas tablas en mi opinión clarificadoras.

  • Consumo de contenidos digitales por edad (21)

En la horquilla de 16 a 34 años el consumo, que tiende a ser mayor que en las otras franjas de edad, del resto de los contenidos (fotos, APPs, Leer noticias, RSS, películas, música, webs, compartir ficheros, videojuegos) superan ampliamente a leer e-books.

  • Pago por tipo de contenido y por edad (47)

Si ya veíamos antes que el uso no es excesivo, el pago por contenido de libro electrónico se ve superado en la franja de 16 a 34 de manera amplia por películas, música, videojuegos e, incluso aunque en menor medida, por contenidos formativos.

  • Intensidad de consumo por nivel de ingresos (47)

El propio estudio lo afirma: el impacto del nivel de ingresos es claro. Sería quizás interesante y es posible que la información exista, pero quizás no sea estadísticamente significativa cruzar el nivel de ingresos con edad y tipo de contenido.

Sí disponemos del dato de…

  • Gasto medio anual por tipo de contenido en euros (49)

Cerraré con una anécdota que tiene el valor de anécdota y que no pretendo elevar a categoría, pero sí dejarla para invitar a la reflexi´pn

Mi hijo, 25 años, sale mañana de viaje y se ha pasado por una librería para comprarse un libro de papel para su periplo.

Se ha venido con Música de mierda de Crals Wilson, editado por Blackie Books.

Lo que me ha llamado la atención, en una persona que básicamente consume música y cine en digital y en abundancia; la música también en numerosos conciertos, ha sido el comentario que ha hecho al entrar a casa:

¡Qué edición más cuidada!

Lorena Fernández, una millennial, como ella misma se definión en su artículo publicado en el número 31 de Texturas escribió en referencia a los soportes físicos:

ya no son meros objetos en serie. Me los he apropiado y ellos se han apropiado de un pedacito de mi memoria y de mis recuerdos. Tienen grabadas historias: cuando los compré, cuando los compartí con alguien, cuando un día especial estuvieron ahí y se significaron. Son mi magdalena de Proust.

Quizás la pregunta planteada al principio de esta entrada… no esté de más.

Quizás, la pantalla, nos lleve hacia otras categorías contenidos.

 

 

 

¡Cuidado! ¿Quieren dirigir nuestras emociones aprovechando nuestras lecturas…?

El Grupo Planeta ha puesto en marcha la plataforma Oh!Libro, donde, al parecer, los usuarios pueden buscar lecturas según la valoración emocional de otros lectores.

Ya se sabe que las llamadas a las emociones y a los estados de ánimo pueden tocar el corazoncito y a veces provocar que ‘nos dejemos llevar’.

La simpleza del planteamiento hace pensar que quien ha pensado la idea y la ha puesto en práctica ha tenido una vida emocional poco intensa y rica, reduciendo las posibilidades a un ‘sota, caballo y rey’.

Si además somos capaces de ver y leer la propuesta con esta cita como trasfondo…

El objetivo de los que crean las aplicaciones es relacionar la vigilancia con la sensación de que nos cuidan. Si nuestras aplicaciones nos «cuidan», no nos centramos en aquello que toman de nosotros. En el mundo tal y como lo analizó Foucault, cuando colocas cámaras en las esquinas de las calles, deseas que la gente las vea y construyan una personalidad acostumbrada a la vigilancia. Saber que las cámaras están ahí hace que te «portes bien» tú solo. Pero en nuestro nuevo régimen de datos, el objetivo es que nadie sea consciente de que nos vigilan, o que al menos nos olvidemos de que lo hacen al cabo de un instante. Este régimen funciona mejor si una persona se siente libre para ser «ella misma».De ese modo, aportan al sistema «datos no adulterados». (Sherry Turkle; En defensa de la conversación; Ático de los libros, pag. 347)

quizás pensemos que hay una doble o triple intención bajo ese halo de ‘propuesta y bondad’. Control, simplificación del comportamiento para hacerlo más controlable e interés meramente comercial… aunque algunos nos vengan con el cuento de la cultura…

Txetxu Barandiarán: “Debemos mover el foco desde los soportes hasta los lectores”

Con motivo del encuentro Librerías 400 años después, celebrado en mayo de 2016, Pedro de Alzaga me realizó una sosegada y amplia entrevista.

Me gusta y comparto el titular que ha seleccionado y que he escogido para titular esta entrada.

Escribe Pedro: Txetxu Barandiarán es un consultor y asesor cultural que tiene las ideas muy claras sobre el futuro del sector del libro, en el que ha desarrollado gran parte de su carrera profesional, sobre el resto de un sector cultural que describe inmerso en profundos cambios y paradojas. No obstante, un mensaje optimista prevalece en su discurso: “Todas aquellas empresas e instituciones que han sido capaces de girar su punto de vista del soporte al área de conocimiento acabarán ganando”. Barandiarán lamenta el poco tiempo que la situación actual deja para la reflexión sobre la obra cultural -“Me da cierto vértigo esta rapidez continua y esta huida hacia delante que deja poco tiempo para el poso que toda experiencia necesita”- y espera un futuro “lleno de conversaciones enriquecedoras para las personas (…) y de espacios físicos donde nos podamos encontrar”.

Aquí podéis ver y oír la entrevista.

Gustosamente escucharé y leeré otras opiniones y sugerencias sobre lo dicho y planteado en la misma.

Se exagera cuando se habla de la muerte del papel

La edición de Kosmopolis se ha celebrado esta semana pasada del 22 al 26 de marzo en Barcelona.

Leo un par de crónicas amplias, una en Nuvol y otra en Pliego suelto.

Me quedo con las siguientes notas-reflexiones de lo leído. Seguro que habrá muchas más opiniones y acentos…

  • Paul Holdengräber.“Creo que si observamos lo ocurrido en el siglo XX, se podría resumir como un gran error. Uno de ellos fue el fin de las utopías sociales, y el siglo XXI pareciera llevarnos al fin de la utopía tecnológica”.“No tengo teléfono móvil ni lo necesito, aunque no estoy en contra, pero mi vida tiene que ser real. Soy analógico”.“Ya casi nadie camina ni viaja a pie, en mi caso lo hago porque es algo existencial para mí”.
  • Carles Sora.  La realidad virtual está permitiendo que se generen nuevas narrativas, que las historias se cuenten replanteando su propia naturaleza y dejando a un lado ámbitos que pasarán a ser tradicionales, como la animación, la poesía o el arte.
  • Dan Franklin, estratega digital que trabajó en Canongate Books y Penguin Random House, nos habla en su conferencia acerca del “estancamiento al que parece haber llegado la innovación en el mundo de la edición digital” actualmente. “Estamos en el valle de la desilusión y las editoriales no acaban de conectar con los lectores”, sugiere Franklin. El boom vivido en 2011 –con el auge de los ebooks, la autopublicación y los nuevos formatos electrónicos– ha perdido fuelle y el mercado parece estar sobresaturado de contenidos digitales.

“Se exagera cuando se habla de la muerte del papel. No hay nada como las ventas de libros “.

  • Jean Echenoz: “No entiendo muy bien la idea de crisis. No pienso que haya cambiado demasiado la situación de la edición y las librerías en los últimos diez años. Quizá ha habido un cambio en las herramientas, pero no hay más cambios que hayan intervenido en nuestra práctica”.
  • Evelio Cabrejo reflexiona en su conferencia acerca de la existencia de una “lectura” anterior a la lectura de textos escritos. Una lectura que se realiza durante la primera infancia a partir de los textos orales a los que el niño se expone a través de su madre y de su entorno más cercano. Cabrejo defiende que este acto de lectura, basado en el ritmo y la musicalidad de la palabra, es inherente a la puesta en marcha del pensamiento, de la representación del otro y de la cultura misma.
     “El bebé se apropia de la lengua oral. Roba lo que escucha para construir su propia voz”.
  • Lynne Segal. “El envejecer no tiene tanto que ver con el miedo a la muerte, sino con el miedo al cómo nos ven los demás, a sentirnos inútiles, invisibles, desplazados”

 

Libro digital y mercados de lengua mayoritariamente inglesa. Situación dispar

Interesantes los datos que presenta 

Los datos hacen referencia al número de libros electrónicos vendidos por distintas plataformas en Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

La posición dominante de Amazon, excepto en Nueva Zelanda es clara, pero hay variaciones de peso que algún motivo tendrán entre, por ejemplo, Apple y Kobo según cuál sea el país.

% ejemplares Amazon Apple Kobo Barnes & Noble Nook
Estados Unidos 86,26 9,36 0,26 4,12
Reino Unido 90,98 7,80 1,23
Canadá 59,26 14,96 25,78
Australia 62,70 30,85 6,45
Nueva Zelanda 0,00 66,64 33,36

Del mismo modo, hay variaciones importantes entre el número de ‘libros’ comprados por los ciudadanos de los distintos países que parece indicar distintos niveles de penetración del libro electrónico y que parece guardar una cierta relación con el número de habitantes.

Quizás acabe siendo cierto que aquí también el tamaño (poblacional) importa.

No hay que fijarse sólo en el ‘amigo americano’.