Lectura… quizás no todo es lo mismo

No voy a entrar en si es galgo o podenco, en si es papel o digital, pero sí que me parece que requiere una reflexión sosegada lo que afirma Emilio Lledó en una reciente entrevista en El Mundo cuando dice:

en este tiempo nuestro existe también una educación inmovilizadora cada vez más extendida. Es la que tiene que ver con el ámbito de las redes sociales y de los teléfonos móviles. Eso podría conducirnos a una sociedad inmovilizada. Los flashes momentáneos que generan las redes sociales impiden el pensamiento, lo anestesian. Pues pensar es una forma de dotar al individuo de fluidez, de agilidad, de amplitud. Lo opuesto al sedentarismo de los mensajes instantáneos. El mejor reflejo para representar esta idea es el libro y la lectura. Ellos, los libros, ofrecen siempre una posibilidad de diálogo. Pero cada vez hay menos interés por dialogar.

Quizás la doble afirmación de McLuhan: el medio es el mensaje y, también, el medio es el masaje reflejan con claridad la intencionalidad de la pantalla: sedentarizarnos y acomodarnos con el suave arrullo del masaje que relaja la mente. Quizás, y digo sólo quizás. Reflexionar sobre ello, sobre el hecho de que es probable que no sea lo mismo el dónde y el qué se lee si lo que queremos es más fluidez, agilidad y amplitud, no estaría de más.

El reflexionar, digo.

0000000541_el_roto_libro_electronico

A veces, la industria, tiene demasiada prisa, la tecnológica más que la cultural y parece no tener tiempo para lo que quizás sea lo importante.

Vida conectada. ¿A dónde nos lleva la pantalla?

Algunas notas breves siguiendo la estela de dos estudios.

El primero realizado por Accenture para Ametic, Comunicaciones, Media y Tecnología 2016 Digital Consumer Survey España

Dos notas, una en texto y otra en gráfico. Personalización, imagen y aplicaciones son los caminos que parece marcar la pantalla.

La creación de contenidos personalizados es una demanda constante de los consumidores digitales. Esto introduce una complejidad en cadena. Las compañías que sepan “automatizar” la producción, distribución y personalización de los contenidos, conseguirán disponer de estos en menor tiempo y con una mayor calidad, lo que supondrá una mayor fidelización del cliente. Cuando los consumidores ven un video explicativo no quieren que sea genérico quieren que les hable a ellos.

aplicaciones_imagenEl segundo informe, audiencia de internet octubre-noviembre 2016, de la AIMC (Asociación para la investigación de los medios de comunicación)usos_internet indica con bastante claridad las actividades de mayor crecimiento y, por lo tanto, donde los usuarios dedican su tiempo. Por orden de crecimiento: Aplicaciones, Redes sociales, mensajería instantánea. Alejadas en general todas ellas, de lo que podríamos considerar contenidos tradicionales de la cultura que tienden por lo general al estado plano en lo referente al aumento del tiempo dedicado.

Esto sin entrar tan siquiera en hablar de la calidad.

La comida sofisticada, no se suele encontrar en la cadena de comida rápida…

Sectores culturales y soportes. Cuando la industria esconde a la cultura ¿quién gana?

Los señores del sector de los contenidos que acaban tomando nombre de libro, prensa o revista parecen estar contentos con la posible bajada del IVA que repercutirá en aquellos productos digitales que tomen el nombre de libro, prensa o revista.

20717_malagon-iva-cultural

Hace ya mucho tiempo que en estos terrenos no hablamos de cultura, sino de intereses. La pela es la pela. Hace ya mucho también, antes de que llegara lo digital, que ya vivíamos confusos y confundidos entre los contenidos, los soportes y los lenguajes (textuales, gráficos, musicales, plásticos…) pero alejándonos paulatinamente del discursos de las calidades, lo digo en plural.

Siempre mejor y más necesario el Marca, IVA reducido, que la audición de un coro, que aunque sean muchos, no son hinchas de nada más que de la música.

En cualquier caso esto no es ya problema sólo de soportes. Parece que las palpables y analógicas ferias, según Juan Villoro, son también un fenómeno de la industria y no de la cultura.

La feria es un fenómeno de la industria, no de la cultura. Por supuesto que puede tener derivados culturales, como el originado en un encuentro casual de dos personas que se ponen a discutir sobre un título, pero en general la Feria del Libro está aquejada de gigantismo. Es una máquina de vomitar actividades y confunde la estadística con el éxito.

Y todo esto yo creo que está bien, siempre que llamemos a las cosas por su nombre. Al pan, pan, al vino, vino, a los espacios de negocio, ferias de negocio a los contenidos culturales contenidos culturales sea cual sea su lenguaje y su soporte, a los bodrios, sean modo libro, prensa, cd… o lo que toque, bodrios y por tanto penalizados con el 21% o más para ver si así cada vez son menos.

Mientras esto no lo vayamos teniendo claro… las cartas seguirán estando marcadas…La industria gana… Al fin y al cabo era de lo que se trataba ¿no?… La cultura pierde…

 

Educar… un viaje… hacia lo mejor de uno mismo

Faustino Guerau afirmaba en La vida pedagógica que «La “mala educación”, desde mi punto de vista, no existe, es una flagrante contradicción. La educación, si ocurre, es siempre “buena”».

Sabía bien de lo que hablaba porque su trabajo se desarrollaba en los ‘márgenes educativos’ del sistema de enseñanza, en la calle y con los expulsados del sistema.

guerau_libros

Hoy, por esas casualidades de la vida se me ‘cruzan’ dos reflexiones en torno a la educación de dos personas a las que aprecio mucho, Antonio Rodríguez de las Heras y Lorena Fernández. Hombre y mujer. Mayor y joven, así que se amplía el campo de visión, de juego y los puntos de vista.

Antonio como todos los sábados nos ofrece su reflexión en bez que en esta ocasión lleva por título Sedentarios y viajeros.

Lorena ‘dio doctrina’ el 1 de diciembre en Mondragon Unibertsitatea reflexionando sobre la transformación digital en la educación.

Os invito a leer los dos ‘textos’, yo sólo dejo caer por aquí algunas miguitas…. que a mi me han sugerido además de nuevas reflexiones sobre el ámbito educativo que es, en el fondo, de donde un proviene, ciertos paralelismos con lo que ocurre en sectores relacionados con la cultura.

  • Hay que encontrar formas para que la educación en Red sea un viaje (aprendizaje) por un territorio (contenidos) que hay que recorrer y no parcelar. El viajero valora la compañía en el viaje, en especial la del guía que conoce bien el territorio que hay que atravesar (maestro), pero no necesariamente la disciplina del grupo turístico. Así que estamos en esta transición de cambio de valores con respecto a la consideración de la educación en Red y ante el reto de que esta educación viajera no se quede en una reproducción de la que tiene lugar en el aula.
  • Empresas tecnológicas son los “camellos” de la transformación digital. Regalan primero la droga en los entornos educativos para conseguir adictos en los entornos empresariales.
  • La transformación digital es una parte tecnológica y tres partes humanas.
  • Profesorado: personas que aman lo que hacen, que están en el “campo de batalla”. Ningún cambio se puede hacer sin ellas, ni contra ellas.

Ahí lo dejo… ¡Feliz sábado! y leed, si lo conseguís encontrar, a Faustino Guerau. Merece la pena.

 

La trampa del algoritmo

algoritmo_estadisticoEn todas las etapas de la vida ha habido trampas, tramposos y trileros, o, si lo prefieren ‘ventajistas simplificadores’ de lo humano.

Una de las modalidades recientes quizás sea, por lo menos en el sector del libro y la lectura, la de los ‘tramposos del algoritmo’ que algunos parecen querer convertir en nueva religión, panacea y camino por el que deben ir nuestras lecturas e, incluso, nuestra vida.

Nos dicen, siempre a futuro, que “Llegará el día en que la distinción entre lo creado por el ser humano y lo creado por algoritmos será imposible de detectar”.

Hay algunos otros que, en cambio, ya parecen venir curados dle espanto, al parecer, de los algoritmos. Supongo que ya habrán sido en su momento fieles seguidores de su doctrina. Ahora afirman: “Buscábamos algo mejor que un algoritmo para recomendarte libros y lo hemos encontrado: personas”.

Probablemente, esta nueva tendencia del algoritmo es reflejo de una visión conservadora y conservante de la realidad de la vida. La tecnología al servicio de los conservadores.

Daniel Innerarity lo ha afirmado con bastante claridad en un reciente artículo en El País. Escribe:

Los algoritmos que se dicen predictivos son muy conservadores. Los algoritmos predictivos no dan una respuesta a lo que las personas dicen querer hacer sino a lo que realmente hacen sin decirlo. Son predictivos porque formulan continuamente la hipótesis de que nuestro futuro será una reproducción de nuestro pasado, pero no entran en la compleja subjetividad de las personas y de las sociedades, donde también se plantean deseos y aspiraciones. Apenas registran, por ejemplo, la aspiración personal de dejar de fumar y continúan haciéndonos publicidad de tabaco, dando por supuesto que seguiremos fumando; en el plano colectivo, tampoco ayudan gran cosa a la hora de formular ambiciones políticas, como la lucha contra la desigualdad, que contribuyen a reproducir. ¿Cómo queremos entender la realidad de nuestras sociedades si no introducimos en nuestros análisis, además de los comportamientos de los consumidores, las enormes asimetrías en términos de poder, las injusticias de este mundo y nuestras mejores aspiraciones de cambiarlo?

En una línea parecida apunta, en mi opinión, Antonio Rodríguez de las Heras cuando dice:

Así que prever es indispensable para nuestra evolución, para navegar por el mar de incertidumbre del futuro. Otra cosa es, sin embargo, cómo se transmiten estos escenarios imaginados. Ahí es donde puede haber el engaño de predicar un tiempo futuro con la contundencia de la certeza, pues generalmente detrás de este determinismo hay intereses ideológicos para mantener o alcanzar un modelo de sociedad, o el convencimiento ilusorio por parte del predicador de creerse que acaba de volver de visitar el futuro, o simplemente inconsistente charlatanería.

Ayer David Gelernter, uno de los grandes genios de la computación, señalaba en XLSemanal:

No hay mente en la máquina, no hay presencia de ánimo. No hay nada. La verdadera cuestión es otra: ¿hasta qué punto nos dejamos engañar por las capacidades de un ordenador? ¿Sucumbinos a su magia?

Quizás nos venga mejor, y vuelvo a A.R. de las Heras nuevas formas de mirar como las que nos ofrece la cultura. La cultura enriquece sin fin el conocimiento, porque cada mirada revela una posibilidad de ordenar el mundo (incluye, excluye y relaciona); es, por tanto, creadora. Y, al mismo tiempo, poner en valor a personas y perfiles secularmente minusvaloradas, arrastrando penurias de consideración social y económicas, (que) se habrán convertido en imprescindibles para una sociedad equilibrada del conocimiento: el inventor, el poeta y el maestro (tecnología, cultura y educación).

 

“El libro digital ha muerto”. Algún día tendremos que acostumbrarnos a titulares así.

Javier Rodríguez Marcos ha escrito un inteligente artículo en El País que me da la sensación que va a traer como consecuencia el aumento de las dosis de tilas y valerianas entre algunos que viven del cuento del futuro que reinventan permanentemente porque no van acertando casi ninguna mientras, al mismo tiempo, por el camino van quedando regueros de intentos de empresa del futuro digital que han ido pasando a mejor vida y son ya ‘pasado digital’.

Recojo algunas de las afirmaciones que se hacen en el artículo y que comparto:

  • Los apóstoles del futurismo harían bien en contar con las predicciones de los mil de Fráncfort (hechas en 2008).
  • Casi la mitad de los españoles confiesa no leer nunca. …  Parece difícil que un nuevo formato les haga cambiar de gusto.
  • La cuestión es saber quién tendrá no más cultura sino más memoria con la que producir imaginación.
  • ¿Nos daría igual un cuadro que una inyección que produjera los mismos efectos que ese cuadro? Algo así se preguntaba Wittgenstein.

Lo dicho: el libro digital tiene los días contados.

 

Obras que no sabremos si son libros y algoritmos poco prácticos

Sugerentes las declaraciones de Edward Nawotka, director de Publishing Perspectives, aparecidas hace unos días en El Periódico.

Algunas notas sugerentes a las que añadimos de nuestra cosecha un punto de picante en negrita

  • Entre los mayores cada vez se lee más en digital por comodidad, por el tamaño de letra y porque viajan. Los jóvenes, en cambio, vuelven al libro impreso y el vinilo porque es la tendencia ‘chic’. Hay por ahí quien pregona al mismo tiempo que el libro en papel será meramente decorativo.
  • Vendrá una nueva generación de de contenidos en formatos que nos podremos preguntar si son libros. Se tratará de ofrecer experiencias. Algo de esto ya lo dejó caer por Barbastro hace un par de años José Antonio Millán en la conferencia de clausura.
  • Solo los grandes podrán sostener grandes librerías en lugares privilegiados. Esto hace tiempo que lo sabemos pero ahí siguen las librerías que quizás han sido capaces de convertirse algunas de ellas en un lugar privilegiado aunque no ocupen un espacio central en la trama urbana.
  • Los algoritmos no podrán predecir si un libro tendrá éxito, no: la mentalidad humana es demasiado complicada. Siempre hay algunos que se siguen creyendo capaces de simplificarla.
  • La autopublicación, un mercado para libros que no son escritos de forma profesional… Hay gente que tiene suficiente con la distracción que le ofrece ese libro barato. Una nueva ecuación del valor interesante: autopublicación= no profesional= no valor = barato.
  • Los niños cuando están delante de una pantalla encuentran cosas más interesantes que los libros. Algo parecido si no exactamente igual dijo hace no muchos días Luis Collado en Bilbao.

Por aquí, mientras tanto, ya se sabe…. espejitos de colores…