El libro y el editor de Éric Vigne. Novedad en la colección Tipos móviles

Con este título de Éric Vigne, El libro y el editor, la colección Tipos móviles de Trama editorial se despereza de cara al ‘nuevo curso’.

Sin duda, la edición no es una ciencia exacta en sus expectativas de ganancias, pero aun es menos una aplicación de la racionalidad en cada una de sus decisiones.(26)

Éric Vigne, editor desde 1982, llega a Gallimard en 1988 para crear NRF Essais, una colección de ensayos dedicada a la investigación en ciencias humanas, políticas y sociales. A petición del Ministerio de Asuntos Exteriores, ha dirigido numerosos proyectos de evaluación de la política de ayudas a la traducción de libros franceses en Europa, América Latina y Asia.

El libro plantea la reflexión sobre el hecho de que nadie puede olvidar una verdad editorial de todas las épocas: cada obra, en forma de ejemplar, empieza siendo un simple bien material que solo se convertirá realmente en libro cuando un lector lo introduzca en su universo personal y lo enriquezca de forma singular. De lo contrario, el ejemplar sigue siendo un montón de hojas impresas. ¿Cuál es la aportación intelectual del editor si se pliega a una selección de autores que no ha hecho él, a una escritura que proviene de mundos en los que el eslogan reductor sustituye a la voz elaborada, a una escritura empobrecida por la pasteurización de cualquier idea elevada, con un calendario que no ha marcado él? ¿En definitiva, a todo lo que es contrario a la lenta construcción de un catálogo en el que prima la visión personal del editor? La querella de los antiguos y los modernos se alimenta en gran parte del hecho de que los términos libro y editor tienen en cada caso una acepción diferente. Tanto por su título como por sus tesis. La presente obra invita a observar este fenómeno más de cerca.

Descargar ficha del libro.

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El síndrome del lector de Elena Rius con prólogo de Lorenzo Silva. La receta para los enfermos de lectura

En el mundo editorial funciona también el boca-oreja. Tiene, además, cómplices discretos que sugieren e invitan.

No diré nombres.

Pero el libro del que les hablo llegó a Trama porque un editor sugirió a su autora que la colección Tipos móviles podía ser un buen cobijo y marco para el mismo, que se sentiría bien acompañada.

Así que en su momento se recibió un correo, siguió una conversación, después otra, correos e intercambios por medio y por distintos medios, sugerencias, cambios, tiempo, la generosidad, también de Lorenzo Silva que lo prologa y como resultado, El síndrome del lector que empieza a llegar a las librerías.

No se crean que todo es como parece.

Ni Elena Rius es Elena Rius, ni los textos que forman el libro estuvieron pensados inicialmente para ir más lejos de la pantalla. Pero, como la autora dice algo había que hacer para que todo aquello no cayese en el pozo sin fondo en que se ha convertido Internet. 

El síndrome del lector no es una enfermedad que venga reseñada en ningún manual de medicina, pero ha sido descrita con frecuencia en la literatura. Es imposible pasar por alto sus síntomas: el enfermo lee y lee sin medida, llueva o haga sol, de día o de noche, en la salud o en la enfermedad. Los afectados, sin embargo, no creen estar realmente enfermos ya que leer es para ellos algo tan necesario y tan natural como respirar. Son personas que en su maleta incluyen más libros que ropa y para las que el plan perfecto de un sábado por la tarde es ir de librerías. Gente, ya lo ven, que no tiene remedio. Y es que si alguien inventase un remedio para curar este síndrome, ninguno de los enfermos querría tomárselo.

Los textos que componen este volumen tratan de ellos, y lo hacen desde el conocimiento más profundo, pues la autora padece una variedad aguda de este síndrome. En él se estudia desde todos los ángulos posibles a los lectores, la propia lectura y una de las consecuencias más frecuentes del síndrome del lector: la bibliomanía o bibliopatía. Por él desfilan, entre muchas otras cosas, bibliotecas, autores olvidados, acumuladores de libros, experiencias de lectura, packs literarios, recetas lectoras, formas de guardar los libros, viajes literarios y, por supuesto, las biografías de algunos grandes –y a menudo excéntricos– coleccionistas de libros.

El síndrome del lector –que tiene su origen en el blog Notas para lectores curiosos– es un libro para enfermos de la lectura, para lectores compulsivos, para aquellos que conciben la lectura como un acto de creación permanente. Lectores apasionados y activos que encontrarán en él aún más motivos para afirmarse en el valor de la lectura y el amor por los libros. Pues «la lectura y la vida no están separadas, son simbióticas», como dijo Julian Barnes.

Elena Rius, en su otra vida, fuera del universo bloguero, es María Antonia de Miquel, una profesional de la edición con una larga carrera a sus espaldas, en la que ha tenido ocasión de ejercer casi todos los oficios relacionados con los libros. Entre otros, ha llevado la dirección literaria de Edhasa, Destino o Alba Editorial. Es autora también de dos manuales de técnicas de escritura: Cómo escribir una novela histórica (2013) y Leer mejor para escribir mejor (2016). En la actualidad, compagina la edición freelance con su actividad como profesora en la Escuela de Escritura del Ateneo barcelonés.

Así que ya sabes, si eres un enfermo o un adicto aquí puedes conseguir tu dosis.

Y gracias a esos cómplices enfermos también con síndrome del lector y del editor que van por ahí haciendo el bien ejerciendo de buenas celestinas.

Escribe Lorenzo Silva en el prólogo:

Hay en las páginas de este libro suculentas y brillantes anécdotas, frases agudas y consideraciones de inusual hondura. Pero por sobre todas ellas revolotea una idea diáfana y sencilla, que es la que creo que nos reúne en comunidad a quienes leemos y también a quienes, además de contraer el vicio de leer, hemos caído en el de escribir. La formula de modo explícito: «El mundo, hay que reconocerlo, no está hecho para los lectores». Ni los lectores para este mundo, apostilla a renglón seguido. Y para quienes escriben, la idea se traduce en un consejo que recuerda a otro de Chandler: «Escribe lo que te apetece escribir, no lo que creas que pide el público».

 

 

Regalos de sábado de Manuel Rodríguez Rivero en Babelia

libroNos han dejado el cuerpo de sábado tan a gustito  a la horizontalidad de Trama Editorial, que diría Manuel Ortuño, y con el Estado de ánimo de tal subidón que luego la facción bilbaina nos vamos a tomar un mezcal a la salud de todos los “horizontales” y a la de M.R.R. que nos ha alegrado el sábado…..

Escribe Manuel Rodríguez Rivero en Babelia:

Poco a poco, y como quien no quiere la cosa, el polifacético Manuel Ortuño (hijo) ha ido construyendo con paciencia y ojo crítico uno de los pocos sellos editoriales consagrados al libro y a quienes los hacen. La serie Tipos Móviles, iniciada en 2008, cuenta ya con 22 títulos, entre los que se encuentran recuerdos y confesiones de conspicuos protagonistas del sector (editores como Diana Athill, Jean-Jacques Pauvert o Bennett Cerf, o libreros, como Héctor Yánover), además de estudios más o menos técnicos sobre la producción editorial y ensayos sobre la historia y el devenir del libro y la edición (Schiffrin, Darnton, Jean-Baptiste Malet). La colección amplía, de algún modo, los contenidos de la revista cuatrimestral Trama & Texturas, de cuya fundación se conmemora ahora el décimo aniversario, y que constituye un importante foro de reflexión y análisis sobre la lectura y la edición.

Leer más “Regalos de sábado de Manuel Rodríguez Rivero en Babelia”

Los dinosaurios desaparecieron. Si no quieres desaparecer como ellos…

Siempre está bien conocer a gente sabia. Aprender y tomar nota para luego poder medir las consecuencias.

Las personas que trabajan en Re-Read nos han aportado un nuevo punto de vista que os invitamos a tener en cuenta.

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Así que Si no quieres correr la suerte de los dinosaurios aprovecha la oferta por la suscripción de dos años

OFERTA SUSCRIPCIÓN DOS AÑOS EN PAPEL

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La cara oculta de la edición
En los dominios de Amazon
Escritor en la sombra
Editor (Tom Maschler)

Trama Editorial: ordenando un poco la casa

Ahora que hemos actualizado la web de Trama y reordenado contenidos os explicamos de la manera más clara, precisa y concisa dónde podéis seguir estando al día y en contacto con nosotros.

Dónde estamos palpables y a menudo con ganas de conversación y de escuchar ideas: en la calle Blanca de Navarra en Madrid. En un precioso local planta calle.  Si os acercáis, conviene que peguéis antes un toque no vaya a ser que andemos como locos vendiendo a librerías o cerrando acuerdos y contratos de nuevos libros.

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Manuel Dávila Galindo.Los territorios del libro. Paradojas, aporías y desvelos.

Los territorios del libroHoy ya cerca del mediodía, a la vuelta del ir y venir hospitalario, me encuentro con el paquete que contiene  todos Los territorios del libro (paradojas, aporías y desvelos) gracias a Manuel Dávila Galindo.

Así que como está todo es suficiente abrir al azar para encontrarse perlas que no dejarán, por suerte, indiferente a nadie. Menos, sobre todo a los acomodados bienpensantes.

Aquí os dejo algunas.

  • Si la librería del futuro no encuentra su negocio principal en vender libros, quizás lo encuentre en la posibilidad de vender todo aquello que se relaciona a un libro sin serlo. (pag. 25)

  • (Refiriéndose a los editores)…Es extraño pensar que los grandes transportistas del conocimiento sean los primeros en negarse a recibirlo en su propia bodega. (pag. 41)

  • … Amazon tiene una única obligación legal y esta es con sus accionistas. Y sus accionistas no quieren ver su gran buque insignia hundirse por defender algo tan retrógrado como la libertad de expresión (49)

  • El lector está harto de las librerías, está harto de los editores, está harto de ser el único que no se beneficia comercialmente de esta relación con el libro. (pag. 89)

Creo que para contextualizar no estaría de más que leyerais el libro completo.

Cuando una librera habla de un librero…

Juditrodriguez… o cuando Judit Rodríguez habla de Héctor Yánover.cubierta_Yanover_web

Trabajar tangencialmente en la edición genera a veces regalos insospechados que justifican con creces parte de la tarea.

Cuando una joven librera, Judit, escribe:

leer este libro es conocer a Héctor Yánover. Es ir a su librería, a cualquiera de ellas, y escucharle hablar, verle trabajar, apreciar su amor a los libros, a la literatura, a la lengua y hasta a la gente que le complica la vida. Y eso, creedme, es algo increíble. Conocerle a él, librero por casualidad pero nacido para ello, es también conocer de verdad la profesión.

provoca, no podía ser menos, una sensación de gusto y regocijo que hacen que estemos más contentos que unas castañuelas.

Una librera recomendando el libro de un librero no es mala combinación. Más todavía si ello supone un diálogo entre generaciones distintas, Judit es joven y Héctor ya nos dejó, un diálogo que cruza el Atlántico, Judit vive en Catalunya y Héctor era argentino, un diálogo en cualquier caso siempre fácil porque en el fondo está el amor por los libros.

Dice Judit:

Memorias de un librero es, en definitiva, un elogio a todos los que nos dedicamos al mundo de las letras, en especial los libreros, pero sobre todo a aquellos que, como él, lo hacemos gracias a (o a pesar de) nuestro amor por los libros. ¿Y cómo alguien que se identifique con ese apego a los libros no va a disfrutar de éste? Pues eso, pasen y lean…

Pero antes de que vayáis como locos y locas a comprar el libro, leer completa la reseña que empieza así:

Aunque a veces nos resistamos a reconocerlo, a (casi) todos nos gusta criticar; pero además, criticar negativamente. Disfrutamos de la posición de superioridad que nos otorgamos nosotros mismos y juzgamos como si tal cosa la manera de actuar de fulanito o el trabajo de menganito. Para bien o para mal, yo soy una experta en eso. Siempre encuentro cosas que mejorar en lo ajeno (en lo propio también, pero es más sencillo fijarse en los demás). Y si lo que encuentro no me gusta, soy capaz de explayarme con facilidad. Es como si las palabras, las frases, los párrafos enteros fluyeran solos. Es más, casi diría que disfruto con ello; me encanta encontrar los errores, estudiarlos, hablar de ellos y después, pretenciosa yo, dar sus soluciones.

Quizá por eso me cuesta menos discutir sobre un libro malo que hacerlo de uno que, en cambio, me ha gustado. Quizá por eso, también, estoy dando tantas vueltas para hablar de Memorias de un librero. Porque éste, sin duda, me ha encantado. Algo que me sorprende, por otro lado, dada la poca afición que tengo a la no ficción en general.

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