HOMENAJE A EDUARD MIRALLES EN BILBAO- EDUARD MIRALLES-eri OMENALDIA BILBON

Se ruega confirmación

Cultura Abierta - Kultura Irekia

HOMENAJE A EDUARD MIRALLES EN BILBAO3

EDUARD MIRALLES. HUMANISMO, CULTURA Y DEMOCRACIA

*Articulo publicado para el homenaje a Eduard Miralles que organizó Interarts el pasado 29 de noviembre de 2018 en el CERC

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En el Día de las Librerías, como los burros… dos zanahorias y palo de la mandamás del libro

¡Feliz día lectoras y lectores que tenéis una librería cerca!

Escribe hoy Mikel Mancisidor en El Correo:

“Dice Roberto Bolaño que «cada lector tiene la librería que se merece». No me parece exacto. El acceso a las librerías es un privilegio que se construye y ejerce colectivamente, en la medida en que en nuestro barrio haya cientos de lectores dispuestos a comprarse un par de libros mensuales. De modo que yo adaptaría la frase para decir que cada pueblo o barrio tiene la librería que se merece”.

Mientras tanto a ‘la mandamás del libro`, como titula Paula Corroto en El Confidencial le ha faltado tiempo para mandoblear a diestro y siniestro y deshacerse, entre otras cosas del sello de calidad de las librerías que casi con seguridad encontrará hueco y espacio en los brazos amorosos de otro departamento ministerial.

Parece, por lo que dice, “ lo que nos gustaría poner en marcha es un lugar en el que los sectores que componen ese ámbito trabajemos juntos apoyándonos unos a otros”, que hasta su llegada no existía un trabajo colaborativo y conjunto. Demuestra con ello o bien un escaso conocimiento del sector o lo que es peor una visión peligrosamente sesgada y/o equivocada.

Es curioso que hable de su ‘negociado’ como área pagadora y vaya a continuación recitando el rosario de ayudas que parece asumir con gusto…

Cierto es que el problema serio, afirmación que comparto, o por lo menos uno de ellos es el sistema comercial del sector. Quizás estaría bien que dejara que ese asunto que parece puede tener poco que ver con la cultura o que quizás tenga también que ver con Comercio e Industria pueda ser abordado, sin poner demasiados palos en la rueda y menos en un día de celebración, conjuntamente con otros departamentos y administraciones… Ahora bien, señora directora todo lo que nos cuenta ni es nuevo, ni lo ha descubierto, ni es la primera que se lo pregunta…

Y, por cierto, y hablando de opacidad… ¿Nos podría decir en qué informa ha leído esto que afirma?: Hay un informe que explica que las cifras del sector editorial son las más opacas del mercado, mucho más que las de los bancos.

Ni oportuna, ni medida me parece que ha estado la ‘mandamás’… Pena porque quita relevancia a algunas reflexiones que podrían tener calado como la adecuada o no implantación y modelo del sello de calidad, las ineficiencias sectoriales que las hay y muchas, la constatación de que no todo el sector debería quizás pasar por el paraguas de la cultura…, el tapón que a veces la parte empresarial supone en relación a otros sectores que se mueven en torno al libro… En fin.

Vaya la segunda zanahoria para las librerías independientes que están en el proyecto Libelista. Hoy Àurea Juan, coordinadora del proyecto con el que colaboro, nos ha dejado un interrogante con miga en unas declaraciones a la Vanguardia: “Si los libreros son los que te abren la puerta al descubrimiento de nuevos autores, ¿por qué cuando compras on line prescindes de él?” 

En los tiempos que corren la Omnicanalidad para acercarnos a nuestros clientes y lectores es probablemente clave.

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Y hemos querido también resaltar a algunas de las librerías recién incorporadas al proyecto como Unebook, Railowsky y otras que llevan tiempo en él como El Racó de les Paraules.

¡Feliz #DiadelasLibrerias !

 

Panzaburra. Patricia Huerto

Previos.

Conozco a Patricia Huerto desde hace año y medio si la memoria no me falla. Un final de julio o principio de agosto yendo de Urueña, tras visitar Primera Página, a Oviedo.

La conocí en Castrillo de los Polvazares.

Su sueño soñado despierta sobre la posibilidad de una librería fue, después de la comida, el hilo de la conversación.

En la distancia sigo lo que escribe en Facebook y hoy ha escrito un texto bello, sentido y doliente que me atrevo a reproducir, más sobre todo después de haberlo comoartidc con un buen amigo que también se ha emocionado.

Ahí os lo dejo.

“PANZABURRA”
(Un “algo” escrito por mí)
Cuando el cielo del Teleno se pone de color panzaburra, es que va a nevar. Parece que todo se para, esperando que los primeros copos caigan suavemente. Ya casi no quedamos gente que le llame al gris del cielo así, panzaburra. Cuando mi hija y mi hijo se marchen, el cielo antes de nevar dejará de tener un nombre, y ya nadie mirará pa´él. Cuando nieve, ya no habrá niñas ni niños que desordenen los montones y se tiren en plancha sobre la nieve acumulada, junto a los muros de piedra de las huertas. Que arranquen los carámbanos de hielo de los tejados de las cuadras, y los chupen con avidez. Ya no habrá niñas ni niños que no vayan a la escuela porque el autobús escolar no pueda subir a buscarlos. Ni que se tiren con el viejo trineo por las huertas nevadas. No existirá infancia que camine por el monte, que arranque el musgo de las paredes de piedra, que coleccione palos estrella, que pesque los renacuajos del pilón, que escarbe en los agujeros de los topillos, que siga los caminitos de las hormiguitas, que pise los pedos de lobo y que oiga la berrea de los corzos. Ni habrá personitas haciéndose collares de escaramujos ni construyendo presas en los riachuelos. No estarán las niñas y los niños que vayan a ver en marzo a las ovejas pariendo, ni que alimenten con un poco de miedo a los burros. No quedarán pastoras que salgan con los rebaños. Ni perros pastores que les vigilen. No se verá ropa tendida en los días de sol de invierno, ni mujeres sacando los colchones y mantas a los balcones para que se oreen. Los poyos quedarán abandonados, ninguna paisana se sentará en ellos. Ya no habrá domingos para jugar la partida en el bar. Ni bares donde tomarse un dedalín de orujo. Nadie hará los calendarios de las mancomunidades con las fotografías que tomaron los veraneantes. Ya no habrá quien alimente a las comunidades de gatos sin dueño, ni se verán caléndulas y geranios creciendo en latas gigantes de sardinas. Las calles bien alumbradas con lámparas led no alumbrarán a ninguna paseante. No habrá jóvenes que se reúnan en la vieja escuela para escuchar música de los móviles y chatear. No habrá gente que se críe en las montañas, en las praderas ni a la vera de los ríos, gente que pueda mirar el horizonte casi a diario, gente que vaya a caminar antes de la puesta de sol, que sienta las estaciones, que habite sobre la tierra y bajo el cielo. Nadie llamará para una facendera. No se reunirán las personas para filandones en las cocinas. No habrá quién vaya por las castañas y celebre el Magostu.
Poseerán las tierras la clase política, la clase empresarial, los cazadores y la clase veraneante. Se convertirán los pueblos en lugares de retiro y diversión estival. No quedará ganado ni animales salvajes, los cazadores acamparán a sus anchas y los matarán a todos. Las crestas de las sierras se inundarán de molinos de viento, cuya electricidad será vendida a las grandes compañías. Se repartirán los campos comunales entre las empresas de explotación arenera o cantera. Las aguas serán canalizadas para llenar piscinas o para venderla a las embotelladoras. Las laderas serán bombardeadas por el ejército dos veces al año para gastar el armamento que quedará obsoleto los años siguientes. Los bosques de árboles autóctonos serán sustituidos por pinos de crecimiento rápido que serán invadidos por millones de orugas procesionarias, colonizando sus copas con sus repugnantes nidos blancos. Los caminos y sendas serán devorados por la maleza, sólo se podrá llegar en coche por carreteras financiadas con fondos europeos, cuyos usuarios pasearán por ellas como si de un safari se tratara. La clase política ya no tendrá ojos críticos que la miren, se hará con todo. Se desplazará desde sus residencias lejanas y acomodadas y hará creer a la clase veraneante que todo es genial, que todos lo hacen por sus pueblos despoblados. Los ayuntamientos contratarán trabajadores pagados con los dineros públicos para servirles como asalariados en sus empresas privadas. Las multinacionales alimentarias comprarán toda la miel de las colmenas de los pequeños apicultores para utilizarlas en sus productos más que procesados. Tendrán que unificar las escuelas públicas y privadas. Cada vez habrá menos infancia que estudie en los conservatorios y menos adolescentes que quieran aprender idiomas en las escuelas oficiales. Las concejalías de deportes desaparecerán, y las de servicios sociales estarán únicamente orientadas a la tercera y cuarta edad. Ya no habrá gente menos mayor que cuide a la ancianidad, ni monjitas que vivan en los conventos. No habrá curas que den misa una vez cada seis semanas, ni fiestas patronales. No habrá Mayos ni Corpus, ni bailes en Las Candelarias. Las calles serán íntegramente cementadas en pos de la civilización turista. Ya no habrá huertos cuyos plantones de Monsanto fueron comprados en el mercado de los martes. Ni matanzas de cerdos comprados una semana antes para matarlos por San Martín. Las empresas de seguridad harán su agosto instalando dispositivos antirrobo en las casas bien reformadas y enrejadas. No habrá quién pode los árboles frutales ni admire su floración ni recoja sus frutos. El Estado seguirá cobrando por servicios como el agua, alcantarillado y basuras a las propietarios de las casas, que solo vendrán una semana al año y no protestarán por los precios abusivos, como buenos ciudadanos y amantes de los pueblos de sus antepasados. Cerrarán las farmacias y los pequeños colmados, cuando todas las personas mayores se hayan ido. Las personas jóvenes que queden, tecnologizadas como sus iguales urbanitas, no querrán trabajar, les llegará con cobrar las rentas y herencias de sus progenitores y con las ayudas del Estado. En las bibliotecas públicas sólo quedarán los libros y las revistas abandonadas, y la bibliotecaria. Los bibliobuses dejarán de llegarse los pueblos, no habrá nadie que quiera tomar prestado ni un título. Las médicas rurales tendrán que pedirse otros destinos en las ciudades, no habrá nadie que necesite tomarse la tensión o pedir receta para el sintrón. Ya no pasarán los portugueses vendiendo sábanas o toallas, ni la furgoneta que tapiza las butacas y los sillones. El panadero que trae el pan desde la ciudad será despedido, su puesto no será necesario. A partir de 2021, las personas que quedemos no habremos de ir a ningún sitio, el Sr. Presidente de la nación nos ha prometido adsl. Estaremos más conectados que nunca. No habrá coche de línea ni correo. Nadie respirará el aire más puro de la Península, lo enlatarán y se lo venderán a Tokio o Beijing. Se llenarán los pueblos de casas rurales construidas con ayudas del Leader, y cualquier comportamiento poco profesional de los dueños será tomado como una exótica anécdota rural. No continuarán los cronistas escribiendo sobre las historias pasadas de los pueblos ni nadie leerá lo que horas de investigación les costó a esos apasionados. Los pueblos se convertirán en meros proveedores de servicios de ocio, se llenarán de restaurantes, de gente haciéndose fotos en los cruceros y las ventanas floreadas, y haciendo sus necesidades en las huertas y olvidando guardarse sus basuras. Entresemana serán pueblos fantasma, eso si tienen la suerte de haber sido uno de los elegidos como pueblo más bonito por no sé qué web. Opinarán los veraneantes de los pueblos bonitos a través de las aplicaciones de su móvil, y después de pedir en sus restaurantes, preguntarán por la contraseña de la wifi y compartirán el momento con sus amistades a través de whatsapp o facebook. No hablarán entre ellos. No se darán cuenta que la mayoría de los restaurantes fueron abiertos por personas ajenas a esos pueblos, que solo fueron atraídas a establecerse allí por la oportunidad de negocio; ningún amor por esa tierra fue causa de su inmigración. Volverán algunas parejas jubiladas a terminar las interminables obras de sus casas de piedra, se quedarán los meses que no haga frío, y en las vacaciones cuidarán de la nietada, porque sus hijos e hijas tendrán que seguir trabajando en las ciudades. Y ya no habrá quien visite los cementerios en el día de los Santos. Durante algunos años, los servicios de mantenimiento arreglarán las tumbas, pero cuando ya no quede quien cubra esos puestos, los camposantos sólo serán reconocibles por el muro que lo limita.
Y los días transcurrirán monótonamente. No veremos a nadie si no queremos. Ni siquiera la tele e internet nos serán necesarios. Sufriremos los fríos y disfrutaremos los soles. Pasearemos él y yo a solas, por el monte, con lentitud, respirando a conciencia ese aire que nadie más respirará, siendo las únicas personas que existirán en el mundo. Y sin duda seremos felices en nuestra solitud elegida. Y moriremos a la vez, nos dejaremos dormir bajo el roble cerca de las Mayadas, un día tibio de septiembre, al atardecer, cuando las nubes de arrebolen y las bestias se nos acerquen curiosas. Y nos iremos.
-FIN-

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Librería Delirio de Móstoles. Cuando un libro y los vecinos mantienen su librería

A veces los medios de comunicación nos acercan historias reales y preciosas que suelen producirse en las pequeñas realidades cotidianas, pero que en gran medida reflejan algunos de nuestros anhelos, deseos y , también, apuestas vitales estemos donde estemos.

La Razón, que es donde he visto la noticia que lleva por título El cuento mostoleño que salvó a una librería, nos cuenta esta historia preciosa y real de la librería Delirio de Móstoles y de los vecinos que se han implicado:

«Una librería es un espacio donde se guardan ideas porque, un libro, es una idea». El autor de esta frase es Alejandro Bárzano, aunque en el barrio sus vecinos le conocen como «Suchi». Cada mañana desde hace siete años, Suchi levanta la reja metálica de la calle Sevilla 25 (Móstoles), un coqueto ángulo abarrotado de cuentos, novelas y tebeos. Se trata de la Librería Delirio, un negocio que se resite a desaparecer. «Corren tiempos difíciles para la lírica y los comercios locales madrileños –sobre todo las librerías tradicionales– atravesamos un momento complicado», expresa, con pesar. «El aumento de costes, nuestro ritmo de vida, cada vez más urbanita; el “dragón” de lo on-line… Poca gente baja a la calle a comprar un libro, ahora lo piden por Amazon», explica. Ir a una librería, ojear una contraportada o pedir consejo al librero para decidir qué titulo pasa a ocupar espacio en la bolsa de playa en peligro de extinción. Pero Suchi no es de los que se dan por vencidos. Ha creado un espacio «para todos los vecinos» con el que se confiesa está «muy comprometido». Seguir leyendo

Además de lo que supone de compromiso y reconocimiento esta librería, como señala Christian Thorel, se va a convertir en una cosa más o menos pública, en un «bien común». Las librerías son empresas comerciales pero también espacios de cultura. Al igual que los teatros y algunos cines, son habitadas de tal modo que su ‘propiedad’ acaba por convertirse en algo difuso. De alguna manera, el nosotros se hace extensivo al círculo de lectores y ciudadanos de Toulouse, a aquellos y aquellas que viven el mundo a través de los libros.viven el mundo a través de los libros. (Christian Thorel; Tocar, dudar, hojear. La librería Ombres Blanches; trama editorial, pag. 81)

Que las librerías son ‘algo más’`, lo podremos comprobar también en la exposición de José Ramón Madruga que se inaugura el 6 de noviembre en Alcorcón en la sala Altamira Alta

Nos cuenta el fotógrafo: “una librería con encanto, es ese lugar donde además de poder comprar nuestro libros, podemos reunirnos para tomar un café o una copa de vino, ver una exposición, charlar amigablemente, ver la presentación de un libro, una proyección o un espectáculo”. Y este concepto es el que quiere mostrar en esta exposición que pertenece a la serie Al otro lado de la lectura.

El sumiller o el librero que yo quiero

Montse Serrano, fundadora de la libreria +Bernat en unas recientes declaraciones en la Vanguardia decía:

Como librera, Montse ha conocido a cientos de personas. Conocerlas, me refiero, cómo sólo un librero o un camarero pueden conocerlas. Si el librero sabe lo que lees y el camarero sabe lo que bebes, si ellos saben, además, cómo lees y cómo bebes creo que pueden saberlo casi todo sobre ti.

Este juego que siempre me resulta sugerente, me refiero al de los gustos relacionados de alguna manera con lo que da placer a la vida y la muestra a través de ellos de nuestro modo de ser me ha acercado también a un estupendo texto de Carlos Mateos aparecido en el blog de Vila Viniteca y que lleva por título El sumiller que yo quiero. Quizás también por ello algunas de las mejores conversaciones las tengo con personas que aprecio y que suelen girar en tornoa los libros leídos o leyendo, los vinos bebidos o bebiendo según hablamos… Marc, Elena, Marta, Manuel, Jorge… suelen andar entre otras por esos territorios.

Cuando lo leía iba pensando que el texto, como algunos otros que hablan de las capacidades aptitudinales, actitudinales y empáticas de las personas profesionales que deben acercarnos a través de productos a nuevas experiencias y sensaciones, perfectamente podía aplicarse a las personas que trabajan en las librerías que, también como los sumiller, tienen “la enorme responsabilidad de conducir al comensal a la felicidad“.

Trasladad sin más este párrafo a la oferta de la librería:

El sumiller que yo quiero sugiere vinos, pero nunca trata de imponerlos. El sumiller que yo quiero averigua con discreción los gustos del cliente y su presupuesto aproximado en base a sus preguntas y, si es requerido para ello, sugiere las botellas más válidas o interesantes de su carta. La carta de vinos supone una oferta y debemos de dar por hecho que todo lo que figura en ella está disponible, a la venta y es bebible. Nada es más desacertado que discutir con el comensal sobre la elección –por más incorrecta que pudiese parecer– de un vino. Momentos así hemos vivido todos en restaurantes afamados que casi invitan a abandonar la sala.

Pero, leedlo entero, a ser posible acompañados de un vino o un espirituoso que os resulte agradable para acompañar la lectura y para saborearla… Es una buena forma de entretenerse que también es lo que nos propone Montse de +Bernat:

“Lo mejor en la vida es entretenerse, y yo sé hacerlo”.

 

La librería Hispano Americana abre Bits&Books, un nuevo espacio de creación

He tenido la suerte en estos últimos meses de poder conocer de primera mano el proyecto del nuevo espacio “Bits & Books” que la librería Hispano Americana de Barcelona y la editorial Marcombo, han puesto en marcha.

Jeroni Boixareu – Ferran Fábregas – Foto de Andreu Puig en El Punt-Avui

Gracias a Jeroni Boixareu he conocido el espacio, las ideas, el sentido que ven al mismo y el porqué de embarcarse en esta nueva aventura que personalmente creo coherente, muy coherente, en el proyecto global de trabajo que tanto desde la librería como de la editorial quieren llevan a cabo con esta nueva apuesta.

He mantenido desde hace tiempo que uno de los nichos de especialidad en algunos casos puede ser claramente el temático y desde ahí ampliar las redes a otros ámbitos de actuación siempre con un fin claro que es poder tener cerca comunidades de usuarios,  que en muchos casos son además ñectores, interesados de una manera especial por aquella oferta especializada que les queremos hacer llegar.

En esta ocasión se ha intentado además en la estructura espacial que exista una convivencia y un tránsito de uno a otro como muestra de un continuun de  trabajo y de una oferta y propuesta que es coherente a un lado (Librería Hispano Americana) y a otro (Bits&Books) con una puerta que no cierra sino que de manera transparente y abierta nos permite ver qué pasa en cada uno de los lados.

La idea es clara. Dice Jeroni en declaraciones a El Punt – Avui:

“Volem mantenir l’àmbit de la cultura tècnica i científica relacionada amb els llibres, però aportant nous elements, com ara tallers, cursos i un espai similar a un coworking.”

Hay riesgo, por supuesto. Hay ilusión, mucha. Ha habido mucho tiempo dedicado, muchas horas de darle vueltas al asunto, mucho contraste, bastante gente implicada en el mismo…

Así se presentan ellos mismos:

[Bits] & Books se posiciona como un espacio de creación, innovador, orientado a la educación STEAM y el desarrollo de proyectos. Un espacio de encuentro donde descubrir las últimas novedades y tendencias, experimentar y compartir conocimientos e intereses relacionados con el mundo de la electrónica, la robótica, la programación y la fabricación digital, en un marco de libertad creativa y artística, inspirado por las raíces más profundas de la cultura maker.

Bits & [Books] está conectado físicamente, mediante un pasillo interior con LHA, la librería técnica más importante de Barcelona, con más de 80 años de historia y la editorial Marcombo, lo cual aporta un gran potencial por la posibilidad de crear y establecer sinergias muy interesantes.

¡Larga vida!

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Cuando un librero se va…

Un librero tiene que conocer su espacio, tiene que conocer a los habitantes de ese espacio y tiene que saber hablar y recomendar lo que hay en ese espacio. (Alberto Manguel en entrevista con Jorge Carrión)

Fernando Linde, fundador y alma mater de la librería 80 mundos de Alicante se va, se jubila.

Se va, pero se queda…La librería sigue y algo de él seguro que queda en la librería y en la apuesta que a hecho en la línea de continuidad que desde la distancia me parece que es una forma de reconocer y dar valor a su propia trayectoria.

Entre las ofertas que tenía sobre la mesa ha apostado por la más joven, la que parece que le ha trasmitido más entusiasmo. Leo en el Diario Información de Alicante:

Traspasa el negocio de General Marvá a dos jóvenes mujeres, Carmen Juan y Sara Trigueros, esta última «tiene la misma edad que yo cuando empecé aquí»,

Su figura me trae recuerdo de otros libreros valencianos, de intentos, de los primeros de trabajo compartido, de apuestas claras por el valor y el papel cultural de la librería.

Y todo ello, casualidad, se produce en el tiempo entre quien como Mike Shatzkin dice que de aquí a unos años todos calvos y sin ferias y librerías. Algo que para escucharlo no hace falta que nos cueste una pasta ya hubo quien hace años y siendo producto nacional decía lo mismo. Y algo ante lo que tampoco nos debemos poner de perfil como si nada pasara o nada se hubiera dicho…

No acertarán porque en ambos casos son unidimensionales en su visión y la descontextualizan del entorno y de su papel y función en un sistema, el cultural y el del libro, que evoluciona y muta, y en el que los papeles y roles van también adaptándose.

Felicidades Fernando, ánimos a las sucesoras, recuerdos a un tiempo para Pere de Babel, Paco de Ali i Truc..

Y, una cita final de Manguel de la misma entrevista que habría la cabecera que debería hacernos pensar y repensar sobre el modelo actual de algunas librerías y esa falsa separación generada por algunos intereses de mercado entre lo nuevo y lo viejo…

Las grandes librerías del mundo son librerías pequeñas. En cada país, en cada ciudad tengo algunas librerías favoritas a las que siempre vuelvo. En Madrid, la Librería Antonio Machado; pero me gustan también mucho las librerías de libros de segunda mano, hay una en la calle del Prado, otra cerca de la plaza de la Ópera. Me importa siempre esa relación con el librero. Y hay una distinción importante. Las librerías de libros nuevos frente a las de libros usados. Yo prefiero las librerías de libros usados, me gustan los libros con biografía, me gusta descubrir a viejos amigos y encontrar obras relacionadas con los libros que ya conocía. Obviamente, entre los libros nuevos siempre hay cosas que a uno le sorprenden, sobre todo en el área del ensayo, el ensayo literario ha encontrado un auge en este tiempo y me encantan esos ensayos inauditos, sobre la historia del cabello o libros sobre los transportes públicos, cosas así, inesperadas.

La librería 80 mundos seguirá en buenas manos.