La librería Luque de Córdoba cumple cien años

No todas las librerías cierran.

Incluso algunas cuando lo hacen se mueven en el terreno de la humildad, la sencillez y el reconocer que su valor y su sentido se mueve lejos de los focos mediáticos y cerca de sus clientes.

Creo que el ruido mediático y el convertir el cierre, el final de un proyecto, en un argumento comunicacional hace un flaco favor al conjunto del tejido librero.

Decía que no todas las librerías cierran.

Hay algunas que llegan a centenarias. Con esfuerzo, con sinsabores, jugándose mucho en el intento, dando a veces tumbos, pero, con todo, llegan.

Luque es una de ellas. Semuret también llegó y los sobrepasó, pero no hubo luego, por lo menos por ahora, un relevo generacional o un cambio de propiedad. Tema, por cierto, interesante sobre el que trabajar y ver posibilidades. Me consta que algunas personas ya están en ello.

Me alegran los cien años de Luque. Me alegran mucho. Más después de haber conocido de cerca a algunas de las personas que están en el proyecto.

En diciembre de 2017 pude conversar y conocer el espacio y hubo algunas experiencias vitales que me emocionaron y conmocionaron.

Veo y me alegro de que algún medio local, su entorno natural, se haga eco de este centenario.

La librería supo situarse y dar respuesta a un contexto concreto. Ello permitió a Rogelio Luque abrir -«La Luque»–, que desde el primer momento concitara, por sus alertadas antenas bibliográficas y excelente gestión, la simpatía más viva y el respaldo más firme de todos los sectores sociales que cifraban en el avance cultural la esperanza más sugestiva del progreso de la ciudad y de la nación entera. Y en ello sigue.

Nadie dijo que fuera fácil. Nadie dice que su vida será eterna. Ya han pasado tres generaciones lo cual como empresa familiar es ya todo un logro.

Por ahora, y sobre todo este año, lo que merece la pena es celebrar el centenario y luego ¡Que nos quiten lo ‘bailao’!

¿El futuro? Como el propio Javier Luque tiene claro, lo marcarán los cordobeses. “Sin ellos será imposible mantener una librería de este tipo tan singular, generalista y a pie de calle“.

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Amapolas en octubre, nueva librería en Madrid

Con cierta discreción o quizás timidez, en lo que a comunicación en redes sociales se refiere, veo y me entero por un editor amigo de la apertura de una nueva librería en Madrid: Amapolas en octubre. Ha iniciado su andadura, este mes de enero. El día 11 para ser exactos.

Laura Riñon Sirera, tal y como nos lo cuenta, Carolina Isasi ha cumplido un doble sueño: escribir un libro y ser librera de verdad en un precioso local montado con muchísimo gusto en la calle Pelayo de Madrid en el barrio de Justicia, uno de los barrios más de moda de la capital. Allí una se siente como en casa, con jarrones repletos de flores, ilustraciones, cuadros, cuadernos y libros, muchos libros.

Desde aquí, como siempre, mi deseo sincero: ¡Larga vida!

 

Azkuna Zentroa: del ocio a la cultura…

Fernando Pérez, que ya trabajó en Azkuna Zentroa cuando era la Alhóndiga, tras su paso por el Gobierno de Navarra y llevar adelante una de las iniciativas más sugerentes como es la Ley Foral de Derechos Culturales aprobada recientemente por el Parlamento navarro, ha vuelto al centro en mayo como director del mismo.

En los últimos meses se ha llevado adelante un proceso de consulta y participación que ha dado sus frutos por ahora en el papel y espero que también los vaya dando en la práctica.

No conozco el documento definitivo, pero de lo recogido en prensa y lo que aparece en la web veo que por lo menos algunas de las ideas que pulularon por el grupo de  trabajo en el que estuve han sido tenidas en cuenta.

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Quiero señalar un par de ideas que me parecen importantes:

  1. Ocio y cultura no es lo mismo. De hecho el centro cambia en su descripción la palabra ocio por la palabra cultura y se pasa con ello de la ‘visión’ del divertimento a “generar una sociedad más crítica, diversa y creativa” con un acento además en la contemporaneidad.
  2. La Mediateka recorrerá y acompañará toda la actividad del centro. Se renovará como eje transversal de toda la programación y con un espacio nuevo “más libre” especializado en formatos digitales para un público joven.

Ahora… ¡ver venir y mucho ánimo!

 

 

Cuando cierra una librería…

Escrito desde la tristeza…

El miércoles nos enteramos del cierre de Semuret tras 118 años de vida, trabajo y servicio en Zamora.

El jueves, con más alcance mediático, lo cual no indica que la importancia real para los ciudadanos sea mayor, nos informaban del cierre de Los Portadores de sueños.

El viernes, tras 20 años de existencia, la librería-papelería Ortiz de Jaén cierra también sus puertas.

En Almendralejo y en Cuenca, por poner dos ejemplos, también ha habido cierres recientes.

Es muy triste que los cierres, algunos, y no las aperturas sean el trending topic en twitter. Es reflejo o bien de un pesimismo aceptado, o de pensar que será una realidad cada vez más presente. Quizás creamos que por manifestar nuestro dolor y pesar en twitter vaya a cambiar.

La realidad sólo cambiará si compramos en las librerías

En principio, es sencillo, en los grandes números. Bastaría con que 5.000 zaragozanos, un 0,75% de la población, 5.000 jienenses, un 4,35% de la población o 5.000 zamoranos, un 0,09% de la población comprasen, cada uno de ellos 60 euros, cuatro libros al año.

Facilitaría el asunto, para que esto fuera posible que los editores, antes de pensar en las plataformas y demás, que también, dejaran de comercializar directamente casi un tercio del negocio del libro en el comercio interior. Los editores, unos más que otros, deben dejar de ponerse de perfil con este asunto.

Y facilitaría también el reconocimiento que con las actuales cifras de facturación, aunque todos compráramos en librerías, como bien señala Jorge Carrión, el número actual de librerías es, siento decirlo, económicamente insostenible y esto, no lo van a solucionar terceros.

Es una lástima sí, pero es todavía peor vivir ciegos y cegados ante la realidad generando un proceso en el que las propias librerías se canibalizan.

Nada volverá a ser lo que fue. La mirada debería ser creo que con menos prejuicios ante posibles nuevas fuentes de ingresos y modelos. Actividades y cobro por ellas, convivencia con otros productos, comercialización conjunta de libro nuevo y usado… cada uno sabrá.

Y, finalmente, quizás debamos de dejar de decir que ‘ las librerías mueren’. No. Las librerías cierran como tantos y tantos pequeños negocios. Las que cierran, lo hacen porque han dejado de ser rentables, porque hay quien ha llegado al final de su proceso vital y se jubilan, porque les resulta insatisfactoria la profesión o porque encuentran otro trabajo que les llene más.

La literatura no hará que abran. Los planteamientos económicos más serios quizás sí puedan hacer que luego, porque son sostenibles, sigan siendo focos de cultura, activadores de la vida ciudadana y dinamizadores del entorno.

La ecuación al revés, es difícil que funcione.

Paco Puche ya lo escribió hace años con claridad:

ha contribuido a la permanencia una doble visión de la librería como empresa
y como agente cultural, más de esto que de aquello, y siempre respetando los mínimos –
respetando la ecuación “ingresos mayores que gastos más amortizaciones”:
( I > G+A).
Como empresa:
A) Con una visión moderna:
– apostando por el papel como soporte
– llevando una correcta administración
– usando las nuevas tecnologías con precocidad
(fax, cd-rom, informática, etc.)
– cuidando la formación y atención humana
B) No siguiendo la lógica del beneficio sino la de:
– la perdurabilidad: I > G+A
– la atención al cliente
– la creación de un mercado fiel: clientes con cuentas de librerías
– la satisfacción en el trabajo y con el trabajo
– y la del mantenimiento riguroso del precio fijo
C) Fiel a sus principios fundacionales, adaptados a la conciencia de los tiempos, que concretamos en:
– atención a los trabajadores: en sueldos y consideración
– reparto del tiempo de trabajo: 36 horas semanales
– consideración de los socios capitalistas:
*dándoles oportunidades laborales (33% trabajadores)
*repartiendo algunos beneficios
*situándolos en su esfera de decisión: asamblea general
– preocupación ecológica:
*bajo consumo energético
*uso de papel reciclado
*separación en origen de las basuras
*no utilización de productos químicos clorados
* y promoción libros de ecología
– presencia en la ciudad:
*colaboraciones en actividades, publicaciones, etc.
*apoyo y fomento de causas justas
*edición libros locales, en colaboración
Como agentes culturales:
– Haciendo de la librería un lugar de encuentro.
– Colaborando con la ciudad, como hemos dicho.
– Respetando la arquitectura del lugar.
– Leyendo y recomendando libros.
– Haciéndonos, por ósmosis, parte de los libros: 25 años entre
libros no pasan en balde.
“Todo está en los libros, incluidos nosotros”(Francisco Puche; Un librero en apuros. Memorias de afanes y quebrantos; Genal; pag. 49-50)

¡Sigue habiendo muchas librerías abiertas!

Por una biblioteca inclusiva

Interesante el trabajo y las propuestas que desde hace unos años realiza la Fundación Biblioteca Social.

¿Un ejemplo?

El último documental realizado que lleva por título Crecer leyendo. Por una biblioteca inclusiva desde la infancia

Me encuentro en su patronato personas a la que aprecio y respeto profesionalmente. Con alguna de ellas he trabajado en proyectos relacionados con la lectura y las bibliotecas.

Coincide la visión hoy de este documental con la lectura del artículo de Julieta Lionetti en el número 37 de Texturas en el que escribe: Deberíamos empezar a juzgar frívolas las discusiones centradas en si es mejor leer en pantallas o en papel. O si es lo mismo, porque lo que importa es el acceso a los «contenidos». Lo tomo en cuenta en la parte que me toca.

Y aquí, de nuevo, se constata que las bibliotecas con sus profesionales y su capacidad de incidir y relacionarse con el entorno son la mejor opción.

Lectura y formatos… todo es más lento y quizás menos variable de lo que parece

Estas navidades una persona conocida me ha enviado esta foto de un vagón del metro de Londres en fechas navideñas.

Hay personas que suelen incluir en sus charlas fotos comparativas en las que se pretende hacer el juego entre el ‘antes’, que todos leían en papel, y el ‘ahora’ que todos leen digital.

No haré de esta foto el elemento confirmatorio para afirmar que ‘todos leen en papel’, pero creo que es un hecho que resulta relevante en lo cualitativo y que por lo menos sigue dejando algunas reflexiones abiertas.

La primera, que no es visible en la imagen, es la constatación de que el metro de Londres no tiene una buena cobertura de red. Quizás ello provoque indirectamente la lectura aunque no tendría porqué ya que existen aplicaciones y posibilidades de leer sin conexión.

La segunda, la señala con claridad Manolo Bragado: la imagen es un reflejo de la lentitud de los procesos de hibridación de la edición infantil que continúa siendo de manera abrumadora en formatos impresos.

La tercera, que tampoco está de más recordarlo, es que nos pongamos como nos pongamos, son los usuarios quienes al final eligen y parece que en mayor o menor medida, el papel siempre está presente.

La cuarta, Mikita Brottman en su sugerente y provocador a ratos Contra la lectura, editado por Blackie Books, escribía: La mayoría de la gente sigue leyendo libros en su formato tradicional, tanto si pasan tiempo online como si no. Sin embargo, a pesar de que Internet ya se ha fusionado con la vida cotidiana, mucha gente se ha cansado de todos estos dispositivos electrónicos de mano que hacen bip, ping, que parpadean o que brillan, y quiere volver a las cosas más sencillas. Para muchos los aparatos electrónicos son lo opuesto a los libros y, en concreto, lo que está acabando con ellos. A estas personas les asusta que «la muerte del libro» pueda tener un efecto terrible en nuestra continuidad con el pasado y en cómo nos contemplamos a nosotros mismos, nuestro mundo y nuestra cultura; es posible que incluso se esté pavimentando el camino hacia una distopía sin libros donde las masas analfabetas dependerán de sus líderes para que lean por ellos (lo que, por cierto, se parece bastante a cómo han sido siempre las cosas). (pag. 33-34)

La quinta, ¿os habéis fijado en el nivel, por lo menos aparente, de concentración lectora? Están a lo que están…

España. Comercio interior del libro. De 2006 a 2017. Algunas reflexiones. 8. Qué venden las librerías

Tal y como ya señalábamos el año pasado, el peso del libro de prescripción, el libro de texto en edades de enseñanza obligatoria, sobre el que ya llamábamos la atención sigue teniendo un peso muy importante en las librerías en su conjunto. Es cierto que el mismo se reparte de manera muy desigual, lo cual, al mismo tiempo tiene una clara incidencia a la hora de plantear un discurso  único de la ‘librería como comercio-espacio cultural’.

Si como media, el peso del del libro de texto en la facturación del canal es ligeramente superior al 40%, se puede suponer que hay muchos puntos, en la medida en que también los hay que tienden a no vender texto, que el peso se situará muy por encima del 50 en muchos de ellos.

Conviene recordar que en estos datos sólo se habla de libro del primer uso o libro nuevo mientras que parece que el libro de segunda mano o de segunda oportunidad alcanza en otros países y en España también, por lo menos por el nacimiento de nuevas librerías con este perfil, una importancia que quizás debería tenerse en cuenta.

Así lo parece por lo menos en Francia y en Inglaterra, donde parece que la mitad de la población elige comprar libros de segunda mano antes de comprar nuevos.