Libro digital y mercados de lengua mayoritariamente inglesa. Situación dispar

Interesantes los datos que presenta 

Los datos hacen referencia al número de libros electrónicos vendidos por distintas plataformas en Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

La posición dominante de Amazon, excepto en Nueva Zelanda es clara, pero hay variaciones de peso que algún motivo tendrán entre, por ejemplo, Apple y Kobo según cuál sea el país.

% ejemplares Amazon Apple Kobo Barnes & Noble Nook
Estados Unidos 86,26 9,36 0,26 4,12
Reino Unido 90,98 7,80 1,23
Canadá 59,26 14,96 25,78
Australia 62,70 30,85 6,45
Nueva Zelanda 0,00 66,64 33,36

Del mismo modo, hay variaciones importantes entre el número de ‘libros’ comprados por los ciudadanos de los distintos países que parece indicar distintos niveles de penetración del libro electrónico y que parece guardar una cierta relación con el número de habitantes.

Quizás acabe siendo cierto que aquí también el tamaño (poblacional) importa.

No hay que fijarse sólo en el ‘amigo americano’.

 

Librerías-Lectorerías: 12 claves para estar preparados para lo que viene

Dialogando con Daniel Benchimol y Luismi Cencerrado

Hace cuatro años jugué, partiendo de una propuesta de Diego A. Manrique sobre las 12 mentiras del mundo de la música, proponiendo las doce mentiras del mundo del libro.

Hoy quiero aprovechar la sugerente propuesta de Luis Miguel Cencerrado, pensada para bibliotecas que se basa a su vez en una propuesta previa de Daniel Benchimol pensada para los editores.

Partiendo de la de Luismi y jugando con ella lanzo la siguiente propuesta para las librerías-lectorerías. Creo que hay muchos puntos coincidentes y de hecho podría servir de guión para una conversación sosegada.

1.- El rol de librero pasa por curar y amplificar, por aportar valor añadido y por llevar el contenido al lector que le interesa. .

2.- El modelo de negocio cambia el paso y el valor de la propuesta de la librería deja de estar solamente en los libros y los autores que se exponen. Ahora el valor nos lo dan los lectores, aquellos a los que somos capaces de cautivar. Es por ello que proponemos como adaptación a este nuevo momento el término lectorería ya que conviene nombrar las realidades para diferenciarlas.

3.- El nuevo modelo de negocio se construye con el usuario como centro, lo que requiere saber escuchar y disposición de atender. La acción de la lectorería se teje en torno a la órbita del lector, el usuario de unos servicios  y propuestas comerciales, que se definen y conforman contando con su participación activa.

4.- La ruptura de paradigmas y el desarrollo de una estrategia multicanal: ¿quién es mi lector-cliente, cuál es la mejor forma de llegar a él? En uno y otro caso, las funciones de la editorial, la biblioteca y la lectorería han de adaptarse a un nuevo contexto de necesidades y demandas, al cambio de hábitos de los destinatarios de su acción y a unas relaciones que se multiplican y diversifican en el plano analógico y digital.

5.- Pensar cuál es la mejor oferta para nuestros lectores-compradores. Cambian las formas de narrar, de ofrecer los contenidos y también las maneras y estrategias de acercarlos a los destinatarios, hecho que afecta a todos los ámbitos relacionados con la lectura y su promoción.

6.- El objetivo es poder llegar en cada lectorería al grupo de lectores- compradores en el que se ha especializado. En este sentido cobra importancia cómo y qué obras, materiales y oferta se selecciona para cada caso. El esfuerzo por adecuar la oferta al público objetivo y potencial requiere también un mayor empeño narrativo sobre la misma conn la finalidad de ofrecer así una visión de conjunto y un sentimiento de conformar un todo propositivo.

7.- Pasar de una lógica de producto a una lógica de servicio, de la idea del objeto al servicio que presta, una dinámica diferente. El objeto deja de tener valor en sí, también en la lectorería; el valor del documento reside en la dimensión de sentido y generación de satisfacción-solución que genera, en la capacidad de uso que encierra, en las respuestas que es capaz de dar al usuario.

8.- Cambiar de enfoque: exponer para dialogar. Nuevo papel del lector, activo, participación, conectarse con… Es lógico que si la conversación está en la médula del hecho de leer impregne a todas las organizaciones que se mueven en torno a ella propiciando múltiples diálogos y estableciendo relaciones dinámicas y participativas con los lectores, con los clientes y entre las propias obras propuestas para su venta y/o contemplación.

9.- Desarrollar acciones pequeñas, obervables y medibles bien cuantitativa o cualitativamente. Es este un buen consejo, especialmente en tiempos de incertidumbre, de cara a prevenir atracones y esquivar parálisis. Una buena forma de evitar colapsos y de afrontar la ansiedad es trazar un plan ambicioso y global y definir estrategias de acción realistas y asequibles que permitan avanzar de forma regular y constante, sea en el ámbito que sea.

10.- Pensar en estrategias comerciales dinámicas, predispuestas al cambio. La flexibilidad como respuesta al cambio para que la reacción no tenga un coste fuerte en el tiempo. El futuro de las entidades educativas y culturales, incluidas las lectorerías, pasa ciertamente por conseguir un equilibrio entre estructuras consistentes y dúctiles capaces de responder de forma rápida y eficaz a las demandas de los usuarios para así asegurar su sentido y sostebibilidad.

11.- Pensar en dinámico, que ningún producto sea el que imponga los ritmos y la organización de la empresa. El proceso que siguen las lectorerías apunta también a un cambio de polaridad, y el hecho de que las obras, en papel o en digital, dejen de ser el eje central del péndulo incide de pleno en la organización misma. Todo se hace híbrido y se mezclan las obras, las propuestas de experiencia, los entornos. Todo es movible buscando con una propuesta de sentido distinta en cada caso, la llamada de atención a nuestros clientes-lectores.

12.- Dialogar y relacionarse con otras empresas culturales: de la música, el videojuego, artes plásticas, teatro, audiovisual … Las fronteras entre las diversas entidades que pueblan el espacio cultural se difuminan y comparten la tendencia de transformarse poco a poco en espacios más abiertos, transparentes y participativos con muchos elementos comunes entre sí. Las lectorerías pueden ser un buen espacio, la casa de acogida, para el mestizaje con sentido.

Claudia Casanova de Ático de los libros. La elaboración de un catálogo lento, que se degusta y que no se consume solamente

Me llamo… Claudia Casanova

Trabajo en Ático de los Libros, editorial independiente fundada en Barcelona. Hemos cumplido 7 años este  8 de marzo. Nuestras dos primeras novedades salieron a la venta el 8 de marzo de 2010: no lo olvidaremos nunca porque además fue el día de la gran nevada de Barcelona (con permiso de la del 1962).

 

La idea de la editorial vino motivada por la necesidad imperiosa de publicar libros que nos parecían interesantes y que no tenían la oportunidad de ser traducidos en las editoriales en las que trabajábamos. Fueron dos libros en concreto: “Leviatán o la ballena”, de Philip Hoare, del que llevamos ya varias ediciones e incluso edición de bolsillo, y “Homicidio” y “La esquina”, los dos libros que David Simon, el creador de la serie “The Wire” había escrito durante su etapa como periodista en The Baltimore Sun. Libros muy distintos, libros difíciles de explicar. Nos preguntaban: “¿en qué estantería lo pondrá?”. Yo, que tengo genio, contestaba: “en la de los lectores”. Así ha sido. Cuesta, claro que sí, pero es una satisfacción cuando el libro difícil encuentra su lector. Porque en el fondo, lo único que dificulta ese encuentro son las etiquetas preconcebidas. Un buen libro es un buen libro, y punto.

Considero que mi apuesta profesional es valiente pero no suicida y se caracteriza fundamentalmente por ser conscientes de que para lograr la independencia editorial, hay que ser independientes económicamente, y eso significa a veces tomar decisiones difíciles, decir no a proyectos bonitos pero que están mejor en el catálogo de otro editor, y acertar con los libros que encajan con nuestro ADN editorial, el que se ha construido con el paso de los años.

Me gusta porque cada día es una batalla y algunas las ganamos y otras las perdemos, pero siempre es una victoria seguir editando. Durante estos últimos años de crisis, nuestro crecimiento ha sido enorme, a base de mucho trabajo, aciertos en la edición de ciertos títulos y mucha, mucha prudencia y esfuerzo.

Cuando tenía doce años quería ser escritora. Trabajo como editora y adoro mi trabajo porque mi otra gran victoria es haberme ganado a pulso esa “habitación propia” sobre la que escribía Virginia Woolf para dedicarme a crear y disfrutar del acto de escribir (que para mí es un placer absoluto) sin tener que preocuparme de nada. Es un milagro, francamente.

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Premios Cálamo: libros que ‘nos tocan’

A finales de febrero se celebró la fiesta-gala de entrega de los Premios Cálamo que ya se van acercando a la edad adulta. Esta ha sido la 16ª edición.

xvi-premios-calamo

Hace 10 años, pude disfrutar de la fiesta.

Al leer, con unos días de distancia, la crónica del acto realizada por el Heraldo me gusta encontrarme, referidas a los libros, los siguientes términos:

  • Libros que nos han impactado.
  • Nos conmovió y es una propuesta diferente.
  • Ilusión.
  • Formar parte de una comunidad lectora…
  • Apostar por una literatura más exigente y arriesgada…

Todavía, por suerte, no todo es lo mismo…

Javier Pérez Lázaro de La tienda de Lope en Olmedo. Mi librería es el lugar donde quiero vivir.

la_tienda_de_lope_3Me llamo Javier Pérez Lázaro.

Trabajo en librería La tienda de Lope situada en Olmedo, mi pueblo,  y viene funcionando desde el año 2001.

La idea de montar esta librería aquí vino motivada por mi entusiasmo por la lectura y por vivir en mi pueblo. Desarrollar mi labor en el medio rural al que pertenezco me motiva especialmente.

Considero que mi apuesta profesional es necesaria para mi comunidad y se caracteriza fundamentalmente por propiciar el encuentro artístico y cultural.

Me gusta porque hago amigos interesantes con los que compartir inquietudes y alguna que otra cerveza.

Cuando tenía doce años quería ser escritor o fotógrafo (viajero en ambos casos).

Cuando me toca explicarle a una persona que no conozco por qué me gusta mi oficio le digo que mi librería es el lugar donde quiero vivir.

Más allá de las apariencias la realidad de mi día a día en el trabajo es menos social de lo que desearía y se desarrolla más pegado al ordenador de lo aconsejable.

Y lo peor cuando un cliente ha desconfiado de mi palabra: en general los desencuentros con motivos de algún encargo no satisfecho suelen ser malas experiencias, aunque a veces han supuesto relaciones interesantes.

La imagen que tienen las personas sobre el trabajo que realizo creo que se caracteriza por la rareza, y puede que algo de distancia que me gustaría reducir.

He perdido el entusiasmo por lo que hago en momentos en los que no podía atender mi negocio por culpa del servicio de fotocopias que hacía.

Sin embargo, lo mejor de mi trabajo, sin duda, es el encuentro: además de la venta de libros, se suceden tertulias, clubes de lecturas y actividades relacionadas con el teatro y la música en forma de pequeñas funciones programadas.

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Manifiesto Soy joven, soy lector. Los jóvenes tienen mucho que decir

Ante esos mensajes que de vez en cuando aparecen sobre la infancia y juventud poco lectora me ha parecido sugerente, estimulante y refrescante recoger la iniciativa desarrollada en México contada por Adolfo Córdova Ortiz en su blog Linternas y bosques.

Os dejo aquí el ‘manifiesto dinámico’ surgido del trabajo y el debate entre los jóvenes.

En todo caso, no nos interesa imponer o regular nada, sólo considerar esos prejuicios y ponerlos en crisis. Por eso, afirmamos que:

1.Los jóvenes sí leemos y no nos conformamos con veinte minutos al día. Interactuamos con las obras que tenemos entre manos, establecemos un diálogo, nos involucramos, nos emocionamos, nos decepcionamos y preguntamos.

2.No nos limitamos a las novelas ni al libro: poesía, ensayo, cuento, crónica, cómic; cine, anime, fotografía, manga, videojuegos… forman parte de los textos que tanto disfrutamos u odiamos.

3.En lo que se refiere a los libros —sí prestamos atención a lo que hoy en día se considera “literatura juvenil”—, mientras más leemos y nos enteramos de nuevas lecturas, más nos damos cuenta de los estrechos límites con que se pretende escribir para nosotros; se crean modelos que se convierten en lo que el resto del mundo cree que realmente (o únicamente) nos interesa. Muchos best-sellers juveniles son el más claro ejemplo de ello: romances fallidos, héroes unidimensionales, triángulos amorosos, distopías domesticadas… todos son elementos de fórmulas repetitivas, a la segura, argumentos que funcionan y podemos disfrutar en determinado momento, pero que, en su reiteración, cansan, provocan una necesidad de algo distinto, de otro acercamiento a lo que significa “juventud”. ¿Acaso nuestra complejidad cabe en tan escasos temas?

4.El libro impreso ha dejado de ser el único soporte para leer un texto literario y, por lo tanto, consideramos otras opciones —que plantean un acercamiento distinto a la obra— igual de válidas que la tradicional. Nosotros nos sentimos cómodos hojeando libros impresos y escroleando libros digitales y appbooks.

5.No podemos negar el peso de las redes sociales en nuestra manera de relacionarnos con los textos escritos; abrazamos el hecho de que internet supone cambios en nuestros hábitos de lectura y escritura así como en la promoción y producción de las obras, pero condenamos la cultura de lo inmediato y lo irresponsable, entre cuyas prácticas están el plagio, los resúmenes facilones y las frases mal atribuidas o anónimas.

6.También nos preocupan los booktubers, un grupo de personas, sobre todo jóvenes, que realizan videos de amplia distribución en los cuales comparten reseñas y opiniones de los libros que han leído. Vemos que el fenómeno ha tenido un enorme éxito: miles de lectores y no-lectores siguen sus recomendaciones e incluso han comenzado a leer y han ayudado a formar un público impresionante. Que quede claro: no criticamos su modo de proceder ni pretendemos generalizar con nuestras opiniones —de hecho, defendemos internet como medio alternativo de acercamiento a la lectura y sabemos que hay quienes realizan trabajos de reseña admirables—, lo que no aceptamos es la homogeneidad que expresa la mayoría en sus puntos de vista, en sus sugerencias de lectura y en sus mismos modos de observación: promueven una idea errónea y uniforme sobre nuestra relación con la literatura. Más aún, reprobamos casos en los cuales ellos han publicado libros “juveniles” que no estaban completos o no fueron revisados con cuidado, como si nosotros no mereciéramos obras de calidad (tanto en la forma como en el contenido) sino simplemente un nombre famoso detrás del título. Este no es un problema único derivado del movimiento booktuber; forma parte de una industria editorial mercantilista, donde los libros son meros productos, sin el más mínimo interés por lo escrito. Exigimos mayor responsabilidad de parte de esta industria y exhortamos a toda persona interesada en lo aquí expuesto a preguntarse al respecto: ¿Somos lo que nos venden?, ¿debemos conformarnos con ello?

7.Somos jóvenes lectores en contra de la hegemonía de lo inmediato, a favor de la diversidad y la desaparición de estereotipos que no nos corresponden de ningún modo. Nuestro hasta ahora llamado Consejo Editorial Juvenil de Linternas y bosques toma en este momento el nombre de “Guardabosques”. Dentro del bosque que habitamos, el de los libros como árboles y la vida como fértil tierra de cultivo, orientaremos a quien lo pida y aprenderemos de quien nos muestre semillas desconocidas o discretos troncos que quizá habíamos ignorado. Defenderemos nuestro patrimonio de los incendios que originan las opiniones vacías y los prejuicios. Mientras lo cuidemos, el bosque crecerá y, por ello, siempre necesitaremos nuevos guardabosques con quienes alimentar las raíces de la vida literaria mediante la participación, la reflexión y la discusión colectivas.

8.También los jóvenes tenemos mucho que decir.

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