¿Una Feria demasiado grande?

Cada año, cuando por estas fechas me acerco hacia la Feria del Libro de Madrid, me asaltan las dudas y el temor de si seré capaz de digerirla adecuadamente.

Su tamaño, demasiado grande para mi gusto, y no siempre más es mejor, su distribución, que la convierte en una especie de serpiente multicolor, y sus participantes, no todos por supuesto, hacen que, en la mayoría de las ocasiones, la visite a paso ligero para terminar cuanto antes ese paseo sin principio ni fin.

Parece que la opinión de la mayoría de la gente es que la Feria se va racionalizando. Pienso que, a veces, las inmensidades, como las grandes potencias, no se dejan racionalizar, sino que consiguen convertir la invasión en un fenómeno natural. Hay, también por ello, personas que, aún manteniendo el sentido de la misma plantean alguno elementos y reflexiones que considero de interés para el futuro.

1. Acercar los núcleos temáticos y lo comercial. Por ejemplo. No tiene sentido que el pabellón y las librerías de infantil se encuentren, prácticamente, en las dos esquinas de la Feria.

2. Ahondar en la idea de los espacios dentro de la Feria. La serpiente multicolor hace difícil situarse en la ’sección de Ciencias Sociales’ o, por ejemplo en la de ’Poesía’. Y hay gente, al igual que en las librerías, que es lo único que desea ver, sin tener que cruzarse por medio con la interesante oferta de libros para gatos, por poner un ejemplo, sin sacar las uñas.

3. Una distinta presencia expositora de los grandes grupos editoriales, dejando el apartado comercial para los libreros. Con ello quizás, y sigamos con los ejemplos, el Barco de Vapor no se llegará a convertir en trasatlántico de tanto verlo y verlo de caseta en caseta.

4. Se suele decir que es la ciudad quien está de Feria. Todavía esto se siente poco en el vivir habitual de Madrid y, quitando algún concierto despistado, hay poca actividad fuera del ’Recinto Ferial’.

5. Deberá aumentar realmente la Bibliodiversidad para con convertirla en una palabra vacía de contenido. Fuera de algunos pequeños y medianos editores de Madrid la presencia de editoriales con catálogo y de no gran tamaño del resto del estado es, prácticamente, simbólica.

Aún sin ello y con todo lo demás, la experiencia como fenómeno sociológico sigue mereciendo la pena. Fíjense que hasta compré dos libros. Uno “Femenino y masculino. Una nueva conciencia para el encuentro de las diferencias” de Leonardo Boff y Rose Muraro, editado por Trotta y, el otro, “Las manos en alto” de Kepa Murua editado por Calambur.

La parte por el todo

Los libreros de Madrid son importantes y lo son tanto que, algún medio los convierte en los libreros españoles.

Lo más curioso es que, desde la periferia, Galicia en este caso, se convierta la centralidad teórica, Madrid, en totalidad.

Esperemos que no les ocurra lo mismo en relación a la mesa del libro que acabn de ’inaugurar’ en esa Comunidad con la participación de todos los sectores. Deberán tener en cuenta que nos movemos en un mercado, por el idioma, cada vez más global, pero que quizás, por las ideas, pueda ser no más local, pero sí más personal.

El librero y su labor crítica

Hoy empieza la Feria del Libro de Bilbao y ayer tuvo lugar la rueda de prensa de presentación de la misma. La Feria viene galardonando ya desde hace años la labor de un escritor. El galardonado de este año ha sido Ignacio Vila Matas y para presentarlo y hablar sobre él estuvo presente en la presentación un escritor de Bilbao, Pedro Ugarte.

Pedro se ha carcaterizado, entre otras cosas, por ser una persona bien vista por la mayoría o por todos los libreros y libreras que conozco, además de prestarse con facilidad a la colaboración desinteresada.

El acto de ayer se convirtió también en un pequeño homenaje a Santi Cámara fallecido en Marzo de este año; pero nada se puede comparar a las palabras que Pedro le dedicó y que me han resultado de las más bellas oidas en los últimos tiempos entre las relacionadas con la profesión del librero. Sin ser textuales, creo que recojo el sentido de las mismas al decir que Pedro afirmó que bastaba ver que Santi era un buen librero sólo con pararse todas las semanas ante el escaparate, porque Santi cambiaba todas las semanas el escaparate. Pedro siguió, Santi realizaba sólo con esa acción la labor más inteligente de crítica literaria de la ciudad. Bastaba con ver lo que estaba allí presente y lo que faltaba para saber lo que realmente merecía la pena. Y terminó: se echan en falta libreros inteligentes y con criterio que sean capaces de ir marcando caminos con cierta coherencia.

Sobran las palabras.