Recordar y proyectar…

Pensando en los próximos días…

Con la noticia caliente de la muerte de José Luis Sampedro que nos invitaba, entre otras cosas, a ser aprendices de nosotros mismos me sumerjo en breve en mi propio proceso de ‘evaluación de ese aprendizaje’ que me mantendrá, por decisión propia, alejado de los diversos medios digitales de comunicación durante una temporada.

Quiero aprovechar este tiempo para

– Recordar: Del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón.

– Proyectar: Los sueños soñados despierto que quizás algún día se hagan realidad.

– Dejarme llevar:

“Si uno ya sabe lo que busca

no hay hallazgos posibles” (A pie; pag. 53)

– Ver amanecer. ‘Quienes van a pie se levantan antes de la salida del sol, para caminar más cómodamente. En medio de los campos desiertos, el amanecer se les presenta bello y enigmático’ (El camino de Santiago para paganos y excépticos; pag. 23)

– Celebrar íntimamente mis contradicciones. ‘Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos. La identidad no es una pieza de museo, quietecita en la vitrina, sino la siempre asombrosa síntesis de las contradicciones nuestras de cada día’. (Eduardo Galeano; El libro de los abrazos)

– Dejar hablar al cuerpo, como me recordaba el martes Luis.

El tiempo dirá

lo que fuimos,

no lo que seremos (Luis Cubas)

Nos vemos a la vuelta.

Pasear

Callaghan también ha comprobado que las mejores ideas se le ocurren mientras pasea por el barrio….Cuando voy por ahí me pongo a pensar. Si tengo algún problema en el trabajo, a menudo observo que lo resuelvo sin que ni siquiera me haya dado cuenta de que estaba pensando en ello. (Carl Honoré; Elogio de la lentitud, RBA, pag. 101)

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Últimamente paseo a menudo, casi a diario. El sábado, a veces el domingo, el paseo es más largo. Ayer cumplía un paseo que soñaba hace tiempo hacer. De Bilbao al Puerto viejo de Algorta siguiendo toda la ría.

Me gusta que la cabeza vuele. Prefiero hacerlo en solitario quizás como metáfora de cómo nos movemos en muchas ocasiones en la vida, como un gran paseo que es.

Paseos, preparación de uno más largo que espero iniciar en breve, a un mes vista.

Retomo también la lectura de A pie de Luigi Amara que empieza así:

Dejarse ir.
No confiar en nada sino
en la sensación del movimiento.
Un paso
luego otro
un paso
luego otro
el sonido desempolvado de los pies
percutiendo sobre el asfalto
aquel camino borroso
que establece el oído
como un tambor ambulante
redoble elemental
(enjambre
o sumbido interno)
plegaria locomotriz del que rehúsa
ser sólo un pasajero
hilo
hilo institntivo por el que se deslizan
las cuentas de los pensamientos
Siz saaz
siz saaz
……

Abandonarse.
“Tener abierto el ánimo
a toda clase de impresiones.”
Dejar que el pensamiento adopte
el tono de lo que se va viendo.

Nota: Veo que el paseo se me presenta como recurrente en algunos momentos de mi vida.

A pie

Así se titula uno de los libros que me traje de México. Su autor es Luigi Amara.

Una reivindicación a retornar a la medida humana del paseo a pie, del vagar sin destino, de centrarnos en los pequeños detalles a un tirmo lento.

El libro empieza así:

Dejarse ir.

No confiar en nada sino

en la sensación del movimiento.

Un paso

                 luego otro

un paso

                 luego otro

el sonido desempolvado de los pies

percutiendo sobre el asfalto

aquel camino borroso

que establece el oído

como un tambor ambulante

redoble elemental

                            (enjambre

o zumbido interno)

plegaria locomotriz del que rehúsa

ser sólo un pasajero

                                hilo

hilo instintivo por el que se deslizan

las cuentas de los pensamientos.

a pie

Termino de leer el libro y me encuentro con el artículo de Pedro Ugarte ayer en el sábado Geografía sentimental donde leo al final:

Sí, hay gente que esparce sus años en puntos muy distantes del planeta, pero hay gente que los deja en unas cuantas manzanas, y al caminar por ellas respira con la intensidad de esos perfumes encerrados en frascos muy pequeños. Esto tiene que ver con hacerse viejo, pero también con pintar y repintar las mismas calles con colores distintos. La ciudad aparece ahora, cada día, manchada por los recuerdos. Cada uno de sus rincones te va contando una historia, y un pedazo de tu vida, distinto según qué rumbo tomes, regresa del olvido con sólo dar un paseo.

Prefiero yo también los ritmos lentos y tranquilos el reencuentro con los espacios cotidianos que siempre nos ofrecen algo nuevo o imprevisto en función de nuestra propia perspectiva y nuestro propio ser y sentir en ese momento.