Cultura que se consume

Comentamos poco antes de Navidad la nueva ordenación de la página del Ministerio de Cultura que permite disponer en un espacio específico de todos o la mayoría de los datos relacionados con la cultura.Hoy trae El País un comentario de algunos de los datos del último Anuario de Estadísticas Culturales que fue lo que sirvió de motivo para la presentación del nuevo espacio.Y hay una expresión que no es nueva pero que quizás movido por estos días de “Felicidad y compartir” me llama  particularmente la atención. me refiero al “consumo cultural” que resulta una contradicción en sus términos o quizás reflejo de un discurso interesado de algunas empresas o grupos.Ya hace tiempo que no se nos define en muchos ámbitos ni como personas o ciudadanos, sino como consumidores.

Si consumidor es persona que consume o que compra productos de consumo. Si consumo es acción de consumir. Si consumir es además de “Utilizar comestibles u otros bienes para satisfacer necesidades o deseos”, la acción de destruir, extinguir. Es decir que esos bienes que utilizamos, al final si son de consumo se destruyen o extinguen pues no veo claro su hilazón con la cultura. No he leído todavía, por ejemplo que aumente el consumo educativo, ni siquiera cuando se habla del libro de texto. No sería mejor hablar de “uso” que de consumo.

Parece que la única lógica es la de la satisfacción por la destrucción o la de producir cada vez más perecederos.

Revisando mis notas y frases me encuentro con algunas reflexiones que plantean por lo menos o a mí me abren otros posibles puntos de vista aunque no sean los de el discurso dominante y perfectamente aplicables a algunas lógicas existentes dentro de la industria cultural:

– Lo más curioso de los placeres del consumidor es que duran poco. La esencia del consumismo es una sensación de promesas rotas pero constantemente renovadas. El consumidor moderno es un hedonista condenado a la decepción económicamente productiva, un ser que experimenta, como señala el sociólogo Colin Campbell, “un estado de placentera incomodidad”. Luchan por sus sueños vinculándolos en cada caso a un objeto deseado…; pero en cuanto se adquieren los objetos, los deseos se desenganchan de ellos inexorablemente. (Todd Gitlin; Enfermos de información ; pag. 100)

‘La historia de cómo las éticas del consumo y el desarrollo personal, inicialmente diferentes entre sí, empezaron a encontrar un terreno común en el mercado capitalista del siglo XX es uno de los capítulo más importantes e interesantes de la historia comercial. La fuerza que atrajo a estos dos valores, aparentemente irreconciliables, fue la de las artes, el principal comunicador de normas culturales….De este modo, el consumo arrastró al arte desde el ámbito cultural, donde era principal medio de comunicación de los valores compartidos por unacomunidad, hasta el mercado, donde se convirtió en rehén de las empresas publicitarias y consultorías de marketing, que lo utilizaron para vender un nuevo “estilo de vida”…Ahora la cultura podía distribuirse en pedacitos a través de los medios electrónicos, trasmitiéndola
rápidamente a gran distancia, uniendo a muchísima gente en simulacros de experiencias compartidas que, no por menos íntimas, resultaban menos seductoras y entretenidas. El arte reproducido localmente se vio obligado a competir con las artesde generación electrónica como el cine o la radio’ (Rifkin,J.; La era del acceso. La revolución de la nueva economía; Paidós; Barcelona 2.000, pag. 192-194)

Como señala Bocock. “los consumidores han dejado de experimentar un sentimiento de creatividad, de autonomía, en gran número de actividades, debido al aumento de las experiencias prefabricadas. Cocinar, practicar deportes, la jardinería, el bricolaje, la decoración del hogar, bailar y tocar música son ejemplos de actividades de consumo que suponen una cierta participación, pero no pueden librarse de la predominante invasión de grupos con intereses comerciales que asolan el consumo desde 1950. (Santiago Álvarez en Adoz nº 29, pag. 52-53)

Quizás todo ello siga siendo reflejo de la crisis de la postmodernidad: ‘Si la cultura es, como dice el antropólogo Clifford Geertz, “la red de significación” que tejemos sobre nosotros mismos, las comunicaciones -lenguaje, arte música, danza, escritura, cine, grabaciones, software- son las herramientas que nosotros, como seres humanos, usamos para interpretar, reproducir, mantener y transformar dichas redes de significado’ ‘El tiempo cultural se desvanece, dejando a la humanidad exclusivamente con vínculos comerciales como elemento de apoyo civilizatorio. Esta es la crisis de la posmodernidad’ (Rifkin,J.; La era del acceso . La revolución de la nueva economía; Paidós; Barcelona 2.000, pag. 188)