Cuando un librero se va…

Un librero tiene que conocer su espacio, tiene que conocer a los habitantes de ese espacio y tiene que saber hablar y recomendar lo que hay en ese espacio. (Alberto Manguel en entrevista con Jorge Carrión)

Fernando Linde, fundador y alma mater de la librería 80 mundos de Alicante se va, se jubila.

Se va, pero se queda…La librería sigue y algo de él seguro que queda en la librería y en la apuesta que a hecho en la línea de continuidad que desde la distancia me parece que es una forma de reconocer y dar valor a su propia trayectoria.

Entre las ofertas que tenía sobre la mesa ha apostado por la más joven, la que parece que le ha trasmitido más entusiasmo. Leo en el Diario Información de Alicante:

Traspasa el negocio de General Marvá a dos jóvenes mujeres, Carmen Juan y Sara Trigueros, esta última «tiene la misma edad que yo cuando empecé aquí»,

Su figura me trae recuerdo de otros libreros valencianos, de intentos, de los primeros de trabajo compartido, de apuestas claras por el valor y el papel cultural de la librería.

Y todo ello, casualidad, se produce en el tiempo entre quien como Mike Shatzkin dice que de aquí a unos años todos calvos y sin ferias y librerías. Algo que para escucharlo no hace falta que nos cueste una pasta ya hubo quien hace años y siendo producto nacional decía lo mismo. Y algo ante lo que tampoco nos debemos poner de perfil como si nada pasara o nada se hubiera dicho…

No acertarán porque en ambos casos son unidimensionales en su visión y la descontextualizan del entorno y de su papel y función en un sistema, el cultural y el del libro, que evoluciona y muta, y en el que los papeles y roles van también adaptándose.

Felicidades Fernando, ánimos a las sucesoras, recuerdos a un tiempo para Pere de Babel, Paco de Ali i Truc..

Y, una cita final de Manguel de la misma entrevista que habría la cabecera que debería hacernos pensar y repensar sobre el modelo actual de algunas librerías y esa falsa separación generada por algunos intereses de mercado entre lo nuevo y lo viejo…

Las grandes librerías del mundo son librerías pequeñas. En cada país, en cada ciudad tengo algunas librerías favoritas a las que siempre vuelvo. En Madrid, la Librería Antonio Machado; pero me gustan también mucho las librerías de libros de segunda mano, hay una en la calle del Prado, otra cerca de la plaza de la Ópera. Me importa siempre esa relación con el librero. Y hay una distinción importante. Las librerías de libros nuevos frente a las de libros usados. Yo prefiero las librerías de libros usados, me gustan los libros con biografía, me gusta descubrir a viejos amigos y encontrar obras relacionadas con los libros que ya conocía. Obviamente, entre los libros nuevos siempre hay cosas que a uno le sorprenden, sobre todo en el área del ensayo, el ensayo literario ha encontrado un auge en este tiempo y me encantan esos ensayos inauditos, sobre la historia del cabello o libros sobre los transportes públicos, cosas así, inesperadas.

La librería 80 mundos seguirá en buenas manos.

Las lecturas y la vida. Quizás mejor en singular

El Ministerio presentó ayer el Plan de Fomento de la Lectura 2017-2020.

Hoy no voy a entrar al detalle del mismo. Señalaré sólo, porque creo que es importante, que en muchos casos las competencias de cultura y educación están transferidas y que, por lo tanto, es difícil saber, más allá de los dineros, cuál es el ámbito de actuación de las líneas que se proponen y cuál puede ser por lo tanto su impacto real.

Quedaría más claro y sería probablemente más operativo, si el Plan fuese contrastado, consensuado y asumido, dineros incluidos, con y por las distintas Comunidades Autónomas.

Mientras tanto, el plan, como el ruido mediático son, en mi opinión, de poca influencia real sobre los lectores. Es probablemente más importante saber lo que están dispuestas a gastar las CC.AA. que el propio Ministerio y cuáles son las líneas y propuestas de cada uno de los planes de lectura, con fomento o sin ella, que ya campan y pacen sosegadamente en la mayoría de los casos, por esta piel de toro.

Sí quiero reflexionar sobre la imagen y el lema escogido que no me acaban de convencer y que será lo que de manera más o menos machaconas veremos, en el mejor de los casos, durante un tiempo.

Leer te da vidas extras

No acabo de entender, supongo que habrá una explicación, ese plural de ‘vidas’ más unido a la lógica de los videojuegos (muerte-vida y rapidez por conseguir ) que al discurso, si se me permite, más clásico sobre la lectura como posible enriquecedora de la vida, en singular, de cada una de las personas.

Reconozco, he tenido alguna experiencia, que no es fácil encontrar ese corto con imagen comunicativo que dé cuerpo a toda una actuación, pero por ello mismo conviene ser sumamente cuidadoso.

¿Se piensa caso que por ese guiño a la pantalla y al juego alguien dará un salto de una actividad a otra? ¿No hay con ese mensaje una invitación implícita a reconocer que la vida real que cada uno está viviendo no merece la pena y hay que buscar fuera de uno mismo algo que le dé sentido o vidilla?

No me convence.

Se ha escrito mucho sobre la relación entre lectura y vida en singular, la vida de cada persona enriquecida no por más vidas, sino por los puntos de vista y experiencias que pueden enriquecer, matizar, hacer aflorar nuevas experiencias y sentimientos de la propia vida, pero sin tener por ello que renunciar a la misma o tener que buscarla en otros.

Así, Alberto Manguel, hace hincapié en la lectura como enriquecedora de diferentes facetas de la vida de cada uno. Memoria, intimidad, imaginación, sentimientos, inteligencia, aventura y descubrimiento son algunas de las palabras que reivindican el estatus de un placer que nos hace más humanos en Elogio de la lectura.

Emili Teixidor, escribió un espléndido libro que lleva por título La lectura y la vida. En él se puede leer: ¡Leer no ocupa mi tiempo, leer llena y añade valor a mi vida! (12)

Ángel Gabilondo en Darse a la lectura escribe: La lectura no es un sucedáneo de la vida, no trata de sustituirla, porque ella es vida. (69) No hace falta, por lo tanto buscar vidas extras… sino, como dice más adelante, el texto nos convoca a ampliar el limitado horizonte de nuestras consideraciones. (71)

Emilio Lledó en Palabras por la lectura, también sitúa la mirada en la experiencia personal, en la vida de la persona cuando dice: El sorprendente fenómeno de la lectura implica un diálogo que rompe el solitario murmullo de nuestra, tantas veces, clausurada y pobre o empobrecida experiencia. No somos conscientes de lo que significa esa libertad de las palabras que otros escribieron con la esperanza de que sus particulares, elaboradas experiencias llegasen, en el surco del tiempo y en el cálido limpio río de la escritura, hasta nuestros ojos. (105)

Juan Domingo Argüelles ahonda también en esta vida que se lee cuando en Ustedes que leen escribe: Leer es en realidad leerse; leer para sí. Leer para conocernos y reconocernos en las palabras, en las líneas, en los párrafos, en las páginas. Y nadie, cuando lee, es neutral. La lectura es lo que somos y, como advertía Paz, lo que nos preguntamos oscuramente y sin formularlo del todo, y esa respuesta o esas respuestas que abren nuestros horizontes por intuición, por instinto y no exclusivamente por fría racionalidad. (177)

Dejo para el final la reflexión que aporta Michèle Petit:  Al leer, a menudo experimentamos al mismo tiempo nuestra verdad más íntima y nuestra humanidad compartida. Lo que ocurre con ese derecho a lo íntimo, con ese derecho a elaborar la propia subjetividad, es quizás el paso hacia otras formas de relación social distinta de aquellas donde se vive pegados unos a otros, cerrando filas alrededor de un líder o de un patriarca. Se trata quizás del paso hacia otras formas de compartir, otras maneras de vivir juntos, y otras maneras de hablarse. No al unísono, gritando todos al mismo tiempo en un estadio. Sino a partir de múltiples voces... (Lecturas: del espacio íntimo al espacio público, 123)

Ahí lo dejo, pero creo que no es baladí situarnos desde una mirada más personal e introspectiva que desde una aparente socialización que acabe pensando que cuantas más vidas busque más se encontrará, reflejo quizás de una lectura equivocada tanto del fenómeno redes como de la cultura del videojuego.

Ahí lo dejo por si aporta algo para una reflexión sosegada.

 

¿La cultura? ¡Una chorrada!

Pues sí, pues sí, no os asuteis. Estoy muy de acuerdo con la afirmación de Francisco Castro. La cultura es una chorrada se mire por donde se mire.

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Es una chorrada para los políticos rufianes y para los nuevos  neoliberales digitales que sólo hacen análisis falsamente económicos.

Es una chorrada por la banalización (3ª acepción) que la convierte en tontería y por lo tanto en cosa de poca importancia.

Probablemente una de las mayores tonterías que se han hecho y se siguen haciendo es intentar dar valor de PIB a la cultura. Tanta tontería es, es tan chorra, que ya lo hacen hasta las bibliotecas.

Parece que se nos ha pegado la chorrería de la clase dirigente y vamos detrás de ellos como ovejas al matadero de la pela.

Así que no está de más recoger la afirmación de Alberto Manguel.

Una sociedad en la que no se hacen preguntas es una sociedad muerta. Es la definición de Auschwitz que el guarda le dio a Primo Levi: “Aquí no hay porqué.”

En lo que ahora en muchas ocasiones se nos vende como cultura tampoco.

Quizás salgan ahora los fervorosos de lo suyo asustados, pero ¿a quién le importa y le interesa?¡ si probablemente ni muchos de los ‘actores culturales’ se la han tomado en serio?

¿Queremos compradores o lectores?

Se acerca el Día Mundial del Libro y del derecho de autor. Basta ver cómo los medios aumentan su dosis informativa modo suflé que quedara desinflado pasado ya el 26, siendo generosos, para volver al run-run del silencio en torno a la lectura.

Hace tiempo ya que se ha dejado de hablar de lectores y casi todo lo que se mueve alrededor del Día tiene más una dimensión económica y comercial que cultural.

Alguno ingenuamente dirá que no, que esto no es así, que ambas dimensiones son inseparables y bla, bla, bla; pero hace tiempo que está constatado que lectura y comercio no circulan ya en paralelo.

Alberto Manguel vuelve a dar una pista.

Somos una sociedad mercantil que necesita, para seguir existiendo, consumidores y no lectores. La lectura inteligente y detenida puede alentar la imaginación y fomentar la curiosidad y, por lo tanto, hacer que nos neguemos a consumir ciegamente. Es por eso que Christine Lagarde, ardiente defensora de las sociedades de consumo, cuando era ministra de finanzas durante el Gobierno de Sarkozy, dijo a sus conciudadanos que se quejaban de la crisis: “Trabajen más y piensen menos”. Madame Lagarde sabía muy bien que un pensador nunca sería un buen consumidor.

El modelo de consumo genera además y curiosamente abundantes sobrantes y en esto el sector del libro, no el de los lectores, es todo un experto en hacerlo crecer y crecer manteniendo ese carácter de negocio misterioso y extraño que señala Leandro Ceruti.

A veces, por suerte, se vuelve a descubrir algo nuevo entre esos ‘montones desechados’.

Así que entre tanto desecho y tanta sobreproducción, la de excedentes que generará el Día del Libro, uno todavía se asombra cuando, por ejemplo, escucha a una librera, Lara Meana de El Bosque de la Maga Colibrí, decir que su librería es un

proyecto de promoción lectora que combina la venta de libros y juegos didácticos de calidad con la puesta en valor del libro y la lectura en todos los ámbitos.

Teniendo en cuenta que el concepto libro empieza a ser de un difuso que asusta, ¿no deberíamos ir pensando en el cambio de nombre del Día y hablar del Día Mundial de la Lectura? o, sino, decir con claridad que es un Día comercial pensado para vender libros sean de quien sean y vengan de donde vengan despojado, lógicamente, de cualquier dimensión cultural.

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Reflexiones de Alberto Manguel en torno a la lectura y su difícil contexto actual

Muy interesante la entrevista en el ABC a Alberto Manguel. Escuchar algunas opiniones y reflexiones con total naturalidad y ligeramente a contracorriente de una de las personas que más ha trabajado, leído y estudiado en torno a la lectura no está nada mal.

¿Qué me ha llamado la atención?

  • Cuando escribo lo hago más como lector que como escritor. (Nota: Curiosamente leía ayer a la noche en el tercer volumen de los Diarios de Iñaki Uriarte: ESOS QUE ESCRIBEN como si en la literatura se tratara de escribir y no de leer (pag. 71))
  • Vemos en acciones extremas de violencia un reflejo de la identidad del otro que al final es la nuestra. Nos olvidamos que nosotros actuamos así hace muy pocos siglos. Seguimos actuando así pero queremos definirnos como «nosotros» y «los otros» para proteger nuestro sentido de identidad.
  • No tenemos que confundir erudición con cantidad. Debemos respetar el conocimiento literario de los otros.
  • Sin preguntas no hay diálogo, serían simplemente dos monólogos.
  • —¿No usa e-books?

    —No, no los necesito. No tengo nada en contra pero no los necesito. Hay una serie de aparatos tecnológicos que no uso. No conduzco, no tengo teléfono móvil… Son cosas que no uso no porque las deteste, sino porque simplemente no las uso.

  • Tenemos que decidirnos a cambiar los valores esenciales de esta sociedad si queremos cambiar lo que consideramos como problemas. La lectura no es algo aislado de la estructura general de la sociedad como tampoco lo es la pobreza o la enfermedad.
  • En una sociedad que valora lo superficial la lectura no tiene valor. Tenemos que ser más coherentes. Si queremos alentar la lectura tenemos que proporcionarles una atmósfera adecuada a la lectura y no una atmósfera que la contradiga.
  • Es una sociedad que adiestra a los jóvenes a ser esclavos. Los llamamos de otra manera, «empleados de oficina» o «trabajadores en fábrica», pero no queremos que sean creadores independientes porque eso no contribuye al consumo.

Mal futuro parece atisbar Manguel para la lectura y no por el papel o el digital, por los galgos o podencos, sino por los contextos.

Nosotros, en nuestras sociedades, hemos permitido la puesta en marcha de maquinarias económicas destinadas a ganar cantidades ilimitadas de dinero, sea cual fuere el coste en vidas humanas pero sin creer que entre esas vidas pueda estar la nuestra. Tanto las maquinarias de ficción como las del mundo real, finalmente fracasan porque, debido a su misma perfección, están condenadas a destruir incluso a aquel a quien deben la vida. (Alberto Manguel; La ciudad de las palabras; pag. 175)

Más sobre las librerías-cafés y otras posibles especies libreras en Lavapiés

Cada vez se encuentran con más frecuencia en los medios las referencias a las librerías como espacios con ‘algo más que libros’. Parece en ocasiones como si anduviéramos en una especie de dialéctica pendular. Ante la digitalización desmaterializadora o uniformizadora de la experiencia lectora, la puesta en valor de los espacios donde se ofrece una experiencia palpable enriquecida que, además no pasa por la mediación digital, sino que busca más el placer de otros sentidos.

A ello se une la larga tradición de cercanía entre la librería y el café. En febrero, por ir a lo más reciente, ya nos hicimos eco de algunas propuestas. Ahora en ZoomNews nos llegan algunas repetidas y algunas nuevas.

En concreto, hay tres que yo no tenía controladas: El dinosaurio todavía estaba allí en Madrid, Toma 3 en Gijón y Chico Ostra en Valencia. Junto a ellas, algunas que ya han pasado por aquí: Tipos infames, Walden, La Biblioteca de Babel, La Fugitiva.

Y de los cafés y los vinos nos pasamos al callejeo librero. En esta ocasión por Lavapiés y también con nuevos descubrimientos para un servidor como Bajo el volcán, donde vivirán en la continua contradicción entre el 4 y el 21% de IVA. Junto a ella otras ya conocidas o, por lo menos, fichadas como Burma, Venir a cuento La Malatesta.

Librerías todas ellas que, como ya señaló hace años Alberto Manguel, se adaptan mejor a los verdaderos lectores.

Las librerías virtuales, como amazon. Com, proponen millones de libros en sus catálogos, como así también pantagruélicas listas de best-sellers en las que todo libro recibe su posición día a día y todo autor puede ufanarse de ser, por lo menos por veinticuatro horas, el best-seller número 1.925.324. Las librerías llamadas de “gran superficie”, esos supermercados del libro, proponen de manera un poco más modesta la misma colosal y aparente abundancia. Digo aparente, porque estos supermercados, si bien ponen al principio de sus carreras todo tipo de libro a la disposición de sus clientes, esperan hasta que las pequeñas librerías, cuyo lugar usurpan, mueran de inanición y luego eliminan calmamente de sus estantes los libros de ventas pobres, ofreciendo finalmente poco más que los consabidos bestsellers. Sin duda, estos monstruos son útiles para el lector que busca un título preciso y no quiere perderse en distracciones. Pero para el lector que confía en el azar y no sabe qué libro le ha sido destinado por los dioses, estos universos enciclopédicos resultan demasiado selectivos, autoritarios, previsibles. Un verdadero lector necesita poder recorrer universos menos desmesurados y más personales, territorios menos vastos en los cuales aprovisionarse de las palabras que le servirán a dar un nombre a su ambigua experiencia del mundo.

¡Me gustan los libros! A favor de la lectura en papel. ¿Te apuntas?

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Terminé ayer de releer Una muerte muy dulce de Simone de Beauvoir.

Escribe:

El poder de los objetos es conocido, en ellos la vida se petrifica con uuerza mayor que en cualquiera de sus momentos.

Recientemente también César Coca escribía en su espléndido blog:

No todo en la vida son contenidos. La forma también es relevante. Los tecnópatas no siempre lo saben.

En el mundo del libro digital las previsiones aparecen últimamente como equivocadas y atascadas. El papel sigue representando el 80% de las ventas mundiales.

Así que el futuro que es el presente de dentro de unas horas sigue siendo mayoritariamente en papel.

Nada será, como el presente ya indica, lo que fue. Pero este mismo presente parece señalarnos algunos caminos como:

– La importancia de la librería y lo palpable y el único canal que por ahora retiene a los lectores.

– La importancia de los nuevos modelos de negocio micro y cooperativos. En los nuevos escenarios que por ejemplo dibuja Enrique Bustamante me interesa sobre todo el papel de las pymes.

– El peligro que corren las ballenas del sector. Cada vez quedan menos.

– Que parece mejor y más sano, según Alberto Manguel, tanto para el sexo como para la lectura lo real y palpable que lo virtual.

En esta línea y con estos guiños llegan a veces campañas y propuestas amables como la que nos ha hecho llegar Leticia de Santos y que lleva por título Me gustan los libros.

Nos cuenta:

Me gustan los libros” nace de la necesidad de crear un movimiento a favor de la lectura en papel, que defienda la tradición de la imprenta, las bibliotecas, las librerías, la belleza de compartir un libro, lo perdurable, las cubiertas bonitas, las notas de amor en los márgenes, en definitiva, el amor a los libros y a la cultura.

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¿TE ANIMAS?

No queremos dejar la ocasión de acordarnos de dos iniciativas más palpables.

De una de ellas ya hemos hablado por aquí. Fue lanzada por ANTI Liburudenda y faltando todavía unos cuantos días ha duplicado las expectativas.

Y la segunda, que son dos, es de nuestra amiga Alejandra Díaz Ortiz y compañía, la gente de Visual y Proyecto Gorrión. Por este lado un estupendo fanzine de collage.

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Y la segunda que a encontrado su acomodo en La Turrona y que nos permite poner un punto y final a contracorriente de los discursos dominantes modelo partido único.

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Así que quienquiera que se venga. Seguimos buscando gustadores y amantes de lo palpable.

Día de las Librerías. 8

libroregalo– Robert Louis Stevenson observó que el destino de un viaje importa menos que el viaje mismo, y que un viajero cabal es aquel que viaja sin destino. Esta ha sido casi siempre mi intención durante mis recorridos en librerías. Y aún en los casos en que mi excursión tuvo como propósito una meta fija, la de encontrar tal o cual libro, la variedad ofrecida a mi codicia (variedad que es la esencia misma de una librería) me distrajo implacablemente de tal meta. (Alberto Manguel; Autorretrato de un lector; Ourense 2002)

– Pero para competir con la WWW las librerías del futuro serán distintas de las hipertiendas concebidas para masas que ahora dominan el mercado. Las tiendas del mañana tendrán que ser lo que la Web no puede ser: tangibles, íntimas y cercanas al domicilio; santuarios colectivos, quizás con cafeterías que ofrezcan placer y ciencia en compañía de otras personas que comparten tus mismos intereses, y donde el libro que uno quiere siempre pueda encontrase y cada anaquel depare sorpresas y tentaciones. (Jason Epstein; La industria del libro; pag. 50-51)

Día de las Librerías.6

cuandoentrasaunalibreria– Se ha dicho que los sacerdotes del Egipto antiguo fueron los primeros libreros porque ofrecían a las familias de los difuntos el Libro de los muertos, que era luego depositado sobre la tumba del ser querido para guiar su alma a través del reino de las tinieblas. Esta función, esta obligación, esta tarea es, aún hoy, la de nuestros libreros. Las obras que nos venden –con entusiasmo, con pasión, con cariño- pueden convertirse, para quienes sepan usarlos, en compañeros de viaje, guías o consejeros para atravesar el reino de este mundo y para quienes creen en él, el reino del mundo por venir. (Alberto Manguel; Autorretrato de un lector; Congreso Oruense 2002)

-‘En cada nuevo viaje, en cada ciudad recién visitada, hay siempre el momento magnífico y fatal en el que se descubre el escaparate de una librería’ (Antonio Muñoz-Molina)

¿Ganancia o creatividad?

En nuestros tiempos, para crear y mantener la inmensa y eficiente maquinaria de los beneficios financieros, hemos elegido colectivamente la velocidad en lugar de la lentitud deliberada, las respuestas intutitivas en vez de las reflexiones críticas detalladas, la satisfacción de llegar a conclusiones rápidas más que el placer de concentrarnos en la tensión generada por distintas posibilidades sin exigir una respuesta concluyente. Si el objetivo es la ganancia, la creatividad sale perdiendo. Una vez oí a un científico que, comentando la falta de apoyo a las investigaciones científicas fuera de las industrias privadas, dijo: “La electricidad no se inventó tratando de producir lámparas mejores”. (Alberto Manguel; Nuevo elogio de la locura; pag. 28)

Bibliotecas y conversación

Delicioso el librito de Alberto Manguel Bibliotecas editado con motivo de la apertura de la Biblioteca general y la Filmoteca de Navarra.

Una erudita reflexión sobre la biblioteca como espacio, forma e imaginación y una propuesta de Biblioteca ideal  ocupan las 96 páginas del libro.

Me interesa resaltar por un lado la reflexión que hace Manguel en torno al espacio conversacional y que me recuerda al ‘constuir y descubrir‘ de Wagensber.

Dice:

En mi jardín, al otro lado de las ventanas de mi biblioteca, hay dos grandes sóforas. Durante el verano, cuando nos visitan amigos, nos sentamos y hablamos bajo ellas, a veces durante el día, pero generalmente por la noche. Dentro de la biblioteca, mis libros distraen de la conversación y nos sentimos inclinados al silencio. Pero fuera, bajo las estrellas, la charla se hace más desinhibida, más variada, y, curiosamente, más estimulante. El hecho de estar sentados a oscuras en el exterior parece conducir a una conversación más libre. La oscuridad invita a hablar.

Me trae recuerdos de mis últimas conversaciones en Castellón y de otras anteriores.

Recojo también algunas notas de Manguel sobre la Biblioteca ideal.

– Está destinada a un lector en particular. Cada lector debe sentir que él es el elegido.

– Es virtual y material a la vez. Permite el uso de toda tecnología, todo el contenedor, toda manifestación de un texto.

– Es un centro de lectura en el sentido más amplio posible.

– Permite a todo lector acceso a los anaqueles. Un lector debe tener la libertad de tener encuentros fortuitos.

– Organiza sin poner etiquetas.

– Es a la vez recluida y pública, íntima y abierta a los encuentros, dedicada a la meditación y también al diálogo, reservada y generosa, erudita y llena de preguntas, a la vez ansiosa por conservar todo lo que ya contiene y con la esperanza de tener lo que todavía no ha leído.

– La biblioteca ideal simboliza todo lo que representa una sociedad. Una sociedad civilizada depende de sus bibliotecas para saber qué es, puesto que las bibliotecas son la memoria de la sociedad.

– La biblioteca ideal (como toda biblioteca) contiene al menos una frase escrita exclusivamente para ti.

Identidad y conflicto

Me parece una sugerente reflexión la de Alberto Manguel en su libro La ciudad de las palabras en la última semana previa a las elecciones, pero pensando sobre todo en el día después.
Ahí va:
En última instancia, los lectores quieren tener palabras para nombrar, no cun conjunto dogmático de preceptos, sino leyes capaces de cambiar con el desarrollo de la experiencia individual y colectiva. Quieren palabras para nombrar las ventajas que proporciona la paz, pero también palabras para nombrar la confusión, la destrucción y la desesperación que nuestra ambición ocasiona. Las diferentes identidades de la tribu, la lengua, la religión y las filosofías puede proporcionar un punto de encuentro, porque a veces la idea unificadora de la identidad de una sociedad es precisamente la causa del conflicto. En lugar de reunir nuestras diferentes características y nuestras diferentes hablas bajo el dominio de una lengua común pero restringida, quizá sea posible entretejer todas ellas y transformas la maldición de Babel en un don de muchas lenguas. Como lecturas diversas, esas lenguas que existen simultáneamente pueden iluminar nuestras propias circunstancias (como en la obra de Kunuk), y también las de nuestros vecinos (como hace Trevor en sus relatos), trascendiendo la idea de exclusividad o propiedad. Quizá puedan ayudarnos a seguir el consejo de Kafka de aspirar sin poseer, de construir sin trepar a la cima: es decir, de saber sin exigir la posesión exclusiva del conocimiento. Quizá seamos todavía capaces de tales cosas. (pag. 124)

Campaña

Parece que desde hoy a las 0 horas todos, menos los asesinados, estamos ya en campaña.

Momento estupendo en el que las palabras pierden sentido, las promesas perspectiva, los debates se convierten en banales y la palabra dicha valor.

Así nos pasaremos los próximos 15 días sabiendo ya de entrada que aproximadamente el 35% de la población hará oídos sordos a todo y casi el otro 65% lo haremos a todo aquello que no queramos oir.

Así que palabras e imágenes al viento para que casi nadie escuche aunque los medios y los partidos que son los que viven de esto unos por aumento de consumo y otros por aumento de puestos traducible a dinero se intentan empeñar en la tarea.

Son, en general, como los ‘malos estudiantes’ que guardan todo su esfuerzo para el apretón final. Quizás por ello casi todos acaban suspendiendo.

Creo que voy a poder disfrutar de un tiempo extra de lectura para intentar abstraerme de otras palabras vacías.

– Los curas se dirigen a su público, y también los políticos. Ambos hablan para los de su color, sus seguidores agitan su misma bandera, buscan el tibio refugio del aplauso seguro de los de su mismo color. (Anjel Lertxundi; Vida y otras dudas; pag. 58)

– Ésta es la paradoja. Por una parte, el lenguaje de los políticos, que pretende referirse a categorías reales, congela las identidades en definiciones estáticas, separa, pero no consigue individualizar. Por otra, la lengua de la poesía y la ficción, que reconoce la imposibilidad de nombrar con exactitud y de forma definitiva, nos agrupa, a todos y cada uno de nosotros, en una humanidad común y fluida, y nos otorga al mismo tiempo, identidades que nos revelan a nosotros mismos. En el primer caso, la etiqueta que nos impone un pasaporte y la identidad convencional que nos es dada bajo cierta bandera y dentro de ciertas fronteras, así como la mirrada unificadora con que percibimos a aquellos que, al parecer, comparten cierta lengua, cierta religión o cierta tierra, nos fija a todos a un mapa coloreado cruzado por longitudes y latitudes imaginarias que tomamos por el mundo real. En el segundo caso, no hay etiquetas, ni fronteras, ni finitudes. (Alberto Manguel; La ciudad de las palabras; pag. 43-44)

– Me dan vértigo esas lealtades absolutas a principios absolutos, que suenan más a inmolación que a devoción. (Miguel Sánchez-Ostiz; Sin tiempo que perder; pag. 215)

¿De dónde somos?

Nacionalidades, etnias, filiaciones tribales y religiosas suponen definiciones políticas y geográficas de algún tipo, y sin embargo, debido en parte a nuestra naturaleza nómada y en parte a las fluctuaciones de la historia, nuestrageografía está anclada menos en un paisaje físico que en un paisaje fantasmal. Nuestra tierra es siempre un lugar imaginario……
Aparte de la voluntad de imponer leyes partidistas y reclamar privilegios para lo que se percibe como una singularidad, es difícil entender lo que queremos decir cuando hablamos hoy de una identidad nacional. Fuera del color local y la caricatura racista, e independientemente de cuestiones circunstanciales de economía política y estrategias industriales, ¿cómo definimos la sociedad a la que decimos que pertenecemos y que a su vez nos define a nosotros? ¿Qué es ese reloj de arena dentro del cual fluimos y cuya forma y naturaleza cambia constantemente? ¿Por qué medios nos imaginamos en un lugar que llamamos ‘nuestra tierra’? ¿Y quiénes somos nosotros, sus habitantes, los que residimos en ella permanentemente o sólo de paso? (Alberto Manguel; La ciudad de las palabras; pag. 204-206)
Siempre de fondo el miedo al cambio, la falsa seguridad, los anclajes externos…..

Incomunicado

Curioso.

Por el motivo que sea me ha dejado de funcionar hoy a la tarde la tarjeta sim del móvil. Lo primero que me produce es una cierta sensación de incomunicación por la falta de uso de un aparato como si el medio se hubiera convertido en fin.

A veces parece que los textos nos hablan así que como muchos días abro uno de los libros recientemente leídos para retomar alguna de las citas, párrafos o textos que me han llamado la atención y me encuentro con éste de Alberto Manguel.

No existe sociedad humana sin lenguaje. Las palabras nos permiten establecer un intercambio intelectual, pero también un intercambio físico y material al identidicar, describir y legislar. Las palabras definen nuestro espacio y nos otorgan un sentido del tiempo. Aquí y allá, como ahora, después y antes, son creaciones verbales, al menos en cuanto nos permiten concebirlas. Las palabras confirman nuestra existencia y nuestra relación con el mundo y con los otros. En este sentido, somos creaciones de nuestra lengua: existimos porque nos nombramos y somos nombrados, y porque damos testimonio de nuestra experiencia en palabras compartidas. ese proceso de identificación y reconocimiento, de creación y crónica no acaba nunca, siempre está por ser dicho enteramente. Ninguna sociedad tiene la última palabra. (La ciudad de las plabaras; pag. 19).
La imagen es de Bolorino

>Lectura, memoria y experiencia

Leer es una tarea de la memoria por medio de la cual las ficciones nos permiten disfrutar de experiencias ajenas y lejanas como si fueran nuestras.
Bajo ciertas condiciones, las ficciones pueden ayudarnos. A veces, hasta pueden aliviarnos, iluminarnos y mostrarnos el camino. Sobre todo, pueden recordarnos nuestra condición, traspasar la apariencia superficial de las cosas, hacer que reconozcamos corrientes superficiales y corrientes subyacentes. Las ficciones pueden alimentar nuestra conciencia, lo cual puede generar la facultad de saber, si no quiénes somos, al menos qué somos, un conocimiento esencial que nace de la confrontación con la voz de otro. Si….ser es ser percibido…saber qué somos exige el conocimiento de aquellos a los que percibimos y que nos perciben a nosotros. (Alberto Manguel; La ciudad de las palabras; pag. 25)

De dónde somos?

Como tantas veces mes a mes, escaparate a escaparate, idea a idea, los amigos de El Cajón planteándonos un nuevo interrogante (ver imagen), un ‘sin resolver’ y quizás esperando una respuesta.
¿Quién eres tú?

… Todos tenemos que enfrentarnos algún día a la terrible pregunta de la Oruga…Somos el rostro en el espejo, el nombre y la nacionalidad que nos han dado otros, el sexo que nuestras culturas definen implacablemente, el reflejo de la mirada de quienes observamos, la fantasía de quien nos ama y la pesadilla de quien nos odia, el cuerpo incipiente en la primera cuna y el cuerpo inerte bajo la sábana mortuoria. Somos todo eso, y además su contrario, nuestro yo en la sombra. Somos los rasgos secretos que faltan en nuestro supuesto retrato exacto, en nuestra descripción que dicen fehaciente. Somos alguien a punto de ser, y también alguien que ya ha sido. Nuestra identidad y el lugar y en el momento en que somos son algo fluido, y pasajero y múltiple, como el agua. (Alberto Manguel; La ciudad de las plabaras; 201-202)

La ciudad de las palabras

La ciudad de las palabras de Alberto Manguel.
Compré el libro en su edición mexicana el año pasado coincidienco con la Fil de Guadalajara.
Un conjunto de conferencias a través de las cuales y jugando con textos y autores varios Manguel nos va devolviendo preguntas interrogantes y reflexiones sobre nuestro ser y ‘estar’ en el mundo.
Os dejo con una de ellas:
Sentimientos patrióticos vagos o vehementes, oscuros motivos de emoción y fe, nos llevan a defender o atacar una frontera o una bandera cuya forma y color cambian constantemente, e incluso cuando juramos lealtad a un lugar, nos alejamos de él en dirección a una imagen nostálgica de lo que creemos que fue una vez o puede ser algún día. Nacionalidades, etnias, fliciaciones triables y religiosas suponen definiciones políticas y geográficas de algún tipo, y sin embargo, debido en parte a nuestra naturaleza nómada y en parte a las fluctuaciones de la historia, nuestra geografía está anclada menos en un paisaje físico que en un paisaje fantasmal. Nuestra tierra es siempre un lugar imaginario. (pag. 204-205)

Necesidad contra codicia

Se me cruzan en las lecturas un referencia de Alberto Manguel,  un artículo aparecido el domingo 6 de marzo en El País Negocios de Jeffrey D. Sachs que lleva el mismo título de esta entrada y otro de Maruja Torres de ayer en El País Semanal donde se hace eco de unas palabras de Stéphane Hessel.

Recojo algunos párrafos y citas que me andan dando vueltas en la cabeza.
– Nosotros, en nuestras sociedades, hemos permitido la puesta en marcha de maquinarias económicas destinadas a ganar cantidades ilimitadas de dinero, sea cual fuere el coste en vidas humanas pero sin creer que entre esas vidas pueda estar la nuestra. Tanto las maquinarias de ficción como las del mundo real, finalmente fracasan porque, debido a su misma perfección, están condenadas a destruir incluso a aquel a quien deben la vida. (Alberto Manguel; La ciudad de las palabras; pag. 175)
– El gran líder moral de India Mohandas Gandhi dijo la famosa frase de que hay suficiente en la Tierra para las necesidades de todos, pero no suficiente para satisfacer la avaricia de todos…. Nuestro planeta no podrá sustentar físicamente este crecimiento económico exponencial si dejamos que la codicia tome la delantera… El desastre es inevitable, a menos que cambiemos. Y aquí es donde Gandhi entra en juego. Si nuestras sociedades se rigen por el principio de la avaricia, con los ricos haciendo todo lo posible para enriquecerse aún más, la creciente crisis de recursos producirá una brecha cada vez mayor entre ricos y pobres, y muy posiblemente a una lucha cada vez más violenta por la supervivencia….Si la codicia prevalece, el motor del crecimiento económico agotará nuestros recursos, marginará a los pobres y nos llevará a una profunda crisis social, política y económica. La alternativa es un camino de cooperación política y social, a escala nacional e internacional. Habrá recursos suficientes y prosperidad para todos si convertimos nuestras economías para que hagan uso de fuentes de energía renovables, prácticas agrícolas sostenibles y un régimen tributario razonable para los ricos. Este es el camino a la prosperidad para todos a través de tecnologías mejoradas, justicia política y conciencia ética. (Jeffrey D. Sachs)
– “El interés general debe primar sobre el interés particular, el reparto justo de la riqueza creada por el mundo del trabajo ha de primar sobre el poder del dinero”. En relación con el momento actual, reflexiona Hessel con mucho acierto: “Se atreven a decirnos que el Estado ya no puede asegurar los costes de estas medidas sociales. Pero ¿cómo puede faltar hoy el dinero para mantener y prolongar estas conquistas cuando la producción de riqueza ha aumentado considerablemente desde la Liberación, el periodo en que estaba arruinada Europa? Si no fuera porque el poder del dinero, tan combatido por la Resistencia, nunca fue tan grande, insolente, egoísta, con sus servidores introducidos hasta en las más altas esferas del Estado. Los bancos privatizados se muestran sobre todo preocupados por sus dividendos y los altos salarios de sus dirigentes, no por el interés general. La brecha entre los más pobres y los más ricos nunca fue tan importante, y la competición por el dinero nunca estuvo tan animada”.

Consejo, vida y sabiduría

“Si hoy”, escribió Benjamin, “el ‘pedir consejo’ empieza a sonar anticuado, es porque la comunicabilidad de la experiencia está decreciendo… Después de todo, el consejo no es tanto la respuesta a una pregunta como una propuesta referente a la continuación de un relato que está desarrollándose. Para solicitarlo sería preciso ante todo narrar la historia… [ya que] la sabiduría es el consejo entretejido con la vida misma” (Alberto Manguel; La ciudad de las palabras; pag. 112)

¿Nos podrá aconsejar quien no conoce nuestra historia?
¿Hemos perdido la capacidad de narrar nuestras vidas por la inmediatez aparente de los actos en que creemos vivir?