¿La cultura? ¡Una chorrada!

Pues sí, pues sí, no os asuteis. Estoy muy de acuerdo con la afirmación de Francisco Castro. La cultura es una chorrada se mire por donde se mire.

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Es una chorrada para los políticos rufianes y para los nuevos  neoliberales digitales que sólo hacen análisis falsamente económicos.

Es una chorrada por la banalización (3ª acepción) que la convierte en tontería y por lo tanto en cosa de poca importancia.

Probablemente una de las mayores tonterías que se han hecho y se siguen haciendo es intentar dar valor de PIB a la cultura. Tanta tontería es, es tan chorra, que ya lo hacen hasta las bibliotecas.

Parece que se nos ha pegado la chorrería de la clase dirigente y vamos detrás de ellos como ovejas al matadero de la pela.

Así que no está de más recoger la afirmación de Alberto Manguel.

Una sociedad en la que no se hacen preguntas es una sociedad muerta. Es la definición de Auschwitz que el guarda le dio a Primo Levi: “Aquí no hay porqué.”

En lo que ahora en muchas ocasiones se nos vende como cultura tampoco.

Quizás salgan ahora los fervorosos de lo suyo asustados, pero ¿a quién le importa y le interesa?¡ si probablemente ni muchos de los ‘actores culturales’ se la han tomado en serio?

¿Queremos compradores o lectores?

Se acerca el Día Mundial del Libro y del derecho de autor. Basta ver cómo los medios aumentan su dosis informativa modo suflé que quedara desinflado pasado ya el 26, siendo generosos, para volver al run-run del silencio en torno a la lectura.

Hace tiempo ya que se ha dejado de hablar de lectores y casi todo lo que se mueve alrededor del Día tiene más una dimensión económica y comercial que cultural.

Alguno ingenuamente dirá que no, que esto no es así, que ambas dimensiones son inseparables y bla, bla, bla; pero hace tiempo que está constatado que lectura y comercio no circulan ya en paralelo.

Alberto Manguel vuelve a dar una pista.

Somos una sociedad mercantil que necesita, para seguir existiendo, consumidores y no lectores. La lectura inteligente y detenida puede alentar la imaginación y fomentar la curiosidad y, por lo tanto, hacer que nos neguemos a consumir ciegamente. Es por eso que Christine Lagarde, ardiente defensora de las sociedades de consumo, cuando era ministra de finanzas durante el Gobierno de Sarkozy, dijo a sus conciudadanos que se quejaban de la crisis: “Trabajen más y piensen menos”. Madame Lagarde sabía muy bien que un pensador nunca sería un buen consumidor.

El modelo de consumo genera además y curiosamente abundantes sobrantes y en esto el sector del libro, no el de los lectores, es todo un experto en hacerlo crecer y crecer manteniendo ese carácter de negocio misterioso y extraño que señala Leandro Ceruti.

A veces, por suerte, se vuelve a descubrir algo nuevo entre esos ‘montones desechados’.

Así que entre tanto desecho y tanta sobreproducción, la de excedentes que generará el Día del Libro, uno todavía se asombra cuando, por ejemplo, escucha a una librera, Lara Meana de El Bosque de la Maga Colibrí, decir que su librería es un

proyecto de promoción lectora que combina la venta de libros y juegos didácticos de calidad con la puesta en valor del libro y la lectura en todos los ámbitos.

Teniendo en cuenta que el concepto libro empieza a ser de un difuso que asusta, ¿no deberíamos ir pensando en el cambio de nombre del Día y hablar del Día Mundial de la Lectura? o, sino, decir con claridad que es un Día comercial pensado para vender libros sean de quien sean y vengan de donde vengan despojado, lógicamente, de cualquier dimensión cultural.

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Reflexiones de Alberto Manguel en torno a la lectura y su difícil contexto actual

Muy interesante la entrevista en el ABC a Alberto Manguel. Escuchar algunas opiniones y reflexiones con total naturalidad y ligeramente a contracorriente de una de las personas que más ha trabajado, leído y estudiado en torno a la lectura no está nada mal.

¿Qué me ha llamado la atención?

  • Cuando escribo lo hago más como lector que como escritor. (Nota: Curiosamente leía ayer a la noche en el tercer volumen de los Diarios de Iñaki Uriarte: ESOS QUE ESCRIBEN como si en la literatura se tratara de escribir y no de leer (pag. 71))
  • Vemos en acciones extremas de violencia un reflejo de la identidad del otro que al final es la nuestra. Nos olvidamos que nosotros actuamos así hace muy pocos siglos. Seguimos actuando así pero queremos definirnos como «nosotros» y «los otros» para proteger nuestro sentido de identidad.
  • No tenemos que confundir erudición con cantidad. Debemos respetar el conocimiento literario de los otros.
  • Sin preguntas no hay diálogo, serían simplemente dos monólogos.
  • —¿No usa e-books?

    —No, no los necesito. No tengo nada en contra pero no los necesito. Hay una serie de aparatos tecnológicos que no uso. No conduzco, no tengo teléfono móvil… Son cosas que no uso no porque las deteste, sino porque simplemente no las uso.

  • Tenemos que decidirnos a cambiar los valores esenciales de esta sociedad si queremos cambiar lo que consideramos como problemas. La lectura no es algo aislado de la estructura general de la sociedad como tampoco lo es la pobreza o la enfermedad.
  • En una sociedad que valora lo superficial la lectura no tiene valor. Tenemos que ser más coherentes. Si queremos alentar la lectura tenemos que proporcionarles una atmósfera adecuada a la lectura y no una atmósfera que la contradiga.
  • Es una sociedad que adiestra a los jóvenes a ser esclavos. Los llamamos de otra manera, «empleados de oficina» o «trabajadores en fábrica», pero no queremos que sean creadores independientes porque eso no contribuye al consumo.

Mal futuro parece atisbar Manguel para la lectura y no por el papel o el digital, por los galgos o podencos, sino por los contextos.

Nosotros, en nuestras sociedades, hemos permitido la puesta en marcha de maquinarias económicas destinadas a ganar cantidades ilimitadas de dinero, sea cual fuere el coste en vidas humanas pero sin creer que entre esas vidas pueda estar la nuestra. Tanto las maquinarias de ficción como las del mundo real, finalmente fracasan porque, debido a su misma perfección, están condenadas a destruir incluso a aquel a quien deben la vida. (Alberto Manguel; La ciudad de las palabras; pag. 175)

Más sobre las librerías-cafés y otras posibles especies libreras en Lavapiés

Cada vez se encuentran con más frecuencia en los medios las referencias a las librerías como espacios con ‘algo más que libros’. Parece en ocasiones como si anduviéramos en una especie de dialéctica pendular. Ante la digitalización desmaterializadora o uniformizadora de la experiencia lectora, la puesta en valor de los espacios donde se ofrece una experiencia palpable enriquecida que, además no pasa por la mediación digital, sino que busca más el placer de otros sentidos.

A ello se une la larga tradición de cercanía entre la librería y el café. En febrero, por ir a lo más reciente, ya nos hicimos eco de algunas propuestas. Ahora en ZoomNews nos llegan algunas repetidas y algunas nuevas.

En concreto, hay tres que yo no tenía controladas: El dinosaurio todavía estaba allí en Madrid, Toma 3 en Gijón y Chico Ostra en Valencia. Junto a ellas, algunas que ya han pasado por aquí: Tipos infames, Walden, La Biblioteca de Babel, La Fugitiva.

Y de los cafés y los vinos nos pasamos al callejeo librero. En esta ocasión por Lavapiés y también con nuevos descubrimientos para un servidor como Bajo el volcán, donde vivirán en la continua contradicción entre el 4 y el 21% de IVA. Junto a ella otras ya conocidas o, por lo menos, fichadas como Burma, Venir a cuento La Malatesta.

Librerías todas ellas que, como ya señaló hace años Alberto Manguel, se adaptan mejor a los verdaderos lectores.

Las librerías virtuales, como amazon. Com, proponen millones de libros en sus catálogos, como así también pantagruélicas listas de best-sellers en las que todo libro recibe su posición día a día y todo autor puede ufanarse de ser, por lo menos por veinticuatro horas, el best-seller número 1.925.324. Las librerías llamadas de “gran superficie”, esos supermercados del libro, proponen de manera un poco más modesta la misma colosal y aparente abundancia. Digo aparente, porque estos supermercados, si bien ponen al principio de sus carreras todo tipo de libro a la disposición de sus clientes, esperan hasta que las pequeñas librerías, cuyo lugar usurpan, mueran de inanición y luego eliminan calmamente de sus estantes los libros de ventas pobres, ofreciendo finalmente poco más que los consabidos bestsellers. Sin duda, estos monstruos son útiles para el lector que busca un título preciso y no quiere perderse en distracciones. Pero para el lector que confía en el azar y no sabe qué libro le ha sido destinado por los dioses, estos universos enciclopédicos resultan demasiado selectivos, autoritarios, previsibles. Un verdadero lector necesita poder recorrer universos menos desmesurados y más personales, territorios menos vastos en los cuales aprovisionarse de las palabras que le servirán a dar un nombre a su ambigua experiencia del mundo.

¡Me gustan los libros! A favor de la lectura en papel. ¿Te apuntas?

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Terminé ayer de releer Una muerte muy dulce de Simone de Beauvoir.

Escribe:

El poder de los objetos es conocido, en ellos la vida se petrifica con uuerza mayor que en cualquiera de sus momentos.

Recientemente también César Coca escribía en su espléndido blog:

No todo en la vida son contenidos. La forma también es relevante. Los tecnópatas no siempre lo saben.

En el mundo del libro digital las previsiones aparecen últimamente como equivocadas y atascadas. El papel sigue representando el 80% de las ventas mundiales.

Así que el futuro que es el presente de dentro de unas horas sigue siendo mayoritariamente en papel.

Nada será, como el presente ya indica, lo que fue. Pero este mismo presente parece señalarnos algunos caminos como:

– La importancia de la librería y lo palpable y el único canal que por ahora retiene a los lectores.

– La importancia de los nuevos modelos de negocio micro y cooperativos. En los nuevos escenarios que por ejemplo dibuja Enrique Bustamante me interesa sobre todo el papel de las pymes.

– El peligro que corren las ballenas del sector. Cada vez quedan menos.

– Que parece mejor y más sano, según Alberto Manguel, tanto para el sexo como para la lectura lo real y palpable que lo virtual.

En esta línea y con estos guiños llegan a veces campañas y propuestas amables como la que nos ha hecho llegar Leticia de Santos y que lleva por título Me gustan los libros.

Nos cuenta:

Me gustan los libros” nace de la necesidad de crear un movimiento a favor de la lectura en papel, que defienda la tradición de la imprenta, las bibliotecas, las librerías, la belleza de compartir un libro, lo perdurable, las cubiertas bonitas, las notas de amor en los márgenes, en definitiva, el amor a los libros y a la cultura.

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¿TE ANIMAS?

No queremos dejar la ocasión de acordarnos de dos iniciativas más palpables.

De una de ellas ya hemos hablado por aquí. Fue lanzada por ANTI Liburudenda y faltando todavía unos cuantos días ha duplicado las expectativas.

Y la segunda, que son dos, es de nuestra amiga Alejandra Díaz Ortiz y compañía, la gente de Visual y Proyecto Gorrión. Por este lado un estupendo fanzine de collage.

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Y la segunda que a encontrado su acomodo en La Turrona y que nos permite poner un punto y final a contracorriente de los discursos dominantes modelo partido único.

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Así que quienquiera que se venga. Seguimos buscando gustadores y amantes de lo palpable.

Día de las Librerías. 8

libroregalo– Robert Louis Stevenson observó que el destino de un viaje importa menos que el viaje mismo, y que un viajero cabal es aquel que viaja sin destino. Esta ha sido casi siempre mi intención durante mis recorridos en librerías. Y aún en los casos en que mi excursión tuvo como propósito una meta fija, la de encontrar tal o cual libro, la variedad ofrecida a mi codicia (variedad que es la esencia misma de una librería) me distrajo implacablemente de tal meta. (Alberto Manguel; Autorretrato de un lector; Ourense 2002)

– Pero para competir con la WWW las librerías del futuro serán distintas de las hipertiendas concebidas para masas que ahora dominan el mercado. Las tiendas del mañana tendrán que ser lo que la Web no puede ser: tangibles, íntimas y cercanas al domicilio; santuarios colectivos, quizás con cafeterías que ofrezcan placer y ciencia en compañía de otras personas que comparten tus mismos intereses, y donde el libro que uno quiere siempre pueda encontrase y cada anaquel depare sorpresas y tentaciones. (Jason Epstein; La industria del libro; pag. 50-51)

Día de las Librerías.6

cuandoentrasaunalibreria– Se ha dicho que los sacerdotes del Egipto antiguo fueron los primeros libreros porque ofrecían a las familias de los difuntos el Libro de los muertos, que era luego depositado sobre la tumba del ser querido para guiar su alma a través del reino de las tinieblas. Esta función, esta obligación, esta tarea es, aún hoy, la de nuestros libreros. Las obras que nos venden –con entusiasmo, con pasión, con cariño- pueden convertirse, para quienes sepan usarlos, en compañeros de viaje, guías o consejeros para atravesar el reino de este mundo y para quienes creen en él, el reino del mundo por venir. (Alberto Manguel; Autorretrato de un lector; Congreso Oruense 2002)

-‘En cada nuevo viaje, en cada ciudad recién visitada, hay siempre el momento magnífico y fatal en el que se descubre el escaparate de una librería’ (Antonio Muñoz-Molina)