Aixerrota-Plentzia

Espectacular mañana de domingo.

Sol, brisa, buena temperatura y mejor compañía para hacer la ruta que va por la costa desde el molino de Aixerrota hasta Plentzia.

Horas de contemplar la naturaleza, de pasear-marchar tranquilos, de conversar, parar, mirar, fotografiar, almorzar, gozar del sol.

Sin prisa..

Para tener nuestro recuerdo particular del Día del Libro conn esta imagen en el camino…

El caminante no elige domicilio en el espacio, sino en el tiempo: el alto de media tarde, el reposo de la noche, las horas de comer, inscriben en el tiempo una residencia que se renueva cada día. El caminante es quien se toma su tiempo y no deja que el tiempo lo tome a él. (David Le Breton; Elogio del caminar; Siruela, pag. 36).

Imágenes para el recuerdo.

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Deseos y realidades. Gracias a Iguázel

El deseo convertido en querer.

Bello texto de Iguázel Elhombre que empieza así:

Quiero casas de las que no nos echen y calefacciones que podamos pagar. Quiero que lo público gane. Quiero poder comprar berberechos siempre. Quiero que desaparezcan los purés de las cartas de los restaurantes. Quiero olvidarme de la sensación de no llegar a todo. Quiero un país en el que no se consienta el hambre. Quiero aprender muchas cosas. Quiero que se gobierne para que nos duela menos lo que nos falta. Quiero leerme sin evitarme la mirada. Quiero no tener que justificarme. Seguir leyendo

Yo también lo quiero.

Y a veces los quereres se hacen realidades. Antes de las fiestas como preámbulo de buenos deseos y preámbulo de lo que el 27 celebraremos íntimamente, el encuentro con las amigas y amigos que nos quieren como realidad y no como deseo más allá de que nos equivoquemos.

Ha sido nuestro fin de año particular.

 

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Los amigos

Hablamos sobre los amigos. Yo le dije que no sabía exactamente si tenía amigos. De muy niña tuve una amiga en la pequeña ciudad donde crecí. Yo tenía trenza y le juré a otra chiquilla que seríamos eternamente amigas, y por entonces lo éramos de verdad. Pero hacía mucho tiempo de eso, dije, y todo eran puras chiquilladas. Hoy ni siquiera podría decir qué es un amigo. Posiblemente ya no estana dispuesta a confiarme a otra persona ni era capaz de hacerlo, y eso era una condición previa de aquella extraña cosa llamada amistad. Probablemente no necesitaba amigos. Tengo conocidos, buenos conocidos, los veo ocasionalmente y me alegro. Pero en realidad serían intercambiables, es decir, no forzosamente necesarios para mí. Me gusta estar con gente, muchos me interesan y me resulta agradable estar con ellos. Pero eso es todo. A veces tengo una necesidad indefinida de algo así como un amigo, una compañera de escuela pequeña y pálida, pero me ocurre raras veces y se asemeja más a las lágrimas que, sin querer, me arranca en el cine algún melodrama. (Christoph Hein; Sangre de dragón; pag. 83)

100 años

50+50=100

Ayer S. y su hermana gemela cumplían 50.

Querían celebrarlo con amigos.

Me invitaron a su fiesta.

Aunque estaba con un ojo allí y otro mirando hacia los 80 sobrepasados disfruté.

El encuentro y reencuentro con amigos y conocidos de toda la vida.

La sorpresa de ver a personas que has conocido en otros ámbitos también presentes allí.

La constatación de que Bilbao es un pañuelo y el clima de complicidad me permitió pasar y disfrutar de unas horas agradables.

Como S. decía el mejor regalo para ella es que estuviéramos allí.

A todos nos gusta la compañía, el sentir que tenemos a gente cerca en los buenos y malos momentos.

A todos nos gusta el poder celebrarlo o llorarlo, lo que toque en cada caso, con personas a las que queremos y que nos quieren.

En cualquier caso, algo deben de tener los 50, para que nos entren ganas de compartirlos con los que queremos.

Celebrándolo

Hay edades, la mía, o quizás mejor hay edades vividas, cada uno sabe cómo las vive, que invitan a la celebración. Durante estos días intentaré juntarme y pasar un rato con algunas de las personas que en estos…… años intensamente vividos han jugando un papel para mí clave en mi vida con su presencia continua o en momentos concretos y muy significativos, sabiendo, al mismo tiempo, que algunos de esos momentos son fruto de la casualidad (¿buscada?)

Ayer, casi hoy (es difícil verlo pero el reloj, me he dado cuenta hoy a la mañana,  marcaba las 00.00), a la noche empezamos y brindamos felices.

Los que me conocéis y aún con todo me queréis sabéis que en las distancias cortas no soy persona de excesivas palabras y recuerdo algo de lo que ahora estoy leyendo. “La palabra no es un elemento tan imprescindible de la comunicación humana como a veces suponen los escritores cegados por el orgullo; en momentos críticos, la gente capta la esencia con muy pocas palabras o incluso sin ninguna” (Sándor Marai; La hermana ; pag. 31)