En Bilbao, ¿preguntas… sin respuesta?

Bilbao

Domingo de agosto

Paseo tranquilo.

Siempre con los ojos abiertos para darnos cuenta que los espacios nunca son iguales, que cambian como lo hacemos también las personas.

No sé sin son dos partes de la misma historia.

Allí, donde hace dos años (julio 2013) aparecía un corazón…

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Ahora aparece una pregunta..

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¿Se habrá acabado el amor y empezará el matrimonio?

¿Serán historias con personajes distintos?

¿Habrá algún personaje común?

La ría nos irá contando.

Ya escribía Alejandra...

«Considerando que el matrimonio puede celebrarse in articulo mortis, no encuentro razón alguna para precipitarse»

Don Manuel, el señor notario.

La vida…. amar….

Pensando en los próximos días…

Dos regalos de dos amigas que me llegan a través de esta red de redes.

Uno publicado y compartido en lo público y que me trae recuerdos recientes de ‘borreguitos’ compartidos.

Olas de Alejandra Díaz Ortiz.

Ya lo dice ella: Habrá que esperar la próxima marea.

Otro, una canción

Aquí la letra.

Gracias por hacérmelo llegar.

Los peces no cierran los ojos

Imanol es un apasionado de Erri De Luca y dice por ahí que, sin quererlo y en parte debido a mi ‘ceguera’ la culpa la tengo yo cuando le pasé un libro del autor editado por Siruela.

El otro día, en una gozosa razia que pudimos hacer, él más que yo, me devolvió el favor al poner en mis manos Los peces no cierran los ojos.

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Al escribir ahora esto, este libro me lleva al recuerdo de otro libro que no tiene nada que ver más allá de la complicidad y la asociación que nuca sabe uno como ni por qué llega.

Lo leí, lo disfruté la misma tarde del viernes en el que realizamos nustra ‘salvaje’ incursión.

Aquí os dejo algunos retales, pero cada uno encontraréis los vuestros:

– Primero me había enjugado las manos en el mar, después cebé el anzuelo y lo lancé lejos, empujado por el plomo. Confié la pesca a la yema del dedo índice y me fui detrás de los pensamientos, que llegan desde lejos y se van al mundo de las olas con la barca. Pasan por debajo y hacen que se balancee. (pag. 84)

– – No nos arrastremos tras una promesa para traicionarla. Sabemos perfectamente que no volveremos a vernos. Y si ocurre, seremos diferentes y no nos reconoceremos. Cambiarás de forma y de voz, los ojos de pez no, quizá te reconozca por ellos. Ahora vámosnos a casa. Después pasaremos juntos la última noche.

    – ¿Te marchas mañana?

    – Sí.

   Hoy sé que aquel amor cachorro contenía todos los adioses siguientes. Ninguna se detendría, yo no conocería las bodas, nada de codo con codo ante un tercero que pregunta: “¿Quieres tú?” El amor sería una parada breve entre los aislamientos. (pag. 110)

– – Entonces, ¿te gusta el amor?

   – Es peligroso. Provoca heridas y después, a causa de la justicia, más heridas. No es una serenata en el balcón, se parece a una marejada de ábrego, revuelve el mar por encima y por debajo lo remueve. No sé si me gusta. (pag. 120)

– La riqueza engalana espacios que luego deja vacíos. (pag. 93)

Leche amorosa o amor lechoso

La leche, a veces, acompaña al café. Así que el texto de Alejandra y la mañana pasada ayer en la playa y la tarde relajada me han sugerido este pequeño juego de vuelta que no hubiera nacido sin el café anterior y que nos permite, cambiando el género pasar del Amor con leche al Café con amor

Café con amor

Amor dulce

Amor entero

Amor desnatado

Amor descremado

Amor Light

Amor animal

Amor de campo

Amor merengado

Amor caliente

Amor templado

Amor frío

Dulce de amor

Un vaso de amor

Amor con nata

Amor azucarado

Amor cortado

Amor agrio

Amor solo

Amor con canela

Arroz con amor

Amor en polvo

Polvo de amor

Amor evaporado

Amor enriquecido

Amor orgánico

Amor chocolateado

Amor materno

Amor infantil

Amor enriquecido

¿Habrá más amores lechosos?

Siete vidas tiene el gato

Mi primera vida la perdí jugando a la pelota.
La segunda me abandonó buscando una respuesta
que nunca encontré.
La tercera me la robó un cantante de mala fama.
De regalo, ofrecí la cuarta, sin razón.
Entre una cena y un te quiero, me aposté la quinta.
La sexta la doné a Soledades sin Fronteras.
La séptima, la última que me queda, la quiero ahogar
en lo más profundo de tu boca.

(Alejandra Díaz-Ortiz; Cuentos chinos; pag. 14)

Tiempo para…, tiempo de…

En medio de este tiempo vacacional me encuentro con una entrada de Imanol en uno de sus blogs donde dice:

“El tiempo es dinero, claro que sí; pero el tiempo es también y sobre todo solidaridad, cultura, amistad, paternidad y maternidad, política, amor, humor… El tiempo es vida, en suma, en todas sus dimensiones y con toda su complejidad.

Desde una perspectiva social el reto al que nos enfrentamos no es el de encontrar maneras diferentes de microgestionar el tiempo de trabajo, sino de reorganizar el conjunto del ciclo vital. Eso significa tomarse muy en serio las desigualdades de tiempo, tanto las socioeconómicas como las que tienen que ver con el género, ese gran discriminador de todos los tiempos sociales (no sólo del tiempo productivo, también y muy especialmente del tiempo reproductivo). Eso significa asumir también que, puesto que ninguna organización del tiempo es natural, siempre habrá perdedores y ganadores en cualquier nueva temporalización de nuestras sociedades.
No nos llevemos a engaño: la guerrilla por la ocupación del tiempo continúa abierta. Nuestra obligación es afrontarla con las herramientas de la política democrática, que son el diálogo y la comprensión; y con el objetivo de convertir el tiempo social no en un factor más de discriminación –con ciudadanas y ciudadanos ricos en tiempo de calidad, con capacidad para comprar el tiempo de otras y de otros- sino en un factor de construcción de una sociedad no sólo más eficiente y productiva, sino mejor”.

Me olvido o dejo a un lado las dimensiones políticas sabiendo que siempre están presentes.

Como al mismo tiempo esta lectura se me cruza entre otras con la de Leonardo Boff, El cuidado necesario, y con una frase que casi como mantra repite una buena amigaSomos unos traperos del tiempo, me centro en la primera frase: el tiempo es también y sobre todo solidaridad, cultura, amistad, paternidad y maternidad, política, amor, humor… El tiempo es vida, en suma, en todas sus dimensiones y con toda su complejidad.

Quizás las circunstancias vitales y del entorno me hagan dar bastantes vueltas sobre el Cuidado y el tiempo a él dedicado.

Vivimos-vivo con la sensación falsa a veces de que el tiempo es ilimitado, de que vamos a ‘tener tiempo para todo’, mezclando de mala manera nuestro tiempo productivo y experiencial-vivencial, engaññandonos en ocasiones con microfragmentos, con unidades micro de quita y pon que pensamos poder acoplar con facilidad a cualquier circunstancia hasta que nos vamos encontrando con realidades que ponen ante nosotros tiempos lentos, largos, silenciosos, amables, cariñosos, conversacionales, solidarios que no podemos medirlos o situarlos en la óptica del tiempo laboral que empieza y termina ya que su lógica no se mantiene en el hacer sino en el ser del otro y en el nuestro.

¿Puede el acompañamiento del dolor tener una hora de salida?

¿Merece la pena terminar una conversación como si tuviéramos que fichar y tarifar las horas habladas?

…..

El tiempo de los otros, el nuestro, el relacional es finito, como la vida. Vuelven por lo tanto a estar presente las prioridades.

Como observaba hace algún tiempo Teilhard de Chardin. “el progreso de una civilización se mide por el aumento de la sensibilidad hacia el otro”. Según este criterio, vivimos actualmente tiempos de barbarie. (El cuiddado necesario; pag. 51)

Quizás sea un buen momento para hacer un pequeño homenaje y recuerdo a las manos que nos acompañaron en nuestros primeros momentos y recordar que el afecto, la sensibilidad, la psionalidad y el sentimiento son las capas más profundas y determinantes de lo humano (pag. 50)

¿Amamos de verdad?

El amor romántico, por tanto, es un camino de desilusión. Sólo deja de serlo cuando la desilusión, aceptada desde el principio, decide variar de ideal constantemente, tejer constantemente, en los talleres del alma, nuevos trajes con los que constantemente renovar el aspecto de la criatura por ellos vestida.

Nunca amamos a alguien en concreto. Amamos tan sólo la idea que nos formamos de alguien. Es un concepto nuestro -es, en suma, a nosotros mismos- lo que amamos.

(Fernando Pessoa; Libro del desasosiego; pag. 130)

Afecto

Al hacernos viejos, en el ocaso de la vida -la hora más hermosa por sus tonos y reflejos-, tenemos una nueva noción de todo y, más aún, del afecto. En la edad de la potencia y de la personalidad, tanteamos al amigo como tanteamos el terreno, desde el punto de vista de la reciprocidad. Dado que nos sentimos sólidos, queremos que sea sólido lo que nos lleva o conduce. Pero cuando sentimos huir la intensidad del ‘yo’, amamos a las personas y a las cosas por lo que representan a los ojos de nuestra alma y en abosluto por lo que puedan aportar a nuestro destino. (George Sand en Querida maestra; pag. 30-31)

Inspirar amor

Joubert: El fin de la vida es amargo. Menos de un año después de escribir esas palabras, a los sesenta y un años, edad que en 1815 debía de parecer mucho más avanzada de lo que hoy se considera, anotó una formulación distinta sobre el fin de la vida que invita a mayor reflexión: hay que morir inspirando amor (si se puede). Te conmueve esa frase, sobre todo las palabras entre paréntesis, que a tu modo de ver muestran una gran sensibilidad de espíritu, adquirida con gran esfuerzo, sobre lo difícil que resulta inspirar amor, en particular para alguien que está en la vejez, que se está sumiendo en la decrepitud y se encuentra al cuidado de otros. Si se puede. Probablemente no exista mayor logro humano que merecer amor al final. (Paul Auster; Diario de invierno; pag. 228)

Los recuerdos están todavía recientes y frescos. La muerte de una persona cercana genera extrañeza en nosotros mismos.

Todos somos extraños para nosotros mismos, y si tenemos alguna sensación de quiénes somos, es sólo porque vivimos dentro de la mirada de los demás. (pag. 175)

Una de esas miradas se ha ido y no volverá. Habrá otras miradas, pero serán distintas. Tendrán otros puntos de vista sobre nosotros mismos y sobre la vida.

Y en el rum-rum del que muere y del otro queda ese inspirar (2. tr. Infundir o hacer nacer en el ánimo o la mente afectos, ideas, designios,…) amor o haberlo inspirado.

¿Qué acabaremos inspirado cada uno de nosotros hacia los otros que nos sacan de nuestra propia extrañeza?

Pasión inútil

Sé muy bien que la lectura, la literatura, los ‘libros’, es (y debe ser) la verdadera ‘pasión inútil’, que en cuanto se quiere encontrar una utilidad utilitaria a la literatura se la ve languidecer, encogerse y perecer, que una librería, aunque venda también ‘libros de consulta’, libros de cocina, manuales de bricolage y tratados de navegación, es ese lugar gratuito y perfecto que no puede servir para nada, del mismo moso que no amamos de entrada a los que amamos porque nos sirvan para algo… sino porque les amamos por puro placer, sin ninguna justificación práctica, por el solo encanto de amarles. (Claude Roy; El amante de las librerías; pag. 33-34)

Recuérdamelo…

– ¿En qué pensaste tú cuando llegó tu final?

– ¡Oh! En que de buena gana hubiera salido a disfrutar de una noche de primavera para poder oler las hojas nuevas. Sólo una vez más. Pero tuve suficiente vergüenza como para reconocer que había dejado pasar unas cuantas primaveras en mi vida. Y ajusté las cuentas sobre un par de asuntos a tiempo. (pag. 119)…

– Lo verdaderamente hermoso casi nunca es bonito.

– Abuela, en eso tienes razón. Por ejemplo, el dolor. ¿La destrucción? ¿Lo bestial? Ese algo tan doloroso que nos lleva a cerrar los ojos para no verlo. Ese algo quer hace que todos aquellos que lo ven, desvíen la mirada. Es posible que sea al reconocer nustero propio dolor cuando lo rechacemos afirmando: No me gusta, no lo entiendo, no lo quiero tener, es feo, asqueroso. (pag. 127)

– ¡Si lo olvido, recuérdamelo! Recuérdame cómo golpean la alegría, la pena, el amor. Como golpea la insensatez. ¡La maldad!

– Es como un bumerán. Es la fuerza, o el golpe, que siempre retorna. (pag. 132)

(Herbjorg Wassmo; El motivo en Varios; Mujeres de los fiordos. Relatos de escritoras noruegas; Nórdica)

 

 

Los matices

Porque aquí está el problema esencial: hemos perdido todos los matices. Y con los matices, todos los sentimientos que los acompañan o los provocan. Amar, por ejemplo, tiene un solo sentido para todos. Cuando alguien pronuncia ese verbo, las asociaciones lógicas que desarrolla nuestra mente son siempre las mismas y no se sale de ellas: “Fuerte necesidad física y malestar por la ausencia del objeto (exponente altísimo, yo diría diez); posesión, matrimonio, hijos, herencia, sexo, según necesidades”.

Pero yo, yo estoy a salvo, indemne. Yo conozco los nombres, y los matices, y permanezco a la espera.

Mientras tanto, narro. (Roberto Veccioni; El librero de Selinunte; pag. 13)