El espacio iberoamericano del libro 2018. Cerlalc

El espacio iberoamericano del libro 2018 ofrece un comprehensivo mapa del sector editorial de la región. A partir de los registros de isbn, se analiza la evolución de los títulos y ejemplares producidos, la incidencia de los distintos tipos de agentes que los publican y las características de la oferta publicada en los últimos cinco años. En algunas ocasiones, este examen se remonta inclusive a comienzos de los 2000, lo que permite observar tendencias de largo plazo, así como evaluar las posibles causas que les han dado forma.

Con la ambición de ampliar el alcance de este estudio, publicado por primera vez en 2006, en esta nueva edición se ha construido un retrato detallado de los cuatro principales mercados del libro de América Latina: Argentina, Brasil, Colombia y México. En esta mirada comparativa, la información sobre la producción de títulos y la evolución del mercado se analiza a la luz del comportamiento de las economías de estos cuatro países en años recientes.

El espacio iberoamericano del libro 2018 brinda, así, información que permite a los actores interesados hacerse a una perspectiva estratégica del sector editorial de la región.

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El sueño de la librería propia

Estos últimos meses vivo bastante entretenido y dedicando algunas horas a varios proyectos relacionados con librerías.

Sigo en todas las ocasiones presentando y jugando con esa ‘cuenta de la vieja de servilleta convertida en excel‘.

Disfruto. Disfruto mucho tanto en proyectos más personales como en otros de carácter más colectivo.

Les propongo siempre que me dejen el papel de abogado del diablo y me dedico a preguntar, poner en duda, criticar, aportar e intentar quizás que las ilusiones de los proyectos tomen por lo menos un cierto barniz de racionalidad. Ofrecer la fontanería y facilitar desde una mirada amiga que el discurso y con ello el proyecto se ordene para que se pueda convertir en un ‘sueño soñado despierto’.

Creo que en todos esos proyectos a los que acompaño y con los que me siento agradecido y a gusto resuenan, en cada uno a su manera, las palabras de Cecilia Fanti, librera también al otro lado del charco, que escribe:

En una librería uno vende algo que además de tener un precio tiene un valor. Y uno deposita algo ahí. Las librerías pequeñas, de barrio, con una selección acotada de catálogo y una decisión precisa y personal sobre qué vender, trabajamos con clientes que vuelven o todas las semanas, o una vez por mes o varias veces a la semana. Los compradores ocasionales son una minoría. Quizás lo son la primera vez, pero vuelven. Y ver el armado de esa comunidad es muy estimulante.

No es romanticismo todo tampoco, los números tienen que acompañar, pero también he descubierto que es falso que hay que vender todo y de todo para que funcione.

Y ahí seguimos jugando entre el romanticismo y los números y comprobando que cada proyecto librero es un modo distinto de enamorarse. Quizás por eso muchos de ellos son tan íntimos y personales.

En el fondo, también a muchos editores les pasa lo mismo, ¿no?

Este juego plural de amores y selecciones es al fin y al cabo lo que sostiene y genera la auténtica biblidiversidad.

¡Benditas soñadoras!

 

Palabras sin prisa. Bello nombre para una librería

Le tomo prestada la historia a Mi Libroteka. El mes de junio hablaba en su blog de librerías con encanto y lo dedicaba a la librería argentina ‘Palabras sin prisa‘ (Librería de libros)

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Nos cuenta Silvia, la librera soñadora despierta:

Un lugar donde se puede estar entre libros.  No para mirarlos y leerlos de un tirón, sino para habitarlos. Donde puedan entenderse y relacionarse diversas miradas, desalineadas imágenes, letras fuera de control, papeles ruidosos, versos capaces de hacer sentir aromas y sabores, palabras escondidas y silencios que hablan. Todo está  dispuesto para ser invadido por los ojitos de los niños, teniendo como premisa que puedan ver con “los ojitos de adentro”. Ellos son los guías incondicionales del tiempo y del espacio. Esta librería es una guarida donde pululan libros especialmente reunidos. Y mediante esa personal compilación  intenta también promover un espacio donde los adultos puedan encontrar ilustraciones maravillosas y la poética de lo sencillo y profundo… 
Un sitio donde al entrar sientan: “estos son los libros que hubiera querido tener de niño”.

Ya sólo el nombre de la librería me enamora por el doble guiño que tiene a la lentitud y a la apuesta por el soporte.

¡Ojalá dure muchos años!

Hoy mismo me entero por Sergio del Molino en facebook que cierra el Café Comercial de Madrid y me da pena, penita.

He pasado unas cuantas horas en sus mesas leyendo, escribiendo y conversando. Vuelvo a recordar lo que escribió Jorge Carrión:

Los salones, los gabinetes de lectura, los ateneos, los cafés o las librerías comparten la naturaleza de hogares postizos y de núcleos políticos de tráfico de información. (Jorge Carrión; Librerías; Anagrama; pag. 75)

Hemos perdido otro espacio de convivialidad.

Trabajar en una librería. El ferviente oficio de leer y compartir con generosidad esa pasión

Precioso y sugerente artículo el de Natalia Blanc en La Nación.

Tejiendo conversaciones con Francisco Garamona, Fernando Pérez Morales y Débora Yánover, libreros y librera de La Internacional Argentina, la Boutique del libro de San Isidro y la Librería Norte van apareciendo por aquí y por allá pistas sugerentes de las que dejamos caer por aquí algunas, pero recomendamos leer el artículo completo.

La librera lectora. Débora Yánover

“Cuando, después de muchos años, tenés el mismo entusiasmo al abrir una caja donde están los títulos que esperabas; cuando esos libros te dicen el nombre de las personas [tus clientes de cada día] a quienes vas a recomendarlos, entonces sos librero”. Tal como le legó su padre, quien se dedica a vender libros debe ser, ante todo, un gran lector. “Un lector apasionado -destaca Yánover-, capaz de transmitir su pasión a los clientes.”

La fascinación de Francisco Garamona

“Poder comprar el mismo libro que me fascina cinco veces, y transmitirle esa fascinación al lector, al visitante, eso es ser librero.”

El respeto librero de Fernando Pérez Morales

La principal virtud de un librero reside en respetar el deseo del cliente. “Me molestan mucho los vendedores que quieren darle al cliente lo que ellos quieren y no lo que él quiere leer.”

Musaraña libros y Casa Florida Galería en Argentina. El futuro es de los pequeños pasionales

Hoy domingo saltamos el charco y desde Argentina nos llega el mensaje:

El futuro es de los pequeños pasionales.

Como Musaraña libros y Casa Florida

Musarañalibros

El barrio de Florida, situado a cinco minutos de la capital, es el hogar de Musaraña Libros y su hermana siamesa Casa Florida Galería. Alejandro Bidegaray, dueño de la librería, nos cuenta: «Esta era la casa de mis abuelos. Al fallecer ellos, mi hermano, que es profesor de conservatorio, empezó a dar clases acá. Luego mi madre, fotógrafa, arrancó la galería. Y yo, que por entonces regresaba de vivir en spaña, abrí la librería con mi padre, Juan Carlos».

Lean, lean la crónica que hemos visto en Yorokobu.

 

 

Instituto del libro en Argentina y sector dividido

En Argentina no parece que todos los editores piensen lo mismo ni tengan la misma estrategia. Ello llevó hace ya unos años a la división en dos asociaciones: la Cámara Argentina de Publicaciones y la Cámara Argentina del Libro, la CAP y la CAL.

Las distintas posturas se han visto acentuadas con la puesta en marcha del Instituto del Libro .

Quizás con más suavidad, de forma más diplomática y sutil se empiezan a producir movimientos de este tipo en España. Así, ante la nueva Ley del Libro y la lectura los editores agrupados en Bibliodiversidad realizaron un posicionamiento distinto y una valoración diferente al de la Federación de Editores. En Andalucía se plantea la creación de otro gremio.

Está cada vez más claro que no es sólo el ser editor lo que da un marchamo exclusivo y de exclusividad.

Las estructuras y los papeles se mueven poco a poco

Libros parlantes

Me ha gustado el nombre dado en Argentina a una campaña que posibilita el acceso de colectivos discapacitados o con disfunción, según cuál sea la escuela que aborde la realidad de la integración y/o la normalización, a los libros.

La idea, a través del nombre, de convertir a los libros en voceros, en palabras que hablan, creo que refleja muy bien el sentido y es más acertado que el término de “audiolibro”. El matiz, y a veces ahí está lo importante, es significativo. Libros parlantes supone que “los libros hablan” me pueden decir algo, icnluso aquello que no se puede-debe decir (ver en la RAE).

El audiolibro ni siquiera está en el diccionario, así que dejemos que los libros puedan hablarnos a todos.