Cuándo empezará a ser tomado en serio en el mundo del libro el subsector del libro electrónico

Más Congresos no supone necesariamente más relevancia.

El titular con el que Winston Manrique referencia parte de lo vivido en Barbastro en días recientes tiene su miga.

Dice así:

El sector del libro electrónico pide al mundo editorial unir fuerzas para contrarrestar la gran oferta de la red

Parece que en el mismo se estuviera reflejando que son dos conjuntos que ni siquiera fueran disjuntos y que tuvieran que buscar algún punto de encuentro que no existe. Como, si hasta la fecha, no se conocieran.

Y hay algo de verdad en esa frase. Mi propia vivencia de algunas de las ediciones y por lo que cuentan de las que no he ido parece que lo que podríamos denominar la presencia de personas que representan la historia y la parte más tradicional del sector no ha sido habitual en el mismo ni por el número ni por la representación en un espacio en el que en cambio las personas que juegan o jugamos, me incluyo, el papel de analistas y que nos dedicamos en muchas ocasiones a sobrevolar o a ofrecer ‘servicios’ auxiliares al modelo tradicional son las que más presentes se suelen hacer.

Su modo de nacimiento y evolución posterior

Convocar a la unidad desde la aparente minoría y como situándose fuera del sector no me digáis que no suena a izquierdismo, eso sí con aires de vanguardia, transnochado.

Yo creo que el tema para empezar a hablar es sencillo: poner los datos, antes que los metadatos encima de la mesa.

Ya lo dijo Manuel Gil: “El futuro de la industria pasa por compartir datos”.

Pensando en el mercado español propongo como borrador inicial la siguiente matriz de datos a compartir para saber quizás con más claridad en qué terrenos jugamos o en qué terrenos juega cada uno, suponiendo que los terrenos sean distintos. Así con esos datos, sobre todo si se ofrecen de varios años sabremos de qué hablan después los porcentajes.

Papel Libro electrónico Audiolibro app otros formatos
Número de empresas editoras
Número de empresas distribuidoras
Número de empresas comercializadoras
Número de títulos
Número de autores
Número de productos
Facturación en España
Facturación exportación
Empleos editores
Empleos distribuidores
Empleos comercialización
% lectores x soporte

 

Creo por señalar algo que se debería incluir todo. Es decir que cuando hablamos de papel, hablemos de todo el papel y cuando hablemos de libro electrónico hablemos también de todo.

Toda aportación será bienvenida.

 

La ralentización de los formatos digitales. Tres notas

No es igual leer para repetir el mundo que leer cuando se tiene la motivación de cambiarlo. (Remedios Zafra; El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital; Anagrama, p. 223)

1- La Fundación Telefónica ha presentado recientemente el informe Sociedad digital en España 2017.

Ya en el informe del 2014 dejaba entrever con cierta claridad que el libro se mantenía inexpugnable al avance digital.

En el que ahora nos ocupa se dice:

Pero no en todos los ámbitos se impone lo digital. La lectura de libros sigue estando asociada al formato tradicional para el 77% de los usuarios, frente al 27,3% que utiliza el libro digital. (140)
E incluso en otros sectores se produce un ligero retroceso reflejo en parte de una evolución discontinua con incidencia clara de otros factores que choca con la unidimensionalidad y excesiva linealidad que tanto gusta al ‘solucionismo tecnológico’.

2- En Estados Unidos el comparativo de los 10 primeros meses Enero-Octubre 2016 y 2017 señala con claridad que el papel es el soporte que más crece en dólares y aumenta su peso porcentual en relación a los otros soportes. El audiolibro es el formato con menor presencial t su subida es a cuenta de la bajada del ebook.

 

3- Una última referencia para la reflexión y la constatación de que todo es más complejo de lo que parece. En las predicciones para España que Deloitte ha realizado para 2018 en lo referido a modelos de suscripción al libro, frente al vídeo, la música, los juegos y las noticias, y sus posibles modalidades ni se le ve, ni se le espera.

 

Facturación por tipo de soporte de libro en Estados Unidos. El papel sigue teniendo el peso fundamental

Comparando los primeros nueve meses de 2016 y 2017, el peso de los formatos en Estados Unidos es el siguiente:

2016 2017
ebook 16,32 15,40
Papel 70,68 69,71
Audiolibro (descarga) 3,58 4,51
Otros (cartoné, audio con soporte) 9,43 10,38

Las variaciones, con un claro predominio del papel, no superan un punto porcentual. Podemos pues, hasta la fecha considerarlas prácticamente imperceptibles.

El audiolibro

Y hablamos de Estados Unidos.

Escuchar no es leer

En el mes de septiembre y a cuenta del lema publicitario de una compañía relacionada con el mundo del audiolibro escribí una entrada que llevaba por título ¿escuchar también es leer?

No voy a entrar en qué es mejor, ni peor, sino en lo torticero que ha sido ese mensaje de “Escuchar es leer”.

Hoy el suplemento Territorios de El Correo realiza un amplio reportaje sobre el fenómeno del audiolibro, separando, creo que con buen criterio, el análisis donde se reflejan los intereses de la industria de la reflexión que aporta la psicolingüista Naroa Martínez Pereña  y que lleva como título lo contrario: Escuchar no es leer.

Resaltaré algunas de las reflexiones que me resultan más sugerentes.

. En el audiolibro, no puedes inferir que haya una lectura y un lector. Hay un oyente. Habrá que inventar otro nombre.

. Para leer necesitas una información escrita y un reconocimiento visual de la palabra, y en el audiolibro no los hay.

. En input en la lectura es visual, en el caso del audiolibro es auditivo.

. Lo más preocupante es que este formato camufle un importante debate que está sobre la mesa: el déficit del hábito de lectura y el rendimiento lector en el que el libro sono puede ser un complemento fantástico, pero que nadie deje leer, sobre todo los niños porque tienen que entrenarse en decodificación.

. No creo que haya una voz neutra. La voz siempre tiene connotaciones personales.

. Me alegra que los audiolibros acerquen la literatura a la gente. Pero seguiremos teniendo el problema de la lectura.

Añadiré un tema más que Naroa deja señalado cuando se lee en el artículo que “el audiolibro se publicita idóneo para la multitarea”, como un reflejo de la escasez de tiempo, mensaje que alguna de las compañías ha utilizado en el momento de su lanzamiento y, también, en tiempos navideños.

Dejaré dos citas de un libro que recomiendo, Esclavos del tiempo de Judy Wacjman editado por Paidós, que creo ayudan a contextualizar y reflexionar también sobre la importancia de los mensajes y de quiénes están detrás de las propuestas.

Valentín Pérez Venzalá escribe hoy en facebook: Ahora que el libro electrónico parece estabilizado (sí, igual que un enfermo) me da que los audiolibros toman el relevo para retomar de nuevo con las polémicas estériles de si son libros, de si son mejor, de si son peor, de si acabará con la lectura, bla y bla y bla… y paralelamente nos bombardearán con la idea de que escuchemos audiolibros aunque estos hayan existido toda la vida y nunca hayamos tenido esa necesidad. Dentro de unos años, cuando el audiolibro también se haya estabilizado ¿qué tomará el relevo para volver a empezar? Creo que no es el qué lo importante, sino el quién que, probablemente intente ser el mismo. Escribe Wacjman: quienes marcan la agenda a la hora de hablar del futuro de la tecnología son en gran medida los promotores de nuevos productos tecnológicos. (p. 33).

La promoción del audiolibro unida, en algunos casos, a la falta de tiempo y a la premura, cuando realmente el tiempo laboral es menor y existe más tiempo libre, quizás tenga un cierto carácter clasista. Escribe también Wacjman: Hoy, una existencia ajetreada y frenética en la que tanto el trabajo como el ocio están abarrotados de múltiples actividades denota un elevado estatus. (p. 95)

 

 

 

Audiolibros ¿se leen o no se leen? ¿quién ganará? ¿Spotify o Netflix?

Hace sólo cuatro años el audiolibro parecía no existir en España.

Es muy interesante lo que se podía leer entonces:

Según comentan Carmen Ospina, Iría Álvarez y Santos Palazzi, responsables de las áreas digitales de Penguin, Santillana y Planeta, respectivamente, en España no se hacen largos trayectos en coche que permitan ir escuchando un libro mientras conducen. “En EEUU tardan horas en llegar al trabajo por las largas distancias y eso hace que uno pueda ir escuchando tranquilamente un audiolibro”, confirma Palazzi. Con respecto al norte de Europa, el razonamiento tiene que ver con  las horas de luz. “Si ya desde el mediodía es de noche, tienen que ocupar su tiempo en algo mientras hacen otras tareas en casa”, añade este directivo.

El coste de producción: Crear un audiolibro no es barato. Necesitas uno o dos locutores como mínimo, un estudio de grabación, un técnico de sonido y un equipo para recrear los efectos especiales. “La hora de grabación cuesta unos mil euros, por lo que si un audiolibro sale a unas diez horas, tienes que gastarte 10.000 euros. Si luego lo vas a vender a cinco euros, los márgenes de beneficios no llegan”, sostiene Rafael Martínez. En Planeta ponen los costes en 30.000 euros por audiolibro.

A fecha de hoy es difícil saber todavía si existe comercialmente porque por ahora algunas de las empresas parecen moverse en modo pesca: Date de alta gratis durante 15 días. Déjame en cualquier caso una tarjeta de pago, a ver si al terminar los 15 días de prueba se te olvida y te calzo el primer cargo.

Confianza se le llama.

En Barbastro dicen que han dicho que esos costes ya son sólo de 3.000 euros que quien dijo ‘digo’ dice ahora ‘diego’.

Ahora resulta, ¡oh cómo hemos cambiado! que el formato audiobook, así le llaman, copará el 30% del mercado.

Viejunos del lugar, ¿os acordáis de las previsiones del libro electrónico?

Parece que lo más nuevo sustituye a lo nuevo y toca tangencialmente a lo que lleva más tiempo. No es pues innovación, sino fracaso de lo aparentemente emergente por haber dejado de lado probablemente la reflexión sobre lo que debe ocupar el centro del debate y la reflexión: el contenido, su valor y su adaptación y enriquecimiento a nuevas realidades y mediaciones.

Es tan escaso el discurso que para decir si se va a ser de ‘papá o de mamá’ hay que buscar la referencia fuera, en mercados como el del audiovisual y la música con lógicas muy distintas a la del libro que ya de por sí es compleja y diversa.

Así unos dicen que será el Spotify de los libros y otros el Netflix.

No está de más recordar que ya hace años hubo quienes utilizaron esas comparaciones y ahí siguen intentándolo…. Nubico, 24 Symbols son dos ejemplos.

De la misma manera es tan curiosa la situación que unos dicen que escuchar también es leer y otros que el audiolibro es para aquellos que les gustan los libros pero no leerlos. Todavía deberemos oír y escuchar muchos mensajes vacíos, contradictorios y de carácter exclusivamente comercial.

Todo ello parece situarnos más bien en un escenario de confrontación comercial al estilo Coca-Cola / Pepsi-Cola o McDonald’s / Burger King que en una reflexión seria sobre la creación y sus mediaciones.

O, si lo prefieren, y dicho de otra manera más cruda, por si les gusta poco hecha: es un buen camino para avanzar hacia el ‘contenido basura’.

Porque, a veces, el medio es el mensaje.

Escribió Zaid ya hace años:

El mundo artístico, literario, intelectual, no tiene economías de escala. Aunque es posible operar en gran escala, eso no reduce los costos ni aumenta la calidad…

Cuando se devalúan el amor al arte, el orgullo del oficio, el aplauso inteligente de los públicos pequeños, la cultura se seca. Los grandes creadores salen del mundo artesanal, no del gigantismo que los explota (Crítica del mundo cultural; El Colegio Nacional, pag. 364)

Quizás convenga tenerlo en cuenta.

 

 

¿El novedoso sistema de la lectura por suscripción?

La aparente modernidad nos va saturando de mensajes nuevos, aparentemente, y también contradictorios.

Se nos dice que escuchar es leer, que las nuevas tecnologías nos permiten ahora que leamos todo lo que queramos con un sistema de suscripción de pago fijo mensual. No siempre querer es poder.

Nos dicen también que ahora leamos con la oreja porque con el estress de estos tiempos no hay tiempo para nada, ni siquiera para leer que al igual que para escuchar buena música requieren tiempo y cierta lentitud.

Gabriel Zaid ya puso en valor el tiempo del lector cuando escribió:

El costo de leer se reduciría muchísimo si los autores y los editores respetaran más el tiempo del lector. Si no se publicaran los textos que tienen poco que decir, o están mal escritos, o mal editados. (Crítica del mundo cultural, pag. 58)

Volvamos a la reinvención de la rueda y los novísimos modelos de pago único y lea usted lo que le plazca.

Hoy me he encontrado en El Correo una noticia referida a la Librería Goya de Bilbao que cumple 75 años y que ¡oh curiosidad! tuvo sus orígenes en el año 42 precisamente con un modelo de suscripción mensual.

Dice la noticia:

Los orígenes de Goya nada tuvieron que ver con la papelería, los lienzos y los lápices. «Nació como un pequeño negocio de alquiler de libros», cuenta Alejandro. «Lo fundó en 1942 nuestro abuelo, Jesús Prieto, que era funcionario y no tenía una gran vocación empresarial». En realidad lo concibió como un servicio. «Se llamaba Biblioteca Circulante troya», detalla Susana, «Los clientes pagaban siete pesetas al mes y podían leer todos los libros que quisieran».

La idea era interesante, pero económicamente no muy viable. Pasados quince años, las pérdidas habían alcanzado las 40.000 pesetas.

Hoy que leo en los medios la afirmación un tanto a la ligera de que el audiolibro de aquí a cinco años supondrá un 30% del mercado, prefiero echar la vista atrás para comprobar que algunos no aciertan nunca.

Quizás dentro de cinco años o de 10 haya que decir también…

La idea era interesante, pero económicamente no muy viable.

Para algunos, en cualquier caso, nada cambiará.

Abrirán un nuevo circo.

 

¿Escuchar también es leer?

Amigas y amigos, ¡qué equivocado debía estar hasta la fecha!

Nos dicen ahora que escuchar es también leer.

Así que cada vez que iba a un concierto estaba leyendo; cuando estaba en clase escuchando las tediosas explicaciones de los profesores también leía; cada vez que voy al teatro, no sólo escucho y veo, sino que también leo porque parece que el escuchar lleva implícito a partir de este mes de septiembre, como si de una vuelta al cole se tratara, el leer.

Manuel y servidor… en un momento de lectura.

Ya me lo decía mi amigo Manuel: no te equivoques. Nosotros no nos escuchamos, cuando hablamos y conversamos en el fondo, nos estamos leyendo como libros abiertos. Él sí que sabe…

Es curioso que el spotify de los libros, o eso nos dicen, sea el que afirme la bondad lectora de los sonidos.

Hay quien ya no sabe qué hacer o para aumentar los ‘índices de lectura escuchadora’ o para vender su producto.

Andan en estos meses de plena campaña intentando apuntar y estando presentes en todo lo que se mueve. del Hay Festival al Liber.

Si más allá del discurso que nos intentan vender y que escuchemos, leen la agenda encubierta verán que como tantas veces lo que se mueve es puro interés.

Me dicen que los músicos y el mundo del cine van a empezar una campaña en la que dicen que leer es escuchar porque de siempre las palabras y las letras tienen su musicalidad.

Me dicen también que los intérpretes musicales serán los nuevos cuentacuentos porque a ellos les va a escuchar-leer mucha más gente.

Y como el sector musical y audiovisual nos cambie el discurso y empiecen a decir que siempre lo que hemos hecho es escuchar que además es más natural que el leer a ver a quién le vamos con el cuento…

Ya decía Lope que no todo es lo mismo.

Entre leer y escuchar

hay notable diferencia,

que aunque son voces entrambas,

una es viva y otra es muerta.

(Lope de Vega, El guante de doña Blanca, II)

¡Feliz día!