Democracia y cultura. Cantidad, calidad y libertad. Tres citas

Leído este fin de semana…

Calidad

  • Quien piense que va a hacer una democracia de calidad con salarios basura, impuestos basura y servicios sociales basura está muy equivocado. (José Ignacio Torreblanca en El País)

Cantidad

  • Tener infinito no nos aporta nada. Nos aporta más tener menos y cuidarlo. Y esto también vale para el planeta, porque no tenemos otro de recambio. (Mónica López en periódicos del grupo Vocento)

Libertad

  • Ser libre no significa tan solo ser independiente o no tener compromisos. La ausencia de lazos y la falta de radicación no nos hacen libres, sino los vínculos y la integración… La raíz indogermánica fri, de la que derivan las formas libre, paz y amigo (frei, Friede, Freund) significa «amar» (lieben). Así pues, originariamente, «libre» significaba «perteneciente a los amigos o a los amantes». Uno se siente libre en una relación de amor y amistad. El compromiso, y no la ausencia de este, es lo que hace libre. La libertad es una palabra relacional par excellance. (Byun-Chul Han en El aroma del tiempo)

Radio Rhin

En estas últimas semanas había echado en falta mi pequeño ‘Sony musical’ para que me acompañara en las horas pasadas.

A veces lo que necesitamos aperece o desaparece, sean personas o cosas, en los momentos más insospechados.

Buscaba en este caso y removía dentro de los cajones y no aparecía. Y cuando menos lo esperaba asomó su carita roja escondida entre papeles.

Ahora veía el segundo paso: encontrar el cable que le hiciera revivir. Como en una relación perdida durante tiempo y que se pretende retomar había que buscar dónde poder volver a enlazar.

En casa, imposible. Ni rastro de cable. Así que salgo de nuevo a la búsqueda, pensando, ingenuo de mí y absorbido por los mensajes, que las grandes ‘superficies culturales’ me darán la solución. En los dos casos: balones fuera. ‘Contacte con el fabricante’.

En Bilbao, por suerte, sigue ocurriendo el encuentro casual  que da pie al ‘boca-boca’.

Ahí ha venido la solución: en lo cotidiano. Manoli, compañera en su momento de ‘batallas’ en el AMPA y en Consejos Escolares, me dice: ¡Vete a Radio Rhin!

¿Resultado? ¡A la primera!

Luego según pagaba, les he contado la historia de mi peregrinar. Sonreían complacidos.

Y es que como en muchas cosas de la vida: mejor no dejarse marear por los ‘cantos de sirena’ y volver a lo cotidiano y conocido.

Quizás es que estmos ya para edades de pocos cambios. Haber si voy aprendiendo.

 

¿Por un libro universal?

Hacía tiempo que no me daba un paseo tranquilo de un par de horas por Bilbao. Con la excusa de buscar algún regalo he deambulado de aquí para allá a ritmo pausado volviendo a disfrutar de la ciudad que todavía a primeras horas de la tarde se muestra amable y no excesivamente llena de paseantes y raudos compradores.

El ritmo tranquilo me ha traído el recuerdo de un reciente artículo de Antonio Muñoz Molina, Trenes & libros, publicado en Babelia.  Dice entre otras cosas:

– En los vaticinios impacientes de modernidad uno intuye casi siempre una apetencia de barbarie: que se extinga cuanto antes la molestia decadente del libro y de la lectura, que quede abolido el transporte público, el espacio público, el territorio de lo compartido.

– En lugar de rendirse incondicionalmente al tráfico privado…las ciudades recobran el transporte público, y se descubre que ir en tranvía o en bicicleta o simplemente caminar son formas de movilidad mucho más efectivas, y también más austeras y más saludables.Algunas veces lo que parecía destinado a extinguirse según los vaticinios del papanatismo de lo último perdura sin aspavientos o resurge con más fuerza que nunca después de una fase de declive; y lo más agresivamente celebrado como nuevo se vuelve de la noche a la mañana obsoleto.

Leo también aunque creo que de fecha distinta un artículo de Javier Calvo que bajo el título de Por un libro universal, algo imposible mientras el acceso a la lectura no lo sea,  vuelve sobre argumentos que ya de manidos y aqunue recientes son viejos, más aún con cierta contradicción ya que su última novela publicada Mundo maravilloso (Mondadori) no parece estar accesible en la red. Es decir no parece que él haya’movido ficha’ como incita a hacer a otros. Dudo que ese futuro sea gratuito como el autor señala quizás sí sea diferente como señala mi librívoro particular.

Me sigo quedando con el cierre de Muñoz Molina: Las estaciones de ferrocarril, por desgracia, parecen cada vez más aeropuertos, pero las buenas librerías siguen siendo algunos de los espacios más estimulantes que un lector puede imaginar, y los buenos trenes poseen el mismo resplandor de modernidad que los libros muy bien editados.

¡Cuidado! Hablamos de las buenas librerías y de los buenos libros. No de todas ni de todos.

Quizás el cambio de año me sitúa en una posición más lenta y desconfiada todavía más ante las panaceas del aparente acceso a todo.

Richard Sennet en su libro El artesano en la página 11 dice…. Lo que le interesaba era que yo extrajera la lección correcta. a saber: que, en general, las personas que producen cosas no comprenden lo que hacen.

¿Llegarán a comprenderlas las que sólo las consumen y además bajo la fórmula del ‘valor 0’? 

Recientemente en El País afirmaba: la izquierda debe centrarse mucho más en las empresas locales, hay que desglobalizar, focalizarse en los pequeños negocios.

¿Bomba o cultura?

Dos noticias que se me ocurre confrontar.

Una de destrucción y otra de creación.

La primera aparecida en El País y la segunda, que no es propiamente noticia sino entrevista, en El Correo.

La primera nos habla en el fondo de dinero tirado por el Estado a la basura, de la utilización del dinero de los ciudadanos para destruir no para constuir. Después algunos llamarán a la destrucción defensa, pero eso no deja ser una estupidez. La gracia de probar el juguete ha supuesto la destrucción de aproximadamente un millon setecientos mil euros. El ‘pepino’ ultramoderno un millón y el campo de juego los setecientos mil del ala.  Por medio Sener, una ingeniería nacida en Bilbao que suponemos que consdiera que esta faceta va en línea con su responsabilidad corporativa.

Por el otro lado, un editor ya jubilado, Hans Meinke.

Algunas opiniones que aparecen en la entrevista realizada por César Coca. Estas sí de carácter constructivo:

– Sobre la Administración y la política cultural: Debe crear el campo de juego, las condiciones de su desarrollo. Un poco más adelante: Mientras el sector privado persiga el éxito, la moda, habrá que dar presencia a la parte más permanente de la cultura, y eso deberá hacerlo el sector público.

– Lo que domina en el mundo del libro: dominan los libros que no dejan huella, sin relevancia cultural. Para combatir esos excesos está la política educativa, que debe enseñar a distinguir el grano de la paja.

– El dilema cantidad-calidad: … si en la TV o la prensa nos guiamos sólo por lo que da mayor audiencia, cerraremos la evolución hacia lo necesario. Debemos dotar a los jóvenes de la información suficiente, de los cánones de calidad, y ahí los medios pueden hacer muchísimo.

– Éxito y publicación: El previsible éxito multitudinario de un libro no es razón suficiente para su publicación.

– El bien escaso: volver a viejos valores, como decía antes. La cultura y la educación tienen mucho que ver con eso. Desde luego, no saldremos de esta crisis fomentando la compra de coches. Deberíamos acabar con el exceso también en la cultura: de espectáculos, de edición, de todo. Y aprender a valorar lo necesario. El bien más escaso del mundo no es el dinero, es el tiempo.

Fíjense si el tiempo puede llegar a ser escaso que al que le caiga un pepino ultramoderno se quedará sin él.

Me vuelve a resonar, porque el dinero en lo público también importa y en lo privado es necesario para unas niveles mínimos de diginidad, la frase ya citada aquí más de una vez de José Antonio Griñán: La política es priorizar el gasto.

Bibliotecas y calidad de servicio

Eroski ha realizado un análisis de algunas de las redes de bibliotecas del país, de 18 ciudades en concreto, en función básicamente de los criterios de: información, servicios, accesibilidad, seguridad y limpieza.

Librerías con label

¡Mira que uno es de pueblo!

Pensando siempre que lo del “label” era algo autóctono que nos entroncaba en las raíces más profundas de la madre tierra vasca y parece que los franceses lo utilizan con asiduidad.

Me parece interesante que se vuelva a poner encima de la mesa que no todo es lo mismo. Que es importante saber donde se compra, que es de sumo interés que el librero, el del label de calidad, no te meta en la bolsa textos de tercera o que si te lo mete porque hay gustos para todo te avise.

Claro que en la ley de la lectura, del libro y de las biblioetcas que en este país parece más importante lo digital, por poner un ejemplo, que la calidad no se recoge nada de esto. Ni siquiera se atisba. La administración francesa parece tenerlo más claro .

La iniciativa francesa, que ya tiene su tiempo y de la que hemos hablado aquí en alguna otra ocasión, con lo importante que es además la complicidad entre editores y libreros en esta iniciativa, rompiendo con ello esa antigua y desfasada estructura gremial, quiere trabajar con claridad en esa línea .

Que cunda el ejemplo.