Manos y casa

Hay veces que las lecturas parecen venir a nuestro encuentro.

Quizás, según nuestros momentos vitales, leemos con ojos distintos. Las palabras, como decá Pessoa nos llevan a ‘soñar’ con otro o a situar nuestra realidad en otra perspectiva.

Dos breves citas que situaré luego al final me traen el recuerdo ahora de la despedida de la tarde.

Le dejo con un ‘hasta mañana’ incierto y en esa despedida, en su casa, en su sofá de toda la vida, él hombre de manos rudas, suaves ahora, busca el contacto. Siempre, con todos. Como si fuera el último roce, de unas manos que ahora se han vuelto suaves, con el que se quisiera quedar. Después, la mano se levanta y, como si de un niño pequeño se tratara, lanza el adios-hastaluego, esperando poder rozar de nuevo la caricia al día siguiente.

Dos manos grandes, fuertes, manos de hombre trabajador, manos que dan ganas de tocar, manos que dan ganas de que nos toquen… (Regina José Galindo en Varios, Trentacuentos; pag. 88)

-… Me obligan a estar todo el día en la cama… Todas las mañanas pasa un médico, me es cucha los pulmones con ese aparato que lleva colgado y se marcha diciendo: “Hummm, hummm”, que no sé lo que quiere decir, pero me da muy mala espina.

– Es que lo que usted necesita ahora es descansar mucho y bien abrigado no queda más remedio.

– Mira hijo, lo que yo creo es que me estoy muriendo y aquí lo único que hacen es tenerme hasta que deje la cama libre lo antes posible. Por favor, Nesandros, llévame a casa. Yo no quiero morirme en este sitio. .. Aquí no se me ha perdido nada… Nesandros entendía de sobra la angustia del viejo, y le prometió hacer cuanto pudiera para retornarlo a casa. (Guillermo Martín de Oliva en Varios, Trentacuentos; pag. 114)

Palabra y caricia

Domingo oscuro en Bilbao. Amanece lluvioso con cierto aire de tristeza y melancolía anunciando el otoño que se acerca. Después de leer los periódicos y en el trasteo digital me encuentro de nuevo con palabras de Kepa hechas poesía reflejo de la realidad que a veces es también sueño y deseos y me quedo mientras sigo esta mañana rumiándolas con gusto.

Te llevaré a una selva

Te llevaré a una selva donde la felicidad sea un bosque.
Te cubriré la infancia y la pubertad de flores blancas
para que olvides lo que te hicieron.

De mi mano volarán lentos pájaros de barro,
aves que te cubrirán de olores con sabor a verso
que se susurra al oído.

De flores traídas del hielo frotaré lágrimas en tus manos
para calentar por dentro tu cuerpo
y te hablaré despacio.

Con un labio te besaré la frente, y te tocaré el hombro
y me callaré para siempre hasta caer a tu lado
hasta que olvides lo que te hicieron.

Del libro, Poesía sola, pura premonición

Conversaciones y mujeres

Hoy me he pasado gran parte del tiempo conversando y escuchando a mujeres. También a hombres.

Mujeres que desempeñan como los hombres distintos papeles y roles sociales y parece que algunos de ellos calan por igual a unos y a otros.

Un ejemplo claro es lo referente a la tarea genérica de seguridad que parece dar en muchos de los casos un tic de ‘ordeno y mando’ que sería de sumo interés estudiar hasta el punto de llegar a interiorizar de tal manera la situación que parece afirmarse que ‘la seguridad soy yo’.

He comido y conversado con otra mujer. Quizás más insegura en sus formas exteriores, pero mucho más interesante en la conversación, propuestas y sugerencias.

Por medio se ha cruzado una mujer de la que no tenía noticias hace años. Recibir su correo y ver que ‘tras años de parón su situación es mucho mejor’ me ha alegrado gran parte del día.

En la tarde noche y en el marco de Kultura abierta hemos seguido de tertulia conversación.

La mayoría de las mujeres presentes conversaban escuchando y participando en algún momento como ‘ciudadanas de a pie’.

Sus silencios, a veces, dicen mucho. Sus palabras también y cuando callan y acarician uno ya no sabe qué decir.

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(Krystynana)

Rozo, y el otro ni siquiera tiene el sentimiento de haber sido tocado imperceptiblemente. Sin embargo es necesario que yo establezca un contacto, aunque sea furtivo, sin el cual no experimentaría la más deliciosa de las sensaciones. (Pierre Sansot; del buen uso de la lentitud; Tusquets, pag. 169)

Caricia. Henning Mankell. La frase

cariciaPara pasar el rato, se dedicó a contar cada caricia del viento que era capaz de sentir en el rostro. Se le ocurrió anotarlo en aquella lista en la que iba incluyendo los motivos de gozo que hallaba en la vida. Aquéllos que sólo le estaban reservados al hombre feliz. (Henning Mankell; Pisando los talones; Quinteto; pag. 189)

Conviene anotar los momentos de gozo para cuando llegan los momentos duros.