Chispitas de felicidad en el fin de semana… ampliado

Con el éxito sucede lo mismo que con la felicidad, es mejor buscarlo de una manera oblicua. (Carl Honoré; Elogio de la lentitud, RBA, pag. 210)

  • Disfrutar el jueves de visita culta, y también de rato de trabajo, en el Museo de la Universidad de Navarra acompañado del fotógrafo Mikel Alonso y de Manuel Ortuño y ver que el editor también ha disfrutado… Escribe: Vuelvo de viaje con proyectos, posibilidades, nuevas historias… Pero, sobre todo, con momentos compartidos y aquello de… “Día que pasa, día que no vuelve”
  • Disfrutar de buenos pintxos en el Gaucho y de un estupendo menú en el Anttonenea.

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  • Comer, conversar y celebrar con amigos los 10 años de Texturas y aprovechar el ‘viaje’ para cerrar algún artículo de cara a próximos números.

  • Poteo de tarde con amigos con los que hacía tiempo que no nos dedicábamos un rato sin reloj terminando en un clásico bilbaino, El EME.

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  • Recibir un correo a primera hora de sábado y leer esto:

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Me leí todo el número 30, es tan interesante, tan bueno, y aprendo tanto leyendo la revista.
La revista es espectacular. Un abrazo,

  • Disfrutar del primer sábado de mes en el mercadillo de 2 de mayo. Ver como los jóvenes, algunos los conozco desde hace 20 años se van abriendo camino en el complejo mundo de la creación y la cultura.

  • Comida familiar para seguir celebrando la vida.
  • Domingo que amanece soleado e invita al paseo.

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  • Mediodía para cerrar la semana comiendo y celebrando la amistad inalterable y cambiante como la vida según pasando los años.

De vuelta….

Toda la pugna de la vida es, hasta cierto punto, una pugna por la lentitud o la rapidez con que realizamos cada cosa. (Sten Nadolny; en Carl Honoré; Elogio de la lentitud, RBA, pag. 223)

nos pocos días, pero intensos para el descanso, desconectar, pasear, leer, dormir, contemplar, escuchar, vagar, soñar, pensar, conversar, comer….

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En breve, intentaré repetir… Algunas imágenes para el recuerdo presente.

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Pasear

Callaghan también ha comprobado que las mejores ideas se le ocurren mientras pasea por el barrio….Cuando voy por ahí me pongo a pensar. Si tengo algún problema en el trabajo, a menudo observo que lo resuelvo sin que ni siquiera me haya dado cuenta de que estaba pensando en ello. (Carl Honoré; Elogio de la lentitud, RBA, pag. 101)

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Últimamente paseo a menudo, casi a diario. El sábado, a veces el domingo, el paseo es más largo. Ayer cumplía un paseo que soñaba hace tiempo hacer. De Bilbao al Puerto viejo de Algorta siguiendo toda la ría.

Me gusta que la cabeza vuele. Prefiero hacerlo en solitario quizás como metáfora de cómo nos movemos en muchas ocasiones en la vida, como un gran paseo que es.

Paseos, preparación de uno más largo que espero iniciar en breve, a un mes vista.

Retomo también la lectura de A pie de Luigi Amara que empieza así:

Dejarse ir.
No confiar en nada sino
en la sensación del movimiento.
Un paso
luego otro
un paso
luego otro
el sonido desempolvado de los pies
percutiendo sobre el asfalto
aquel camino borroso
que establece el oído
como un tambor ambulante
redoble elemental
(enjambre
o sumbido interno)
plegaria locomotriz del que rehúsa
ser sólo un pasajero
hilo
hilo institntivo por el que se deslizan
las cuentas de los pensamientos
Siz saaz
siz saaz
……

Abandonarse.
“Tener abierto el ánimo
a toda clase de impresiones.”
Dejar que el pensamiento adopte
el tono de lo que se va viendo.

Nota: Veo que el paseo se me presenta como recurrente en algunos momentos de mi vida.

Tiempo

De nuevo con todo el tiempo en mis manos.

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No para mí, pero sí con una mayor libertad en el día a día para ir haciendo un uso cotidiano y sencillo al mismo con una idea entre ceja y ceja de ‘dedicarlo a lo pequeño’ a lo aparentemente insignificante, que parece no tener trascendencia en esta sociedad ‘suflé’.

Tiempo para:

Reflexionar. El tiempo te ayuda a reflexionar sobre las acciones del pasado. (Haruki Murakamai; Tokio blues; pag. 136)

Descubrir. Si bien es cierto que vivimos tiempos crueles, también es cierto que estamos en tiempo de prodigios. (Sergio Pitol en Marta Rivera de la Cruz; Tiempos de prodigios; Planeta; pag. 7)

Recuperar la visión. Tengo la sospecha de que hoy vivimos mucho más aturrulladamente que antes. Me refiero sobre todo a la falta de perspectiva sobre nuestra existencia. Me parece que galopamos por el mundo persiguiendo recompensas inmediatas: dinero, éxito, placer, y que, en mitad de tanta búsqueda agitada, no disponemos de una visión global de lo que somos. (Rosa Montero; Vidas enteras; artículo El País, Enero de 1998)

Escuchar. Ya desde su más tierna juventud, la oscura conciencia de su carácter tímido y su reservada soledad le habían enseñado a no contemplar las cosas como algo frío y sin vida, sino como amigas calladas que confiaban sus secretos y ternuras a quien las escuchaba. (Stefan Zweig; El amor de Erika Ewald; El Acantilado; pag. 14)

La lentitud. Ser lento es una parte esencial del buen pensamiento. (Carl Honoré; Elogio de la lentitud, RBA, pag. 203)

La calidez

Para ti….

 

Pasear

Ser lento significa no apresurarse jamás, no esforzarse denodadamente por ahorrar tiempo sin más finalidad que la de ahorrarlo. Significa permanecer sosegado e imperturbable incluso cuando las circunstancias nos fuerzan a acelerar. Una manera de cultivar los recursos interiores de la lentitud es dedicar tiempo a actividades que plantean un reto a la aceleración: la meditación, la labor de punto, la jardinería, el yoga, la pintura, la lectura, pasear (Carl Honoré; Elogio de la lentitud, RBA, pag. 224)

He vuelto esta semana al paseo diario. Sé que me va bien, pero como sin darme cuenta la vorágine va restando tiempo y agosto parece presentarse en los últimos años como un mes propicio para intentar volver a coger ritmos más sosegados.

Paseo a las tardes.

Siempre, por ahora, el mismo recorrido. El paisaje parece el mismo pero cambia cada día. Basta que la hora sea distinta para que, por lo menos el paisaje humano cambie.

A primeras horas de la tarde y en agosto Bilbao se presenta como una ciudad tranquila y amable, con poca gente en las calles y gran parte de ella casi convertida en estatuas humanas tomando su café o disfrutando de los bancos y del sol que parece ya al fin mostrarse con pereza y timidez estos días.

Mientras ando a ritmo continuo los pies van a su ritmo y la cabeza dando vueltas al suyo. El que aparece de manera constante cuando ya me acerco al parque es el sudor que gota a gota me va a compañando.

Luego están las sospresas que el tránsito nos puede deparar.

Ayer en el semáforo de Urquijo con Doctor Areilza como si la carretera fuera el ‘charco’ que nos separara a una y otra orilla del Atlántico vuelvo a ver a una persona que hace años no veía. Al cruzar la carretera viene el abrazo, la puesta al día. Él está ahora en Méjico. Lleva ya unos años.

Nos paramos, charlamos, nos pasamos las coordenadas de contacto y sigo el camino mientras la cabeza cambia el chip y ronronea sobre la dialéctica entre persona e institución, sobre los límites del dentro y fuera, sobre el pertenecer o formar parte de…

Un poco más abajo me encuentro con J. y M. Parada de nuevo. Hay tiempo. Nos preocupa la situación económica que, por lo menos, no nos impedirá seguir andando por ahora.

Ya a la altura del Arenal me vuelvo a encontrar con G., L. y la pequeña I. No nos habíamos visto nunca hasta antes de ayer y en dos días nos vemos dos veces. Los caprichos de lo inesperado.

¿Qué deparará el próximo paseo?

Paseo. La frase. Carl Honoré

Recordando estos días pasados y paseados por Irati .

 Desplazarse a pie también puede ser una experiencia meditativa, que fomenta un estado de ánimo caracterizado por la lentitud. Cuando caminamos, somos conscientes de los detalles a nuestro alrededor: los pájaros, los árboles, el cielo, las tiendas, las viviendas, el prójimo…Establecemos relaciones. (Carl Honoré; Elogio de la lentitud , RBA, pag. 118)

Libros leídos. Resumen de un año

Regalar un libro significa sustituir la perspectiva de quien escribe por la curiosidad y el placer de alguien que lee, un intercambio de ´fides´”. (Ernesto Hernández Busto)

Conozco ya a dos personas y amigos que de cada libro que leen elaboran una ficha detallada con la referencia del libro leído y todo aquello que les ha llamado la atención.

Yo hago memoria, también, de los libros leídos, pero separando la referencia, que voy guardando en una hoja excel, del fondo, que me ha llamado la atención o me ha removido en su lectura, que voy incluyendo en un fichero temático.

El libro, los libros, siguen siendo un buen regalo para lectores y no lectores. Ernesto Hernández Busto ha hecho, recientemente, en la Vanguardia unas interesantes reflexiones sobre lo que supone y hay detrás de regalar un libro.

De los que yo he leído este año, quizás, me quedaría a fecha de hoy con los siguientes:

Fe de vida de José Ramón Recalde. He leído otras biografías, pero probablemente, la cercanía vital, su tono y parte de una historia compartida por contexto, e intereses me ha producido mayores vibraciones.

El fusil de mi padre de Hiner Saleem. Quiero reconocer con esta elección el papel y el riesgo del librero como prescriptor.

Elogio de la lentitud de Carl Honoré. Ha jugado un papel importante en mis tomas de decisión posteriores y en mi propio ritmo de vida.

La puerta de Magda Szabó. La necesidad de poner los pies en la tierra.

Mentira de Enrique de Hériz. La muerte siempre nos pone en nuestro sitio.

Vacaciones

Desplazarse a pie también puede ser una experiencia meditativa, que fomenta un estado de ánimo caracterizado por la lentitud. Cuando caminamos, somos conscientes de los detalles a nuestro alrededor: los pájaros, los árboles, el cielo, las tiendas, las viviendas, el prójimo…Establecemos relaciones. (Carl Honoré; Elogio de la lentitud, RBA, pag. 118).

La imagen, ya que nos coinciden las fechas, se la hemos “robado” a infonomía

Trabajo y tiempo

Dejar que el trabajo ocupe la mayor parte de nuestras vidas es una locura. Hay demasiadas cosas importantes que requieren tiempo, como los amigos, la familia, las aficiones y el descanso. …Cuando el trabajo engulle tantas horas, el tiempo que queda para todo lo demás es mínimo. Incluso las cosas sencillas –llevar los niños a la escuela, cenar, charlar con los amigos- se convierten en una carrera contra reloj. Una manera infalible de lograr ir más despacio es trabajar menos. (Carl Honoré; Elogio de la lentitud, RBA, pag. 159)

Tiempo, lentitud y lectura 1

Ya hace unos meses Alfons Cornella situaba, en un breve artículo al tiempo como elemento central al hablar de la soberanía del tiempo..

El planteamiento guarda una cierta relación con el libro que comentábamos ayer y con otro anteriormente comentado que lleva por título “Del buen uso de la lentitud”.

El propio Cornellá hace referencia a la conveniencia de tener tiempo y silencio para poder leer con tranquilidad. Aquí es donde hoy me quiero parar.

Ya escribíamos ayer que a la hora de comentar el libro Elogio de la lentitud íbamos a dejar para un tratamiento aparte el tema de la lectura.

De muchas de las lecturas que voy haciendo, casi de todas, voy tomando notas que después voy clasificando y que me permiten una cierta ’relectura’ de lo leído. Me ha resultado curioso ver reflejada esta práctica de lectura lenta o quizás de lectura reflexiva en el libro de Honoré cuando cuenta la siguiente experiencia:

Dale Burnett, profesor de educación en la universidad de Lethbridge, ha descubierto una versión de alta tecnología de la lectura lenta. Cada vez que lee un libro de cierta importancia (las novelas de aeropuerto no son aplicable) escribe un diario cuyo soporte es una página web de internet. Después de cada sesión de lectura introduce en la página citas memorables e impresiones, detalles básicos sobre el argumento y los personajes y cualesquiera reflexiones que le inspire el texto. Burnett sigue leyendo el mismo número de palabras por minuto, pero tarde de dos a cuatro veces más tiempo en terminar un libro…Observo que ahora tengo una apreciación mucho mejor de los libros que leo-dice-. La lectura lenta es en cierto modo un antídoto del estado continuo de aceleración en que nos encontramos en este momento. (Carl Honoré; Elogio de la lentitud, RBA, pag. 189)

Supone la constatación de la existencia de ’niveles’ de lectura y la necesidad de pasar de una lectura impulsiva a una lectura reflexiva que el ’tiempo de lectura mecánico’ no facilita. Implica la necesidad de buscar un ’segundo tiempo’. Conozco una persona que también realiza esta segunda lectura y que ya desde hace años va elaborando una ficha de cada una de sus lecturas. ¿Supone ello leer menos?. No. Supone leer más profundo e ir contra algunos ritmos que nos imponemos en nuestra propia vida como nos describe Pierre Péju:

Atravesé aquellos días y sus distintas velocidades, sin momentos de verdadera lectura… Nunca me tomé el tiempo para leer, como me gustaba y sabía hacerlo, durante aquella primavera. ¿Dónde y cuándo habría leído? Existía la urgencia de la aventura. Siempre algo que hacer, siempre algo nuevo. En aquel tiempo dilatado, sufríamos una especie de intoxicación por acción, una intoxicación por asamblea general, por organización y por colectivo, que nos obligaba a mantener a distancia la soledad y la singularidad (…) (Pierre Péju; El librero Vollard; Tropismos, pag. 68) ……

Elogio de la lentitud

Autor: Carl Honoré
Título: Elogio de la lentitud. Un movimiento mundial desafía el culto a la velocidad
Páginas: 253
Año Edición: 2005
Editorial: RBA
ISBN: 84-7871-249-6

Comentario

Jordi Nadal comentaba hace poco en relación a este libro: Aunque algo ingenuo (los hippies wasp son entrañables si sabes de dónde vienen), es una obra con puntos de vista muy estimulantes. Cae, también en un enfoque funcionalista y poco sistémico, pero no conviene dejar de lado algunas de las reflexiones, propuestas y sugerencias que plantea.

Las relacionadas más directamente con el libro y la cultura las abordaremos en otro momento porque plantean algunos temas de interés que merecen la pena abordar más despacio.

Al abordar en cada capítulo una ’faceta de la vida’ y plantear a través de esta estructura dar un cierto tratamiento igualitario a la salud y la gastronomía, por ejemplo, se cae, quizás en el error de pensar que todo tiene el mismo peso. Aún con ello, merece la pena leerlo, con calma o, mejor, don su tempo adecuado.

Algunas frases a resaltar

– En el puesto de trabajo moderno, donde todo ha de hacerse en períodos de tiempo rígidos, la velocidad es la máxima importancia. El correo electrónico y los teléfonos móviles exigen una respuesta inmediata y, a la vuelta de cada esquina, hau una fecha tope….El problema es que muchos de nosotros estamos sometidos de manera permanente a la presión de la fecha límite, lo cual deja escaso tiempo para el sosiego y la recuperación. Las cosas que necesitan lentitud (planificación estratégica, pensamiento creativo, fomento de relaciones…) se pierden en el alocado apresuramiento por mantener el ritmo, o incluso sólo para parecer ocupado. (Carl Honoré; Elogio de la lentitud, RBA, pag. 173-174)

– Las escuelas lentas posibilitan la invención y la respuesta al cambio cultural, mientras que las escuelas rápidas se limitan a servir siempre las mismas viejas hamburguesas. (Carl Honoré; Elogio de la lentitud, RBA, pag. 209)

– Un objeto hecho a mano, como un chal de punto, por su carácter único, sus caprichos e imperfecciones, lleva la huella de su creador. Percibimos el tiempo y la meticulosidad que ha dedicado a su obra y, en consecuencia, sentimos hacia ésta un mayor vínculo afectivo. En el mundo actual, donde resulta tan fácil, tan barato y tan rápido comprar cosas, lo que compramos ha perdido su valor –sigue diciendo Murphy-. ¿Qué valor tiene un objeto si puedes comprar diez idénticos en el mismo instante?. Cuando una cosa está hecha a mano, significa que alguien le ha dedicado tiempo. Eso le da auténtico valor. (Carl Honoré; Elogio de la lentitud, RBA, pag. 182)

– Los cerebros electrónicos son increíblemente rápidos, exactos y estúpidos. Los seres humanos son increíblemente lentos, inexactos y brillantes. Juntos son poderosos más allá de lo imaginable. Por ello, las personas más inteligentes y creativas saben cuándo es el momento de dejar que la mente divague y cuándo han de dedicarse con ahínco al duro trabajo. En otras palabras, saben en qué momento deben pensar con rapidez y en qué momento deben hacerlo lentamente. (Carl Honoré; Elogio de la lentitud, RBA, pag. 106)