Carlos Álvarez-Ude

Me enteré de la noticia el viernes a la tarde tras una agradable comida en Vitoria.

Una llamada a Manuel la confirmó. Graciás a él, editor de su último libro Los mares detenidos, le conocí y pude disfrutar, queizás no en suficientes momentos de su conversación, opinión y puntos de vista.

Tenía pendiente de recoger aquí un texto de otros poeta, Kepa Murua, y quizás éste sea el mejor momento.

Con las palabras pasan cosas. Las palabras nos sitúan en el mundo real e imaginario, nos dicen cómo somos y qué pensamos. Nos señalan un camino al conocimiento y a la interpretación de lo que nos rodea. Las palabras situán la conversación entre las personas, los objetos adquieren relevancia cuando los nombramos, pero siendo un reflejo de lo que sentimos y decimos pueden huir de nuestro vocabulario si intentamos forzarlas. Pueden rebelarse si sólo buscamos un significado que no se corresponde con su representación primera. Pueden confundirnos si intentamos que signifiquen lo que identificamos con nuestras necesidades vitales y creativas. La palabra desgastada que pierde fuerza, la palabra traicionada que se usa cuando nos interesa, la palabra devuelta como es “memoria”, la palabra perdida, la palabra que parece que se olvida, la palabra “menosprecio” que designa el pulso de la vida o la palabra “vida” que busca el compromiso de unos sobre otros, las que escuchamos a menudo agotadas en su íntimo significado tanto como palabras que se repiten a menudo…Y me vienen a la memoria esas que no se repiten tanto, pero que también pertenecen a este mundo real y nada simbólico como “dolor”, “soledad”, “emoción”, “ternura” o “engaño”….