Partidos y poder

Cada vez es más persistente el ruido preelectoral.

Hace unos pocos días escuché a Roberto San Salvador una reflexión interesante en la radio que la cuento a mi manera.

Venía a decir que no estaría de más que los partidos de Euskadi en la campaña hicieran dos cosas: ser claros en sus propuestas de cara a la ciudadanía y realizar una campaña mesurada ya que la realidad va a obligar a cualquiera a sentarse después a negociar y ello siempre es más fácil si no ha habido excesivas puyas y malas formas en la campaña y si cada uno ha sido claro en sus planteamientos.

Creo que no le falta razón sobre todo cuando no va a ser posible, quizás por suerte, disfrutar de el poder en solitario y menos en este entramado institucional donde quien gobierne no tendrá el control directo del dinero del presupuesto hasta que las Haciendas Forales lo vayan haciendo tangible.

Junto a esto hay algún otro tema que me ha llamado la atención y que quiero unirlo con el trabajo iniciado en principio en el Gobierno Vasco sobre lo que se ha denominado Gobierno Abierto. La estrategia electoral y la forma de trabajar de los partidos siguiendo lo que señala Imanol Zubero:

Lo cierto es que los partidos tienen dos problemas con la sociedad civil, de la que deberíen ser expresión y herramienta. El primer problema es bien conocido y está ampliamente reflexionado: su déficit de conexión con la sociedad civil, déficit que se ha vuelto estructural y cuya reversión empieza a parecer imposible. Pero con ser grave, más aún lo es un segúndo problema, este sí estructural y estructurante de la fisonomía y, sobre todo, de la mentalidad colectiva de los partidos: me refiero a la ausencia de cualquier atisbo de sociedad civil en el seno de las organizaciones partidarias. Y sin sociedad civil no hay ni pluralismo, ni deliberación, ni democracia.

hace francamente difícil creer una apertura cuando no se da en la propia estructura. Dicho de otra manera: gobernar abiertamente cuando no es este el mecanismo sobre el que se ha trabajado para alcanzar el poder lo hace poco creíble.

Desde esta historia general de cerrazón, de militancia más ortodoxa y menos ortopráxica que los sectores más reaccionarios de la Iglesia y con esa mentalidad de que ‘el que se mueva no sale en la foto’ difíicil será también que el nuevo Parlamento sea como sueña Óscar.

Tenemos unas elecciones a la vuelta de la esquina. Soy escéptico pase lo que pase porque creo que en todos los casos primará el poder del aparato o del partido y nunca será preferente la atención y la respuesta a las necesidades ciudadanas vistas desde distintas ópticas aunque sea el velo que cubra la necesidad real.

De los cuatro partidos que tendrán algo que decir, esto no supone una lectura de minusvaloración al resto, sino una lectura desde el ‘conseguir el poder’, el PNV lo necesita como el agua porque es una estructura pensada para estar en el gobierno y mandar y no podría pasar otros cuatro años sin tocar poder, el PSE lo necesita en parte para recolocar a su gente y para seguir demostrando que, en apariencia, otra forma de hacer política es posible. Euskael herria Bildu lo necesita igualmente para que el sector duro que es quien controla como comisariado político pueda sentar ya sus reales y mostrar el juego real y el PP para mantener no solo su estructura, sino la de España.

Me refiero en todos los casos a los aparatos, a los que mueven los hilos, los presentes en los distintos maitines partidistas y no a quienes hayan después desempeñado con la mejor voluntad y acierto en muchas ocasiones tareas de gobierno o de oposición, pero sin ser del todo conscientes que fundamentalmente en lo político el poco poder que queda sigue en las mismas manos.

No es que sea una visión excesivamente optimista, pero creo sinceramente que ‘es lo que hay’ y, en todo caso, me pongo en guardia ante el cinismo que nos rodea.

El cinismo

He terminado hoy mismo de leer el libro Fe de Vida de José Ramón Recalde. De la mayoría de los libros que leo suele ir recogiendo frases, párrafos o ideas que me llaman la atención o me sugieren algo.

Casi al final del libro me he encontrado con la frase que trascribo más abajo y que, automáticamente, me ha situado ante el testimonio de las víctimas en la última comisión de “¿investigación?” en relación a los atentados del 11-M. La frase se refiere a hechos acaecidos ya hace unos cuantos años, pero no me diagan que no les suena ese ’comprender el mensaje’ a algo escuchado recientemente.

Quizás, quienes lo hayan dicho deban también aplicarse el comentario de Recalde.

Ese “¡ya hemos comprendido el mensaje!” que las burocracias de los partidos lanzan cuando los ciudadanos se han manifestado, suele ser, y lo ha sido esta vez, la fórmula hueca que oculta el cinismo de quienes no quieren moverse de sus posiciones. (José Ramón Recalde; Fe de vida; Tusquets, pag. 342)