Caracoles en salsa vizcaína

En la familia existe una querencia a disfrutar de la mesa y convertirla en punto de encuentro y celebración en momentos importantes de la vida.

Importante, en cualquier caso, es a veces, simplemente el deseo de juntarnos para conversar de forma sosegada.

Pero dentro de esa querencia existen también algunas tradiciones que van por ahora pasando de generación en generación.

Una de ellas es la preparación de los caracoles a la vizcaína plato típico de nochevieja en el que se junta una parte de la familia, pero no toda.

En la preparación hasta la fecha sólo intervienen las mujeres. Y así, dos, tres días antes, las nueve mujeres de la familia se juntan para prepararlos convirtiendo la tarde, también, en una preparación-merienda que en sí misma guarda también sus ritmos y peculiaridades en lo referente a las tortillas de patatas.

Algunos de los que no podemos asistir sí pasamos por casa unas horas antes la misma noche de nochevieja para recoger nuestras correspondientes raciones que pasan a buen recaudo, léase congelador en este caso, para encontrar su momento propicio de degustación celebrativa.

Este año, les hemos dejado poco margen. Otros, suelen aguantar hasta febrero; pero en esta ocasión, el 15 de enero nos ha parecido la fecha adecuada para compartirlos

en una comida, donde los tres miembros que invitábamos nos hemos afanado en poner parte de nuestro ‘saber y hacer culinario’ en la mesa. Somos cocinillas en distintos grados que parecen ir mejorando con las nuevas generaciones.

La madre

El padre

Y el hijo

No somos de complicarnos. Somos más del modo ‘disfrutón sencillo’ y de tener tiempo para la conversación. Quizás la comida compartida esté muy cerca de la lectura y de la cultura en ese espíritu ‘zaidiano‘ de seguir buscando excusas constantemente para conversar y hacer tertulia.

Claro que en esto, también hay una diferencia entre la comida/lectura/tertulia sosegada que es el primor por lo bien hecho que necesita su tiempo y la comida/lectura/tertulia rápida-basura.

Así que a las personas que a veces me señalan con el dedo de manera cariñosa, y a ratos noto que envidiosa, diciendo que me paso el día comiendo, les diré que se equivocan. Que están mirando el dedo y no la luna. Lo que intento y me gusta es buscar momentos para la conversación, la tertulia y el estar con otras personas y la mesa donde se nos presenta la comida y/o los libros sigue siendo una excusa maravillosa.

¡Feliz domingo¡

Tiempo, silencio, lentitud, pequeño… George Steiner con previo y epílogo de Bauman

Teorizar que Internet es una forma nueva y mejorada de la política, que navegar por la red es una nueva y más efectiva forma de compromiso político, y que la vertiginosa velocidad de conexión a Internet significa un avance de la democracia, se parece sospechosamente a una excusa más de las tantas que esgrimen las clases ilustradas a la hora de justificar sus prácticas de vida, cada vez más despolitizadas, y a su aspiración de obtener una baja con honores de la ‘política de lo real’. Contra ese fondo de alabanza coral, el rotundo veredicto de Jodi Dean resuena con potencia: esas tecnologías de comunicación actuales son ‘fuertemente despolitizantes’, esa ‘comunicación funciona fetichísticamente hoy: como descargo de una pérdida de poder o castración política mucho más profunda….El intenso flujo de la información no confluye en el río de la democracia, sino que abreva insaciablemente en él, interceptando sus contenidos y desviando sus cauces hacia gigantescos y majestuosos lagos artificiales estancados. (Zygmunt Bauman; Vida de consumo; FCE; pag. 147) (CDT)

Sugerente entrevista a George Steiner en El País realizada por Borja Hermoso. Merece la pena leerla entera.

  • Aristóteles nos dice: “Si no quieres estar en política, en el ágora pública, y prefieres quedarte en tu vida privada, luego no te quejes si los bandidos te gobiernan”.
  •  … Y escuche una cosa: muy lentamente, los medios electrónicos están empezando a retroceder. El libro tradicional vuelve, la gente lo prefiere al kindle… prefiere coger un buen libro de poesía en papel, tocarlo, olerlo, leerlo. Pero hay algo que me preocupa: los jóvenes ya no tienen tiempo… de tener tiempo. Nunca la aceleración casi mecánica de las rutinas vitales ha sido tan fuerte como hoy. Y hay que tener tiempo para buscar tiempo. Y otra cosa: no hay que tener miedo al silencio. El miedo de los niños al silencio me da miedo. Solo el silencio nos enseña a encontrar en nosotros lo esencial.

Sugerente también como todos los sábados la reflexión de Antonio Rodríguez de las Heras, Desconexión, en bezdiario. Plantea como hipótesis real ya la creación desde el no-encuentro y la penalización de la desconexión. Disfruto siempre con la búsqueda de matices o contrapuntos amables que permitan seguir la conversación que la conexión aunque no sea presencial es posible en este caso.

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Creo que sigue siendo necesario, diría que imprescindible, por lo menos en mis coordenadas vitales, la lentitud, el encuentro y el tiempo para disfrutar y poder compartir algunos momentos vitales.

La mesa del encuentro y lo que en ella se comparte requiere sus tiempos previos y su momento amplio de compartir. El guiso, callos y lengua en salsa, es el regalo del tiempo y con ello, la puesta en valor, no por el precio, sino por la dedicación y el cariño puesto en ello.

Hoy ha sido uno de esos días. Había algunos temas para conversar y merecía la pena el sosiego, el cuidado y, por supuesto, la celebración de la vida de nuestras mayores que tanto nos han enseñado.

Comida_2_Julio_2016

Quizás con los libros también ocurra algo parecido. Me ha encantado encontrarme  navegando, dentro de este mundo dual, con Llibres artesans. Como ellos dicen, haciendo los libros del futuro desde 2002.

El punto de vista sobre el cómo hacer y qué es lo que ponemos en valor con ello me resulta mucho más sugerente que la de los soportes sobre todo si no hay ni un cómo, ni un qué, ni un porqué.

Los más desposeídos, los más carenciados, son quizás quienes han perdido la lucha simbólica por ser reconocidos, por ser aceptados como parte de una entidad social reconocible, en una palabra, como parte de la humanidad. (Pierre Bourdieu en Zygmunt Bauman; Vida de consumo; FCE; pag. 11)

 

Comida, tradiciones y familia

Suele ser costumbre, no llega todavía a tradición aprovechar estes enero mediado para que con motivo de algún aniversario que cae por estas fechas se mezclen y conjuguen en lo gastronómico las ramas familiares de procedencia distinta pero que en la mesa maridan bien.

Los caracoles nos traen recuerdos de las mujeres de la familia y de la abuela de una de las partes. Elaborados siempre, en nuestro caso por las mujeres de la familia que ya se afanan en ello en la cuarta generación.

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El valor de la autonomía

Hoy hemos tenido una jornada de trabajo de equipo con mucho aire de informalidad y cierto clima de relajo.

Se han venido celebrando con cierta periodicidad y en cada momento el ritmo de la misma ha sido distinta.

Ahora necesitábamos algo de tono relajado y así ha sido.

Así que desde aquí ¡felicidades a quien haya tenido la idea de montarla así!

Ha tenido además otro elemento positivo. La hemos realizado ‘palpando’ cultura y arte. Gracias por lo tanto también a los que nos habéis acompañado y guiado durante la jornada.

Me habéis hecho disfrutar.

Ha habido también su momento para la reflexión que habíamos tenido que preparar de manera creativa. No contaré más sobre esto. Sólo que nos ha permitido tener sana terapia de la risa al comprobar el resultado.

Bueno es que a estas alturas del partido tengamos todavía capacidad de reirnos de nosotros mismos y entre nosotros.

Con todo ello, me quedo con una reflexión que ha salido casi al terminar la mañana: el valor que alguien ha dado a la autonomía personal de cada uno de los miembros del equipo.

El constatar que las distintas formas de ver, hacer y las distintas procedencias haya sido visto como una riqueza no exenta, lógicamente, de tensiones, pero, al fin y al cabo como algo que ha aportado valor en estos tiempos es un punto que aporta para mí un particular interés y una visión que comparto.

Hemos terminado disfrutando como clásicos artesanos con producto hecho con nuestras manos, cada uno distinto, porque para algo somos diferentes y finalmente con buena conversación-comida.

Pero lo dicho: mantengámanos autónomos sin llegar a crear Comandos que ese tiempo ya pasó.

Culo Gordo

Me suele ocurrir muchas veces cuando llego a casa que la centralidad de la mirada con la que comparto vida habitualmente se sitúa casi en exclusiva en el espacio comprendido entre debajo de mis pectorales y encima de mi cintura.

Suele sobrar cualquier comentario sobre todo si vengo de una larga comida compuesta de buena mesa y larga tertulia acompañada en mayor o menor grado de bebidas espirituosas.

Siempre me extraña la mirada y más desde el momento en que la misma y el espacio que me observan con atención ha entrado en comparativas con alguna otra persona que  en mi modesta opinión tiene más para mirar . Esta perspectiva o mirada no es compartida por mi compañera y algún advenedizo más que mora en esta casa.

Es cierto y comprobado que las comidas relajadas puede dar pie a ampliar el espacio anteriormente señalado o el situado en la parte trasera justo debajo de la cintura con línea al centro que permite el marcaje de carrillo derecho y carrillo izquierdo.

Hoy al mediodía en Pamplona me he juntado con algunos buenos amigos para practicar el ejercicio que puede posibilitar el aumento de la zona delantera y la parte trasera. Al final de la conversación bastante centrada en política y campaña electoral y el sector del libro, donde en algunos subsectores las elecciones no parecen posibles, han salido a relucir amigos y relaciones cruzadas que bajo las palabra que titulan este post ocultan toda una historia entrañable y de  interesante pasado.

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Como existen algunos hilos de conversación que circulan por Bilbao hemos quedado en seguir la comida-conversación en un plazo cercano más pegados al mar.

Al llegar a casa, como era de esperar, no me he salvado de ‘la mirada cariñosa’.

¡Qué cierto es que a menudo las palabras sobran!