La librería, casino literario

…En esa pequeña ciudad de cuarenta mil habitantes vivían y se enriquecían cuatro libreros. Las librerías se convertían en verdaderos casinos literarios a la hora en que los señores regresaban a sus casas desde las oficinas; entraban y se sentaban en cómodos sillones para echar un vistazo a las novedades. La avalancha de productos artísticos e intelectuales que abarrotaría el mercado editorial después de la guerra no había llegado aún; se discutía cada libro publicado y apenas pasaba un día sin que uno de los cuatro libreros mandase varias novedades literarias “sin compromiso alguno”… (Sandor Márai; Confesiones de un burgués, Salamandra, pag. 49-50)