Tutores de la lectura. Guillermo Busutil

Bello y sugerente texto de Guillermo Busutil reflexionando tras el reciente Congreso de libreros celebrado en Sevilla y que se publicó ayer en La Opinión de Málaga.

Lo reproduzco en su totalidad. Me permitiré sólo dos detalles que me producen una satisfacción personal:

  1. La referencia a Javier Pascual como una de las voces más oportunas del Congreso.
  2. La postura reivindicativa con ‘lo de siempre’ de Antonio de Marco, el librero que llegó del lado oscuroAntonio de Marco reivindicó ofrecer lo de siempre, alma: trato personalizado, calidad, actividades variadas, y también debate y construcción política y social, tan necesarios actualmente.

Ser librero es una vocación abierta de par en par. A la pasión de leer, al arte de la conversación, al oficio de vender un mundo desconocido como una promesa que casi nunca se equivoca. La lectura de un libro empieza en la voz del librero que cuenta y enrola al lector. A veces pensamos con razón que la crisis, las nuevas tecnologías, los ocios sin recogimiento, y el híper encantamiento de la imagen, han ido desahuciando este perfil de los tutores de lectura. Que sólo quedan algunos náufragos en esos establecimientos de penumbra y madera, entre mapas, ediciones antiguas y volúmenes de segunda mano con dedicatoria extraviada. Los otros, los libreros de novedades semanales, se etiquetan desde la mirada de los amantes del libro como meros dependientes entre ordenadores, barras de cafetería y estanterías de diseño con wifi gratis; sin ninguna marca que delate su oficio ni sus preferencias. Los hay. De los unos, y de los otros. Sobreviven los lobos de mar que llevan tatuados en su memoria el anaquel donde duerme cada una de sus joyas con exlibris, y los que sólo atienden sin criterio alguno sobre el autor ni esa huella de tinta perenne en las yemas de los dedos. Pero son más los que disfrutan de su pasión. Unos mantienen la idea de su empresa como un ultramarino de barrio en el que se fían cuentas de clientes; otros la han convertido en la equis de un territorio alrededor de la que crecen otras formas de ocio compartido alrededor de la cultura de la vida.

Libreros, muchos, sin parecerse entre ellos, que sueñan con que las librerías sean nuestra tercera casa. Qué bonita definición de François Dubruille, directora de la Federación Europea e Internacional de Libreros en el Magazín que desliza con guante blanco por los hoteles el periodista cultural Winston Manrique. Él y yo hemos disfrutado a muchos de estos emprendedores de la lectura en su XXIII Congreso celebrado en Sevilla, los pasados 8, 9 y 10 de marzo. Trescientos en activo, herederos de saga como la homenajeada Concha Quirós al frente de la Cervantes de Oviedo, y Juancho Pons, presidente de la Confederación española de gremios y asociaciones de libreros (Cegal); profesionales de bonanzas y de crisis -entre las caídas de ventas y los libros de texto que se llevaron las grandes superficies-, emparejados algunos por dos amores hacia lo mismo –el otro, y los libros- igual que la vicepresidenta Eva Cosculluela y Félix, de Portadores de Sueños, o Diana y Antonio Rivero de Canaima, y positivos en su oficio y sus retos como su director técnico Javier López Yáñez. En sus labores cada uno, y pendiente de todos Lourdes García, en un Congreso fecundo de ideas y sin mácula alguna.

Cada vez que un gremio se junta en un congreso es fácil recordar aquellos ejercicios espirituales de encierro y reflexión, y pensar en el presente en el que todo lo que tiene que ver con la cultura es una acrobacia entre el alambre, la terapia y la extremaunción. No ha sido así bajo la lluvia de Sevilla y la participación animosa de distribuidores, editores y escritores proponiendo interesantes alternativas; decididos a mejorar la colaboración entre sectores; a exigir políticas inspiradas en las culturas del libro en Europa donde todo pasa por la educación, y tan ausentes en España aunque existan iniciativas como Mi libro favorito, desarrollada por la Fundación Lara de Sevilla en los institutos andaluces. Un apoyo fundamental en la formación, sobre la que Jesús Trueba propuso la introducción en los planes educativos de un tiempo de lectura. Iniciativas con las que hacer realidad que «la lectura hace al hombre completo; la conversación lo hace ágil; el escribir lo hace preciso» como escribió Francis Bacon.

No faltó inteligencia, humor ni crítica constructiva en el debate de las jornadas, en las que hubo muchos momentos de brillantez argumental en torno al ecosistema del libro. Se habló de agilizar el trabajo diario que los encadena al ordenador sin apenas tiempo para leer, que es lo suyo; del avance de sus redes en conexión con más de 690 librerías; de la labor del portal loslibrerosrecomiendan que lleva Juan Marqués o el potencial de todostuslibros.com, con un millón de consultas al mes y la posibilidad de convertirse en una plataforma de defensa frente a las grandes dentelladas de Amazon y las ventas online en torno al 15%. Se admitió el error de las campañas que metieron el libro en la caja de entretenimiento. Lo mismo que el de mantener vigente la sentencia del ensayista Samuel Johnson, la gente no lee si tiene otra gente con la que entretenerse, cuando los libros están llenos de tipos con los que irse de aventura, disfrutar de sus enseñanzas e imitar sus vidas. Igualmente se decidió acordar canales de comunicación más eficaces entre las editoriales y el gremio, y una colaboración más estrecha con los suplementos literarios, revistas o programas, algunos de los cuales como Arte y Letras del Heraldo con más de 600 números, el ABCD o Mercurio, de cumpleaños en abril con 200 números, que recomiendan librerías y su trabajo. Cada uno debe tener la suya o varias, a propuesta de Javier Pascual, una de las voces oportunas del congreso junto a las de Juan Miguel Salvador y Manuel Gil, director de la Feria del Libro de Madrid entre otras que destacaron el auge de las librerías de autor, centradas en ofrecer títulos de editoriales independientes, como las de Impedimenta o Libros del Asteroide que conforman el grupo Contexto, que contribuyen a segmentar público, a fidelizarlo y atraer clientes y un tiempo nuevo.

Una fórmula con la que Antonio de Marco reivindicó ofrecer lo de siempre, alma: trato personalizado, calidad, actividades variadas, y también debate y construcción política y social, tan necesarios actualmente. La bitácora de aquellos jóvenes militantes de la Transición que abrieron en 1969 la malagueña Prometeo-Proteo, dos nombres de rebeldía contra los dioses y estrategia de confusión contra la censura, y la sevillana Antonio Machado. Ágoras de literatura y de política de izquierdas encabezadas por Francisco Puche y Alfonso Guerra en un estupendo debate sobre utopías del 68; los ataques de los grupos fascistas; el reconocimiento a Ruedo Ibérico, a Losada y a Alianza bolsillo, imprescindibles en la educación sentimental del exilio, de la poesía y de la literatura europea. Oficio con olfato para saber empujar a cada libro hacia su lector, y recuerdos sobre el cuarto secreto de títulos prohibidos de Prometeo, que la Machado tuvo en un Dos Caballos aparcado en frente de su puerta, o de vacíos legales como el que llevó a la policía a detener a Guerra en la frontera francesa por el libro Marxismo y anti marxismo de Besteiro, que encontró a su regreso expuesto en su escaparate. Dos fabulosos conversadores y lectores que, al igual que Borges, podrían decir «me enorgullezco por lo que he leído». Ambos, al igual que muchos de los asistentes y de los que conozco como José Antonio Ruiz, Juan Manuel Cruz o Enrique del Río dejaron claro que ser librero también es un género.

Los verdaderos analfabetos son los que aprendieron a leer y no leen. Estaría bien recordar esta frase del poeta brasileño Mario Quintana en las escuelas, y también en la universidad tan de espaldas hoy a la lectura de libros y de prensa, para que los jóvenes aprendan con las palabras a tomar el pulso a la vida. A convertir con ellas la imaginación en una cometa, la realidad en una conciencia que interrogue, y el lenguaje en la voz de nuestra identidad. No olvidemos que, frente al trading topi de la banalidad, la manipulación y las posverdades que nos cercan, los libros nos refugian, nos cruzan fronteras y nos habitan la mirada, porque la literatura es el lugar más seguro del mundo como dice Muñoz Molina.

Sin la lectura los por qué difícilmente se abrirían paso. Y sin las librerías las ciudades serían urbanizaciones. Hay muchas, con magnéticos escaparates, con tantos mundos dentro y tan fantásticos, que dan ganas de entrar y quedarse a vivir en ellas. Seamos sus cómplices, nos necesitamos. Su futuro y el nuestro son de libro.

Cuando la labor del librero va más allá de la venta de libros…

Cuando todavía están recientes los ecos del último Congreso de libreros celebrado en Sevilla; cuando todavía siguen apareciendo titulares en los medios que juegan al partido libreros-Amazon como si no hubiera más contendientes en el pastel de la venta al cliente final, sea este particular o institucional; cuando parece que se reconoce que hasta la fecha se ha llorado más que actuado; cuando…. quedan muchos cuandos pendientes…, no está de más traer una cita de Sophie Noël y su visión sobre la labor del librero independiente que, por incluir un matiz más, no se juega su independencia sólo con el libro nuevo…

– La labor del librero independiente va más allá de la venta de libros: su labor consiste en una serie de prácticas coherentes, que se materializan en la elección del local y del barrio, de la decoración y de las actividades propuestas, todo lo cual contribuye a crear un estilo único. La reivindicación de la pertenencia de la librería a un barrio y de la proximidad a sus habitantes, particularmente puesta en práctica por las librerías anglosajonas en torno al movimiento, todavía es un elemento central de esta retórica de la singularidad, con su ideal de pequeña comunidad, símbolo de una ciudadanía libre y virtuosa, tradicionalmente hostil al big business. La temática del barrio-pueblo, del pequeño grupo de conocidos y del vínculo social idealizado se opone al anonimato del comercio online y se relaciona estrechamente con los valores de la familia libremente escogida. Algunas librerías organizan algunas de sus secciones en «connivencia» con sus clientes, y llaman la atención sobre el hecho de que la gente se tutee y se llame por su nombre dentro de ellas. Sabiendo que el ánimo de lucro queda generalmente anulado dentro del ámbito doméstico y en las relaciones de amistad, los libreros a los que hemos entrevistado sitúan su relación con los «clientes-amigos» bajo el signo de los valores de intercambio (inmaterial) y de la confianza, redefiniendo la relación comercial como una relación libremente escogida: «La gente necesita contacto, intercambios. Me he hecho amiga de varios de ellos, aunque no compren nada» (Sophie Noël en Revista Texturas 32; trama editorial, pag. 79)

Aprendiendo con y de Antonio de Marco, el librero que llegó del ‘lado oscuro’

Antonio de Marco ha visto al final la luz y le ha llegado la ‘reconversión librera’. Aquellos trabajos de juventud que servían para ampliar el número de copas nocturnas se han convertido con el paso de los años y después de idas y venidas en su ‘hacer’ principal en la estupenda librerías Pasajes de Madrid.

Ha salido del ‘lado oscuro’ y esto ha permitido que algunas personas podamos disfrutar no sólo de su conocimiento, sino de él como persona que al final suele ser lo que acaba mereciendo la pena de verdad.

Hay por cierto algunas otras personas que se mueven en el ‘lado oscuro’ que son también gente estupenda. Ocurre a veces que la vida con sus recodos laborales es caprichosa y nos ubica a veces en sitios casi inesperados.

Con motivo del Congreso de libreros que acaba de terminar en Sevilla Francisco Camero le ha hecho una amplia entrevista a ADM para el Diario de Sevilla que, en mi opinión, no tiene desperdicio.

Os invito a leerla entera.

Yo, aquí, os ofrezco algunos de mis subrayados personales.

  • Hay algo que no se puede discutir: Amazon está siempre enfocada en el cliente y presta un servicio excelente. Eso es esencial, y lo hace muy bien.
  • Los libreros, y creo que el sector del libro en general, se dejaron engañar con la amenaza del libro digital, cuando lo que estaba haciendo Amazon era montar una colosal librería, on line, pero una librería. Y esto sí que era el problema. En muchos países Amazon domina el 60% del mercado de ventas por internet.
  • Cada librería tiene su alma… Se trata de reforzar la experiencia de visitar una librería y el servicio de cercanía, pero lo que no podemos hacer es competir con la venta on line, ninguna librería puede competir con Amazon en ese terreno, es imposible.
  • Las multinacionales tecnológicas llevan la ley al límite. Y al límite significa al límite más absoluto. En todos los sentidos. No sólo la tributación, también ciertos derechos.
  • Si los libreros son conscientes de dónde están sus 8.000 o 5.000 o 3.000 clientes y los cuidan y les prestan un servicio de calidad, si saben crear un lugar con alma y tienen una gestión financiera adecuada, esas librerías pueden sobrevivir lo que sea.
  • Negroponte dijo hace tiempo que pasados cinco años no habría ya libros en papel, y ya vemos… Con respecto a esta cuestión ha habido mucho gurú interesado, y también mucho gurú muy desinformado.
  • Tenemos ahora dos mercados paralelos, el de las librerías de siempre y el digital, y se dan casos curiosos y elocuentes. Conozco por ejemplo a gente que se autopublica, y algunos han vendido mucho, incluso ganando cantidades importantes de dinero, y han querido tener su libro también en papel, en una librería de prestigio, y ahí no han vendido nada de nada. El mercado se ha partido en dos, que van en paralelo y casi no se tocan.
  • Es evidente que no salen los números para tantísimo libro.
  • Creo que en el mundo editorial hay una burbuja importante, un exceso de títulos. Tiene que haber un revolcón en todo el sector. Pero seriamente. Nos tenemos que sentar todos, libreros, editores, distribuidores, y decir: “Oye, vamos a ver si lo podemos hacer de una forma más racional”. Porque el mercado no crece.
  • Este sistema de comprar y devolver-comprar y devolver no funciona bien. Sentémonos todos y veamos de qué otro modo podríamos hacerlo… si el negocio fuera un supermercado en vez de una librería, no podría sobrevivir de este modo, todo el rato devolviendo cosas. Al final, el trabajo del librero no sólo no es estar ahí idílicamente con una tacita en el mostrador leyendo Guerra y paz, sino que es estar casi todo el tiempo tramitando las devoluciones.

Todo esto y más da para una buena conversación con él.

20 citas de cara al XXIII Congreso de Libreros. 20. La librería del siglo XXI

Reflexiones a modo de píldoras ante el XXIII Congreso de Libreros en Sevilla.

En dos días, el miércoles 7, empezará el XXIII Congreso de libreros.

Cierro estas 20 aportaciones con un texto algo más amplio de Paco Puche, librero ya jubilado de su trabajo, pero no de su oficio y que también cerrará e intervendrá en el Congreso.

Es un texto que ha aparecido en otras ocasiones en este blog, pero que me sigue pareciendo clarividente y sugerente para el desempeño de la acción librera, sabiendo al mismo tiempo como diría Carlos Pascual, que esas líneas y reflexiones que Paco sugiere, cada uno las deberá concretar en su idea y tiempo concreto.

¡Feliz y provechoso Congreso amigos!

1.- La función informadora. Se trata de tener todas las bases de datos necesarias, o su acceso online.

2.- La función recomendadora. Se trata de transmitir el saber conspicuo y creíble sobre los contenidos de los libros, que se aprende con el amor y la experiencia.

3.- La función de encuentro. La librería palpable será siempre un lugar de reunión de gentes y de cruce esporádico de personas.

4.- La función cultural. Tener una postura activa en la difusión de la cultura y el pensamiento.

5.- La función civilizatoria. En los tiempos que corren hay que fomentar los valores de no violencia, solidaridad, sabiduría y frugalidad y ‘solaridad’.

6.- La función de resistencia.- Los huecos están ahí, pero es necesario ocuparlos. Como hemos visto en el 15-M existen otras posibilidades.

7.- La función endógena.- La empresa cultural librera debe incardinarse en su medio social.

8.- La función de etnodiversidad. Hay que fomentar las lenguas y culturas locales. Mantener libros de fondo.

9.- La función de servicio polivalente. La librería palpable tiene en su mano proporcionar todos los servicios, incluidos los virtuales.

10.- La función corporal. Propiciamos el poder tocarnos, en estos tiempos de virtualidad y rechazo.

11.-La función laboral. Tenemos los medios para dignificar el trabajo.

12.- La función empresarial. Podemos representar polos de fomento de la escala humana. Tendremos que apostar por formas empresariales cooperativas.

13.-La función poética. Podemos seguir repartiendo sueños.

14.- La función se ‘solaridad’. Hay que caminar hacia la librería solar.

Sobre todas ellas os podéis explayar en el libro Memoria de la librería, editado por Trama editorial en el que se incluyen también las reflexiones de Carlos Pascual, de Marcial Pons y Antonio Rivero de Librería

20 citas de cara al XXIII Congreso de Libreros. 19. Las librerías son de los lectores

Reflexiones a modo de píldoras ante el XXIII Congreso de Libreros en Sevilla.

Un librero admirable de Monterrey, a mediados de siglo, hizo obra cultural y prosperó con un método imposible. Revisaba los catálogos con los ojos de cada uno de sus clientes. Sabía qué libro le iba a interesar a quién, y apostaba con una puntería casi infalible. Compraba el libro equis para el lector zeta, y cuando éste llegaba y se ponía a ver las novedades, hacía el descubrimiento feliz: un libro que le interesaba y se llevaba… De hecho, Alfredo Gracia funcionaba como una especie de agente de compras, por su cuenta y riesgo, para un conjunto de lectores. En vez de comprar por encargo de ellos, adivinaba sus deseos. (Gabriel Zaid; Los demasiados libros; Anagrama, 1996, pag. 75)

20 citas de cara al XXIII Congreso de Libreros. 18. Construir ciudad y memoria

 

Reflexiones a modo de píldoras ante el XXIII Congreso de Libreros en Sevilla.

Sostiene Roberto Casati que, siendo verdad que los libros en papel ocupan
espacio, lo que puede contemplarse como un engorro, lo cierto es que «el
espacio es un buen medio de controlar la memoria». Y continúa: «Una buena biblioteca es como un diagrama; nos permite pensar, porque visualmente nos reenvía de una sola ojeada a la multitud de cosas leídas, liberando de ese modo a la mente de la necesidad de guardarlo todo en la memoria». ¿Podemos decir algo similar de las librerías? Si el espacio que ocupan los libros en un hogar es el mejor medio de controlar la memoria, tal vez también el espacio que ocupan las librerías en la trama urbana sea el mejor modo de controlar nuestra memoria colectiva, de construir ciudad de una determinada manera. (Imanol Zubero; Revista Texturas 29, pag. 25)

20 citas de cara al XXIII Congreso de Libreros. 17. La pasión por el oficio

Reflexiones a modo de píldoras ante el XXIII Congreso de Libreros en Sevilla.

La pasión de todo librero por su oficio es como el valor en el ejército, se presupone. Nuestra actividad es, en muchos casos, monótona, porque los días pasan atendiendo tareas cotidianas que casi desempeñamos de manera autómata. Pero el error es caer en la monotonía, en colocar los libros, pasar el polvo, o atender a los clientes siempre de la misma forma, como el hábito cotidiano de afeitarnos o lavarnos los dientes. Los detalles son muy importantes, pues marcan la diferencia, y no se conseguirán si no se tiene pasión por las tareas propias de nuestro oficio. Crecer y mejorar todos los días supone un esfuerzo constante de mirar las cosas siempre desde ópticas distintas.

Cada día parece igual, pues las tareas esenciales se repiten pero, por otro lado, cada día es distinto pues entran clientes nuevos —o los de siempre pero con distinto humor—, recibimos nuevos libros, marcamos diferentes catálogos
de novedades, nos encontramos, en definitiva, con cientos de datos y estímulos diferentes que tenemos que estar preparados para absorber y que no lo lograremos si no somos apasionados de nuestro oficio. Yo disfruto de todos los días en la librería pues siempre afronto mi día como una sucesión de retos en los que debo mejorar mi anterior marca, como los atletas. Venderle un libro al cliente que nunca compra, conseguir que un cliente que ha manifestado una queja vuelva pronto y de buen humor, hacer que libros que parecen imposibles de vender, pero en los que crees firmemente se terminen vendiendo, sorprender a los clientes que lo saben todo con alguna novedad de la que no hayan tenido noticia, cambiar secciones de ubicación y conseguir que vendan más, hacer un escaparate que cause sensación son nuestros trabajos cotidianos pero planteados como retos. (Enrique Pascual; Fidelizar a través del oficio)