Sin tiempo que perder

Disfruté en su momento de Cuaderno boliviano y tengo a la espera Vivir de buena gana.
Aquí dejo una breve cita de este diario, reflexiones y notas.
De la mentira es imposible defenderse. Lo mejor, el silencio. No responder jamás, dejar que las cosas corran, responder con la calidad del propio trabajo, si es que conseguimos esta. Tenía razón Thomas Bernhard: no hay tiempo ni dinero para defenderse de la calumnia aceptada por el público de buen grado. (pag. 285)

Regalo

Hay que saber dar y hay que saber recibir. No hemos sabido ver los regalos que nos hacían en su momento. A veces incluso hemos creído que nos eran debido por ser quienes éramos. A veces nos han dadop la mano y creíamos que era algo común y no lo era; no era, no en ese caso, una convención. No siempre los regalos son compras encubiertas: son manifestaciones espontáneas de afecto, queremos expresar algo que de otra manera no podemos o no sabemos.

¿Uniformidad?

El conservadurismo, el racismo, la xenofobia, la construcción de un antipático “nosotros” hecho de miedo y prejuicio de clase emp iezan a ser de buen tono. Nuestro mundo ni es homogéneo ni se deja uniformar por las buenas y las malas de los intereses financieros transnacionales o de una ideología jacobina y abusiva que relega las diferencias al siniestro territorio del folklore hecho espectáculo.

(Miguel Sánchez Ostiz; Cuaderno Boliviano, pag. 160)

Ideología y/o comportamiento

Liber Forti aboga por los sentimientos, por la conducta y el comportamiento, por el ejercicio de la fraternidad, más que por sistemas ideológicos: “¿Usted es de izquierdas? ¿Sí? ¿Y se comporta así? Ah, no, no me importa que sea de izquierdas o de lo que le dé la gana… Forti se muestra favorable a un comportamiento personal que conmueva y zonvenza. Afirma con vigor que “lo importante es la conducta, el comportamiento, no como te definas o dejes de definirte, ¿anarquista?, no, cómo haces, cómo vives, cómo tratas a los demás, qué les das, qué das, eso”.

El otro, los otros

¿Qué sabemos de esos pueblos? Nada. No queremos saber nada. La diferencia abismal que nos separa nos pone en fuga, hace vacilar nuestro sentido de la igualdad y de la fraternidad, mentimos y nos mentimos, y hablamos de una lengua común, cuando en realidad no sabemos de qué hablamos. Si no podemos imponer nuestro modelo social, político, vital, nuestra concepción del mundo, laica o religiosa tanto da, rechazamos hasta la existencia misma del otro. En el fondo no queremos saber nada que no tenga que ver con nuestra tribu, con nosotros mismos. La diferencia y la diversidad inaprensible nos abruman, tenemos que reducirlas a folklore, a espectáculo, a objeto de estudio. Aquí el discurso del pensamiento único y jacobino se revela insuficiente o lo que es peor, abusivo, totalitario. El fantasma de la imposición por la fuerza está detrás.

(Miguel Sánchez Ostiz; Cuaderno Boliviano, pag.48-49)