Aixerrota-Plentzia

Espectacular mañana de domingo.

Sol, brisa, buena temperatura y mejor compañía para hacer la ruta que va por la costa desde el molino de Aixerrota hasta Plentzia.

Horas de contemplar la naturaleza, de pasear-marchar tranquilos, de conversar, parar, mirar, fotografiar, almorzar, gozar del sol.

Sin prisa..

Para tener nuestro recuerdo particular del Día del Libro conn esta imagen en el camino…

El caminante no elige domicilio en el espacio, sino en el tiempo: el alto de media tarde, el reposo de la noche, las horas de comer, inscriben en el tiempo una residencia que se renueva cada día. El caminante es quien se toma su tiempo y no deja que el tiempo lo tome a él. (David Le Breton; Elogio del caminar; Siruela, pag. 36).

Imágenes para el recuerdo.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Anuncios

Pagasarri

Ceñudo Pagasarri, viejo amigo
de la tristeza de mis mocedades,
tu soledad amparó mis soledades
con su rasa verdura como abrigo.

(Miguel Unamuno)

Lo venía deseando desde hace unos años. Era un autolímite que me había puesto por motivos de salud y la sensación, en un momento concreto,  de no ser capaz de subirlo. Hoy en un día espléndido y con buena compañía el autolímite ha quedado para la historia.

A primeros de mayo, si todo va bien, daré un pasito más. Tiempo al tiempo.

El Pagasarri es la cumbre más clásica y conocida de las que rodea la capital vizcaína y de hecho complementa la excursión de ayer por Artxanda y Monte Avril al permitirnos ver el botxo desde la otra ladera que lo encajona.

Caminar es a menudo un rodeo para reencontrarse con uno mismo. (David Le Breton; Elogio del caminar; Siruela, pag. 16)

Foticos para el recuerdo…

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

2016… Seguir caminando

DSC_0028

El caminante es un hombre de lo oblicuo. Aunque camine de día, simbólicamente es como una criatura de la noche: invisible, silencioso. En él desaparece toda claridad. Pasar por los lugares comunes de incógnito, huir de los caminos trillados para inventar un camino nuevo con los propios pasos, implica una cierta clandestinidad social. El caminante es un hombre del intersticio y del intervalo, de lo que está entre las cosas, pues al tomar las rutas secundarias se sitúa en la ambivalencia de estar  a lavez dentro y fuera, aquí y allí… El caminante crea el camino a la medida de su cuerpo, de su aliento; no le debe nada a nadie, ni para dormir, ni para comer, ni para avanzar a lo largo de su camino… (David Le Breton; Elogio del caminar; pag. 126-127)

Caminar… entre un año que se va yendo y otro que viene o al que llegaremos…

DSC_0031

Caminar es un modo de conocimiento que recuerda el significado y precio de las cosas, un rodeo fructífero para reencontrar el goce del acontecer. (David Le Breton; Elogio del caminar; pag. 46)

Y en ello seguiremos y, por suerte, cada año con un poquito más de sosiego.

DSC_0035

Escrutando entre líneas e intentando escuchar

Domingo lluvioso en Bilbao con cierta resaca y somnolencia después de una estupenda noche con cena,  conversación y comunicación con amigas.

mesa_casa_mabel

Con ‘comunicación’ me refiero a lo mismo que dice hoy Henning Mankel en XL Semanal: “me refiero a lo que usted y yo hacemos: sentarse y hablar”.

No me refiero por tanto a este escribir esperando posibles lectores al otro lado, pero desprovisto de ojos, presencia y vibrar al mismo tiempo.

Sus palabras me traen también recuerdos del reciente SILA y, en concreto en este caso, de la mesa de escritoras africanas. Dice Mankell, algo que con otras palabras ya resonó en la mesa: Las mujeres, sobre todo en África, son la columna vertebral de la sociedad.

El titular de la entrevista es impactante: “Moriré de esta enfermedad”.

Ayer, en la charla, ya casi de madrugada que manteníamos, hablábamos sobre cómo nos cambia la vida cuando se pasa del estado de saber que vas a morir, algo que con el tiempo nos ocurrirá a todos, a saber que tu muerte ya puede tener una causa concreta: una enfermedad.

Ni siquiera ello supone que tu muerte acabe produciéndose por esa enfermedad, pero ya hay, al mismo tiempo, un elemento definitorio del fin de la vida.

Y ello, si además el proceso o la causa sabida supone unos cambios dolientes en la existencia cambia el rumbo de la misma.

El haber vivido de cerca y vivir actualmente procesos de ‘enfermedad crónica’ en mi entorno es probable que despierten en mí una sensibilidad especial hacia estos temas y que a veces ande escrutando entre líneas de conversación y de texto reflexiones y cómplices emocionales para seguir intentando llenar el morral de argumentos racionales y emocionales.

Quiero llegar con ello al bello texto, como todos los que nos hace llegar los sábados, Rafa Muñoz y que en esta ocasión lleva por título Dialogar con los textos: aprender a escuchar.

Empieza su texto con una cita de David Le Breton:

El silencio no es nunca el vacío, sino la respiración entre las palabras, el repliegue momentáneo que permite el fluir de los significados, el intercambio de miradas y emociones, el sopesar ya sea de las frases que se amontonan en los labios o el eco de su recepción, es el tacto que cede el uso de la palabra mediante una ligera inflexión de la voz, aprovechada de inmediato por el que espera el momento favorable. 

Dice un poco más adelante:

Construir significados con los otros sin necesidad de cerrarlos es condición fundamental de la escucha y esto supone una conciencia de que la construcción de sentidos nunca es un acto meramente individual.

Y ahí le andamos, en el juego del seguir caminando-paseando entre la soledad y el acompañamiento, escrutando en las conversaciones, en los silencios y en la escucha para ver si luego será uno capaz de acompañar y escuchar las palabras y los silencios del otro, aquél que sabrá no ya que morirá de esa enfermedad, sino que se encontrará además con el dilema de que podrá escoger entre ‘morir de una o morir de otra’.

¡Qué dilema más cabrón!

Emoción, mirada, palabra

DSC_0003

La relación con el paisaje es siempre una emoción antes que una mirada. Cada lugar manifiesta un abanico de sentimientos distintos según el ánimo de las personas que se acercan a él. (David Le Breton; Elogio del caminar; Siruela, pag. 103)

Muchas de las experiencias y vivencias que nos conmueven y remueven, no sólo las del paisaje, realizan en nosotros un pequeño viaje que va de la emoción, pasa por la mirada y luego, también a veces, a terriza en la palabra hablada y compartida y/o  escrita (para uno o para ser leída).

Viene esto a cuento de una conversación mantenida ayer a la tarde en torno a los que a veces vivimos y nos ‘toca’ dentro dejándonos en ocasiones descolocados; del tiempo que no admite atajos para recomponer y probablemente colocar de modo distinto las piezas del rompecabezas que somos, de las marcas que van dejando en nosotros algunos hitos vitales.

Siempre todo ello merecerá la pena si encuentras con quién emocionarte mientras lo cuentas, si hay miradas que escuchan con los ojos y si hay palabras que ves cómo van saliendo y viajando.

Lo demás… va pasando.

Añadiré que el caminar ayuda, por lo menos a mí, para que todo ello sea también un diálogo interior.

Mirón de terraza

elogiodelcaminarHe disfrutado mucho, todavía me dará muchos ratos posteriores de regusto y retrogusto, con la lectura de Elogio del caminar de David Le Breton editado por Siruela.

Iré poco a poco dejando caer por facebook y quizás por el blog algunas de las reflexiones escritas con las que me siento identificado o me han interpelado o han sido capaces de poner blanco sobre negro ideas que a uno le rondan por la cabeza.

Este es el caso en relación al Mirón de terraza que es uno. Quienes me conocen ya saben que uno de mis mayores placeres es disfrutar de ver la vida pasar desde una terraza y quedarme a ratos embobado y otras concentrado y/o absorto con lo que veo pasar.

Este vivir sinvvivir desde una terraza lo ha plasmado maravillosamente Le Breton con la ayuda de Simmel en su librito.

A veces el peatón se convierte en esteta de estas impresiones fugaces y se instala en la terraza de un café dejando que su mirada deambule entre el gentío. Ver al otro es desatar una ensoñación: “El ojo -escribe también Simmel- nos proporciona además la temporalidad del ser, el sedimento de su pasado en la forma substancial de sus rasgos, de manera que, por así decir, vemos surgir ante nosotros la sucesión de todos los actos de su vida a un tiempo”. En sus constituyentes materiales o vivos, la ciudad es un elogio constante a la mirada. (202-203)

Y añado yo… y la terraza una excelente atalaya de observación.

En estos días donde hay muchos momentos en los que sólo toca y queda mirar y esperar para ver qué va deparando la vida, no está de más el venir ya con la lección aprendida.