Libros de urgencia

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“Es que ésta es la única industria que fabrica un producto que se devuelve”. Así se expresa hoy Betariz de Moura en un breve artículo que aparece en El País y en el que, en parte añora el modelo alemán de distribución (el libro en 24 horas).

Parece también achacar a continuación que parte de la culpa la tienen las grandes editoriales cuando afirma que: “a las grandes editoriales les interesa la sobreproducción porque aumenta la probabilidad de tener un superventas”.

Se me ocurren algunas reflexiones veraniegas, en este mes, en el que el nivel de novedades que llega a las librerías suele bajar:

– La primera es que sobreproducción y devolución son dos fenómenos que no tienen por qué funcionar al mismo ritmo. La devolución es generada por una situación actual de “no puesta de cascabel al gato” en el sentido de que los editores son, al fin y al cabo, los que deciden cómo quieren vender su producto. Ningún editor está obligado a enviar sus libros como novedad con derecho a devolución y el motivo inicial que justificaba esta modalidad no parece existir en este momento. Según Jason Epstein ello fue provocado en la época de la depresión: Una peculiaridad del comercio de libros ha sido la costumbre, establecida durante la Depresión en los años treinta, de que los ejemplares no vendidos pueden devolverse a los editores sin ningún cargo. El texto continua y lo reproducimos por su interés: Así pues, los libros se venden a cuenta. Como, por lo general, era imposible saber de antemano si un libro iba a venderse o no, los libreros no podían permitirse arriesgar su precioso capital en autores desconocidos sin una garantía por parte del editor. Los editores que no querían que sus clientes quebrasen, y de acuerdo con la práctica iniciada por Simon&Schuster , accedieron a quedarse con los ejemplares no vendidos a cuenta de pedidos futuros. “Sale hoy. Vuelve mañana”, era el comentario de Alfred Knopf sobre esta penosa condición de venta. Los editores han aprendido desde entonces a cubrir el coste de las devoluciones inflando el precio de venta al público, de forma que sus compradores no sólo pagan el ejemplar que compran, sino una parte proporcional de los ejemplares devueltos a los almacenes de los editores para ser guillotinados y reciclados. (La industria del libro ; 105-106).

– Si esto fuera así, en otras ocasiones se ha justificado esta modalidad para que todas las librerías tuvieran acceso a las novedades, estaríamos aplicando modelos de recesión para, teóricamente, una industria que quiere ser expansiva.

– Importante, también, la constatación y el peso en el elemento industria que hace Beatriz de Moura. La pregunta sería: ¿se están aplicando dentro del sector, entre los distintos elementos de su cadena, una lógica de funcionamiento de calidad industrial? Probablemente si ello fuera así no irían aumentando los índices de devolución que siguen creciendo año a año . (ver cuadro superior).

– Quizás la solución pase ya porque los libros no lleguen automáticamente a las librerías en servicios de novedades descontrolados. Si se dispone de la información del libro por qué no posibilitar la compra del mismo. ¿Quién está interesado en que se siga manteniendo el actual sistema? ¿quién gana?

– Es cierto que los grandes grupos, así parecen señalarlo los datos, generan más devolución. No creo, personalmente, que el motivo sea a más sobreproducción más posibilidad de superventas, sino, en todo caso, el mantenimiento, todavía de unas lógicas de “ocupación de espacio y de no dejar huecos al enemigo”. De hecho, tal y como señala Sergio Vila-Sanjuán en el suplemento culturas de La Vanguardia de 1 de agosto Tusquets “crea
una nueva marca de bolsillo, Maxi Tusquets, distribuida por Random House Mondadori. No está claro si incluso en la era de la concentración la categoría goethiana de afinidades electivas constituye un argumento decisivo

– Lo cierto es que el sistema sigue igual, prácticamente, con lo cual a uno le da qué pensar ante tanto lloro, a veces, sin pañuelo. Los editores añoran otros modelos de distribución y, quizás, otras librerías. Los libreros añoran otros modelos de información editorial. Se sigue funcionando con mentalidad de mercado recesivo.

Devoluciones y balones fuera

El exceso de devolución que, en general sigue una tendencia al aumento no está debida ni motivada por factores externos, sino por desajustes internos serios y que dan la sensación de tener unos fines que nadie verbaliza con claridad.

Existen tecnología y medios para ajustar la oferta a la demanda real que no es lo que ocurre en estos momentos. El exceso de producción trae y arrastra nefastas consecuencias para el sector. Dificíl será mantener otros planteamientos libro-cultura sin seriedad interna.

Inicio de la temporada literaria

Los intereses y los puntos de atención en el sector del libro y en los medios de comunicación parecen ir cambiando-evolucionando de año en año.Por esta fechas y hasta años recientes, prácticamente el pasado, coincidiendo con las Fiestas de Bilbao-Bilboko Jaiak uno recuerda abrir los periódicos o los informativos y encontrarse ya en la vorágine de “la vuelta al cole” con opiniones varias y variadas sobre el costo y el valor que se daba al mismo de los libros de texto.

Con el tiempo esta “polémica” se fue difuminando, manteniendo la “vuelta al cole” su presencia, motivado por incluir en esa vuelta otros elementos que antes no parecían tenerse en cuenta (la ropa, el transporte, la alimentación, el material de papelería….), consiguiendo con ello no convertir exclusivamente al libro de texto en el único punto de las “iras” de los padres y, por otro, una medida más de fondo como está siendo la implantación de distintas políticas y modelos de gratuidad.

Aplicándose, quizás, el principio de que es mejor que hablen de uno, aunque sea mal, el sector del libro parece haber cambiado su foco de atención moviéndolo de la campaña de texto a la temporada literaria . Así parece que ahora en la temporada de otoño se inician los lanzamientos de peso, Saramago que habitualmente salía en la “colección de invierno tardía” (enero) adelanta su aparición este año.

Parece que vamos camino de estacionalizar trimestralmente la producción. Temporada de Primavera coincidiendo con el Día del Libro y el inicio de las Ferias. Temporada de verano para “libros refrescantes” y de viajes. Temporada de otoño, la estación decadente, para los lanzamientos de los grandes noimbres, quizá pensando en Lier, Guadalajara y Franfurt y Temporada de invierno que se inicia con el Premio Planeta para esa dimensión tan de “relación” como es el regalo navideño.

De ahí a los escritores de temporada y a la vanalidad y escasa duración de la moda sólo hay un padso. A partir de ahora hay una justificación ya para que los libros no estén más de tres meses en las librerías. Devolución por cambio de temporada.

Las devoluciones

Las devoluciones son la mejor medida del fracaso de la industria editorial. Si bien no hay datos objetivamente contrastables, homogéneos entre las distintas prácticas comerciales (no es lo mismo la realidad que describe el oxímoron de “venta en firme con derecho a devolución”, que los depósitos), no es aventurado establecer que, a nivel sectorial, en los últimos diez años se han duplicado, pasando de niveles del 15% a niveles de alrededor del 30%. Este dato evidencia un fracaso en todos los términos. (Jesús Badenes; Grupo Planeta; Ponencia en el V Concreso de Editores)