Diferenciarse para no perecer…

Tres palabras. Frase breve y contundente que me encuentro hoy a la tarde paseando por Bilbao. Llamada de atención y reivindicación, en este caso, de lo distinto, diferente y diverso y/o del cuidado a tener ante la apariencia sin sustancia.

Lectura, también, fuera de los soportes tradicionales y de los nuevos. También ésta habrá que contarla como actividad lectora. Lectura enraizada en la vida y en lo cotidiano. En la calle, rompiendo la limpieza aparente de nuestras ciudades de postal y los soportes limitados en los que situamos los intereses sectoriales.

Todo lo que vive es irrepetible.

La mujer que buceó dentro del corazón del mundo

Me regalaron no hace mucho este libro de Sabina Berman.

He disfrutado con su lectura y la historia que hay detrás.

Quizás en lo distinto se encuentra lo real.

Lectura recomendable.

Me he puesto triste, me informó.

Lo bueno, dijo después de una pausa, es que estouy contigo. Nadie sabe escuchar como tú.

¿Cómo te escucho?, me dio curiosidad.

Me escuchas. Eso es lo que quiero decir. Me escuchas sin juzgarme. Soy un tipo de pocas palabras, agregó él, a pesar de que la realidad era la contraria: hablaba y hablaba… (pag. 71)

Son las personas con capacidades diferentes las que aportan cosas diferentes a la humanidad. (pag. 85)

El otro, los otros

¿Qué sabemos de esos pueblos? Nada. No queremos saber nada. La diferencia abismal que nos separa nos pone en fuga, hace vacilar nuestro sentido de la igualdad y de la fraternidad, mentimos y nos mentimos, y hablamos de una lengua común, cuando en realidad no sabemos de qué hablamos. Si no podemos imponer nuestro modelo social, político, vital, nuestra concepción del mundo, laica o religiosa tanto da, rechazamos hasta la existencia misma del otro. En el fondo no queremos saber nada que no tenga que ver con nuestra tribu, con nosotros mismos. La diferencia y la diversidad inaprensible nos abruman, tenemos que reducirlas a folklore, a espectáculo, a objeto de estudio. Aquí el discurso del pensamiento único y jacobino se revela insuficiente o lo que es peor, abusivo, totalitario. El fantasma de la imposición por la fuerza está detrás.

(Miguel Sánchez Ostiz; Cuaderno Boliviano, pag.48-49)